LA MICROECONOMÍA


Bernard Guerrien

LA FORMA DE ORGANIZACIÓN SOCIAL INHERENTE A LA COMPETENCIA PERFECTA

Cuando se presentaron los análisis marginalistas fuimos vagos sobre la manera como eran organizadas las relaciones económicas, en tanto nuestro propósito era hacer comprender el razonamiento “al margen”. De la misma manera habíamos evitado emplear términos como “competencia” o “mercado” aunque los “padres fundadores” del marginalismo no evitan hacerlo. Ahora, para ellos esto no parece ser muy problemático, en la medida en que su procedimiento pretendía ser “realista” y no sólo axiomático. Es así como Marshall, no duda, en su principal obra teórica, Los principios de Economía, un llamado a datos estadísticos o a entrar en “detalles” cuando describía un mercado, por ejemplo la plaza de una pequeña aldea.

No obstante, el principal obstáculo de este tipo de procedimiento es que los resultados dependen estrechamente del marco escogido; en el límite, cada “mercado” necesita una representación particular, con sus consecuencias, propias. Dicho de otra forma, si se desea construir una teoría lo suficientemente general se necesita hacer abstracción de los “detalles”, para retener sólo lo que se considera como esencial; tal es el punto de vista de la microeconomía; por lo demás, el lugar otorgado a las matemáticas es poco compatible con las sutilezas de orden institucional, como lo prueba la débil matematización de la sociología por ejemplo. De esta forma se ha convertido en hábito para los microeconomistas distinguir entre dos grandes tipos de situación: el caso competitivo y el caso no competitivo.

a) Qué se entiende por “situación competitiva?

Habitualmente se dice que hay una “situación competitiva” si se cumplen ciertas condiciones; por ejemplo:

·Un “número suficiente” de vendedores y compradores, sin que ninguno de ellos sea “especialmente superior” a los otros.

·Una gran “trasparencia” al nivel de la información, particularmente en lo referido al precio y a la calidad -“homogeneidad”- de los bienes.

A ello se agrega la idea de que existen “mecanismos” que actúan de manera tal que las ofertas y demandas se igualen y cada bien tiende a tener un precio único o casi único al menos si existe “libre entrada”, es decir, si cada uno se puede convertir en demandante u oferente si así lo desea, de tal manera que se provoque el “ajuste” del mercado.

Otra manera usual para describir situaciones competitivas consiste en invocar las “fuerzas del mercado” y su acción en tanto que ellas no sufran ningún tipo de “tropiezo”. Ahora, emplear metáforas y un cierto vocabulario propio de la física -como “fuerzas”, “mecanismos”, “ajustes”- que hacen pensar en una máquina bien aceitada no es satisfactorio, ya que no permite saber como se hace, o se puede hacer, la coordinación de las preferencias individuales. Si se desea avanzar e ir mas allá de las metáforas es necesario dar un contenido preciso, susceptible de interpretación económica a las “fuerzas” en liza. Se necesita también distinguir claramente las etapas del razonamiento, la manera como se “desarrolla” el modelo, efectuando claramente la distinción entre variables, y datos o parámetros. El problema esencial de la formación de los precios muestra por qué ello debe ser así.

b) De dónde vienen los precios?

Al presentar el procedimiento de los marginalistas en el capítulo anterior, hemos considerado los precios como dados, lo que permitía a los individuos aplicar reglas de cálculo “al margen”, y después hemos supuesto que cambiaban en función de la oferta y demanda ...construidas estimando los precios como dados!

Si no se pone cuidado sobre el tema se corre el riesgo de efectuar razonamientos circulares (precios “dados” que varían bajo el efecto de comportamiento “con precios dados”); por tal razón es primordial proceder por etapas, considerando sucesivamente:

·Una primera etapa, en la cual los precios son dados y los individuos formulan ofertas y demandas sobre la base de tales precios;

·Una segunda etapa, en la cual los precios son modificados como consecuencia de la confrontación de la oferta y demanda determinadas en la primera etapa.

Posteriormente se vuelve a empezar. De tal manera se ve surgir un proceso, que se representa por medio del siguiente esquema simple:

Este esquema es un embrión de modelo; ahora, para construir un modelo acabado hay que precisar:

·Cómo se fijan los precios

·Cómo se confrontan las ofertas y las demandas

·Cómo se modifican los precios, habida cuenta estas ofertas y demandas.

La forma como se den estas precisiones es esencial en microeconomía ya que los resultados del modelo y su interpretación económica están en estrecha relación. Vamos a ver como es el asunto en competencia perfecta.

N. del T:

El término walrasiano en francés es “commisaire-priseur” se ha traducido al español como “subastador”; pienso que sería más justo traducir como “comisario subastador”, para dar la idea de un organizador fuerte, casi policial del mercado, al cual todos acatan.

c) Precio y “subastador”

En nuestro esquema, como en el enfoque marginalista tradicional, los precios son en principio “dados” o “fijados”. Ahora, por quien? Si son fijados por los individuos mismos, la situación se vuelve muy difícil de modelar. De un lado, porque, en tanto la selección de cada uno se hace simultáneamente sobre los precios y las cantidades, se debe agregar a la función de utilidad o de producción, una “regla de fijación de precios” característica para cada individuo; de otro lado, porque los precios de los bienes son forzosamente “personalizados”, luego diversos, en tanto que cada agente -vendedor o comprador- los fija a su antojo; tal multiplicidad de precios para cada bien plantea, de manera particularmente aguda, el problema de la recolección y el tratamiento de la información.

La forma más sencilla de esquivar estas dificultades consiste en suponer que cada bien tiene un precio único conocido por todos, a partir del cual se configuran las ofertas y demandas individuales, es decir, suponer que los consumidores y productores son “tomadores de precios”. Ello es posible sólo si los precios son “fijados” por alguien que no es parte activa en la economía considerada, por lo cual sus proposiciones de precios son aceptadas por todos los agentes. Ya que se tomó como referencia al mecanismo de las Bolsas de valores, a tal personaje se le denominado “subastador”.

Así pues, cuando los economistas emplean la fórmula “sea un bien cuyo precio es p” sin otra precisión, suponen, sin decirlo, que existe un “subastador” que fija tal precio único, conocido por todos. Tal hipótesis es una de las características fundamentales de la competencia perfecta. Ahora, para describir tal hipótesis, se puede recurrir a otras metáforas diferentes a la del “subastador”, por ejemplo un computador central que propone los precios, por Internet o por Fax, pero todas ellas tienen como punto común la unicidad del precio por bien, conocido por cada individuo y que sirve para establecer las ofertas y demandas.

Además, en su artículo de 1954 dónde demuestran la existencia de un equilibrio general de competencia perfecta, Arrow y Debreu invocan explícitamente un subastador. Vislumbran la economía como un juego, en el sentido de la teoría de juegos, con un director-organizador -el subastador- que fija los precios, centraliza las ofertas y demandas de los otros jugadores -consumidores y productores-, cuyo objetivo es volver mínima la diferencia en valor entre las demandas y las ofertas, aunque ello no le traiga un beneficio, es un agente altruísta.

d) Competencia perfecta y centralización de ofertas y demandas.

Para precios fijados y aceptados por todos, los individuos van a definir sus ofertas y demandas, buscando maximizar su satisfacción -utilidad- o su beneficio.

Sin embargo, no hay ninguna razón para que estas ofertas y demandas concuerden, bien sea en el ámbito bilateral o global. De esta manera, si dos individuos cualquiera confrontan sus ofertas y demandas, por regla general no son iguales; si por ejemplo un individuo ofrece 10 manzanas y demanda 6 bananos, sería una casualidad extraordinaria que encontrara otro individuo que demandara 10 manzanas y ofreciera 6 bananos. A fin de evitar este problema de concordancia entre ofertas y demandas bilaterales, el modelo de competencia perfecta supone que las ofertas y demandas individuales primero se reagrupan y luego se confrontan globalmente. Esta es la segunda característica esencial de la competencia perfecta.

De tal manera, luego de haber fijado los precios el subastador centraliza las ofertas y demandas ordenadas sobre la base de estos precios; después las adiciona para cada bien y procede a compararlas. Aunque el problema sea más sencillo si se compara con el caso de las confrontaciones bilaterales, no hay acá tampoco razón para que ofertas y demandas sean iguales. En consecuencia el subastador hará variar los precios teniendo en cuenta las diferencias que constate entre ellas. A los nuevos precios fijados corresponderán otras ofertas y demandas, las cuales confrontará de nuevo después de reagruparlos y así sucesivamente. Se tiene pues el proceso descrito en la página....:

Precios fijados­

-cálculo de ofertas y demandas individuales

-centralización por el subastador

-nuevos precios fijados, proceso al cual las hipótesis de la competencia perfecta dan una forma precisa.

e) Equilibrio y tanteo.

El modelo de la competencia perfecta ha sido construido para resolver el problema central de la microeconomía, el de la coordinación de las preferencias individuales. De manera que si los precios fijados por el subastador son tales que se presente una igualdad entre ofertas y demandas globales, entonces tal coordinación es posible y se dice que se está en presencia de un precio de equilibrio porque el subastador no necesita efectuar modificaciones. No obstante, del hecho que la coordinación sea posible no se infiere que se lleve a cabo realmente, incluso en el marco muy particular de la competencia perfecta. De nuevo, falta pues que el subastador tenga un medio para encontrar un precio de equilibrio.

Walras era consciente de este problema; incluso imaginó un proceso de búsqueda de los precios de equilibrio que denominó tanteo y que consiste en implementar lo que se entiende por la “ley de la oferta y la demanda”: aumentar el precio de los bienes cuya demanda es superior a la oferta, disminuir el precio de aquellos cuya demanda es inferior a la oferta. Samuelson fue el primero en dar forma matemática a tal proceso en 1941. Pero no prueba, ni por lo demás busca hacerlo, que puede conducir a un equilibrio, al menos “al cabo de cierto tiempo”. Otros, y entre los más célebres economistas, han intentado hacerlo, pero, como lo veremos en el próximo capítulo, se han enfrentado a dificultades insospechadas, que han sacudido profundamente el edificio construido en el marco de la competencia perfecta.

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