¿Buscas otro libro?
Buscalo aquí:
Amazon Logo

Este texto forma parte del libro
Nuevas formas organizativas

 

Prólogo

Dentro de las innumerables contradicciones de la sociedad actual encontramos una cuya solución parece una completa imposibilidad, dentro de la lógica destructiva que preside la sociedad del capital; si bien en el plano microcósmico, en el plano de las empresas, hay una necesidad intrínseca de racionalizar su modus operandi, si hay una necesidad imperiosa de seguir el recetario y la pragmática de Lean Production, de una empresa ligera, vislumbrando cómo preservar la concurrencia con las demás empresas que participan del sistema global del capital, la expansión ilimitada de esa lógica microcósmica para la totalidad de las empresas del ámbito mundial, desencadena una consecuencia trágica.

Su racionalidad interna acaba por generar una monumental sociedad de desaciertos, una vez que la lógica de reestructuración y de la productividad, cuando dirigida por el ideario y por la pragmática del capital, acaban por acarrear la reducción del trabajo vivo y su sustitución por el trabajo muerto, para usar los términos de Marx.

El resultado está presente en (casi) todas partes del mundo: cerca de un tercio de la fuerza de trabajo a escala global, se encuentra viviendo en la informalidad, la precarización del trabajo, el desempleo estructural. Al seguir la racionalidad, en el plano microcósmico, estalla como resultante la sociedad del trabajo precarizado y del desempleo, consecuencia de la más nefasta barbarie del capital y de su capitalismo.

Pero, ¿cómo hacer cuando la lógica de la producción no es dirigida prioritariamente por la acumulación privada del excedente, cuando el objetivo de la economía fuese economizar, en el sentido original, del latín oeconomia, esto es, utilizar racionalmente los recursos naturales y humanos?; Cuando el objetivo es transformar la empresa productiva desde la óptica de producción de bienes socialmente útiles, colectivamente determinados?; Cuando el objetivo no es la acumulación privada de capital, sino avanzar en la construcción de un diseño societal socialista, donde el valor de uso de los bienes producidos no está dirigido por la prevalencia de su valor de cambio?

Estas consideraciones son tratadas en el libro Nuevas Formas Organizativas, de un grupo de investigadores del Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, con la autoría principal de Rafael Alhama Belamaric y la coautoría de Francisco Alonso Arrastra y Tania Martínez Núñez, y la colaboración de René Fernández Luzúa y Loyda Velásquez Cabrera.

Partiendo del debate teórico, pero con un claro sentido práctico, ese propósito colectivo de los autores, recorre dentro de las más diversas ideas, tesis e hipótesis, presentes desde los clásicos hasta los apologistas contemporáneos del mercado, con el objetivo de auxiliar en la búsqueda de caminos donde el economizar, el racionalizar, no sean prisioneros de una lógica destructora del capital, que acumula, pero deshumaniza, que genera valor, pero también desvaloriza a las personas que trabajan.

Que por el contrario, sea una contribución para que se piense en una forma de empresa socialmente productiva, capaz de apoyar efectivamente la construcción de una sociedad nueva, donde la autonomía, el autocontrol, el saber colectivo prevalezcan sobre la heteronomía, el sometimiento, la alienación, típicos de la sociedad capitalista.

Los autores saben que hay grandes limitaciones objetivas (y también subjetivas) que dificultan el tránsito en dirección a lo nuevo, pero recorren un camino que procura señales y direcciones. Por eso, hay un alerta; una cosa es seguir el recetario del capital, otra muy distinta es buscar y concebir alternativas fuera del sistema del metabolismo social del capital, para que la creación de valores tengan un sentido de utilidad verdaderamente colectivo y social.

Eso, porque la empresa capitalista moderna, al defender los “intereses del consumidor”, está de hecho escondiendo el universo privatizador que la domina, el de la búsqueda ilimitada de ganancia. Por eso la falacia del individuo, del colaborador, del consumidor procura encubrir y esconder la búsqueda de la ganancia y de la acumulación.

¿Cómo entonces, compatibilizar productividad, competencia con humanidad ?

¿Cómo hacer para que el conocimiento no se convierta, como todo en la sociedad del capital, en una mercancía más, deshumanizada y fetichista?

Son estos los desafíos y cuestiones que afloran después de la lectura del libro Nuevas Formas Organizativas de Rafael Alhama Belamaric y sus compañeros coautores del Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo.

Por eso, el debate central del siglo XXI no es intentar salvar la sociedad del capital frente la humanidad, sino salvar la humanidad frente el capital. O lo que, a su modo, Cuba va tratando de hacer ya hace más de cuatro décadas. Por tal razón, también necesita producir, aunque con otra lógica y de otro modo. Y aquí reside la esencia del libro que nos ayuda mucho a pensar en los caminos a seguir, como en aquellos que debemos rehusar.

Ricardo Antunes

Unicamp/Brasil


Google
 
Web eumed.net