EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

5. -LA DIVISIÓN DE LA ECONOMÍA

Atendiendo a la finalidad de su estudio, podemos distinguir entre Economía Positiva y Economía Normativa. Tomando como punto de referencia algunos apuntes históricos, la diferencia data de los escritos de Senior y Stuart Mill. En la segunda mitad del siglo XIX , se identificaban con el “ser” y el “deber ser”, con proposiciones objetivas y las evaluaciones perscriptivas. Se diría, por tanto, que la Economía Positiva se refería a los hechos, mientras que la Economía Normativa se ocupaba de los valores, de “lo que debería ser”.

J.S, Mill en su libros “On the Definition of Political Economy” publicado en 1886, distinguiría entre ciencia y arte, considerando que a cada arte correspondería la ciencia en general. Posteriormente en su “System of Logic” escribiría que aunque los razonamientos que relacionan el fin o el propósito de cada arte con los medios pertenecen al dominio de la ciencia, la definición del fin pertenece exclusivamente al Arte. Por su parte, Senior afirmaría que dejamos de comportarnos como científicos en el momento en que aconsejamos, disuadimos o incluimos opiniones subjetivas. En ambos autores se da el hecho de reservar para el concepto de ciencia exclusivamente aspectos positivos, desprovistos de juicios de valor.

Neville Keynes, en su obra “The Scope and Method of Political Economy” publicada en 1891, distinguiría entre una Ciencia Positiva, definiéndola como cuerpo de conocimientos sistematizados que discute criterios respecto a los que es y la Economía Política, o sistema de reglas para la consideración de un fin determinado.

Con el advenimiento de la corriente neoclásica llegarían varias posturas diferentes en torno a la controversia entre la economía positiva y normativa:

• Aquella que propone una separación entre las cuestiones positivas y las conclusiones que se basan en juicios éticos o políticos. Esta sería la línea seguida por Marshall y Edgeworth.

• Una segunda, según la cual no debe existir separación entre el análisis positivo y las prescripciones normativas, ya que todas estas cuestiones forman parte de un todo que sería la ciencia de la economía política. Esta es la propuesta por Walras, criticada a su vez por Pareto, partidario de una metodología positivista y de la exclusión de toda clase de juicios normativos en nuestra ciencia.

• La postura de la economía del bienestar, que intentó proporcionar una economía normativa libre de juicios de valor. La consecuencia de ello sería una ampliación de la Economía Positiva tradicional que permitiría incluir en ella la totalidad de la Economía pura del Bienestar, dejando a la Economía Normativa el tratamiento de los problemas específicos de la política.

La posición en torno a los partidarios de la economía positiva, frente a los que defienden una postura normativa, alcanza su punto álgido en la década de los cincuenta en la denominada controversia Friedman-Myrdal. Para Friedman la economía positiva es independiente de cualquier postura ética o de juicios de valor, sin embargo, no por esto Friedman deja de reconocer la importancia de la economía normativa y su nexo de unión con la economía positiva. Lo que él ataca es el hecho de establecer conclusiones positivas que conlleven concepciones normativas. Se da por tanto en este autor lo mismo que anteriormente ocurría con Robbins, una clara separación entre lo positivo y lo normativo en la ciencia económica.

Para Myrdal los principales conceptos económicos se hallan cargados de valor por una necesidad lógica. Este autor es escéptico con la posibilida de construir una ciencia económica a partir de la separación entre lo que es y lo que debe ser, pues todos los conceptos llevan implícitamente una enorme carga de juicios de valor. Blaug (1985, pág.161) resume su solución: “La solución propuesta por Myrdal no consiste en suprimir los juicios de valor, ni en dejar claro en qué punto entrarán necesariamente a formar parte de la argumentación, separando así la Economía Positiva de la Normativa, sino que consiste más bien en declararlos abiertamente al inicio del análisis”.

Como se ha dejado notar en los párrafos anteriores, tendríamos dos puntos de vista opuestos para entender la ciencia económica. Creemos necesario profundizar en estas dos posturas, para ello vamos a detenernos en lo que se entiende por juicios de valor, concepto que hemos utilizado anteriormente par delimitar la economía positiva de la normativa.

Sería Hume, en su “Tratado sobre la naturaleza humana”, quien establecería la separación estricta entre el “ser” y el “deber ser”, lo que implica que las proposiciones puramente fácticas sólo podrán implicar otras proposiciones del mismo estilo y en ningún caso normas o pronunciamientos éticos. En este sentido, Nagel se muestra a favor de la opinión de Hume trazando una distinción entre dos tipos de juicios de valor en las ciencias sociales.

• Juicios de valor caracterizados o metodológicos, son los que intervienen en la elección del tema a investigar, el método a seguir y los criterios a adoptar para juzgar la validez de nuestros descubrimientos.

• Juicios de valor estimativos o normativos, son los referidos a proposiciones evaluativas. Se incluirían aquí los deseos de ciertos tipos de comportamientos humanos y las consecuencias sociales que generarán esos tipos de comportamiento*.

Otra importante distinción separa los juicios “básicos o puros” de los “no básicos o impuros” (Blaug, 1985, pág. 154). Un juicio de valor puede caracterizarse como básico para una persona si se supone aplicable bajo cualquier circunstancia. Un juicio de valor será del tipo no básico cuando no ocurra lo anterior, Blaug (1985) establece que la mayor parte de los juicios de valor que se expresan en torno a los problemas sociales son altamente impuros y por tanto, perfectamente adecuados para intentar influir por medio de la persuasión sobre los que los sostienen, argumentando que los hechos son distintos de cómo ellos creen que son.

Siguieno a Hutchinson (1971, pág. 50 y sgtes.), los juicios de valor los podemos agrupar en:

• Juicios de valor “precientíficos”, son introducidos en la fase anterior al proceso científico. Son inevitables en cualquier ciencia incluida la economía, que no por ello pierde su carácter científico. Se manifiestan tanto en la elección de los problemas que han de ser estudiados, como en la elección de los criterios metodológicos a aplicar.

• Juicios de valor “postcientíficos, son introducidos una vez que la teoría ha sido formulada. Se refieren a la elección de las distintas políticas y a la selección de los objetivos. Estos juicios no son inevitables si en lugar de hacer recomendaciones políticas nos limitamos a analizar las consecuencias de políticas alternativas.

• Juicios de valor que influyen en la fase de selección de las teorías aplicables cuando se trata de hacer exposiciones, predicciones o recomendaciones de naturaleza normativa. En este momento existen prejuicios, consecuencia de posturas ideológicas que se manifiestan:

a) En la explicación, a través de una teoría seleccionada de antemano

b) En la contrastación, a la hora de determinar la zona de aceptación o rechazo

c) En la selección de datos par realizar la contrastación, a veces aparecen distorsionados de forma intencionada.

Dadas las anteriores clasificaciones de juicios de valor, vemos que todas se centran en dos grupos que se concretan, por un lado, en decisiones sobre ela elección del campo de estudio y método a utilizar y, por otro, aquellos juicios que ofrecen prescripciones una vez que tenemos el cuerpo teórico construido. De todo ello podemos concluir, junto a Blaug (1985) que la pretensión de que una ciencia social puede estar libre de juicios de valor no niega que los prejuicios ideológicos se introduzcan en la propia selección e los temas que el científico decide investigar, ni que las inferencia que se deducen de las contrastaciones empíricas estén en cierta medida influenciadas por valores de un cierto tipo.

Weber reconoce que las ciencias sociales están, en cierto modo, impregnadas de prejuicios políticos. Afirma, que es precisamente esta razón lo que abre la posibilidad de unas ciencias sociales libres de juicios de valor. Incluso insistió en que las discusiones sobre valores son altamente útiles.

Frente a la doctrina propugnada por Weber reconoce que las ciencias sociales están, en cierto modo, impregnadas de prejuicios políticos. Afirma, que es precisamente esta razón lo que abre la posibilidad de unas ciencias sociales libres de juicios de valor. Incluso insistió en que las discusiones sobre valores son altamente útiles.

Frente a la doctrina propugnada por Weber, Heilbroner expone que los economistas, debido a su extrema vulnerabilidad respecto de los juicios de valor, no pueden ser imparciales. Para él, los juicios de valor de tipo sociológico han impregnado la economía desde sus proposiciones pioneras hasta sus representaciones más recientes y sofisticadas. Para comentar su crítica veamos que entiende Heilbroner por juicio de valor: “Cualquier proposición metafísica incontrastable que pueda colorear la visión del economista” (Blaug, 1985, pág. 158). Heilbroner, por tanto, está incluyendo todas las proposiciones que no sean puramente fácticas como juicios de valor. Como veíamos en la controversia Friedman-Myrdal, el ataque de Heilbroner contra la economía libre de juicios de valor podría parecer insignificante al lado de la de Myrdal.

Resumiendo lo comentado en torno a los conceptos de economía positiva y economía normativa, podemos decir que la doctrina social libre de juicios de valor proclama la distinción radical entre el “ser” y el “deber ser” y que los juicios metodológicos necesarios para alcanzar un acuerdo sobre las proposiciones basadas en los hechos difieren de los juicios de valor en el sentido normativo del término. Por tanto, el economista podrá elegir por tomar una postura de elaboración y contrastación de leyes científicas sin recomendaciones políticas, o por pasar al terreno normativo de acuerdo con un proceso de selección de objetivos y de medios.

De otra parte, podemos señalar en esta línea de clasificación o división de la economía, que cuando se estudian los hechos abstractos y con carácter general estamos en el campo de la “teoría económica”, ésta a su vez, la podemos dividir en “microeconomía y macroeconomía”. La microeconomía es un conjunto de teorías que postulan ciertas reglas de comportamiento referidas a los consumidores, a las empresas y que formulan supuestos respecto a la forma en que funcionan los mercados. El fundamento de la microeconomía radica en el comportamiento de agentes individuales, de forma que ayuda a comprender el proceso de asignación de los recursos productivos entre usos alternativos y el papel que en dicho proceso juegan los precios y los mercados. La macroeconomía se ocupa del comportamiento de la economía como un todo, de las expansiones y las recesiones, de la producción total de bienes y servicios, de las tasas de inflación y desempleo, de la balanza de pagos y los tipos de cambio. Sin embargo, tal como comenta el profesor Lipsey (1985, pág. 641), la división entre micro y macroeconomía es una cuestión de conveniencia, utilizamos la distinción porque los problemas difieren entre estas dos ramas, así como los métodos de analizarlos, Lipsey establece la siguiente diferencia: “ El problema básico en la microeconomía es la determinación de la asignación de recursos y la teoría básica es que la determinación de los precios relativos se hace a través de la demanda y la oferta. El problema básico de la macroeconomía es la determinación del empleo y la producción totales y el nivel de precios y la teoría básica es que la renta nacional se determina a través de la demanda y oferta agregadas” (Lipsey, 1985, pág. 64).

Los profesores Maddala y Miller (1989, pág. 4) establecen las siguientes diferencias entre micro y macroeconomía:

1. La microeconomía se ocupa de las elecciones individuales de familias y empresas. La macroeconomía se ocupa de los agregados económicos, consumo total, producción total, etc. La distinción pudiera resultar un tanto arbitraria, puesto que en microeconomía también agregamos (demanda de naranjas de un mercado, oferta de trabajo de una industria), sin embargo, la diferencia fundamental estriba en que esos agregados se derivan de lecciones individuales que son homogéneas.

2. En microeconomía los precios relativos juegan un papel fundamental, analizamos la respuesta de consumidores o productores ante cambios en los precios relativos de productos concretos. En macroeconomía, los precios relativos tienen un papel secundario, prestamos atención a los cambios en el nivel de precios, tipos de interés, etc.

Ward (1983) establece una división en función de las especialidades que normalmente se ajustan a lo que corresponde a la enseñanza formal en cursos y textos en los Departamentos de Teoría Económica:

A) Teoría Microeconómica, Teoría Macroeconómica, Econometría

B) Comercio Internacional, Dinero y Banca, Hacienda Pública

C) Organización Industrial, Trabajo, Historia Económica.

D) Desarrollo económico, Historia del Pensamiento Económico, Sistemas Económicos Comparados.

La clasificación en esas doce especialidades las ha dividido, a su vez, en cuatro clases, la idea básica es que las especialidades con rango máximo, las de la clase A, definen la naturaleza de los problemas económico susceptibles de ser investigados y los procedimientos adecuados para solucionarlos. El resto de las especialidades se clasifican según la extensión con que sus profesionales utilizan en su investigación el marco de problemas y procedimientos de la clase A.

Una vez analizadas las distintas divisiones con carácter práctico que podemos realizar en economía, no estaría de más analizar su relación con otras disciplinas. Es lo que Lange (1966, pág. 86) denomina “conexiones recíprocas”. En este sentido, tomando la clasificación de Lange, la Economía Política estudia los diversos aspectos del proceso económico que se manifiestan a través de las leyes económicas. La Historia Económica estudia el desarrollo a través del tiempo de procesos económicos concretos. Si estos procesos concretos son registrados cuantitativamente, hablamos de Estadística Económica, si son estudiados desde el punto de vista de su repartición sobre el globo, hablamos de Estructura Económica.

Para Lange (1966, pág. 87): “La economía política, la historia económica y la economía descriptiva constituyen las tres, lo que se llama ciencias económicas, dicho de otro modo, las ciencias que tratan del proceso económico”. A lo que añade “no obstante, por razones de orden práctico es necesario, igualmente, examinar por separado diversos dominios o aspectos del proceso económico, examen que es a la vez teórico, es decir, desde el punto de vista de las leyes económicas, y descriptivo, o sea, desde el de su desarrollo concreto... Evidentemente, las diversas ramas de la economía especializada pertenecen también a las ciencias económicas”. (Lange, 1966, pág. 88).

Schumpeter (1982) señala tres grupos de ciencias particulares, la historia económica, los métodos estadísticos y la teoría económica, a las que luego añade la sociología económica, formado en conjunto la ciencia económica. Además existen campos aplicados especiales, que son mezcla de hechos y técnicas, en diversa proporción, de las cuatro clases anteriores. Entre ellas, comercio exterior, hacienda pública, contabilidad, agricultura, etc.


* La conclusión de Nagel la resume Blaug en las siguientes palabras: “La ciencia, como actividad social que es, no puede funcionar sin juicios de valor metodológicos, pero puede liberarse, al menos en principio, de cualquier compromiso con los juicios de valor estimativos o normativos” (Blaug, 1985, pag. 153)

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