Globalización y pobreza.


Alberto Romero

PANORAMA GENERAL DE LA POBREZA I II III IV

O sea que por este indicador llevamos una desventaja de más de 28 años frente al primer grupo de países, aunque frente al grupo de ingreso medio en 1970 América Latina mostraba una tasa similar (123 contra 118), mientras que Colombia incluso se ubicaba por debajo (113). Peor aún es la situación de las naciones más pobres, en las cuales aún mueren 108 niños menores de cinco años por cada mil nacidos, más o menos lo que tenía Colombia en 1970.

Finalmente, otro indicador de progreso en cuanto a supervivencia es el de la población que se estima no sobrevivirá hasta los 60 años. Para el período 1995-2000 a escala mundial se estima que el 25,2% de la población no llegará a esta edad, situándose por debajo los países con ingreso alto (10,6%) y medio (23,3%), mientras que en los de ingreso bajo alcanza el 29,7%. América Latina y el Caribe y Colombia están por debajo del promedio general con 22,4 y 20,7 por ciento, respectivamente, lo que de nuevo corrobora el mayor avance en esta región frente a los países con ingreso medio y bajo, aunque en franca desventaja frente a los de ingreso alto.

Las desigualdades de la pobreza son notables también cuando comparamos las zonas urbanas con las rurales, donde los indicadores son más precarios. Así por ejemplo, en Latinoamérica y el Caribe el 53% de la población de la zona rural es pobre, contra el 39% de la zona urbana; mientras el 84% de los pobladores citadinos tienen acceso a los servicios de salud, en la zona rural tan solo lo hace el 54%. Similar situación ocurre con los servicios de agua potable y saneamiento, a los cuales acceden en las zonas rurales solamente el 51 y 36 por ciento de la población respectivamente, contra el 87 y 71 por ciento en los centros urbanos (Roura, 1999:14). En otra fuente encontramos que en 1997 el porcentaje de hogares pobres en las zonas urbanas en América Latina era de 30, contra el 54 en las zonas rurales, situación similar a la que existía en 1980. En cuanto a los hogares en extrema pobreza en los centros urbanos en 1997 era del 10%, contra el 31% en las zonas rurales. En ambos casos se observa un deterioro relativo en comparación con dicho indicador en 1980 (9 y 28 por ciento respectivamente) (Echeverría, 2000: Cuadro 1).

Dicha desigualdad se presenta también entre regiones y distritos, o departamentos, según sea la división territorial de cada país. En Colombia, por ejemplo, existen marcadas diferencias entre las zonas metropolitanas pertenecientes al llamado triángulo económico, conformado por Bogotá- Soacha, Cali-Yumbo, Medellín-Valle de Aburrá, Barranquilla-Soledad, y el resto del país. Igualmente observamos estas desigualdades al comparar los diferentes indicadores de desarrollo humano entre los centros urbanos y las zonas rurales.

También encontramos diferencias entre grupos étnicos y grupos de idiomas, así como entre hombres y mujeres. Con base en indicadores similares al índice de desarrollo humano, el PNUD determina el llamado índice de desarrollo relativo al género (Cuadro 6).

Como podemos observar, a escala mundial la esperanza de vida de las mujeres es superior (69,1 años) a la de los hombres (64,9 años), lo cual obedece a razones de tipo fisiológico, al rol que desempeñan ambos grupos en la división del trabajo, entre otros. Amartya Sen hace un interesante análisis de este fenómeno en su reciente libro Desarrollo y Libertad (Sen, 2000: 134) Esta diferencia se presenta, en mayor o menor medida, en todos los grupos de países incluidos en el cuadro.

Caso contrario ocurre con la tasa de alfabetización de adultos. A escala mundial este indicador es favorable a los hombres (84,6%), mientras que a las mujeres les corresponde el 73,1%. Por grupos de países vemos cómo en los de alto ingreso prácticamente no existe diferencia en la tasa de alfabetización para mujeres y hombres (98,4 y 98,7 por ciento respectivamente). Similar situación se presenta en Colombia (alrededor del 91% para ambos grupos). La mayor diferencia de género se presenta en los países con ingreso bajo, donde los hombres tienen una tasa de alfabetización (78,1%) considerablemente superior a la de las mujeres(59,6%). En los países con ingreso medio esta diferencia es de alrededor de 5 puntos porcentuales, mientras que en América Latina y el Caribe es de apenas 2 puntos.

Similar situación ocurre con la tasa de matriculación. En 1997 a escala mundial este indicador era de 67% en el grupo de los hombres contra el 60% en el de las mujeres. En los países con ingreso alto y medio casi no existe diferencia entre hombres y mujeres por este concepto, incluso en el primer grupo las mujeres superan a los hombres (93 contra 90 por ciento). En los países con ingreso bajo, por el contrario, los hombres aventajan en 10 puntos porcentuales a las mujeres (60 contra 50 por ciento).

En América Latina y el Caribe y Colombia tampoco existe diferencia entre mujeres y hombres. Al contrario, en ambos grupos las mujeres superan a los hombres por este concepto: 73 contra 72 por ciento en el primero y 71 contra 70 por ciento en el caso de Colombia (Cuadro 6).

Otro indicador de desarrollo relativo al género es el PIB per cápita. De acuerdo con el cuadro 6, a escala mundial los hombres superan a las mujeres en este indicador en casi el doble: 8.587 contra 4.435 dólares. Esta situación se presenta, en mayor o menor medida, en todos los grupos de países. Para el grupo de ingresos altos los hombres superan a las mujeres en 1,8 veces (31.110 con 16.987 mil dólares), al tiempo que en el de ingreso medio esta diferencia es de 2,2 veces a favor de los hombres. En los países con ingreso bajo los hombres superan a las mujeres en 1,9 veces, mientras que en América Latina y el Caribe y Colombia esta diferencia es de 2,6 y 1,9 veces a favor de los hombres. No queda dudas sobre la discriminación que existe en materia de distribución del PIB entre hombres y mujeres, lo que permite suponer una peor situación de pobreza relativa en el grupo femenino.

Concluyendo este punto podemos decir que pese a los innegables avances en materia de distribución de la renta y de las capacidades de la población, la situación de la pobreza a escala mundial continúa siendo dramática. Esto se evidencia especialmente en los indicadores que presenta el grupo de países más pobres, que son casi la mitad de la población y que se concentran principalmente en dos regiones: Asia del Sur y África Al sur del Sahara.

Dependiendo de los indicadores que se utilicen, la situación es más o menos dramática para los diferentes grupos de países con determinado nivel de ingreso, aunque en la mayoría de los casos las más afectadas son las naciones con ingresos bajos. Tanto América Latina y el Caribe como Colombia no salen tan mal librados en materia de pobreza. No obstante, su distancia con respecto a los países ricos es notoria y en algunos casos aumenta. Además, en la subregión los beneficios del desarrollo se concentran en unos pocos países, aunque en materia de desarrollo humano no siempre coinciden los indicadores de distribución del ingreso con la calidad de vida de la población. Situaciones como el desplazamiento forzoso y los desastres naturales, son factores que contribuyen no solo a incrementar el número de pobres, sino también a deteriorar la calidad de vida de la población, en general.

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