LA MICROECONOMÍA


Bernard Guerrien

El caso del trabajo

Habida cuenta de su importancia, en tanto se puede considerar que es la principal fuente de ingreso de los hogares, es interesante ver como la microeconomía trata el caso del trabajo, que es para ella una mercancía como cualquier otra.

Así pues, para el microeconomista, la demanda de trabajo se determina para las empresas aplicando la regla de la igualación de la productividad marginal con el precio del insumo, en este caso, el precio está dado por el salario real, esto es, la relación del salario recibido frente al precio del bien producido. Un ejemplo ver el capítulo 1.1.B.a.

Al contrario, la oferta de trabajo presenta un cierto número de particularidades. En primer lugar, ya que el microeconomista considera que, al contrario de otros bienes, el trabajo es una fuente de “displacer” o de “desutilidad”, es decir, trabajar mas implica disminuir su utilidad. En tal caso no se puede aplicar al trabajo las reglas marginalista habituales, con un consumo sin intercambio, la utilidad máxima para una oferta de trabajo es nula. Además, porque el trabajo es una fuente de ingreso, pues se vende contra un salario, ingreso que compensa su “desutilidad”.

Existe, sin embargo, un medio que permite analizar el trabajo como cualquier bien; para ello, es suficiente razonar sobre el tiempo de “descanso”, que está dado por la diferencia entre el tiempo disponible y el tiempo gastado en el trabajo. En efecto, como el descanso es fuente de utilidad, los hogares se pueden considerar como demandantes de descanso; claro está que mientras más “consumen” descanso, menos pueden consumir otros bienes, pues mientras menos trabajen menos ganan; de tal manera su preferencia será tal que la tasa marginal de sustitución entre el descanso y el consumo sea igual a la relación entre el salario, precio de la hora de descanso, y el precio de los bienes de consumo.

En tanto que la demanda de descanso para un hogar está determinada o definida, se obtiene su oferta de trabajo, sustrayendo tal demanda de su tiempo disponible. La oferta de trabajo surge pues como un residuo, lo que puede sorprender a los no iniciados. Pero ello es una consecuencia directa del tratamiento igual del trabajo a los otros bienes, y por tanto se pueda ofrecer y demandar descanso las cantidades que se quiera, es pues divisible y sin límites.

Conviene no obstante hacer notar que, aunque se pueda asimilar formalmente a otros bienes, el trabajo tiene la particularidad de ocupar un sitio importante, y hasta único, en el ingreso de los hogares. En tales condiciones toda variación en la tasa de salario provoca un efecto ingreso no del todo despreciable, que acaba por obstaculizar el efecto substitución. En esta forma, un incremento salarial incita a disminuir el tiempo de descanso, ya que éste cuesta mas caro, como “tiempo perdido” por no trabajar, y en consecuencia por aumentar la oferta de trabajo, ya que el consumo se sustituye por descanso. Pero, al mismo tiempo, como el aumento de salario implica el aumento del poder de compra, puede ser racional tomar la decisión de consagrar mas tiempo al descanso y trabajar menos; este efecto ingreso actúa en el sentido opuesto al efecto sustitución, de tal manera que no se puede afirmar a priori cual es el efecto de una variación del salario sobre la oferta de trabajo, incluso si se retienen las hipótesis usuales de la microeconomía. Digamos que los marginalistas ya habían efectuado tal constatación; por lo demás admitieron que la curva de la oferta de trabajo podría ser decreciente, al menos en algunas partes.

3. CONCLUSIÓN.

Una idea se desprende del estudio detallado de las principales características del modelo de competencia perfecta: el “mundo” que representa corresponde a una forma de organización social extremadamente centralizada e incluso “autoritaria” ya que todas las decisiones han de pasar por las manos del subastador; en particular, las relaciones directas, bilaterales, son prohibidas. Ello es un poco paradójico pues la idea de los microeconomistas, de la cual no se pueden desprender con facilidad, es que el “modelo competitivo” debe dar una descripción idealizada del “sistema de mercados”, cuya propiedad esencial sería su carácter ...descentralizado!

Evidentemente tal paradoja no divierte mucho al microeconomista. Ahora, es de alguna manera inevitable, ya que la centralización de precios, de ofertas y demandas, de información permite las simplificaciones para el tratamiento matemático del problema de la coordinación, como lo veremos en el próximo capítulo.

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