EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

2.4.8. EL MÉTODO EN LAS CIENCIAS SOCIALES

En los apartados anteriores nos hemos referido a la ciencia en general, apenas hemos hecho referencia a las ciencia sociales y aún menos a la economía. Esta sección la dedicaremos a señalar las peculiaridades de las ciencia sociales dentro del conjunto de las demás ciencias. En el siguiente, profundizaremos en la economía como disciplina científica enclavada en el ámbito de las ciencias sociales.

Si comparásemos las ciencias sociales con ciencias de la naturaleza como la física, química o biología, veríamos que las primeras tienen una serie de particularidades que las distinguen de las segundas:

1. La obtención de leyes generales resulta compleja principalmente por la dificultad de realizar ensayos controlados. En las ciencias naturales las experimentación se lleva a cabo generalmente en laboratorios en los que se pueden controlar las circunstancias y condiciones en que tenga lugar el fenómeno estudiado. En las ciencias sociales, la experimentación se complica e imposibilita en la mayoría de los casos, pues experimentar supondría, por ejemplo, la posibilidad de reproducir un fenómeno social determinado.

2. El hombre forma parte de la sociedad sobre la que actúa, lo que implica un dinamismo y un cambio continuo en la misma.

3. Por último, los individuos normalmente están influidos por las circunstancias de las sociedades a las que pertenecen, por lo que a veces es difícil ser objetivo y liberarse de los juicios de valor.

Estas características especiales llevan a Blaug (1985, pág. 66) a plantearse el siguiente interrogante: “¿Existe un método científico aplicable a todas las ciencias, sea cual sea el tema de que se ocupen, o deben las ciencias sociales emplear una lógica de investigación especial y propia?”. La respuesta es claramente positiva, la mayoría de los científico y filósofos de la ciencia son partidarios de que todas las ciencias sigan la misma metodología, sin embargo, también se señalan las particularidades de las ciencia sociales y los requerimientos especiales para la validez de las explicaciones de estas ciencias. De este principio, denominado “monismo metodológico” (Blaug, 1985, pág. 66), se muestran partidarios inminentes científicos entre lo, pág. s que podemos señalar al mismo Popper (1957): “Todas las ciencias teoréticas o generalizadoras deberían hacer uso del mismo método, tanto si se trata de ciencias naturales como de ciencias sociales”. Sin embargo, Popper reconoce las particularidades de las ciencias sociales a raíz de lo que prescribe un principio de “individualismo metodológico” al comentar que la tarea de las ciencias sociales consiste en construir y analizar nuestros modelos sociológicos “en términos de los individuos”.

Por su parte, Gibson (1982, pág.129) hace una interesante comparación entre el objeto de las ciencias sociales y las de naturaleza: “Las ciencias sociales se ocupan de los hombres, no de las cosas. Del mismo modo que los átomos y otras partículas materiales individuales constituyen los elementos del estudio físico, los seres humanos, sus experiencias, sus actitudes y su comportamiento, constituyen los elementos del estudio social”. Este autor deja constancia de que la única diferencia entre ciencias sociales y de la naturaleza radica en las peculiaridades del objeto de estudio, mostrándose partidario, implícitamente, del monismo metodológico y criticando enérgicamente las posturas anticientíficas en torno a la investigación social.

En contra de la doctrina del monismo metodológico se alzan dos tipos de objeciones:

• Una objeción antigua sostenida por algunos filósofos alemanes del siglo XIX, miembros de la escuela neokantiana.

• Otra nueva que emana de algunos de los trabajos del filósofo Wittgenstein.

Los primeros proponen su punto de vista en torno al vocablo alemán “Verstehen”, que significa comprensión por medio de la intuición, como opuesto al conocimiento a través de la observación y el cálculo. Según estos autores, los científicos de las ciencias naturales carecen de este tipo de conocimiento de participante, de primera mano, porque les es imposible imaginar lo que es ser átomo o molécula. Pero los científicos de las ciencias sociales, al estar interesados en el comportamiento humano, pueden colocarse en el lugar de los agentes humanos que analizan.

La objeción reciente al monismo metodológico ha sido sostenida enérgicamente y se relaciona con algunas de las ideas de Max Weber sobre metodología, especialmente con el concepto de “tipos ideales” que incorpora el significado que los agentes sociales atribuyen a sus propias acciones. El punto central de esta corriente de pensamiento considera que el significado no es una categoría abierta al análisis causal y que la explicación en ciencias sociales deberá discurrir, no en términos de una causalidad, sino en términos de las motivaciones e intenciones de los individuos.

Ambas objeciones en contra del monismo metodológico están sujetas a las mismas críticas, “ya que no ofrecen método alguno de contrastación interpersonal con el que validar las proposiciones referentes al comportamiento gobernado con normas” (Blaug, 1985, pág. 69).

Blaug reafirma el principio del monismo metodológico, aunque no pretende negar la relativa inmadurez de todas las ciencias sociales, incluida la Economía, en relación con al menos algunas de las ciencias físicas. Darnell y Evans (1990, pág. 5) entienden que la distinción entre el científico social y de la naturaleza, considerando sus respectivas capacidades para la repetición de experimentos “es una cuestión de grado y no de sustancia”. A este respecto, y volviendo de nuevo a Blaug, este autor señala que incluso admitiendo que la distinción entre ciencias físicas fuertes y ciencias sociales débiles es tan sólo una cuestión de grado, hay que reconocer que tales diferencias de grado pueden ser de considerable importancia (Blaug, 1985, pág. 72).

Por último, no queremos finalizar este apartado sin enfatizar –a la vista de las opiniones expuestas- que aunque el ideal de ciencia es el monismo metodológico, es imposible abstraerse de las particularidades propias de las ciencias sociales, motivadas básicamente por la dificultad de realización de experimentos controlados y por las características especiales de su objeto de estudio.

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