Ética y mercado

Partamos de que, con sus evidentes limitaciones, el mercado es un buen sistema de asignación de recursos4. Es decir, utiliza de forma eficiente los recursos que se ponen a su disposición para producir los bienes y servicios que la sociedad demanda.

Sin entrar ahora en una justificación académica sobre las virtudes del mercado, y mucho menos en una discusión sobre el alcance real de tales virtudes, supondré como aceptado que los mercados mejoran su asignación si son más eficientes, es decir, si los precios reflejan rápida y correctamente toda la información disponible5; en tales circunstancias los precios darán señales correctas sobre la abundancia o escasez de los diferentes bienes y servicios, indicando lo que es escaso y lo que es abundante. Todo lo que avancemos por el camino de la eficiencia será positivo para que el mercado cumpla su importante función asignativa. Centrándonos en los mercados de capitales, también es importante que los mercados sean lo más completos posible6 (permitiendo, por ejemplo, cubrir riesgos muy variados), y que sean líquidos, posibilitando a los inversores dejar el mercado cuando lo deseen, sin tener que soportar elevados costes de iliquidez. Las actuaciones que avancen en la mejora del funcionamiento del mercado (haciéndolos, por ejemplo, más eficientes, más completos, más líquidos) pueden considerarse socialmente positivas y, en consecuencia, éticamente correctas, pues van a colaborar en la creación de riqueza, y, si el resto de mecanismos funciona correctamente7, en la mejora del bienestar de la sociedad. En este sentido, la actuación de los especuladores ayudará, en muchas ocasiones, al mejor funcionamiento del mercado, y de ahí su justificación ética; pero también pueden manipular las cotizaciones o, simplemente, aprovecharse de la ignorancia ajena, lo que dará lugar a una negativa valoración ética de algunas de sus actuaciones.

En el sistema económico de mercado, el beneficio es un importante motor para la actuación de los agentes8, lo que ha llevado a no pocas dudas éticas: żes moralmente correcto que una persona actúe movida por la búsqueda del máximo beneficio? Personalmente creo que lo importante es que las actuaciones de los individuos contribuyan al bien común; si estas actuaciones se ven recompensadas por el beneficio, éste puede ser interpretado como un "incentivo", que en sí no es malo9. Lo que parece mucho menos claro es que las actuaciones de los agentes (incentivados por la búsqueda de su propio beneficio) siempre contribuyan a la consecución del bien común. Habrá ocasiones en que esto no sea así (como es el caso del que gana dinero especulando con información privilegiada). Es importante que la legislación trate de que tales situaciones se den lo menos posible.

Adam Smith, considerado el padre de la moderna ciencia económica, nos indica (con su famosa mano invisible) que los individuos, al tratar de conseguir su propio beneficio, se esfuerzan por ser más eficientes en su trabajo, utilizan mejor los recursos, se esmeran en complacer a los clientes... Pero esto no es siempre exactamente así. Tal como comenta el profesor William J. Baumol (en una colaboración con Sue Anne Batey Blackman)10 los mercados perfectos no impiden que las empresas puedan engañar (mediante la adulteración o la información engañosa), impulsándolas incluso a comportamientos poco éticos. Este problema no se soluciona con la buena voluntad de las empresas (sistema en el que ya Adam Smith tenía poca fe), sino con una intervención del estado, que diseñe un marco para que el mercado lleve al bien común. Estos autores tienen fe en el mercado y en sus instrumentos, pero para que esto funcione es necesaria una correcta intervención. Así es preciso incentivar (mediante subsidios) o penalizar el uso de determinados recursos. También hay que establecer las reglas del juego que lleven a los empresarios hacia actividades productivas, frente a las improductivas (como podría ser la evasión de impuestos).

Si nos movemos en un marco mundial, el tema se complica todavía más. Hugo Assmann11 (brasileño y teólogo de la liberación) comentaba, hace 25 años, que la situación histórica de pobreza de gran parte de la humanidad, ha de ser el punto de partida de cualquier teología cristiana. El Papa Juan Pablo II12 también se ha ocupado de este tema, y considera necesaria la actuación de organismos internacionales para que la economía mundial se oriente al bien común. Aunque esta problemática excede las pretensiones de este trabajo, comentaré al final alguna idea relacionada con esto.

En definitiva, la idea de Smith de que los individuos al buscar su propio beneficio logran el bien común, tiene claras limitaciones. Bastantes pueden ser solucionadas por una inteligente intervención del estado, pero queda mucho por avanzar a nivel internacional. Mientras no digamos lo contrario, supondremos que tales limitaciones están resueltas, pero una recta conciencia ética debe ser consciente de que esto no siempre es así.


4 Una explicación sencilla puede verse en Gómez-Bezares (1991).

5 Puede ampliarse en Gómez-Bezares (1993, cap. 2).

6 Puede ampliarse este concepto en Gómez-Bezares (1991b, tema II).

7 Me refiero principalmente a los de distribución de la riqueza.

8 En muchos modelos teóricos el único, y en la mayoría el más importante. Véase por ejemplo Jensen y Meckling (1995).

9 Puede ampliarse esta idea en Gómez-Bezares (1991, pág. 461). Puede verse también Argandoña (1995, pág. 42).

10 Baumol y Batey Blackman (1993).

11 Reproducido en Assmann (1997, pág. 4).

12 Juan Pablo II (1991, puntos 57 y 58).