Diversificacion vía dimensionamiento

En un primer acercamiento, hemos tratado de comprobar si aumentar la dimensión de la cartera puramente nacional mediante la posibilidad de acceder a otros índices extranjeros con riesgo suponía ventajas en términos de reducción de riesgo, para luego analizar las ventajas de acceder al mercado global incluyendo los bonos.

El procedimiento seguido aparece descrito en Gómez-Bezares, Madariaga y Santibáñez (1994, págs. 68-69). Así, hemos ido construyendo carteras compuestas por dos, tres,, hasta 36 índices, obteniendo para cada cartera el riesgo total de la misma. Finalmente, se obtuvo el promedio de riesgo para cada uno de los posibles tamaños de cartera manejados.

En los gráficos I y II recogemos en abscisas el n de índices que componen la cartera y en ordenadas el tanto por uno de riesgo medio de la misma (medido con la desviación típica).

Como disponemos únicamente de 18 índices de acciones planteamos los gráficos sólo hasta este nivel. En el gráfico I puede verse el resultado para un inversor que mide sus resultados en dólares y, en el gráfico II en pesetas.

Gráfico I: Diversificación: Acciones <=> Acciones y bonos $



Gráfico I (Continuación): Diversificación: Acciones <=> Acciones y bonos $



De los gráficos anteriores, obtenemos como primera conclusión que la posibilidad de construir carteras no sólo de acciones sino también con bonos redunda en unos menores riesgos, lo que es perfectamente lógico dado el menor riesgo de los bonos.

Como segunda conclusión, vemos una característica que es común a todos los periodos: en general, a partir de 5 ó 6 índices, la reducción de riesgo no es tan significativa.

Gráfico II: Diversificación: Acciones <-> Acciones y bonos Pts



Gráfico II (Continuación): Diversificación: Acciones <=> Acciones y bonos Pts



Desde el punto de vista del inversor español la situación no ofrece grandes diferencias, en cuanto al hecho de que, mediante la inversión en 5 ó 6 índices el riesgo de la cartera ha decrecido notablemente.

Nuevamente es evidente el interés, que, desde el punto de vista de diversificación del riesgo para el inversor español, supone el acceder a un mercado global de acciones y bonos. Resulta interesante destacar cómo el periodo 1980-1984 es un periodo en el que las diferencias no son tan abultadas como los otros periodos (aunque en el caso de las carteras compuestas exclusivamente por acciones se ve una notable caída del riesgo con carteras compuestas por cinco o seis índices).

En todo caso, en el gráfico III recogemos el riesgo de una cartera con la máxima dimensión posible: una cartera equiponderada con todos los índices (tanto acciones como bonos).

Como podemos ver, en todos los casos, el inversor español puede llegar a una cartera más interesante en términos de riesgo, excepto en el último periodo, en el que aparece un mayor riesgo para el caso del inversor español.

Lógicamente, la inclusión del dato de octubre de 1987 supone incrementar el riesgo para ambos inversores. Así, dicho dato parece afectar más al inversor español que al inversor estadounidense, puesto que el nivel de riesgo crece proporcionalmente en mayor medida.

Gráfico III: Riesgo de una cartera mundial equiponderada de acciones y bonos