la libertad
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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LA LIBERTAD

La idea de libertad queda suficientemente aclarada y justificada a partir del respeto al orden natural. De todos modos, hagamos un rápido repaso.

"¿qué es ser libre?... es libre quien puede hacer únicamente lo que quiere sin ser impedido por ninguna coacción exterior...Lo contrario a la libertad sería así la dependencia de nuestra voluntad ante una voluntad ajena...Pero, el hombre ¿sabe siempre lo que quiere?...el hombre debe aprender a que la voluntad concuerde con su naturaleza", dice la Instrucción Sobre Libertad Cristiana y Liberación de la Congregación Para la Doctrina de la Fe (38).

Es decir que, por un lado, la libertad, como ausencia de coacción externa, tiene que ver con aquello de que lo violento es contrario a lo voluntario y a lo natural. Pero, también lo 'voluntario' puede ser contrario a lo natural, según hemos visto. En cuyo caso, finalmente, como que, todo lo que sea contrario a la propia naturaleza, destruirá al ser en cuestión, terminará con la propia capacidad de ser libre.

Podría decirse que la libertad tiene como 'dos aspectos'. Uno 'físico', entendido como no sujeción a la coacción exterior; y el otro, 'metafísico', entendido como capacidad de hacer cosas, de obrar. El 'aspecto físico', en definitiva, está incluido en el 'metafísico', en esta 'libertad de hacer cosas' que, en su máxima expresión se transforma en la 'capacidad de crear cosas', es lo que podríamos llamar la 'libertad teológica'.

Pero, como solo Dios puede crear realmente, la libertad humana es una libertad creada, participación de la libertad absoluta de Dios, capaz de crear cualquier cosa: Dios nos creo libres. Así, la libertad creada depende (entonces, necesita) de una causa final, un porqué, un sentido, es decir, justamente, la participación en la creación divina. Así, la libertad fundamental consiste en la capacidad de alcanzar la perfección autodeterminándose hacia ella, es decir, es la capacidad de amar electivamente el bien en sí, por cuanto esto supone la participación en la creación absoluta. Esto es, la libertad creada depende y se realiza en la verdad y en el bien, en la Suma Verdad (que es el sumo Bien) y en el Sumo Bien (que es la Verdad).

En consecuencia, la libertad 'física', es decir, como capacidad electiva de medios, la libertad como indiferencia (que es donde puede incidir la fuerza física) es un momento no esencial (secundario) a la libertad (mi libre albedrío y, consecuentemente, mi naturaleza humana, sigue existiendo aunque me coaccionen contra mi voluntad), lo que no quita que merezca el máximo respeto. De hecho, querer el mal (la capacidad 'física' de inclinarse hacia el mal) es un signo de 'libertad', pero no es de la esencia de la libertad; por el contrario, al obrar el mal moral (es decir, si finalmente opta por el mal), el sujeto pierde libertad (al destruirse su naturaleza, capaz de ser libre), aunque nadie lo haya coaccionado a ello. El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica del siguiente modo "...el pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarlo y amarse mutuamente" (39).

Así, si por libertad entendemos la no sujeción coactiva a la voluntad de terceros y la capacidad de hacer cosas hasta la de crear desde la nada, siendo Dios todopoderoso, es, por esto mismo, la máxima capacidad de crear, es decir, la Libertad. Consecuentemente, para un cristiano, la mayor libertad consiste en la mayor 'identificación existencial' con Dios. En consecuencia, va de suyo, dado que Dios es esencialmente contrario a la violencia, que para un cristiano la no violencia hace a su máxima 'realización existencial'. Así "El amor-entrega es la respuesta cristiana al sentido de la libertad.", asegura Juan Luis Lorda (40).

En contraposición con esto "La idea de abrir de par en par las puertas de la libertad es preciso entenderla en forma adecuada. Se trata de descubrir aquello que verdaderamente hace progresar al hombre, de modo que su proyecto como persona sea lo más rico y positivo posible. Dado que el ser humano es perfectible y defectible, el uso adecuado de la libertad y la voluntad serán las velas que empujen su navegación a buen puerto. Por el contrario, permisividad significa que uno ya no tiene prohibiciones, ni territorios vedados ni impedimentos que lo frenen, salvo las coordenadas externas de las leyes cívicas, de por si muy generales. La permisividad se sustenta sobre una tolerancia total, que considera todo válido y lícito, con tal de que a la instancia subjetiva le parezca bien", escribió Enrique Rojas (41).

Efectivamente, habíamos dicho que, eventualmente, la 'voluntad' podía ir contra lo natural, pero, en la medida en que esto ocurra (aun cuando tenga su origen en la legítima libertad), se destruirá la naturaleza de la persona en cuestión y, consecuentemente, su capacidad de ser libre. Así, el libertinaje es la supuesta 'libertad' que tiene el hombre a partir de su razón. Supone que con ella puede todo y, en consecuencia, puede gobernarse absolutamente sin que importe nada externo a su ego, es decir, sin que importe el orden natural, su naturaleza humana. Muy por el contrario, la verdad es que, si el hombre desconoce lo que existe externa y anteriormente a él (el orden natural), se encamina al suicidio, de modo necesario. El libertinaje, claro está, es el racionalismo, que es tan ridículo que, por ejemplo, en muchos casos, supone que el hombre mejorará si acepta el aborto, la supresión de vida humana futura. Pero ¿cómo puede mejorar el hombre basándose en la promoción de su destrucción futura? No tiene ningún sentido, ni mucho menos rigor científico (42).

El colorario es que, al contrario de lo que supone el libertinaje, la mayor libertad es consecuencia (o supone) del mayor respeto (adhesión) a la verdadera autoridad, la autoridad moral. Sobre todo si tenemos en cuenta a la eficiencia. Y esto sintetiza los 'dos aspectos' de la libertad. Efectivamente, por un lado, la verdadera autoridad se opone a la violencia, a la coerción, de modo que, de suyo, implica la 'libertad física'. Y por el otro, ya lo vimos, la autoridad real es el mejor modo de ser eficientes, de hacer la mayor cantidad de cosas posibles y lo mejor posible, es decir, que implica la 'libertad metafísica'.

Por cierto que, la contrapartida de la autoridad es la obediencia. Así, cuando santa Teresa de Jesús, escribió "¡Oh virtud de obedecer, que todo lo puedes!" (43), no deliraba. Sucede que, si la verdadera autoridad (moral) se opone a la coerción y, si la verdadera autoridad es lo más eficiente, cuanto más obedezcamos, más libres y efectivos seremos. El amor a la verdadera obediencia, por tanto, supone la abominación de la coerción, por cuanto, si verdaderamente queremos obedecer (o que nos obedezcan) debemos tener la oportunidad de hacerlo, es decir, debemos tener la libertad para decidir. Y así se realiza el círculo virtuoso del orden natural: moral, autoridad, libertad y obediencia se confunden para fortalecer a la naturaleza humana y conducirla a su fin (el Bien). Y se oponen, todas juntas y a la vez, a la violencia y a la coerción.

Juan Pablo II asegura que "Por esto, el modo como se conciba la relación entre libertad y ley está íntimamente vinculado con la interpretación que viene reservada a la conciencia moral. En este sentido las tendencias culturales... que contraponen y separan entre sí libertad y ley, y exaltan de modo idolátrico la libertad, llevan a una interpretación 'creativa' de la conciencia moral, que se aleja de la posición tradicional de la Iglesia y de su Magisterio... Algunos autores, queriendo poner de relieve el carácter 'creativo' de la conciencia, ya no llaman a sus actos con el nombre de 'juicios', sino con el de 'decisiones'. Sólo tomando 'autónomamente' estas decisiones el hombre podría alcanzar su madurez moral... Para justificar semejantes posturas, algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Esta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal" (44).

Este carácter 'creativo', este suponer que la razón humana puede 'crear' un orden 'moral' por encima de Dios, no es sino el racionalismo, la planificación de la que venimos hablando. Así, claro, niegan los juicios de la conciencia moral (en cuanto a la adhesión a la ley moral inscrita en el corazón del hombre, en su propia naturaleza, que, entre otras cosas le manda perentoriamente a negarse a la violencia) reemplazándolos por 'decisiones' sobre qué debe contener la 'moral' por ellos creada (supuestamente, en el caso del racionalismo 'iusnaturalista', según veremos, ésta es la decisión de 'que es acorde y que no con el orden natural' y, por tanto, debe estar contenida en el 'orden moral'). Porque esto son realmente, es decir, visto que la violencia es necesariamente arbitraria, y su 'moral' está basada en ella, sus 'juicios morales' dejan de ser tales para pasar a ser decisiones egocéntricas en cuanto a la utilización de la fuerza física.

Por ejemplo, cuando una autoridad, en función del bien común (ley que está inscrita en el corazón del hombre) juzga que, quienes tienen más bienes materiales, deberían dar a los que tienen necesidades urgentes, realiza un juicio de acuerdo con la conciencia moral. Pero, si ésta autoridad se transforma en coercitiva, y decide que quienes ganan más de mil pesos serán obligados a pagar impuestos para solventar los gastos de los más necesitados, claramente ha tomado una 'decisión moral' olvidándose del juicio natural de la conciencia que manda perentoriamente ('no matarás') a evitar la violencia. Esta 'autoridad' se cree 'libre' de tomar tales decisiones, y luego sucede que, entre quienes ganan más de mil pesos hay quienes, para pagar estos impuestos tienen que sacar dinero de necesidades moralmente más urgentes. Esta autoridad ha 'creado' (planificado) un 'orden' por cuanto nadie puede sustraerse a su cumplimiento 'necesario' (coercitivo), del mismo modo en que es imposible sustraerse de las leyes naturales físicas, de cumplimiento necesario.

Así, la realidad existencial 'más concreta' que significa la existencia de los necesitados y la 'evidencia' de que 'nadie ayudaría por propia voluntad' supera a la doctrina moral abstracta, cuyo precepto negativo manda no violentar a las personas. Creándose así una 'doble' moral, un acto concreto inmoral basado en una 'buena' intención.

De todo lo dicho surge que, la única sociedad verdaderamente libre, que puede desarrollarse, es aquella en la que existe ausencia de violencia coercitiva institucional y, consecuentemente, existe verdadera autoridad moral, respetando así el orden de las cosas. En consecuencia, cuando hable de libertad, de sociedad libre, de sociedad abierta, de sociedad con ausencia de coerción o violencia institucional, me referiré exclusivamente a que debemos dejar que las relaciones sociales (económicas o no) estén basadas en esta natural tendencia a la cooperación y al servicio voluntarios, a la vida, a la supervivencia, que tiene el ser humano, siguiendo a la verdadera autoridad moral porque, dicho metafísicamente, es ser y no su negación.

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