LA MICROECONOMÍA


Bernard Guerrien

El enfoque de la función de costo

En nuestro ejemplo actuamos como si no hubiese mas que un insumo, el trabajo, lo que simplifica bastante la presentación. Pero, como regla general toda producción exige no sólo trabajo sino también materias primas, energía, herramientas etc., de tal manera que la búsqueda de la oferta que maximiza el beneficio no se puede reducir a un cálculo simple. Por ello el microeconomista razona con frecuencia a partir de la función de costos, que asocia a cada cantidad producida de un bien el costo mínimo en insumos necesario para producirla. Una función de esta forma presenta la ventaja de ser relativamente simple en la medida de sólo hacer intervenir una variable (la cantidad producida), al contrario de la función de producción que incluye tantas variables como insumos.

Sin embargo, la ventaja obtenida tiene una contrapartida nada despreciable: la pérdida de información. En efecto, la función de costos es obtenida a partir de relaciones técnicas y de los precios de los insumos, de manera que el papel de los unos y los otros ya no se puede distinguir. Se presenta un asunto incómodo para el microeconomista, uno de cuyos objetivos es aislar la causa de los fenómenos que se propone estudiar; acuerda por tal razón -generalmente- un lugar privilegiado en sus análisis a la función de producción y apenas emplea la función de costos para llamar la atención sobre un cierto número de problemas particulares, por ejemplo la existencia de costos fijos, o para simplificar la presentación de ciertos problemas.

Costo marginal y función de oferta.

La búsqueda del máximo beneficio exige a la empresa el cálculo de su costo marginal, es decir, el costo de la última unidad producida, independientemente del nivel de producción. Ahora, si tal costo hubiese disminuido con la cantidad producida, entonces la empresa tendría interés en adelantar indefinidamente su producción. Para evitar tal tipo de situaciones, se supone generalmente que el costo marginal es creciente, “cuesta mas y más” producir una unidad suplementaria. Esta hipótesis permite entonces deducir fácilmente la función de oferta de la empresa, la cual debe, para lograr el máximo beneficio, “empujar” la producción hasta el punto en el cual el costo de la última unidad producida sea igual a su precio de mercado, de hecho ir mas allá de este punto haría bajar su beneficio. Dicho de otra manera, para que exista un beneficio máximo es necesario que el costo marginal para el nivel de producción retenido sea igual al precio del bien producido, con la condición, claro está, que tal costo sea creciente.

Aplicando esta regla a cada uno de los precios posibles, se obtiene la oferta, que maximiza el beneficio, a estos precios y, por tanto, la función de oferta de la empresa.

Los costos fijos.

El razonamiento que hemos efectuado relativo a la función de oferta supone el costo marginal creciente. Ahora, tal hipótesis es muy lejana de la realidad; no se constata que la mayoría de las veces si se compra mas de un bien, por lotes, mas disminuye su costo unitario? empezando por las fotocopias cuya tarifa es regresiva. Los fabricantes de automóviles o de aviones, entre otros, no realizan pues el grueso de sus beneficios sobre las “últimas” unidades producidas, cuyo costo es claramente inferior al precio de venta? Se podría multiplicar el número de ejemplos.

Además, la hipótesis sobre el costo marginal creciente tiene un formidable problema lógico; en efecto, como implica que el costo unitario disminuye con la escala de producción, se desprende que las empresas que tienen un costo marginal creciente tienen interés en subdividirse en unidades mas y más pequeñas, indefinidamente, o al menos hasta que se reduzcan a un sólo individuo.

Conscientes de tal problema, los teóricos marginalistas como Marshall, han propuesto agregar en la función de costos un término constante, que representaría los costos fijos necesarios para el desarrollo de la mayoría de las producciones por ejemplo arriendo de locales, compra de máquinas, concepción de un nuevo modelo de avión o de automóvil, instalación de una cadena de producción etc.

Ahora, como los costos fijos son por definición independientes de las cantidades producidas, su existencia torna el costo de las “primeras” unidades producidas extremadamente elevados, en tanto ellas solas deben amortizarlos. Dicho de otra manera, en tanto haya costos fijos, la producción sólo es rentable a partir de un cierto umbral de precio de venta y de cantidad producida. Lo que se muestra en la figura 4 donde se ve como en la medida que el precio de venta es inferior a un cierto valor po los costos fijos no se pueden amortizar y, por tanto, la oferta es nula; al contrario, si el precio de venta es superior a po entonces se vuelve interesante producir, al menos si la “cantidad mínima” qo se puede vender. De tal manera se constata que la existencia de costos fijos introduce una discontinuidad en la función de la oferta; se puede decir que su curva representativa “salta” en po.

Figura 1.4

La función de oferta con costos fijos

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