Globalización y pobreza.


Alberto Romero

FACTORES DETERMINANTES DE LA POBREZA I II

Factores externos

Aquí se analiza el conjunto de factores externos que han influido, directa o indirectamente, en la conservación y reproducción de las condiciones que impiden superar los problemas de la pobreza en la mayor parte del mundo. Entre ellos se destaca el carácter desigual de la división internacional del trabajo y su agravamiento en las actuales condiciones de globalización. Especialmente se resaltan factores como el papel del capital financiero internacional y el intercambio desigual, en el drenaje de importantes recursos de los países en desarrollo, lo cual limita su capacidad de ahorro e inversión, especialmente en el campo social. También se muestra cómo el carácter imitativo del desarrollo en los países más pobres, los lleva a adoptar patrones de consumo altamente perjudiciales para el normal desenvolvimiento de sus estructuras socioeconómicas.

El hecho de constatar cómo a pesar de los avances indiscutibles alcanzados durante el siglo XX en el campo de la ciencia y la tecnología, la pobreza continúa siendo uno de los grandes problemas del momento, pone en entredicho la validez del esquema mundial de reproducción capitalista imperante. La división internacional del trabajo establecida a principios del siglo pasado afianzó el esquema de dominio por parte de unas cuantas potencias industrial y tecnológicamente más desarrolladas, las cuales, una vez culminado el proceso de reparto territorial del mundo, iniciaron la pugna por el reparto económico y político del mismo, lo que desembocó en dos guerras mundiales.

La consolidación del sistema socialista después de la segunda guerra mundial significó un importante paso en la lucha planetaria de los pueblos por alcanzar un esquema social y económico más acorde con las necesidades de la mayoría de la población y generó grandes expectativas en los países capitalistas más desarrollados, así como en la mayoría de las naciones pobres, acerca de la posibilidad de cambiar el modelo de desarrollo orientado solamente por el mercado y en beneficio de las minorías. Sin embargo, el socialismo de inspiración marxista entró en crisis en la mayor parte de los países del sistema hacia finales de la década del ochenta, comienzos de los noventas, enterrando de esta manera las esperanzas de miles de millones de personas de mejorar su calidad de vida y restableciendo la hegemonía de la economía capitalista de mercado en el contexto internacional.

El esquema de división internacional del trabajo imperante a lo largo de todo el siglo XX profundizó la asimetría económica y tecnológica entre un puñado de países altamente desarrollados y la mayoría de las naciones del planeta. De esta manera, el desarrollo desigual entre los principales grupos de países ha sido la constante, dando como resultado la elevada concentración de la producción, el ingreso, los mercados y el conocimiento en el grupo de los más desarrollados, lo cual se constituye en el principal escollo para superar el problema de la pobreza. El proceso globalizador no ha hecho más que acentuar estas desigualdades. Como señala Nayyar "En un mundo de socios desiguales, no es extraño que las reglas del juego sean asimétricas en su formulación e injustas en sus resultados. Los fuertes tienen el poder de fijar las reglas y la autoridad para hacerlas cumplir. En cambio, los débiles no pueden ni fijar las reglas ni invocarlas"(NAYYAR, 2000:13). 69 Echemos un ligero vistazo al mapa económico del mundo para ilustrar mejor las asimetrías imperantes. De acuerdo con Nayyar, en 1997 el 20% más rico de la población mundial, residente en los países de renta alta, participaba en el 86% del PIB mundial, mientras que el 20% más pobre, residente en los países de renta baja, sólo lo hacía en el 1% del mismo(NAYYAR. 2000:11). En ese mismo año, el primer grupo acaparaba el 68% de la inversión extranjera directa mundial y el 82% de las exportaciones , mientras que el 20% de los más pobres, residentes en los países del segundo grupo, le correspondía apenas el 1% de las exportaciones y la inversión extranjera directa mundiales. Igualmente, el primer grupo de población utilizó el 74% de las líneas telefónicas de todo el mundo y participó con el 93% de todos los usuarios de Internet, frente al 1,5% y el 0,2%, respectivamente, del segundo grupo (NAYYAR, 2000:11).

En 1999 los 28 países más desarrollados, con el 15.5% de la población mundial, generaban el 57.4% del PIB y controlaban el 77.6% de las exportaciones de bienes y servicios a escala planetario. Dentro de estos 28 países los 7 más industrializados, conformados por Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Canadá, con el 11.6% de la población mundial, generaban el 45.8% del PIB y controlaban el 48.9% del comercio. Al otro extremo, 128 de los llamados países en desarrollo, con el 77.7% de la población mundial, generaban el 36.8% del PIB y participaban con tan solo el 18% de las exportaciones de bienes y servicios (IMF, 2000a: statistical appendix, table A). En general, en los últimos diez años la desigualdad a escala mundial se ha incrementado, así como las diferencias entre los países ( STEWART, 2000 : 27). Pero las diferencias entre las naciones más avanzadas y el resto del mundo son no solo cuantitativas, sino fundamentalmente cualitativas, si tenemos en cuenta la enorme brecha tecnológica existente entre ambos grupos.(Romero, 2000:4)

Esta enorme diferencia se da no solo entre países ricos y pobres, sino también al interior del llamado mundo en desarrollo, en el cual solo una docena de economías están más integradas al proceso de mundialización. Estas corresponden a Argentina, Brasil, Chile y México en América Latina y a China, Hong Kong (China), Malasia, República de Corea, Singapur, Taiwán, Tailandia e Indonesia en Asia. "De estas economías procede el 70% de las exportaciones del mundo en desarrollo, y ellas reciben casi el 80% de las corrientes de inversión destinadas a los países en desarrollo y más del 90% de las corrientes de inversiones de cartera destinadas a esos países" (NAYYAR ,2000:11).

La mayor profundización de la división internacional de trabajo ha intensificado la competencia, resultado de la cual las empresas transnacionales tienden a afianzar su poder mediante fusiones y adquisiciones, haciendo que las estructuras de los mercados se vuelvan más oligopólicas que competitivas. Esta situación empeora aún más las desigualdades en la distribución de los beneficios del comercio y la inversión(NAYYAR, 2000:10). En estas condiciones, la capacidad de maniobra por parte de los países menos desarrollados se ve limitada por la estrategia transnacional de las grandes corporaciones.

Otro aspecto externo que contribuye a reproducir las condiciones de pobreza en la periferia del capitalismo mundial es la adopción, por parte de las naciones menos desarrolladas, del modelo de consumo imperante en los países más desarrollados, el cual es transferido a través de múltiples canales. Este modelo de consumo produce distorsiones de índole estructural, impidiendo el desarrollo del mercado interno y generando expectativas de vida no acordes con la realidad de sus economías. A la larga, estos países terminan convertidos en mercados para los bienes y servicios, así como para el conocimiento, provenientes de las naciones más avanzadas. La alienación intelectual de los dirigentes de los países en desarrollo es bien conocida, igual que los efectos desastrosos de la aplicación, por parte de estos, de las recetas de política económica y social, elaboradas en los centros mundiales del pensamiento. De acuerdo con Nayyar, dicha situación genera expectativas y aspiraciones que no pueden ser satisfechas ante la carencia de ingresos suficientes para adquirir los bienes y servicios que ofrece el mercado, lo cual provoca frustración o alienación. La reacción ante este hecho es diversa: "algunos buscan un atajo hacia el paraíso consumista por medio de las drogas, el delito o la violencia. Otros se refugian en la identidad étnica, el chauvinismo cultural o el fundamentalismo religioso" (NAYYAR, 2000:12).

Con el avance de las nuevas tecnologías, que han dado origen a una especie de "nueva economía", a las desigualdades económicas y tecnológicas tradicionales se agrega la llamada brecha digital. Un reciente estudio de la OCDE corrobora esta afirmación. Entre otros se constata que el acceso a Internet en los países de la OCDE es 100 veces mayor que en el resto de naciones que no pertenecen a ese grupo. En octubre de 2000 se estimaba que de los 94 millones de accesos a Internet en el mundo solamente el 4,4% correspondía a países no miembros de la OCDE. La mayor parte de este porcentaje se concentraba en los países de reciente industrialización, situados en el Sudeste asiático y China, mientras que a Argentina, Brasil, Malasia y Sudáfrica le correspondía tan solo el 24%. A esto se agrega el sobre costo de acceso en un 66% en los países que no son miembros de la OCDE (RODRÍGUEZ, 2001). De acuerdo con un informe reciente de la OIT, tan sólo el 6% de la población mundial tiene acceso a Internet y entre el 85 y 90 por ciento de la misma se encuentra en los países industrializados. La mayor restricción para la difusión de las tecnologías de comunicación e información(TCI) es el nivel del ingreso nacional. "El costo y la disponibilidad de las telecomunicaciones determina la amplitud de uso de la Internet, y los costos del acceso per-cápita son frecuentemente más elevados en los países pobres"(OIT, 2001)

Como podemos observar, las nuevas tecnologías se están convirtiendo en un instrumento adicional de profundización de las desigualdades a escala mundial, aunque al mismo tiempo ofrecen nuevas posibilidades de mejorar las condiciones de inserción en los mercados internacionales, sin que esto signifique necesariamente el acortamiento de la brecha digital entre las potencias tecnológicas y el resto del mundo en desarrollo.

Las desigualdades estructurales que caracterizan a la economía mundial se ven acentuadas por aspectos como la llamada arquitectura del sistema financiero internacional, las condiciones asimétricas del intercambio comercial, así como los flujos de conocimiento, los cuales se han convertido en mecanismos adicionales de empobrecimiento de los países menos desarrollados. La pasada crisis financiera sirvió para demostrar la gran vulnerabilidad de las economías menos desarrolladas frente al capital financiero internacional especulativo. El flujo de capital de los centros de poder financiero hacia las naciones menos desarrolladas se ha convertido en un poderoso instrumento de sometimiento y control del desarrollo en estos últimos, como veremos más adelante. En general, la arquitectura financiera internacional ha conducido a una mayor desigualdad entre los países. Como señala Nayyar: "A la liberalización financiera, que ha supuesto la rápida expansión de la deuda pública y privada, se atribuye la aparición de una nueva clase de rentistas, y la inevitable concentración de la propiedad de los activos financieros ha contribuido a empeorar la distribución de la renta"(NAYYAR, 2000: 10). La invasión de los llamados capitales "golondrina" genera inestabilidad y pánico financiero, como ocurrió en México, empobreciendo aún más a las economías dependientes. Hoy por hoy en el mundo circulan más capitales especulativos que mercancías. Se estima que si en 1977 la relación entre el movimiento mundial de divisas frente al valor del comercio mundial era de 3,5 a 1, para 1995 esta ya era de 64,1 a 5. Esto ha venido limitando cada vez más la autonomía de las autoridades monetarias de los países en desarrollo que deben supeditar sus políticas cambiarias y fiscales a los intereses del sistema financiero mundial, en lugar de orientarlas al desarrollo de los sectores productivos (DAZA,1999:11), con lo cual se estrechan las posibilidades de mejorar la situación material de los asalariados.

69 Para Sarmiento la globalización amplía las desigualdades entre regiones, entre países y dentro de cada país. Según el autor "A la luz de esta realidad, América Latina es una perdedora neta con respecto al resto del mundo y los mayores damnificados son los países andinos. En todos los lugares de la región significó retroceso en la distribución del ingreso, menor crecimiento económico y ambos infortunios atentaron sin compasión contra la retribución de los pobres. Durante la década del 90 aumentó el número de pobres y su ingreso descendió en relación con el pasado".(Eduardo Sarmiento Palacio. "Globalización y pobreza". El Espectador. Santafé de Bogotá, junio 11 de 2000).
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