El Proceso del Mercado Natural
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EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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El Proceso del Mercado Natural.

El orden natural, entonces, implica crecimiento, esto es, el desarrollo de un movimiento continuo que, finalmente, nos conduce al bien. Este proceso, en el mercado es un proceso natural que, como tal, lleva a la perfección (a la que, obviamente, nunca llegaremos). En ésta búsqueda de lo perfecto, de lo que se trata es de 'eliminar' las imperfecciones propias de la naturaleza humana (en el sentido agustiniano, la 'naturaleza inferior'). Ahora, dicho groseramente, la imperfección del hombre se traduce de dos modos: en la vulnerabilidad de su cuerpo (necesita alimentarse, educarse, vestirse, sanarse y demás) y en la descoordinación con sus semejantes, o mejor dicho, en la necesidad de coordinar sus actividades con sus congéneres en función de su inevitable carácter y vocación social.

En consecuencia, el proceso de mercado, en la búsqueda de la perfección, será un proceso, básicamente, orientado a la búsqueda de la verdad (la información, el conocimiento) que le permita, por un lado, fortalecer su débil naturaleza humana (comer, vestirse, transportarse, mantener su salud y demás) y coordinarse con sus congéneres (para fortalecerse); estando, obviamente, ambas cuestiones íntimamente relacionadas.

Y esta búsqueda de la verdad es un proceso creativo en cuanto supone (no la creación de la verdad que ya ha sido creada) la máxima creación a la que puede aspirar el hombre, esto es: encontrar verdades que antes ni siquiera sabíamos que existían, según veremos. Dicho de modo metafísico, la Perfección tiene y posee Todo, todo lo que quiere y necesita; como nosotros no somos perfectos, entonces, lo que debemos hacer es encontrar las verdades que nos acerquen a la Perfección, a la posesión y tenencia de Todo, de todo lo que necesitamos y queremos.

En algún aspecto, el proceso de mercado, ha sido descrito y simplificado a través de la famosa curva de oferta y demanda (OD). Según la cual, cuanto más alto es el precio de un bien, más gente sale a vender, provocando una sobreoferta que presiona el precio hacia la baja. Y cuando más gente quiere comprar el producto en cuestión, más aumenta el precio. Y las inversas. Produciéndose de este modo un 'equilibrio' entre la oferta y demanda.

Pero, lo cierto es que no existe tal equilibrio, sino algo diferente: un entorno puntual con tendencia al equilibrio. En rigor, el equilibrio, 'no existe con anterioridad', es decir, que no existe porque no existe la oferta (porque esto supondría el conocimiento exacto del stock actual) sino una 'presión de oferta', y no existe la demanda (por el mismo motivo, porque esto supondría conocer exactamente los deseos actuales de las personas cuando, suponiendo que pudiéramos saberlo, para cuando nos enteramos del último, el primero ya cambió) sino una presión de demanda. Ahora, estas presiones son, de suyo (porque, según vimos, son imprecisas), incapaces de producir un equilibrio, de modo que el equilibrio nunca se dará.

Por otro lado, está clarísimo que no es bueno el equilibrio de la OD, porque esto significaría que el mercado permanecería estático y el progreso, por el contrario, implica movimiento. Lo bueno del mercado es que tiene una inercia natural equilibrante (cuando el precio de un producto aumenta, dejando mucho margen de ganancia, todos quieren vender, hasta que el precio baja por tanta oferta), pero al mismo tiempo, dadas las infinitas variables (endógenas y exógenas) que influyen en el proceso (por ejemplo, si un producto determinado hubiera alcanzado un precio estático, los empresarios, en su afán de lucro, intentarán por todos los medios desplazar a la competencia es decir, producirán avances tecnológicos o mejorarán su organización de modo de bajar costos y poder ofrecer el producto a más bajo precio) el equilibrio nunca se logrará explicitando que existe movimiento en el sentido del progreso. Es decir que, de no existir la tendencia equilibrante el mercado sería caótico, pero de existir un equilibrio estático, no existiría movimiento y, consecuentemente, el progreso sería imposible.

En otras palabras, esta natural tendencia equilibrante del mercado es, justamente, la que obliga a los empresarios a moverse en el sentido del progreso, si es que quieren mayor lucro. De aquí la ética del lucro, por cuanto supone que el hombre participa (de la creación) del progreso de la sociedad. Por el contrario, como todo este proceso natural es imposible de ser reproducido por cerebro humano alguno, de existir una fuerza (extrínseca a la naturaleza humana, al mercado) coercitiva que imponga distorsiones, el lucro dejará de ser este incentivo que mueve en el sentido positivo, para convertirse, simplemente, en el aprovechamiento egocéntrico de un mercado distorsionado.

En este proceso, precisamente, al contrario de lo que nos dice el racionalismo, el hecho de no poder anticipar el futuro es lo que provoca el progreso. Porque, la función empresarial, el desarrollo tecnológico y, finalmente, el proceso de la creación (de esto se trata el orden natural) se basa, justamente, en la posibilidad de encontrar información desconocida y coordinarla con las distintas fuerzas sociales. De no existir lo desconocido, si pudiéramos con la mente planificar todo, anticipar todo ('superando' a Dios) no podría existir ni el desarrollo tecnológico, ni la función empresarial ni ningún progreso. El Gran Amor de Dios se manifiesta, precisamente, en que ha 'dejado todo por conocer' de modo que podamos participar personalmente, a cada minuto, a cada instante de nuestras vidas, en la Creación. Si un burócrata estatal me dice 'mire, tiene que fabricar tornillos de este tamaño, con este material (supuesto control de calidad) y los tiene que vender a este precio (supuesta defensa del consumidor) y, entre tanto, por vía aduanera, yo le garantizo que no tendrá que innovarse y mejorar con respecto a la competencia externa (supuesta defensa de la industria nacional)' entonces de la única creación que participaré es de la 'razón' del burócrata en cuestión.

Israel M. Kirzner lo explica del siguiente modo: "El rasgo central del proceso de mercado... se refiere al papel que desempeñan en él la ignorancia y el descubrimiento. Es central porque el desequilibrio consiste en la ignorancia... Por eso, el proceso de mercado consiste en aquellos cambios que expresan la secuencia de los descubrimientos surgidos a partir de la ignorancia inicial que constituye el estado de desequilibrio. Describimos esta secuencia de descubrimientos como constitutiva de un proceso equilibrante... Sin duda reconocemos que los seres humanos están motivados para enterarse de aquello que les conviene... El enfoque del proceso de mercado se centra en los incentivos ofrecidos por las condiciones de desequilibrio para aquellos descubrimientos que se suman a las tendencias equilibrantes sistemáticas. Considera que estos incentivos atraen constantemente la atención de nuevos competidores potenciales; reconoce que esta atención debe tomar la forma de percepción empresarial de oportunidades rentables que pueden explotarse... El significado central de los movimientos que observamos de manera continua en el mercado es que los descubrimientos versan acerca de los errores no percibidos. Cada una de esas oportunidades no percibidas constituye al mismo tiempo: a) un rasgo de desequilibrio del mercado y b) una oportunidad explotable de ganancia... Este modo de entender los mercados se aplica, mutatis mutandi, tanto al corto como al largo plazo... El beneficio puro puede producirse: i) como un resultado del puro arbitraje, comprando y vendiendo simultáneamente a precios distintos; ii) como resultado de un arbitraje 'intertemporal', comprando algo a un precio bajo y vendiéndolo después a uno más alto, y iii) como resultado de un acto creativo de producción,... El arbitraje puro tiende a asegurar la explotación de todas las oportunidades de intercambio... ; el arbitraje intertemporal tiende a eliminar la disposición intertemporal inútil (y a obtener así una estructura óptima de capital); la capacidad de producción innovadora tiende a generar progreso tecnológico... lo que logra el proceso de mercado es la coordinación sistemática, a través de la economía, de las unidades dispersas de información, disponible pero no esperada... Un mercado libre ofrece incentivos de descubrimiento rentables a sus participantes. Este aspecto central del libre mercado tiene dos consecuencias para la libertad individual. Primero, como ya lo hemos hecho notar, es capaz de orientar la libertad individual hacia la generación del proceso de descubrimiento sistemático, que es la base de las propiedades coordinadoras del mercado"(60).

Estas 'propiedades coordinadoras del mercado', que van de suyo en el orden natural social, son, justamente, las que hacen posible y necesaria (por el principio de supervivencia) a la sociedad. Es decir que, en la medida en que los seres humanos nos 'coordinamos' hacemos posible y nos beneficiamos con la sociedad (a la que, a su vez, necesitamos). Nótese que la coordinación implica lo voluntario (la cooperación y el servicio), porque significa que las partes coordinan, se entienden y ponen sus voluntades de acuerdo. Y aquí existe, dicho sea de paso, una incoherencia insalvable en el liberalismo, por cuanto su 'individualismo' ('metafísico') reniega, precisamente, de aquella propiedad intrínseca del mercado (la 'coordinación social') que es del todo necesaria para el progreso y avance, personal y de la sociedad.

Por otro lado, es importante notar que la 'desinformación' más importante, más urgente, más necesaria, es aquella que nos aleja más de la vida, por cuanto el orden natural es a favor de la vida. Y, consecuentemente, el proceso de mercado intentará eliminar más rápidamente la desinformación más importante, incentivado y guiado por la posibilidad de mayor lucro. Por ejemplo, si una persona está por morirse, lo más urgente que necesita es eliminar la desinformación que existe con respecto a su enfermedad y tratamiento para su recuperación, y estará dispuesta a pagar por esta información toda su fortuna.

Está claro que la 'creación' humana o el descubrimiento genuino no es un acto deliberado de producción, por el contrario, ambas acciones son atribuibles, fundamentalmente, a la capacidad empresarial de 'perspicacia' (fe natural, en rigor) y al estado de alerta que continuamente mantienen los empresarios. Así, la verdadera justicia surge del acto 'creativo' que 'de la nada' aporta algo nuevo en beneficio del 'creador' y sus congéneres, y no en el reparto de lo ya existente. De este modo, el hombre participa en la Creación desde la nada (en rigor, sólo Dios puede crear desde la nada, de modo que el hombre sólo participa de esta creación: descubriendo verdades que antes ni siquiera sabíamos que existían). El inventor del fax, por ejemplo, produjo un hecho que antes no existía ni en el mejor de los sueños: enviar una carta a miles de kilómetros de distancia en forma inmediata. Ganando él y toda la sociedad. El productor agropecuario hace crecer trigo dónde antes sólo había tierra. Ganando él y toda la sociedad.

Así, resulta lógica la afirmación de Alberto Benegas Lynch (h) que asegura que "El proceso de mercado, es decir, aquel en el que se producen millones de arreglos contractuales, debe verse como un proceso de suma positiva, a diferencia de lo que ocurre cuando los procesos no son voluntarios, esto es -para seguir con la terminología de la teoría de los juegos- el resultado es la suma cero: lo que gana uno, necesariamente, lo pierde el otro. Los arreglos libres y voluntarios hacen que ambas partes ganen, lo cual eleva la riqueza conjunta y, como queda dicho, los procesos de capitalización hacen que los fuertes transmitan su fortaleza a los débiles como una consecuencia impensada (y muchas veces no querida), al contrario de lo que se sostiene a través de la improcedente extrapolación denominada 'darwinismo social'. Desde luego que la asignación de recursos (o la distribución de la propiedad) no responde a la eficacia de cada cual para servir a sus semejantes cuando quien produce lo hace en base a privilegios y dávidas de diverso orden, tal como el establecimiento de mercados cautivos, protecciones arancelarias, subsidios fiscales, etc. En este caso, la referida distribución es consecuencia de la expoliación a otros, lo cual es naturalmente opuesto a lo que ocurre en una sociedad abierta" (61).

Una última aclaración, con respecto a la curva de OD, que me parece importante dejar sentada. Esta curva es siempre posterior a la aparición del producto en el mercado. Efectivamente, para verlo claramente supongamos un caso extremo, por ejemplo, que los automóviles no existen. Entonces, tampoco existe la OD para estas mercaderías (no existe oferta, por cuanto el producto no existe, y no existe demanda por cuanto la gente no puede demandar algo que no conoce). Esta aparecerá después de que alguien introduzca el primer automóvil, entonces, habrá oferta y, al conocerlo la gente (de aquí la importancia de la publicidad), habrá demanda. Pero, no podremos calcular en base a estos datos porque, cuando ofrezcamos el segundo automóvil, la oferta variará (ya no será uno sino dos) y, probablemente, la demanda también. Así, nunca conoceremos cual será la OD real para un producto hasta después de que el producto en cuestión entre en el mercado. De aquí la imposibilidad de anticipar ('planificar') con precisión la producción.

Se dirá que sí se podría calcular la OD en el caso de un producto de consumo altamente masivo y conocido, el pan, por ejemplo. Pues no, de hecho el análisis es el mismo. Efectivamente, aun cuando un local determinado vendiera el mismo pan y al mismo precio que otro ubicado a cien metros, éste no será el mismo para Pedro que vive a cinco metros del último. El producto del último local le resultará más 'económico', pues si bien tiene que desembolsar la misma cantidad de dinero, realiza un menor esfuerzo para conseguirlo e invierte menos tiempo. Es decir que, para Pedro, ambos productos no son lo mismo, sino distintos debido al diferencial que significa la distancia para obtenerlo. Así la curva de OD del producto no será conocida hasta tanto éste se ofrezca en el mercado.

De paso, esto nos sirve para aclarar el concepto de monopolio. En el ejemplo que acabamos de ver, existe un sólo local que vende el pan de esa misma calidad a ese mismo precio, dentro los cinco metros a la redonda de donde vive Pedro. En otras palabras, es un error el considerar que un monopolio es la exclusividad en la venta de un producto porque, todos los productos, tienen, de modo necesario e inevitable, algún diferencial (aunque sea infinitésimo) que los convierte en distintos, y así todo sería monopólico.

Pero en fin, volviendo al tema del equilibrio, digamos que Samuelson, basándose en Walras, desarrolló la idea de un "equilibrio general en el cual todas las magnitudes están determinadas simultáneamente por relaciones interdependientes eficaces" (62).

Precisamente, el error intelectual de los economistas neoclásicos (la escuela hoy predominante) es que interpretan, los fenómenos que se observan en el mundo real, como si correspondieran a las condiciones que estudian en sus modelos de equilibrio. Irónicamente, los partidarios del equilibrio estático (el 'momento estático metafísico'), creen que los hechos reales ('históricos') deben ajustarse a la perfección del orden natural. Pretenden que la 'naturaleza agustiniana' ('real', imperfecta: desequilibrada) se corresponda con la naturaleza tomista (esencial, equilibrada) sin más. Pero la realidad de la Creación es muy otra: inevitablemente nuestra naturaleza 'real' será imperfecta y, justamente, a través de este proceso creativo (dirigido por la Providencia) iremos encontrándonos cada vez más con la verdad hasta alcanzar el equilibrio (la Perfección) a la que sólo llegaremos en el fin del proceso, es decir, en la perfección, es decir, nunca en esta tierra.

Así, para los neoclásicos, los mercados están compuestos de agentes económicos maximizadores cuyas decisiones (no juicios) se ajustan de forma perfecta, en el sentido de que, de hecho, las decisiones maximizadoras de cada agente, son capaces de anticipar correctamente y con éxito, al menos, el resto de todas las otras decisiones maximizadoras que se toman de manera simultánea. Para que ésta condición se cumpla, sólo puede prevalecer, en el mercado, aquel conjunto de precios y cantidades de los inputs y los outputs (los recursos dados y conocidos) que simultáneamente satisfaga las ecuaciones relevantes de la oferta y la demanda. Así, la característica del supuesto estado de equilibrio es suponer que las acciones y los planes se basan sobre una previsión correcta del futuro, es decir, en definitiva, en la creencia de que el ser humano es capaz de conocimiento perfecto y, consecuentemente, adelantar el futuro.

Pero esto implicaría, entre otras cosas, explicar a través de qué proceso las personas serán capaces de adquirir este conocimiento perfecto, cosa que no han hecho por razones obvias: porque el único modo sería afirmar que el hombre es un dios capaz de perfección. De manera que, la información imperfecta (que supone la fe natural) se convierte en un impedimento para el equilibrio, cuando lo cierto es que, justamente, la información imperfecta es la que permite el proceso 'creativo' de mercado, es decir, el movimiento en búsqueda de la perfección.

Vamos a ver. Una cosa es postular que existen procesos de coordinación (de búsqueda de información) que tienden rápidamente hacia el equilibrio, y otra totalmente distinta que, en ausencia de una teoría sobre el carácter coordinador (el orden natural, y su vocación social) de tales procesos, se considere que, el mercado, se encuentra en todo momento como si ya hubiera alcanzado el estado final de equilibrio. Lo que, por cierto, supone de parte del empresario, una actitud egocéntrica, por cuanto, debido al supuesto equilibrio dado, al no existir una teoría coordinadora y no ser necesaria una coordinación con el resto de la sociedad, el empresario podría actuar individualmente.

Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando hay precios máximos y mínimos impuestos coactivamente por el Estado: el empresario ya no tiene que coordinar (dado que 'ya conoce la información' de 'equilibrio') los precios, con los proveedores y clientes, sino que puede actuar individualmente, egocéntricamente. La verdadera acción empresaria, por el contrario, es la acción humana vista desde el punto de vista de la incertidumbre inherente a toda acción. Aquí, justo es reconocerlo, la Escuela Austriaca se separa radicalmente de la noción de decisión individual que caracteriza a la micro teoría neoclásica.

Pero el liberalismo, al no creer (finalmente, a pesar del esfuerzo de algunos autores) en el orden natural, exagera esta incertidumbre. Pues, si bien es cierto que es imposible planificar (conocer anticipadamente los recursos, la curva de OD y las demás variables), no es menos cierto que, el orden natural existe y supone 'un camino, aunque no conocido perfectamente por el hombre, sí inmutable hacia el futuro, con principio y fin' y, consecuentemente, una autoridad moral. En definitiva, el neoclasicismo ve al mercado como una lucha entre individuos para el reparto de lo que está, de antemano, dado y conocido. Para el liberalismo, el mercado es algo absolutamente impredecible y, por tanto, es una lucha por la supervivencia frente a lo desconocido. En tanto que, el mercado natural, es algo muy diferente: es la certeza de la existencia de un orden anterior a la razón humana, espontáneo y de 'ocurrencia necesaria', y con el Bien como fin y, consecuentemente, la ventaja de coordinar el bien con (el prójimo) el resto de la sociedad, de modo de avanzar en el sentido propio.

En cuanto a la tendencia al equilibrio (no el equilibrio) viene dada porque, por el principio de supervivencia (de tendencia hacia el bien, la perfección), y en función de la necesaria coordinación social, los errores empresariales tienden a ser sistemáticamente eliminados, porque, la experiencia, va poniendo de manifiesto la imposibilidad de tales cursos de acción (o ya sea porque, la competencia, los deja fuera del mercado). En el supuesto del equilibrio, por el contrario, la acción que ha sido elegida, precisamente porque ha sido elegida supuesta la información perfecta, no puede ser reemplazada.

Así, Israel M. Kirzner, afirma que "...esa tendencia sistemática que se manifiesta en una serie sucesiva de sorpresas y que se plasma en el proceso equilibrador que se da en el mercado, no es una serie más o menos improbable de accidentes afortunados, sino esa perspicacia natural para descubrir posibles oportunidades de beneficio (o para evitar el peligro de posibles pérdidas) y que es característica inherente de todo ser humano. En el mundo real, plagado de incertidumbre, esta perspicacia natural se manifiesta en la imaginación y en el atrevimiento que los teóricos de la Escuela Austriaca consideran típicos de los empresarios que actúan en el mercado" (63). Nótese la importancia de la 'perspicacia natural... característica inherente de todo ser humano,,, (que) se manifiesta en la imaginación y en el atrevimiento'. Creo que, más serio, es hablar de la fe natural, que se traduce en el conocimiento del orden natural, y su capacidad creadora, y la seguridad (en lugar de atrevimiento) de ser conducidos por la Providencia al bien como fin.

Ahora, como la perfección está infinitamente lejos, el conocimiento (la información) necesaria es infinita, esto implica que 'existe' información (conocimiento) del que, todavía, ni siquiera sospechamos su 'existencia'. Es decir, que en el futuro, conoceremos cosas que hoy ni siquiera imaginamos. Justamente, en este proceso de descubrimiento 'sorprendente' y 'sorpresivo' se basa el proceso de mercado. Es este tipo de conocimiento el que le permite, al empresario, avanzar en el perfeccionamiento propio y social, porque avanzar sobre conocimiento ya conocido (por ejemplo, el que establece un planificador estatal), de suyo, no implica avance sino, por el contrario, estancamiento en un supuesto 'equilibrio'.

Así, algunos liberales suponen que, justamente, la 'existencia' de este tipo de información (la que hoy no sabemos que existe), situación que se dará hasta que lleguemos a la perfección (adonde nunca llegaremos), es la que hace imposible el estado de equilibrio perfecto, por cuanto, al acercarnos al equilibrio, siempre aparecerá nueva información que 'desequilibrará' la situación anterior. Pero lo cierto es algo más sutil, esto es que, la nueva información (si es buena, veraz) 'pondrá en movimiento' una situación 'inmóvil' (por falta de esta información), pero esto, de ninguna manera significa desequilibrar, por el contrario, la situación 'inmóvil' significaba un mayor 'desequilibrio' (visto que el equilibrio perfecto no es posible en este mundo, cualquier cosa 'inmóvil', o está 'muerta' o está en un falso equilibrio).

Por su lado, Joseph E. Stiglitz (64) opina que, este proceso de descubrimiento que se da en el mercado, da lugar a la 'eficiencia informativa' (en sentido paretiano). Lo que, a su vez, daría lugar al equilibrio. Pero, los austriacos, por el contrario, parecieran descreer de la eficiencia informativa que se daría en el estado de equilibrio. La verdad es algo que, si bien parece 'intermedio', no lo es.

Por cierto que, en el estado de equilibrio (al que nos lleva, aunque nunca lleguemos, el proceso de mercado, el orden natural) se produce la eficiencia informativa absoluta (o no, según se entienda por información, dado que podría suponerse que en la perfección todo es ya perfectamente conocido de donde el proceso informativo no es necesario; personalmente me atrevería a decir que el proceso informativo no es necesario para Dios que conoce absolutamente todo eternamente, pero sí es necesario para las criaturas que, aún en la perfección, justamente, al ser criaturas y no, estrictamente, creadoras, necesitan enterarse, informarse; en cualquier caso, sólo en la perfección, el proceso informativo será perfecto), y de esto descreen los austriacos porque no creen en el orden natural como algo necesariamente dirigido a la perfección. Pero, también es cierto que, dado que el hombre nunca será perfecto, esto es, nunca seguirá perfectamente al proceso de mercado (al orden natural), la eficiencia informativa absoluta nunca se dará y, consecuentemente, tampoco, el equilibrio.

Y aquí hay un detalle que me parece importante remarcar. El orden natural nos lleva a la perfección y, de suyo, lo hace de modo 'inmediato', es decir que, si en un momento pudiéramos adaptarnos perfectamente al orden natural, en ese mismo instante llegaríamos a la perfección. Pero esto supondría (como una tautología), para poder adaptarnos perfectamente, que somos perfectos. De modo que, lo que en realidad ocurre es que, en la medida en que nos adaptamos al orden natural tendemos a la perfección, adaptación que será muy imperfecta debido a nuestra naturaleza (en sentido agustiniano).

Pero bueno, como, aparentemente, Stiglitz supone al mercado en equilibrio y ve que lo real no es la eficiencia informativa absoluta, supone que los mercados en (supuestamente) equilibrio estarán, necesariamente, ineficientemente informados. Pero, en realidad, esta ineficiencia a la que se refiere es la ineficiencia de la información típica de los 'mercados equilibrados', es decir, de la información 'dada' (por ejemplo, por un planificador estatal), es decir, previamente conocida y no la que real y efectivamente mueve al mercado, la información por conocer. En cualquier caso, queda claro que, el requisito de conocimiento perfecto, que es central en todo modelo de competencia perfecta (en contraposición con la competencia dinámica propia del mercado natural), sólo puede cumplirse si se supone que no es necesario ningún proceso de coordinación en el mercado.

Para ir terminando con esta breve y sintética introducción al proceso del mercado (que ampliaré un poco más al hablar sobre 'La Empresa' en la Parte Segunda), profundicemos un poco más en el análisis de la distancia entre los liberales y el mercado natural.

Por un lado, hay economistas austriacos que se oponen al carácter equilibrador del mercado (65). Estos, conciben al mercado, en líneas generales, como un proceso en el que, no sólo se producen cambios constantemente, sino que en ningún momento puede llegar a asegurarse que las fuerzas coordinadoras sean más fuertes que las desequilibradoras (y que se desencadenan como resultado de los cambios en las variables independientes del sistema), llegando a poner en duda, incluso, el concepto de equilibrio. Es, precisamente, el carácter empresarial del proceso de mercado, lo que garantiza, virtualmente, que el proceso debe fracasar a la hora de plasmarse en una tendencia sistemática tendiente a la mutua coordinación (el equilibrio).

Otros autores austriacos han presentado objeciones al carácter sistemático de aprendizaje que se da en el proceso de mercado (66). Según ellos, el grado en que los mercados alcanzan un determinado nivel de coordinación, debe atribuirse, no a un proceso sistemático de ampliación del conocimiento (que sea el resultado de la 'perspicacia' empresarial o de cualquier otra causa), sino a la habilidad de los empresarios más 'perspicaces' para que, usando los precios monetarios como herramientas del cálculo económico, asignen, en cada momento, los recursos a lo que creen que son sus usos más urgentemente demandados, en función de las necesidades que ellos juzgan que tienen los consumidores. Una consecuencia importante de esta postura, es la idea de que, como colorario de los cambios incesantes que se dan en los datos externos del mercado, debe negarse que exista, en la vida real, una tendencia, en términos históricos, hacia la consecución de una posición de equilibrio a largo plazo (el fin Objetivo, el Bien, al que tiende el orden natural de suyo).

Por su lado, Israel M. Kirzner, sin duda quien más cerca está de comprender al mercado natural, asegura que "Lo que nuestra concepción del proceso empresarial del mercado nos proporciona no es la convicción de que en cada momento exista una tendencia hacia el equilibrio, sino más bien la apreciación de las fuerzas económicas que continuamente incentivan e impulsan tal movimiento coordinador...no existe tendencia alguna para que se cometan errores empresariales de manera sistemática" (67).

En fin, creo que ya hemos hablado suficientemente acerca del carácter social coordinador (para la supervivencia, el perfeccionamiento) del mercado natural (de otro modo sería destructivo). También hablamos del necesario proceso de aprendizaje que esto supone (en cuanto a conocimiento de la verdad y, consecuentemente, de la perfección). Y, finalmente, de que, más allá de que, en función del libre albedrío, cada persona pueda fallar, las fuerzas equilibrantes del mercado (la Providencia), de modo 'necesario' llevarán al mercado natural hacia su fin, el bien.

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