LA MICROECONOMÍA


Bernard Guerrien

LA COMPETENCIA PERFECTA: AGENTES Y COMPORTAMIENTO.

Después de trazar las principales características de orden “institucional” del modelo de competencia perfecta, vamos a precisar la naturaleza y los comportamientos de los individuos que actúan en el marco de este modelo.

A. Los agentes.

Hasta ahora nos hemos contentado con hacer alusiones a las “preferencias individuales”, sin precisar la naturaleza exacta de los “individuos” referidos. Es cierto que la microeconomía se propone partir para sus análisis de unidades de base indiferenciadas. Sin embargo, si ella quiere a sus propósitos un contenido un poco más preciso, “económico”, está obligada a establecer una distinción entre los individuos según sus funciones o su tipo de actividad. Ello la conduciría a verlos como agentes. De esta manera ya nos hemos encontrado con dos tipos de agente, el “consumidor” y el “productor”, a los cuales se agrega el subastador, aunque este se considera que está por “fuera del modelo”, ya que él lo pone en funcionamiento pero no toma parte. Ahora, como son justamente esos agentes los que ocupan un lugar central en la competencia perfecta, y también en la microeconomía, vamos a volver sobre sus principales características.

a)El consumidor -o los hogares-.

Habitualmente se denomina “consumidor” al primer gran tipo agente de la microeconomía. No obstante esta denominación deja bastante que desear; en efecto, el consumo supone que exista una producción previa al intercambio. Quien consume debe disponer de recursos y procura emplearlos lo mejor posible. Entre estos recursos, está en primer lugar su tiempo disponible, que puede vender, al menos en parte, contra una retribución; puede tener también derechos de propiedad -por ejemplo sobre terrenos, inmuebles o empresas lo que daría lugar en el último de los casos a la obtención de dividendos- o también tener inventarios de todo tipo de bienes. En tales condiciones, para cada individuo el consumo sólo constituye una elección entre muchas más opciones. Por tal razón, cuando el microeconomista evoca esta elección ampliada, no habla mas del consumidor sino del “hogar”; retoma así la terminología empleada por la contabilidad nacional cuando quiere designar las unidades de decisión en las cuales el consumo -presente o futuro- es el objetivo último. Se puede incluso notar que el recurso a la noción de hogar constituye una infracción al principio de base de la microeconomía, esto es tomar al individuo como punto de partida, ya que por regla general un hogar designa un grupo de personas que vive en comunidad, cuya forma puede variar de una sociedad a otra, y al cual se le atribuyen gustos y una voluntad como si fuera un individuo.

El agente “consumidor” u “hogar” -de ahora en adelante emplearemos indiferentemente uno u otro término- va a estar caracterizado por dos parámetros, dados a priori:

Una relación de preferencias, a la cual en general se le asocia una función de utilidad, que representa sus gustos;

Una “dotación inicial” en bienes, en derechos de propiedad y en tiempo disponible que representa sus recursos.

Evidentemente, los valores tomados por estos parámetros pueden variar de un hogar a otro; es por lo demás, esta diversidad el origen de los intercambios entre los individuos. Pero también explica la imposibilidad, en microeconomía, de caracterizar de manera relativamente precisa las unidades de base del modelo. En efecto, si todo el mundo tuviese la misma relación de preferencias, se la podría deducir de la observación del comportamiento de una multitud de individuos. Ahora, como no existen dos seres humanos idénticos, no es posible determinar, incluso de manera aproximada, los gustos de cada cual; incluso, si se pudiera, no se ve con facilidad como construir y “hacer funcionar” un modelo con millares, incluso millones, de unidades de base cada una con características propias. Por tal razón, el procedimiento microeconómico es fundamentalmente teórico; tal procedimiento no tiene, y no lo puede tener, una dimensión propiamente experimental. Es suficiente, para persuadirse, consultar los tratados usuales de microeconomía; bien porque no suministran ningún dato expresado como cifra, o porque suministran algunos “ejemplos” construidos a título ilustrativo -con cuadros de cifras o curvas construidos para la ocasión- o bien por que empleen algunas estadísticas -sobre el consumo, los precios, el consumo, el ingreso- que siempre se refieren a conjuntos de individuos, -de una ciudad, de una región, de un país-, y no a las unidades de base.

El microeconomista no puede pues pretender que trabaja, frente a la diversidad de las características individuales, con montos o cifras concretas; se tiene que contentar con hipótesis de tipo cualitativo por ejemplo: la satisfacción crece con las cantidades consumidas, los hogares “prefieren las combinaciones”, etc. Es claro que una manera tal de actuar sólo acentúa el carácter abstracto del procedimiento microeconómico y exige un complejo tratamiento matemático, bastante alejado de los cálculos relativamente simples de los primeros marginalistas, lo cual choca con frecuencia a los no iniciados. Estas notas son válidas también para la teoría económica del productor.

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