Un ejemplo: El llamado 'Tráfico de drogas'
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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Un ejemplo: El llamado 'Tráfico de drogas'

Ya que estudiamos a las 'organizaciones' de principio violento, su 'justicia' y sus fuerzas de 'seguridad', a modo de ejemplo estudiemos, ahora con alguna profundidad, un caso de mucha actualidad para ver, en los hechos, como funciona la corrupción.

Lo primero que llama poderosamente la atención es que, aun cuando está por demás probado que el alcohol produce más muertes (por lo menos en los Estados Unidos) que la cocaína, la heroína y la marihuana (31), aun así, poco se ocupan los Estados coercitivos de esta droga líquida, pero mucho de las otras. ¿Será casualidad?

Vamos a ver. El juego en el que estamos inmersos hoy en día, en que algunas drogas están 'prohibidas' (entre comillas porque, en rigor de verdad, como veremos, no lo están), se desarrolla, más o menos (y sin con esto involucrar a todos los funcionarios estatales, que, seguramente, los habrá inocentes), de la siguiente manera. El Estado racionalista impone coercitivamente la 'prohibición' de la producción, tráfico y venta de algunas drogas, pero no prohíbe, de hecho, el consumo. Con lo cual, lo que realmente hace es otorgarle el monopolio a los traficantes que ya existen, dejando libertad para el uso, porque lo que le importa es que haya consumidores pero no competidores. De modo que, sin lugar a dudas, puede decirse que existe, en general, libertad para el monopolio de la droga, a pesar de la interesada propaganda masiva que pretende que creamos lo contrario.

Hay que ser francamente ingenuo para creer que, el Estado artificial, con los recursos que posee, el número de hombres en sus fuerzas de 'seguridad', la cantidad de armamento, el equipamiento de alta tecnología como radares, escuchas telefónicas, aviones, helicópteros y demás, no puede encontrar a los traficantes que abastecen a cualquier simple ciudadano que, normalmente, sólo cuenta con un reproductor portátil de discos compactos como todo equipamiento.

La policía del Estado coercitivo hace 'cumplir' las leyes, es decir, evita que cualquier traficante entre en el mercado. Salvo, claro está, por los que ya existen y que le pagan a las fuerzas de 'seguridad', no sólo para no ser molestados, sino para que evite la competencia. Los traficantes, de este modo, se ven beneficiados con el monopolio, de manera que pueden vender muy caro. Y este excedente lo utilizan para pagar al legislador, de modo que les mantenga el monopolio, al policía, para que evite la entrada de competidores, y al juez para que sancione a la competencia.

Los espectaculares procedimientos policiales, que cada tanto se realizan, en donde caen traficantes y se decomisa droga, no son más que espectáculos montados a los fines de mantener a la opinión pública adormecida. Y sólo son castigados los traficantes intrusos, es decir, los que están fuera del sistema convenido con el legislador, juez y policía. No es casual que, muchas veces (algunos investigadores serios afirman que siempre), gran parte de la droga secuestrada en estos procedimientos, vuelva al mercado a través del circuito autorizado por los funcionarios del Estado coercitivo.

Está probado que la publicidad estatal, supuestamente antidroga, es, en realidad, propaganda subliminal a favor del consumo (ya hemos visto que, desde un punto de vista metafísico, el mal, en cuanto tal, no existe y, consecuentemente, la propaganda negativa 'lo crea'). En las sociedades sanas, en donde el consumo de droga es bajo, no se la menciona. ¿Por qué? Porque está probado que la mención de algo induce al subconsciente, cuando no al consciente, a su favor, aun cuando se lo mencione negativamente (32). Y, sobretodo, si el que lo menciona negativamente es alguien con el desprestigio que tienen los Estados actualmente. La verdadera publicidad contra la droga es la propuesta de alternativas que la excluyan, sin mencionarla ni siquiera indirectamente. Porque su mención, aunque sea indirecta, claramente es propaganda.

De modo que, el Estado coercitivo, primero la publicita y da libertad para aumentar el consumo. Luego la 'prohíbe' para mantener el monopolio de sus asociados (está por demás probada la participación de funcionarios estatales, legisladores, jueces y/o policías en prácticamente todas, sino todas, las bandas de traficantes), con el que realizan grandes fortunas. Y, finalmente, persiguen y castigan severamente a quienes pretendan traficar por fuera del circuito establecido. Es importante notar que la droga no es cara de por sí, sino por el monopolio que ejercen los delincuentes. De donde, de terminarse con esta reserva de mercado, lo que ocurriría, en forma inmediata, sería la desaparición de muchas plantaciones y traficantes y propagandistas, por la sencilla razón de que dejaría de ser un negocio tan rentable.

Es así que, no es casual que el Estado violento prefiera ocuparse de estas drogas y olvidarse del alcohol. Efectivamente, en su momento, en los Estados Unidos con la 'ley seca', intentó el monopolio de estas bebidas. Esto dio lugar a la aparición (o, al menos, a la consolidación) de la famosa 'mafia' que se encargaba de la parte 'sucia' del negocio, que compartían con el Estado. Es importante que, este monopolio, se refiera a una droga, por la simple razón de que ésta produce adicción y, en consecuencia, los adictos pagarán cualquier precio que los únicos vendedores autorizados decidan imponerles. Pero, el monopolio del alcohol fracasó, por la sencilla razón de que es de muy fácil producción casera, es decir, que le resultaba muy difícil controlar la competencia. De modo que, se olvidó de esta droga, y creó el monopolio de otras, que son más difíciles o imposibles de manejar sin su consentimiento.

En definitiva, no se trata de liberar territorio para el monopolio de la droga (33), que es lo que buscan las organizaciones violentas, sino todo lo contrario. Se trata de, empezando por respetar el orden natural, negar la violencia (que muy hipócritamente dice 'prohibir' la droga) que sostiene al actual monopolio, dando lugar a una sociedad sana que pueda controlar efectivamente a todas las drogas dañinas (incluidas el alcohol y el tabaco) y, por qué no, llegar a eliminarlas o, al menos, conseguir su minimización en el consumo.

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