LA MICROECONOMÍA


Bernard Guerrien

Estados de la naturaleza y bienes condicionales

En varias ocasiones, hemos llamado la atención sobre la ausencia de incertidumbre en el modelo microeconómico de base, en el cual los agentes, se supone, conocen “perfectamente” el precio de los bienes presentes y futuros. Sin embargo, en los años cincuenta Arrow primero y Debreu posteriormente, propusieron adecuar el modelo de competencia perfecta de modo que se considerara una cierta forma de incertidumbre, apelando al concepto de estado de la naturaleza, empleado en estadística, e introduciendo las nociones de bien y precios condicionales o “contingentes”.

a) Bienes y precios condicionales

Un estado de la naturaleza resulta de la realización de sucesos exteriores al modelo, esto es que le son exógenos, independientes, de los valores tomados por las variables estudiadas en éste. En economía los estados de la naturaleza deben ser tales que no son provocados ni influenciados por las preferencias o acciones de los individuos, lo que es muy raro, en la medida en que las incertidumbres de la vida de una sociedad provienen en gran medida de las actividades de sus miembros y de sus interacciones.

Por ello en economía los ejemplos empleados generalmente como estados de la naturaleza se refieren a la meteorología: lloverá mañana? Venteará mañana? etc. Arrow y Debreu suponen que un número finito de eventos posibles caracteriza los estados de la naturaleza y que existe un precio fijado para los bienes en cada uno de los eventos. Tales precios serían de la forma: “precio de un paraguas si llueve mañana” o “precio de un paraguas si no llueve”; son pues condicionales a la realización de un evento; los bienes relacionados son de la misma manera bienes condicionales. Notemos que el precio de un bien “cierto” es igual a la suma de sus precios condicionales; efectivamente si deseo estar seguro de tener mañana un paraguas, es necesario que compre el bien “paraguas si llueve” y el bien “paraguas si no llueve”.

Esta forma de razonar acaba por ampliar el alcance de la hipótesis de mercados “completos”, en la medida en que se agrega a cada bien una característica suplementaria. En consecuencia, la cantidad de precios fijados se multiplica por el número de eventos posibles; ahora, como se necesita tener en cuenta la fecha de los bienes, tal número sólo puede ser muy elevado, si no astronómico. Los cálculos de los individuos serán, por tanto, complicados, sin hablar de la tarea del subastador, que debe centralizar el conjunto de ofertas y demandas condicionales de los agentes. Como el mismo Arrow lo ha notado los costos de transacción se vuelven exorbitantes.

b) La preferencia de los agentes

En lo que se refiere a los productores esta preferencia no implica problemas; no hace intervenir las probabilidades de ocurrencia de diversos eventos posibles. En efecto, las empresas sólo adquieren los insumos condicionales y venden los productos condicionales que maximizan su beneficio para cada evento futuro. De esta manera el fabricante mencionado venderá el bien “paraguas si llueve mañana” teniendo en cuenta los precios fijados que correspondan a la eventualidad “llueve mañana”, pero también venderá el bien “paraguas si no llueve mañana”, basado en los precios fijados para este caso “no llueve mañana”. Ahora, como estas compras y ventas son “en firme” y no condicionales, al contrario de los precios fijados, su beneficio es cierto, pues es la suma de los beneficios correspondientes a cada eventualidad. No sucede lo mismo con su producción ya que es generalmente diferente según llueva o no.

Todo ello puede parecer extraño no se tiene pues la costumbre de asociar empresa y riesgo?, pero es apenas la consecuencia del marco institucional adoptado, es decir, una competencia perfecta con una lista exhaustiva de eventos- estados de la naturaleza.

Las familias deben enfrentar la incertidumbre y su satisfacción depende de la realización de ciertos eventos: si llueve mañana estaría mas contento si hubiera comprado hoy un paraguas, entregado mañana; al contrario, es posible que lamentara esta decisión si no llueve mañana. Las preferencias originarán pues la intervención de las probabilidades atribuidas a cada uno de los eventos posibles; ahora, la relación de preferencia de las familias recaerá sobre canastas de bienes afectadas por probabilidades (se habla a este respecto de “loterías” en tanto estas canastas se presentan como lotes que uno puede ganar con una cierta probabilidad); ahora, para que la preferencia de las familias sea definida, se necesita que su relación de preferencia permita clasificar todas las canastas de bienes posibles “probabilizados”.

Sin embargo, como no es cómodo razonar sobre una relación de preferencia que se basa en loterías, los microeconomistas buscan asociarle a tal relación, como en el caso “cierto”, una función de utilidad. Von Newmann y Morgenstern en su obra Teoría de juegos y Comportamiento económico mostraron que, bajo supuestos relativamente razonables tal situación es posible y que, además, basta con aplicar el criterio de esperanza matemática, la media ponderada por las probabilidades para clasificar las loterías. Apoyándose en esta demostración el microeconomista emplea sistemáticamente la regla de la esperanza de utilidad o de utilidad esperada que se desprende, al menos cada vez que se enfrenta a una serie de alternativas claramente definidas y probabilizables. De tal manera el microeconomista puede retomar los análisis usuales del consumidor y del productor, el primero que busca maximizar su esperanza de utilidad en vez de su utilidad, y el segundo su esperanza de beneficio, en vez de su beneficio. Como en el caso intertemporal se adecua el vocabulario, pero el procedimiento es el mismo.

c) El equilibrio.

El modelo de competencia perfecta en el que se introducen precios y bienes condicionales no difiere fundamentalmente del que hemos estudiado hasta ahora. Es así como los precios de los bienes, presentes y futuros, condicionales o no, son fijados y no hay lugar para las anticipaciones y la especulación, en tanto ésta se origina en el diferencial de información entre los compradores y vendedores.

En tales condiciones, incluso si las hipótesis son un poco arregladas, el teorema Arrow-Debreu continúa siendo válido: existe un sistema de precios fijados que hace iguales las ofertas y las demandas competitivas establecidas sobre la base de tales precios independientemente del bien condicional considerado.

¿Qué aporta de mas un tal concepto de equilibrio que no es mas que una variante del equilibrio competitivo “habitual”? Esencialmente la posibilidad de hacer intervenir diversos tipos de actitud frente a los riesgos inherentes a toda situación donde existe la incertidumbre. Así, un individuo que tiene una fuerte aversión por el riesgo y desea poder disponer de un bien, independientemente de las circunstancias, va a ser un demandador del bien condicional correspondiente para cada realización posible de los estados de la naturaleza. Si el bien es por ejemplo un “pastel entregado mañana” comprará los dos bienes condicionales “pastel entregado mañana si llueve” y “pastel entregado mañana si no llueve”. Al contrario un individuo que tenga menos aversión por el riesgo, e incluso un cierto amor por éste, y que piense que no lloverá mañana, no comprará “pastel entregado mañana si no llueve”, lo que le exige un gasto más débil ya que no comprará, pero tiene como contrapartida el riesgo de encontrarse mañana sin pastel si llueve habiendo así pagado inútilmente.

Evidentemente, la forma de incertidumbre vislumbrada en este tipo de representación es muy particular ya que supone conocidas todas las eventualidades futuras es decir, las realizaciones posibles de estados de la naturaleza, lo mismo que sus precios correspondientes; además, como lo hemos señalado, se descarta la incertidumbre inherente al comportamiento “de los otros”, como sucede en tanto el marco adoptado es el de la competencia perfecta. Ahora, es cierto que en la vida económica tal tipo de incertidumbre -por ejemplo cuál será la demanda de tal o cual bien? Cómo evolucionará su precio? Cómo reaccionarán mis competidores?- representa un papel determinante, mucho más que el de las perturbaciones “exteriores”, por ejemplo de orden meteorológico.

d) Bienes condicionales, teoría del seguro y selección de portafolio.

Los conceptos que hemos presentado son empleados por la teoría microeconómica de los seguros y de la selección de portafolio. En el caso de los seguros, el ejemplo simple de una familia que desea asegurar su casa contra incendios durante un cierto período, y que establece para ello un contrato con una compañía de seguros; la transacción se hace sobre el bien condicional “casa en el caso en el cual haya un incendio en el período estipulado”, bien cuya prima es el seguro. Dicho de otra manera la prima es el precio pagado por obtener una nueva casa si el evento “incendio” se produce. Evidentemente, en tanto sea más débil la probabilidad de que se presente tal suceso, la prima es mas baja. Si no hay incendio, la prima se pagó “por nada”, es decir, por la compra de un bien condicional que no se realizó. Este ejemplo suscita al menos dos observaciones:

Supone al menos implícitamente, que cada uno puede suscribir un contrato “individualizado”, en tanto que las compañías de seguros proponen contratos tipos centralizados; las probabilidades que están en la base de la determinación de las primas que hacen pagar son acá “objetivas” en tanto se deducen de observaciones pasadas y se apoyan en la “ley de los grandes números”.

El estado de la naturaleza, que haya o no incendio, no es verdaderamente exógeno ya que puede haber un incendio deliberado o por negligencia; se dice entonces que existe un riesgo moral, ya que depende de la “moralidad” de quienes se aseguran, por ello existen en los contratos de seguros cláusulas que exigen la instalación de sistemas de alarma, para no hablar de las franquicias.

Otro ejemplo es el de la teoría de la selección del portafolio, en la cual los individuos se encuentran frente a títulos que tienen unos rendimientos y riesgos variables de tal manera que deben enfrentar la selección arbitrando entre ganancias elevadas pero arriesgadas y ganancias débiles pero con menos riesgo. En tanto la aversión al riesgo varía de un individuo a otro existen asuntos variados, en dónde cada cual determina su portafolio óptimo desde el punto de vista de la relación entre rendimiento y riesgo. La elección implica también un seguro y no un mero comportamiento especulativo.

4. CONCLUSIÓN.

El modelo de competencia perfecta fue perfeccionado por Arrow y Debreu con un objetivo preciso: mostrar la existencia de un equilibrio competitivo y, por tanto, mostrar que la coordinación de las elecciones individuales es posible. Pero el resultado es obtenido al precio de hipótesis muy fuertes y, sobre todo, logrado en un marco muy particular, centralizado dónde no se presentan intercambios directos entre los individuos. Además, la implementación de un procedimiento del tipo “ley de la oferta y la demanda” no asegura en manera alguna que se “encuentren” precios de equilibrio. Si, a pesar de todo el microeconomista continua atribuyendo un lugar central al modelo de competencia perfecta, es por tres razones:

  1. Tal modelo asegura la existencia al menos de un equilibrio general, lo que no es el caso para los modelos de competencia imperfecta, como lo veremos en el próximo capítulo.
  2. Sus equilibrios sirven de referencia como óptimos de Pareto; dicho de otra manera, se constituyen en norma, un objetivo hacia el cual habría de tenderse.
  3. Se puede “ampliar” de manera tal que el tiempo y la incertidumbre se puedan tener en cuenta, así sea de manera parcial o incluso “inesencial”.
  4. Se puede discutir sobre lo bien fundado de tales razones, pero para el microeconomista son suficientes para que el modelo de competencia perfecta no sea completamente rechazado.

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