Globalización y pobreza.


Alberto Romero

FACTORES EXTERNOS II

La inversión extranjera directa, por su parte, ha ido convirtiendo lenta pero sostenidamente a las economías en desarrollo en apéndices de las empresas transnacionales, dentro de la sui géneris división internacional del trabajo creada por ellas. Si bien es cierto que la inversión extranjera directa contribuye a generar empleo y demanda adicional en los países receptores, también lo es el que al trasladar apenas una parte del proceso productivo, conectado casi siempre al consumo de maquinaria, equipos, materias primas y know how, provenientes de la casa matriz ubicada en los países desarrollados, las empresas creadas se convierten de hecho en enclaves de capital extranjero, débilmente integradas al mercado interno. El caso más ilustrativo de esta nueva división del trabajo son las llamadas maquilas, las cuales se especializan en la reexportación de mercancías elaboradas con un elevado componente importado, en detrimento del valor agregado local. 70 De esta manera, las inversiones extranjeras, lejos de contribuir a disminuir las desigualdades económicas y sociales al interior de los países en desarrollo, se constituyen en factor adicional de desintegración económica y regional, limitando el potencial local para desarrollar el mercado interno y, sobre esta base, generar las condiciones para el empleo productivo de los recursos humanos y naturales, en beneficio de la población más pobre.

Otro mecanismo de empobrecimiento utilizado por el sistema financiero internacional es el endeudamiento externo a que se ven obligados los paí- ses menos desarrollados. La deuda externa se ha convertido en mecanismo de drenaje de importantes recursos financieros de los países pobres hacia las naciones más desarrolladas, reduciendo de esta manera la capacidad de inversión, tanto en infraestructura física como en proyectos de interés social. La espiral de la deuda conduce a que cada vez más hay que recurrir a nuevos préstamos para poder atender la deuda acumulada, cuyo saldo en vez de disminuir crece en forma sostenida. 71

Atadas al otorgamiento de nuevos créditos están las llamadas "recomendaciones" de política económica y social, formuladas por los organismos internacionales para garantizar el clima propicio que les garantice la recuperación de su inversión. Estas recomendaciones apuntan casi siempre a la implementación de políticas recesivas, vía reducción del gasto público, incluyendo sectores claves para el mejoramiento de la calidad de vida de la población como educación, salud, vivienda y servicios públicos básicos. Igualmente van acompañadas de la exigencia de reducir el sector público mediante la privatización de las empresas del Estado, incluyendo aquellas dedicadas a la prestación de servicios básicos como acueducto, luz y alcantarillado. Un ejemplo palpable del impacto negativo de dichas recomendaciones es el caso colombiano, donde el desempleo abierto y encubierto alcanza cifras alarmantes y sin embargo, cumpliendo las "recomendaciones" del Fondo Monetario Internacional, el actual gobierno, en vez de generar nuevas oportunidades de empleo, se dedica a recortar la nómina de empleados públicos y a restringir en general la inversión pública, con el pretexto del ajuste fiscal. 72 El caso más reciente, que ilustra la ingerencia directa del FMI en los asuntos internos de los países deudores, es el llamado memorando de "entendimiento" entre el gobierno colombiano y el desprestigiado organismo. 73

Pero aparte del elevado costo económico y social que implica el servicio de la deuda externa, esta no siempre cumple los propósitos para los cuales fue contratada debido, entre otros factores, a su manejo ineficiente e ineficaz por parte de gobiernos y funcionarios de turno. Si a esto le agregamos la corrupción que se genera alrededor del uso de los recursos financieros provenientes del exterior, el impacto de la deuda externa en la superación de las desigualdades sociales en los países menos desarrollados es bastante modesto. Los países endeudados terminan destinando gran parte de sus ingresos al servicio de la deuda externa, limitando de esta manera las posibilidades de mejorar las condiciones de vida de los más pobres que, como ya hemos visto, constituyen parte importante de la población.

Otro factor que impide el avance económico y social en la periferia atrasada del capitalismo mundial es el esquema asimétrico de intercambio comercial entre los países menos desarrollados y las naciones opulentas. La enorme brecha tecnológica existente entre ambos grupos de países hace que la disminución del valor de los bienes y servicios provenientes de los más desarrollados sea considerablemente superior a la de los más atrasados. A lo anterior se agrega el control monopólico de los mercados, por parte de las empresas transnacionales. Por eso, para poder participar en el comercio internacional, los países más atrasados deben involucrar mayor trabajo necesario en las mercancías exportadas, en detrimento de la remuneración de los trabajadores directos, lo que contribuye a empeorar su capacidad adquisitiva. No en vano una de las principales ventajas comparativas de los países menos desarrollados son los bajos salarios que reciben sus trabajadores, lo que les permite tener alguna presencia en los mercados externos. Estas ventajas son igualmente un poderoso imán que atrae a los inversionistas extranjeros, cuyo fin es el de multiplicar las ganancias, gracias a la enorme diferencia salarial con los trabajadores de los países más desarrollados. Esta situación a llevado a la confrontación de los asalariados de los países desarrollados con sus homólogos de las naciones pobres, debilitando la capacidad de lucha de la clase trabajadora del mundo en contra del capital transnacional. El proceso de globalización contribuye a empeorarla aún más. 74

En general, el intercambio comercial no equivalente se constituye en un poderoso instrumento de desviación de parte importante del ahorro generado en los países más atrasados en favor de las economías industrializadas, lo que limita su capacidad de acumulación y reproducción ampliada de las condiciones necesarias para superar los desequilibrios estructurales, tanto en lo económico como en lo social. A esto se agrega el proteccionismo sistemático practicado por los países más desarrollados frente a los productos provenientes de las naciones primario exportadoras, estrechando aún más los mercados externos, de los cuales dependen para la adquisición de los medios de producción y del conocimiento, necesarios para la transformación tecnológica de sus economías.

Uno de los problemas asociados a la profundización de la globalización es el incremento de los flujos migratorios desde los países menos desarrollados hacia las naciones industrializadas. El nuevo esquema de división internacional del trabajo, lejos de contribuir a la creación de nuevos empleos en los países atrasados, presiona dicho flujo. De acuerdo con un libro publicado por la OIT, los flujos de bienes y capitales entre ambos grupos de países no alcanzan a satisfacer la necesidad de nuevos empleos en las naciones más pobres, sino que por el contrario "es probable que la fractura social provocada por la reestructuración desarraigue a un número mayor de personas de sus comunidades y las anime a buscar trabajo en el extranjero"(OIT, 2000: 4). La migración forzosa de los trabajadores de los países menos desarrollados hacia los centros de poder económico mundial empeora su calidad de vida, debido a la discriminación racial y salarial a que son sometidos, especialmente los indocumentados. Estos inmigrantes son considerados personas de segunda categoría, lo cual degrada su condición humana. 75

En conclusión, el esquema mundial de reproducción del capital, imperante en la actualidad, se constituye en uno de los principales factores que contribuyen a la conservación y reproducción de las condiciones de pobreza humana en la mayor parte de los países del orbe. Este hecho se puede corroborar cuando analizamos la estructura actual de la división internacional del trabajo, caracterizada por una profunda asimetría en la distribución del producto mundial , en los intercambios comerciales y en los avances tecnológicos entre un puñado de naciones altamente desarrolladas y el resto del mundo.

70 Además, como señala Furtado, después de la segunda guerra mundial las empresas transnacionales fueron moldeando los mercados internos de las países periféricos con el fin de adaptarlos a los patrones de consumo prevalecientes en los países centrales. Sólo así era posible utilizar plenamente las ventajas que ofrecían las tecnologías introducidas por ellos en las estrechas estructuras socioeconómicas de las naciones menos desarrolladas. Todo esto trajo como consecuencia la conformación de un mercado elitista, en contravía de las políticas orientadas a mejorar las condiciones de vida de los más pobres. Según el autor, "en última instancia, fueron las economías periféricas las que se adaptaron a las exigencias de la racionalidad económica de las transnacionales, lo que produjo una marcada divergencia entre los resultados de la acumulación y los objetivos de mejoría de las condiciones de vida de la masa de la población que las políticas de desarrollo proclamaban". (FURTADO, 1990: 70).
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71 Como ejemplo tomemos el caso de Colombia que en solo dos años (1999-2000) tuvo que pagar intereses adicionales por US$950 millones (más de dos billones de pesos) a los inversionistas extranjeros en bonos de deuda pública. Estos recursos hubiesen servido para resolver en parte los urgentes problemas que se presentan en los campos de la salud, la educación, la vivienda y la seguridad social. ("Onerosa descalificación". El Espectador. Santafé de Bogota, febrero 26 de 2001).
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72 Como señala acertadamente Carlos Rodado Noriega, "difícilmente puede uno entender que en medio de una pavorosa situación de orden público, cuando una de cada dos colombianos de los que conforman la población económicamente activa están desempleados o apenas sobreviven en actividades de rebusque, cuando el sistema de salud está en crisis porque la gente no tiene con qué pagar las cuotas a las instituciones del ramo, cuando los colegios y universidades han tenido que transformarse en entidades de crédito para aplacar la acelerada deserción estudiantil, cuando el número de indigentes se ha aumentado dramáticamente a 7.5 millones de colombianos, cuando el problema es de hambre o desnutrición por carencia de ingreso, se adopten medidas que contribuyen a profundizar lo desequilibrios sociales, a agudizar las tensiones existentes y a generar escepticismo y resentimiento de los humildes contra el Leviatán que los persigue en vez de protegerlos". ("¿Ajuste fiscal o desajuste social?". Portafolio, viernes 2 de marzo de 2001. Sección de Opinión). Pero alarma aún más el cinismo con que los directivos del Banco de la República tratan de justificar su antisocial política. (Véase: Abdón Espinosa Valderrama. "Creciente desempleo yjustificación recurrente". El Tiempo, Santafé de Bogotá, marzo 6 de 2001).
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73 De acuerdo con este memorando, el gobierno colombiano se compromete a diseñar antes de finales de junio de 2001 una reforma al seguro social que, como se sabe, estará encaminada a recortar aún más los beneficios de la seguridad social. El acuerdo incluye también el compromiso de liquidar unos 15 organismos del Estado, dejando sin empleo a por lo menos unas 15 mil personas. Estas medidas se adicionan a otras acordadas anteriormente con dicho organismo y que lesionan directamente a los sectores asalariados y a las regiones más pobres del país. (Véase: "Más compromisos con el FMI". El Espectador. Santafé de Bogotá, marzo 30 de 2001. http://www.elespectador.com/economico/nota9.htm).
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74 Según Stewart "El proceso de mundialización ha reducido el poder de negociación de los trabajadores y aumentado el del capital, porque éste (y los bienes) pueden circular por todo el mundo en forma relativamente libre, mientras que hay fuertes restricciones a la circulación de mano de obra, especialmente la no cualificada. En consecuencia, la mano de obra no es muy proclive a realizar negociaciones salariales por temor a que alejen al capital, y con ello se reduzca el empleo. Esto puede explicar el motivo de que se haya registrado en todo el mundo una reducción del número de afiliados de los sindicatos"(STEWART, 2000: 23). "La globalización afecta también a los determinantes de la creación de empleos y los salarios, porque en las economías abiertas la capacidad para competir llega a ser un factor importantísimo, lo que restringe los ajustes salariales" (KLEIN Y TOKMAN,2000:8).
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75 Paradójicamente, esta misma situación se ha convertido en importante fuente de divisas para países como El Salvador o México, gracias a los giros en dólares provenientes de familiares residentes en los Estados Unidos de Norteamérica. Se calcula que tan solo en el año 2000 ser transfirió por este concepto a Latinoamérica la suma 23.000 millones dólares, lo que equivale a la tercera parte de las inversiones extranjeras en la región("Remesas por US$23.000 millones a AL". El Espectador, Santafé de Bogotá, mayo 25 de 2001).
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