LA MICROECONOMÍA


Bernard Guerrien

Las ofertas y demandas competitivas.

A los precios fijados por el subastador, los hogares y las empresas formalizan sus elecciones, sus preferencias, las cuales se traducen en ofertas y demandas. Sabemos que esas preferencias se constituyen fundadas en el principio de maximización de la utilidad o del beneficio según el caso, pero ello no es suficiente para caracterizarlas completamente. Por tal razón el modelo de competencia perfecta agrega una hipótesis adicional sobre el comportamiento o la sicología de los agentes.

a) Competencia perfecta y anticipaciones

En tanto que un individuo enfrenta un precio, lo puede interpretar como una “señal” sobre el estado de las ofertas y demandas de otros individuos, para sacar ventaja de esta información. Así pues, si anticipa un alza de precios de un bien, puede comportarse como demandante “a título especulativo”, y no porque su consumo le permite maximizar su utilidad o su beneficio. En ese caso, las reglas “marginalistas” usuales no se pueden aplicar o, al menos, deben ser adecuadas.

Incluso si un individuo no busca especular, puede que constate que a ciertos precios fijados, las ofertas y demandas no concuerdan (por lo demás es el caso general ya que los precios se escogen al azar); dicho de otra manera, el individuo está sometido a restricciones, diferentes a su restricción presupuestal, bien sea al nivel de aprovisionamientos, o al nivel de entregas; se habla en este caso de restricciones cuantitativas. Es racional de su parte reaccionar constituyendo inventarios, adelantando una campaña publicitaria, etc. Ahora, en este caso, su comportamiento no se puede reducir a un cálculo simple de maximización. Frente a estas dificultades, el modelo de competencia perfecta procede de manera radical, atribuyendo a los hogares o a las empresas un comportamiento que algunos califican de “ingenuo” o “miope”. En efecto, supone que unos y otros establecen sus planes basándose sólo en la “señal” enviada por los precios fijados, sin considerar las eventuales restricciones cuantitativas que podrían soportar o en las consecuencias de sus acciones reducidas sólo a ofertas y demandas. Semejante comportamiento, que parece poco racional, se puede justificar invocando el marco institucional de la competencia perfecta, donde el subastador dirige el juego, fijando los precios según su buen juicio, centralizando las ofertas y demandas individuales donde no haya intercambios antes de que se “encuentren” los precios de equilibrio. En la medida en que cada cual acepta las reglas del juego, acepta también el comportamiento pasivo que se le atribuye en el modelo.

Las ofertas y demandas establecidas con base de un tal comportamiento son denominadas competitivas o en ocasiones walrasianas. Tienen sus características propias según las empresas o los hogares.

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