EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

2.3. CARACTERIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO: EL MÉTODO.

"Las teorías son redes que lanzamos para apresar aquello que llamamos "mundo": para racionalizarlo y dominarlo. Y tratamos de que la maya sea cada vez más fina" (La lógica de la investigación científica, Popper, 1959)

A la hora de conocer la realidad, "aquello que llamamos mundo" (Popper, 1959) (o la parcela de éste que se esté abordando), si se quiere evitar que la "construcción" resultante responda a la "caótica diversidad de nuestra experiencia sensorial"(Einstein, 1940), hay que procurar que ésta se corresponda con "un sistema de pensamiento lógicamente uniformado" (Einstein, 1940). En, y para, esta uniformidad lógica resulta fundamental operar de modo ordenado y regulado, conforme a pautas que suelen concretarse en lo que se denomina método, y constituyen las “finas mallas” (Popper, 1959) con las que se apresa la realidad.

La palabra "método" tanto en griego (méthodos) como en latín (methodus) alude a camino, que se puede entender, en sentido figurado, como sendero o vía que lleva a algún lugar. La definición que recoge el Diccionario de uso del español de María Moliner (1996) es coherente con estas raíces clásicas, ya que define método como "la manera sistemática de hacer cierta cosa". Por tanto, cuando se procede de modo metódico al aproximarse a lo que se pretende estudiar o entender, se ordenan sistemáticamente actividades, pasos, tareas, procedimientos en suma, que darían como resultado pronunciamientos teóricos sobre la parcela de la realidad bajo estudio.

Es por tanto claro que el concepto método, lo definiremos con carácter general, como el camino para alcanzar cierto fin o un procedimiento para tratar un conjunto de problemas. En el terreno científico será un camino definido por unas reglas que utilizamos para el descubrimiento de una verdad que desconocemos. Podemos delimitar aún más esta idea y definir el método científico como el conjunto de procedimientos de investigación de conceptos, teorías y principios de razonamiento utilizados en una parte concreta del conocimiento humano. Más formalmente, Machlup (1978, pág. 54) lo define de la siguiente forma: “La metodología es el estudio de los principios de discriminación que guía a los investigadores a decidir si se aceptan o rechazan ciertas proposiciones como una parte de un cuerpo de conocimiento”. Para Oscar Lange (1966, pág. 94): “El método en las ciencias es un caso particular del método comprendido en sentido amplio, en efecto, la investigación científica es la acción humana que tiene un fina definido y que tiende a conocer la realidad y las leyes que la rigen”. Para Bunge (1985, pág.29): “El método científico y la finalidad a la cual se aplica constituyen la entera diferencia que existe entre la ciencia y la no-ciencia.

En la economía científica hay que proceder de modo que se pueda llegar a conclusiones con ciertas garantías, por tanto hay que operar bajo la óptica científica, y el método hipotético-deductivo es un modo ampliamente utilizado para elaborar teorías en ciencias.

Gibson (1982, pág. 15) define el método de investigación como científico si posee las siguientes características:

1. Abstracción. El método científico implica una abstracción, necesaria para entender el funcionamiento de la realidad. En el proceso de abstracción omitimos detalles y establecemos hipótesis y esquemas lógicos que permiten relacionar los hechos.

2. Generalidad. Se trata de un método que, además de buscar la descripción de las cosas en particular, elabora afirmaciones de tipo general.

3. Evidencia Experimental. Es un método que utiliza la observación experimental par apoyar las afirmaciones elaboradas.

4. Neutralismo ético. Se ajusta a los hechos, omitiendo juicios de valor.

5. Objetividad. Es un método objetivo, nadie puede estar influido por las circunstancias generales en que se desenvuelve la investigación cuando se elaboran afirmaciones que se deducen de la experiencia.

Resumiendo, diremos que el método científico es la estrategia de la investigación científica, afecta a todo el proceso de investigación y es independiente del tema que se estudia. Sin embargo, cada disciplina científica tiene unas características propias, por lo que los instrumentos a emplear en cada caso diferirán en mayor o menor medida.

El conocimiento para poder ser considerado como científico debe reunir al menos dos rasgos singulares mínimos, tal y como genéricamente viene afirmando la doctrina (Bunge, 1973) que son las características de objetividad y racionalidad. No obstante, esto no significa que el conocimiento ordinario carezca de tales atributos, ya que tanto el sentido común como la ciencia son críticos y aspiran a ser coherentes, y a no efectuar especulaciones sin control, intentando adaptarse a los hechos.

Pero, a pesar de la aparente similitud, tales características revisten diferente alcance en uno y otro conocimiento. Así, mientras el concepto de racionalidad -viene a decir Bunge (1980)- suele encontrarse como mera acumulación de información en el conocimiento común, en el científico surge mediante teorías sistematizadas sobre la base de postulados contrastables, fundados y realizados con una perspectiva provisional e incierta.

En este sentido, los enunciados científicos, a juicio del citado autor, son opiniones fundadas y contrastables, a diferencia de las de la experiencia común que no son susceptibles de contrastación o prueba, ya que rara vez resultan dignos de duda, y de ahí que sean científicamente irrelevantes.

Por ello, desde el punto de vista de la racionalidad, y como consecuencia de la vigilancia crítica, el conocimiento científico adquiere una dimensión provisional e incierta, jugando un papel fundamental la duda filosófica. En este sentido, apunta Fernández Pirla (1983) citando a Ranzoli, “la ciencia tiene como condición la duda filosófica, o sea el espíritu de examen, y, en efecto, para que el pensamiento progrese en la posesión de la verdad es necesario que no se contente con las apariencias y las someta a examen, es decir, las interprete con la razón; que la observación de los hechos quede sometida a la crítica y que las doctrinas admitidas sean abandonadas cuando ya no proporcionen una explicación de los datos de la experiencia”.

Según Bunge (1973) el concepto de racionalidad se concreta en:

“a) Que está constituida por conceptos, juicios y raciocinios, y no por sensaciones, imágenes pautas de conducta, etc.”.

“b) Que esas ideas pueden combinarse de acuerdo con algún conjunto de reglas lógicas, con el fin de producir nuevas ideas. Estas no son estrictamente nuevas desde un punto de vista lógico, puesto que están implicadas por las premisas de la deducción; pero son gnoseológicamente nuevas, en la medida en que expresan conocimientos de los que no se tenía conciencia antes de efectuarse la deducción”.

“c) Que esas ideas no se amontonan caóticamente o, simplemente, en forma cronológica, sino que se organizan en sistemas de ideas, esto es, en conjuntos ordenados de proposiciones”.

En cuanto a la objetividad, podríamos apuntar, como señala Bunge (1980), que viene caracterizada por una construcción de imágenes de la realidad que sean verdaderas e impersonales, de tal forma que los enunciados científicos han de ser contrastables intersubjetivamente. A este respecto Popper (1973) cuestiona estos matices asegurando que toda persona es una víctima de su propio sistema de prejuicios, de manera que difícilmente un investigador, a título individual, puede ser objetivo. La objetividad -viene a decir el citado autor (Popper, 1982) - se encuentra ligada al aspecto social del método científico, al hecho de que la ciencia y la objetividad científica no resultan de los esfuerzos de sólo un hombre de ciencia individual por ser objetivo, sino más bien de la cooperación de muchos hombres de ciencia. En el mismo sentido se manifiesta Kant al asegurar que la objetividad de los enunciados se encuentra estrechamente ligada con la construcción de las teorías de forma tal que, cuando algo es válido para quien esté en uso de razón, entonces su fundamento, además de suficiente, es objetivo.

Así, el profesor Alvarez Melcón (1978a) considera que las características principales del conocimiento científico se concretan en su aspecto crítico intersubjetivo y basado en la experiencia, poniendo mayor acentuación en uno u otro sentido según las diferentes concepciones epistemológicas. De ahí que -apunta el mencionado autor- llegue a una cierta ambigüedad respecto al sentido que recibe el quehacer científico. Parece oportuno, por tanto, la existencia de una opción colectiva en relación con lo que se entiende por ciencia, aunque reconoce que tal circunstancia sólo es posible mediante la adhesión a un propósito de convención como consecuencia de un estudio epistemológico normativo o proyectivo.

Por su parte, Bunge (1980) considera que la verdadera diferencia existente entre la ciencia y la no-ciencia se encuentra en el método científico y la finalidad a la cual se aplica, asegurando que “donde no hay método científico, no hay ciencia”.

En este sentido cabe resaltar la propuesta o criterio de demarcación formulado por Popper, quien distingue entre el proceso de concebir una idea y entre los métodos y resultados de su examen, agregando que la tarea de la lógica del conocimiento consiste, exclusivamente, en la “investigación de los métodos empleados en las contrastaciones sistemáticas a que debe someterse toda idea nueva antes de que se la pueda sostener seriamente” (Popper, 1980).

Por ello, es precisamente la actitud crítico-interpretativa de los hechos lo que distingue a la ciencia de las nuevas creencias; aunque estas también pretendan una interpretación de esos hechos, su explicación carece de los atributos propios de aquélla. Esto justifica la consideración generalizada sobre los primeros filósofos griegos como fundadores de nuestra tradición científica, a pesar de que, ciertamente, no fueran quienes primero intentaran comprender los fenómenos de la naturaleza, que ya, de otra forma, venían siendo objeto de interpretación primitiva en función de nuevas creencias y mitos. Introdujeron una nueva forma de pensar: la actitud crítica, característica del pensamiento científico, y, con ella, la evidencia de que la ciencia no sólo resuelve problemas sino que, al hacerlo, plantea otros.

Para Popper, la actitud crítica es un requisito del científico puro, entendiendo que el trabajo del científico consiste en proponer teorías y en contrastarlas (Popper, 1980). A su entender (Popper, 1967), las teorías científicas no son simplemente los resultados de la observación. La ciencia -es cierto- no encuentra su origen en la observación, pero conduce a nuevas observaciones, cumpliendo su cometido pleno tan sólo en el rechazo, la eliminación y la crítica de las teorías, cuyo estímulo nos conduce a otras nuevas.

Wartofsky (1973), por su parte, afirma que la característica más importante del conocimiento científico se concreta en ser explícito y rentable, además de concebir la crítica como algo natural. Para que exista esa crítica es necesario que el “objeto de la misma se articule, de modo muy claro, como objeto de reflexión consciente y deje de ser tácito. Ser crítico con respecto a la experiencia requiere formularla de tal modo que pueda pasar a constituir objeto de reflexión”.

De todo lo anterior parece deducirse que la ciencia, como conocimiento, se compone de conceptos, leyes, teorías, métodos e instrumentos que, combinados de acuerdo con una serie de reglas lógicas, generan nuevos conceptos, leyes, teorías, métodos e instrumentos que previamente no existían. La ciencia se constituye como tal y se distingue de las demás formas de conocimiento por la utilización del método científico. Sin embargo, es preciso reconocer que no existe un consenso sobre la naturaleza o existencia de un único método científico, habiéndose producido una serie de controversias entre los pensadores de la filosofía de la Ciencia, cuyas concepciones pasamos seguidamente a analizar.

 

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