EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

2.4.4. EL FALSACIONISMO DE POPPER.

Karl Popper es punto de referencia obligado entre los padres de concepciones filosóficas que explican el desarrollo de la ciencia, puesto que su tesis supuso un fuerte giro en la forma de entender la metodología, ostentando una importante significación en el contexto de la moderna caracterización de la ciencia. Gonzalo Angulo (1983) dice de él que “de entre los filósofos y científicos del primitivo Círculo de Viena, sobresale Karl Popper, probablemente el metodólogo más influyente del presente siglo, que representa además el lazo de unión de las concepciones epistemológicas tradicionales con las modernas”.

El falsacionismos surge en 1935 con la publicación de la obra “La lógica de la investigación científica” del filósofo K. Popper. La influencia de esta concepción metodológica ha sido fundamental en el campo de la filosofía de las ciencias sociales y de la economía en particular. Este autor critica el método inductivo y en general cualquier método que sea partidario de aplicar un criterio de verificación empírica de las teorías. En primer lugar, crítica el método inductivo, hasta el punto que se ha llegado a decir que la falsación es la antítesis del inductivismo (Pheby, 1988, pág. 24). Este autor apunta que se comete con frecuencia el error de identificar a las ciencias empíricas como aquéllas que emplean el método inductivo. Popper rompe con la racionalidad aparente de este método: “Desde un punto de vista lógico, dista mucho de ser obvio que estemos justificados al inferir enunciados universales partiendo de enunciados singulares, por elevado que sea su número, pues cualquier conclusión que sacamos de este modo corre siempre el riesgo de resultar algún día falsa” (Popper, 1962, pág. 27). A este respecto Blaug (1985, pág.30) parafraseando las palabras de Popper nos explica que la inducción desde casos particulares hasta la formulación de una ley universal exigirá un salto ilógico de pensamiento , lo que podría llevarnos a conclusiones falsas, aunque nuestras premisas fueran verdaderas.

En segundo lugar, Popper critica el principio de verificabilidad, su razonamiento consiste en plantear que por muchas pruebas que tengamos para apoyar una teoría, nunca podemos estar seguros de que la siguiente observación no será incompatible con ellas. De esta forma, una contrastación basada en observaciones particulares, aunque éstas sean muy numerosas, lo único que hace es no refutar la teoría, pero no demuestra que sea verdadera. En este sentido, Popper afirma: “Las teorías no son nunca verificables empíricamente. Si queremos evitar el error positivista de que nuestro criterio de demarcación elimine los sistemas teóricos de la ciencia natural, debemos elegir una criterio que nos permita admitir en el dominio de la ciencia empírica incluso enunciados que no puedan verificarse” (Popper, 1962, pág.39).

La principal aportación metodológica de Popper, puede resumirse de la siguiente forma, aunque una teoría no puede ser verificada, sí puede ser falsada, es decir, si el conjunto de observaciones favorables no puede demostrar la veracidad de una teoría, un hecho contrario a ella, puede demostrar que la teoría es falsa. A partir de aquí, Popper establece un criterio de demarcación, distinguiendo entre la ciencia y la no-ciencia, concluyendo que a una teoría se le otorga el carácter de científica si es susceptible de ser falsada, en caso contrario, no es científica: “Estas consideraciones nos sugieren que el criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas. Dicho de otro modo, no exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo, pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes o pruebas empíricas, ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico” (Popper, 1962, pág. 40).

Un problema importante en la metodología popperiana es el del relevo de teorías, cómo y cuándo se sustituye una teoría por otra. A este respecto, el científico estará dispuesto a proceder a la sustitución por razones de lógica, porque la segunda explique más hechos que la primera, porque lleve a predicciones más detalladas etc.

El criterio utilizado por Popper para contrastar dos teorís y elegir la mejor entre ellas fue primero el “grado de corroboración”, que como indica Pheby (1988, pág. 27) se trata de una guía más cualitativa que cuantitativa para aceptar una teoría. Posteriormente introdujo el concepto de “verosimilitud lógtica”, utilizando sus propias palabaras: “Una teoría está más cerca de la verdad que otra si, y sólo si, se siguen de ella enunciados más verdaderos, pero no enunciados más falsos, o , al menos igual número de enunciados verdaderos, pero menos falsos” (Popper, 1988, pág. 62). En definitiva, el grado de verosimilitud se refiere a ponderar el contenido –verdadero y falso- de las diferentes teorías. El procedimiento que propone Popper para mejorar el conocimiento es el siguiente, se parte del problema objeto de estudio, se extraen conclusiones o teorías que dan una explicación al problema.

La teoría es contrastada con resultados de experimentos y datos obtenidos de la realidad, mientras la teoría no sea falsada es admitida provisionalmente. Si por el contrario es falsa, deberá abandonarse debido a que alguno de los principios sobre los que se fundamenta es falso y sustituirse por una teoría alternativa. En este sentido, algunas de las reglas más importantes de la línea popperiana son las siguientes (Johansson, 1975):

1. La naturaleza científica de una teoría se determina por su susceptibilidad a la falsación

2. Una nueva teoría, para que se aceptada, deberái siempre contener mayor contenido empírico que sus predecesoras.

3. Una nueva teoría aceptada debería ser capaz de explicar todos los éxitos pasados de sus predecesoras

4. Las teorías deberían siempre ser contrastadas tan rigurosamente como sea posible.

5. Una teoría que ha sido experimentalmente refutada debería ser rechazada.

6. Cualquier teoría refutada no debería retomarse en una etapa posterior

7. Una teoría inconsistente es inaceptable

8. Deberíamos minimizar el número de axiomas a emplear

9. Cualquier nueva teoría debería ser contrastable independientemente.

Según la teoría popperiana el proceso científico comienza cuando las observaciones entran en conflicto con las teorías existentes; entonces se proponen nuevas teorías que son sometidas a rigurosos tests empíricos con el fin de refutar las hipótesis. Si una teoría es refutada, aunque sea por una única prueba en contra, debe abandonar el cuerpo de las teorías científicas. Por el contrario aquéllas que sobreviven al falsacionismo serán corroboradas y aceptadas. Esto es, en pocas palabras, el criterio de refutabilidad levantado por Popper frente al inductismo, al verificalismo y al probabilismo.

En un principio, como señala Albendea (1970), el problema que trataba de resolver Popper era el de trazar una línea divisoria entre los enunciados de índole metafísica, o, lo que es lo mismo, encontrar un método capaz de distinguir entre proposiciones científicas y no científicas. “Conjuntamente -apunta-, su criterio de demarcación se convierte, al mismo tiempo, en instrumento metodológico de veracidad científica, de tal manera que las proposiciones que no sean corroboradas por tal método, aunque pudieran ser tales proposiciones científicas, aparecen como falsas”.

Por tanto, una proposición es científica cuando es suceptible de ser falseada por algún hecho (Popper, 1967). De esa forma, en la búsqueda de refutaciones, es como la ciencia puede progresar y avanzar. La ciencia progresa gracias al ensayo de prueba y error. En palabras de Popper, el avance de la ciencia se encuentra “porque buscamos la verdad (incluso aunque nunca podamos estar seguros de haberla encontrado) y porque las teorías refutadas son reconocidamente falsas, mientras que las teorías no refutadas pueden ser todavía verdaderas” (Popper, 1980).

Según la concepción de Popper, el progreso y avance de las ciencias surge de un proceso por el cual las teorías son superadas por otras más fuertes y más testables.

Sin embargo, a diferencia de la interpretación positivista, según la cual la contrastación ha de ser probatoria de la verdad o falsedad de un enunciado o teoría, Popper mantiene que las teorías no son nunca verificables empíricamente, pero sí falsables. Entiende que dado que no podemos comprobar todos los posibles casos contenidos por una hipótesis científica, no podemos utilizar en la contrastación la verificación, sino la falsación. Así, el criterio de demarcación que, según él, debe distinguir el carácter científico de una teoría estriba no en su verificabilidad, sino en la posibilidad de que pueda ser refutada, es decir, que ostente intrínsecamente la posibilidad de su falsabilidad.

Tal y como expresa el profesor Donoso Anés (1995), el mencionado autor distingue “cuatro procedimientos de llevar a cabo la contrastación deductiva de teorías una vez que han sido extraídas por deducción lógica sus conclusiones:

1. Comparación lógica de las conclusiones: con lo que se somete a contraste la coherencia interna del sistema.

2. Estudio de la forma lógica de la teoría, con objeto de determinar su carácter.

3. Comparación con otras teorías para averiguar si la teoría examinada constituiría un adelanto científico.

4. Contrastación por medio de la aplicación empírica de las conclusiones que pueden deducirse de ella”.

El método deductivo que utiliza la contrastación empírica del punto 4 según Popper (1980) sería el siguiente:

“Con ayuda de otros enunciados anteriormente aceptados se deducen de la teoría a contrastar ciertos enunciados singulares. Se eligen entre estos enunciados los que no sean deducibles de la teoría vigente y, más en particular, los que se encuentren en contradicción con ella. A continuación tratamos de decidir en lo que se refiere a estos enunciados deducidos (y a otros), comparándolos con los resultados de las aplicaciones prácticas y de experimentos. Si la decisión es positiva, esto es, si las conclusiones singulares resultan ser aceptables, o verificadas, la teoría a que nos referimos ha pasado con éxito la contrastación (por esta vez), no hemos encontrado razones para desecharla. Pero si la decisión es negativa, o sea, si las conclusiones han sido falsadas, esta falsación revela que la teoría de la que se han deducido lógicamente es también falsa”.

Por ello la posible validez de una teoría no se adquiere, de una vez para siempre, de las observaciones que la preceden, como defiende el inductivismo, sino que ha de confirmarse con la verificación posterior.

Popper, en contraposición a lo apuntado por Waismann (1930) y Schlick (1931) en relación a que un enunciado es verdadero sólo si es susceptible de verificación concluyente, fijó su atención en las teorías de Marx, Freud, Adler y Einstein. Consideró que mientras la teoría sobre la gravitación de este último era claramente contrastable y, por tanto, refutable, la de los primeros era de gran admiración, sobre todo su aparente poder explicativo. Tanto la teoría marxista como la psicoanalista se habían convertido en irrefutables. Aquélla porque, aunque refutada, sus seguidores la reinterpretaron para hacerla compatible, y éstas porque siempre se adecuaban a los hechos ofreciendo una capacidad de interpretación en todos los casos.

Como consecuencia de lo anterior, elaboró una serie de leyes, entre las que destacan (Popper, 1967):

- La facilidad con la que es posible obtener verificaciones, si son confirmaciones lo perseguido.

- La teoría científica implica una prohibición, de tal forma que cuanto más prohibe una teoría tanto mejor es.

- Cuando una teoría no es refutable por ningún suceso concebible, no puede considerarse como científica.

- El test de una teoría constituye un intento de refutación de la misma. En tal caso, la testabilidad equivale a la refutabilidad.

- Sólo en el caso de que los elementos de juicio confirmatorios sean el resultado de un test de la teoría, deberán ser tenidos en cuenta.

- Ciertas teorías genuinamente estables suelen ser objeto de reinterpretación, pero sólo a costa de rebajar o destruir su estatus científico.

Como de alguna manera ya apuntamos anteriormente, para Popper la creencia tan extendida de la inferencia inductiva de enunciados universales a partir de la observación adolece de la inconsciencia, ya sostenida por Hume, de que “no puede haber ningún argumento lógico válido que nos permita establecer que los casos de los cuales no hemos tenido ninguna experiencia se asemejan a aquellos de los que hemos tenido experiencia” (Popper, 1967). Por tanto, como indica Kraft (1966), la validez de los enunciados empíricos no descansa sobre la inducción, sino sobre la verificación ulterior de las hipótesis establecidas por vía de ensayo. Desde esta óptica, dada la posibilidad de renovada comprobación, la validez de tales enunciados no es definitiva, sino siempre provisional.

Por tanto, la concepción de Popper se basa en la simple distinción entre psicología del conocimiento y lógica del conocimiento, de lo cual se deriva la necesidad de distinguir el proceso de concebir una teoría de los métodos de su examen lógico, pues la tarea de este análisis del conocimiento científico “consiste pura y exclusivamente en la investigación de los métodos empleados en las contrastaciones sistemáticas a que debe someterse toda idea nueva antes de que se la pueda sostener seriamente” (Popper, 1980).

Este autor propugan frente al inductivismo, que en lugar de esperar regularidades como resultado de la repetición, debemos tratar de imponer regularidades, al mundo, de descubrir similaridades en él en función de hipótesis establecidas por nosotros, es decir, en lugar de proceder de la observación a la teoría, actuar a la inversa: sin la previa fijación de premisas, saltar a conclusiones, aunque después debamos descartarlas si la observación muestra que son erróneas.

Se trata, en definitiva, de una teoría del ensayo de la prueba y error, de conjeturas y refutaciones, en virtud de lo cual “las teorías científicas no son una recopilación de observaciones, sino que son invenciones, conjeturas audazmente formuladas para su ensayo y que deben ser eliminadas sin entrar en conflicto con observaciones que, además, raramente serán accidentales, sino que se las emprende, como norma, con la definida intención de someter a prueba una teoría para obtener, si es posible, una refutación decisiva”.

Para el profesor Cañibano (1979), la metodología aportada por Popper se estaba convirtiendo en dogma a pasos agigantados: la búsqueda incesante de falsación por los científicos de sus propias teorías a fin de proceder al rechazo de las mismas era algo que no se daba en la realidad, pues es un hecho que las teorías seguían siendo utilizadas aún sabiéndose falsadas, toda vez que los científicos no disponían de otras más satisfactorias. Por ello, como alternativa a la metodología popperiana fueron surgiendo otras propuestas que pasamos a analizar a continuación.

Las críticas al planteamiento de Popper provienen de autores, sobre todo de Feyerabend, de cuya aportación nos ocupamos posteriormente, que consideran que sus reglas son demasiado severas, estando más próximas a ocultar que a promover el conocimiento científico.

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