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Diferencias y similitudes en las teorías del crecimiento económico

EL APORTE DE LAS MiPyME AL CRECIMIENTO ECONÓMICO

 

El crecimiento económico, ha sido parte fundamental del análisis macro y microeconómico. Desde ambas teorías, se considera a la empresa como un importante componente de la función de producción, pero se ha subestimado el estudio de la organización económica y la importancia del tamaño de las empresas, además de la existencia de diversas formas de organización del trabajo y acumulación del capital.

 

La investigación empírica en el área del crecimiento económico, se ha concentrado en los grandes agregados macroeconómicos y en la actividad de las grandes empresas. Esto enfrenta las posiciones clásica y neoclásica con la postura Schumpeteriana frente al papel en el crecimiento y desarrollo económico; las primeras asociadas a impulsar empresas pequeñas, y la segunda a favor de las grandes empresas, ya que son las mejores dotadas para explotar las oportunidades de innovación.

 

Los neoclásicos consideraban a las empresas como una caja negra, que se diluye en cuanto” no tiene importancia describir o analizar lo que pasa dentro de ella o que la eficiencia económica es independiente de la organización interna de la empresa” (Santos, 1996:298). Este postulado parte de dos supuestos: la organización interna depende de factores tecnológicos determinados por la función de producción; y la existencia de grandes empresas con jerarquía dentro del mercado está asociada a un monopolio tecnológico o a un comportamiento estratégico anticompetitivo (Rodríguez, 2001:55).

 

En este contexto el emprendimiento genera un proceso de largo plazo que requiere la conexión entre los instrumentos de política y los sujetos involucrados en el tejido empresarial, donde el espíritu empresarial no es sólo la acción individual, sino también, las acciones de las organizaciones para crear empresas. Los individuos y los colectivos necesitan reconocimiento de sus acciones para potencializar sinergias teniendo en cuenta la política sectorial en un contexto de cooperación y desarrollo de instancias públicas y organismos que coordinen esfuerzos y atraigan recursos para las iniciativas locales tanto públicas como privadas.

 

Para Castells (1995:13), la nueva forma de organización económica es aquella que se construye en torno a la empresa red, como un nuevo modo de acción. No son solamente redes de empresas sino firmas que trabajan en redes que constituyen cooperación entre ellas, redes de subcontratación y de relación con empresas más grandes. De esta manera, emerge como el factor económico la red de empresas como una estrategia de competitividad.

 

Desde esta postura, las unidades productivas MiPyME requieren un análisis específico debido a que en forma habitual presentan un mayor surgimiento y desaparición, lo que se traduce en una elevada tasa de rotación o sustitución y en una cierta inestabilidad, pues el impacto de las oscilaciones cíclicas de la economía se experimenta de forma más intensa[1].

 

Si el mayor riesgo de desaparición se sitúa en los primeros años de existencia (entre tres y cinco años), momento en que fracasan muchas iniciativas que no consiguen implantarse en el mercado de forma competitiva, en los años siguientes se mantiene un alto grado de movilidad espacial. La gran empresa, en cambio, suele tomar sus decisiones con mayor conocimiento y realizar fuertes inversiones en capital fijo allí donde se instala, por lo que su estabilidad es mayor[2].

La teoría sobre las pequeñas unidades productivas en la economía como eje fundamental puede encontrarse en teóricos como Jean – Baptiste Say y Richard Cantillon, que focalizaron su idea del desarrollo en la función empresarial. Estas ideas fueron retomadas posteriormente por Schumpeter. Say, afirmó que: El empresario utiliza algún capital de su propiedad pero su debe estar separada de su retribución como capitalista. El empresario pone en movimiento todo tipo de trabajo, aunque no todas las clases de trabajo requieren las mismas grandes dotes empresariales. Lo que cuenta a la hora de pagar sus altas remuneraciones a los empresarios es la escasez del talento y el riesgo corrido por el empresario, riesgo no sólo de pérdida de fortuna sino también de pérdida de fama”.

 

Siguiendo con Say, el empresario también asume los riesgos que subyacen al momento de serlo y son aquellos que con innovación trabajan los que logran el éxito: “En el curso de todas estas complejas operaciones hay una gran cantidad de obstáculos que remontar, de ansiedades que reprimir, de contratiempos que subsanar y de expedientes que proyectar. Los que no posean una mezcla de todas estas cualidades necesarias fracasarán en sus empeños; sus empresas pronto se derrumbarán y su trabajo se retirará del capital en circulación, dejando sólo a aquel que esté dirigido con éxito, es decir, con habilidad. La capacidad y el talento requeridos limitan, de esta manera, el número de competidores” (Spiegel).

 

Cantillón, desde antes de Smith, asumía la relevancia de un empresario dentro del sistema económico. Este teórico Pre – clásico asumía que: Los empresarios son los comerciantes, al por mayor, de lana y cereales, los panaderos, carniceros, artesanos y mercaderes de toda especie que compran artículos alimenticios y materias primas del campo, para elaborarlos y revenderlos gradualmente, a medida que los habitantes los necesitan. Estos empresarios no pueden saber jamás cuál será el volumen del consumo en su ciudad, ni cuánto tiempo seguirán comprándoles sus clientes, ya que los competidores tratarán, por todos los medios, de arrebatarles la clientela: todo esto es causa de tanta incertidumbre entre los empresarios, que cada día algunos de ellos caen en bancarrota”. El autor argumenta que aquellos empresarios con mayor visión para prever los avatares del mercado serían quienes saldrían airosos ante la incertidumbre que se generara.

 

La escasez puede afectar cualquiera de los elementos necesarios para una economía productiva: tierra, trabajo y capital. El capital, que es una reserva de bienes acumulados para producir ya sea otros bienes o el dinero para adquirirlos, es uno de los recursos más escasos, sobre todo en países en vías de desarrollo. Las empresas que producen los bienes que la gente necesita disponen de tres fuentes de capital: fondos generados internamente, préstamos de instituciones financieras y financiamiento captado en los mercados de capital. Las pequeñas unidades productivas cuentan con limitaciones en el acceso a la información y su capacidad de riesgo es mayor.  La gran empresa, por el contrario, suele tomar sus decisiones con mayor conocimiento y realizar fuertes inversiones en capital fijo, por lo que su estabilidad tiende a ser mayor y su ciclo de vida más extenso en el tiempo.

 

Entre las principales barreras a la entrada de las MiPyME y los factores que explican el corto ciclo de vida que experimentan éstas, se encuentran una estructura financiera inadecuada, un elevado costo de los recursos ajenos, la inadecuada formación financiera y contable de sus dirigentes (Lora, 2001). Se mencionan otras barreras que dificultan su crecimiento e inserción en los mercados mundiales y que no les permite mejorar su productividad y competitividad como son las relacionadas con la falta de una cultura exportadora y de profesionalización de la administración; además, la escasez de capital, el limitado y desigual acceso a los mercados institucionales de crédito, el acceso irregular a los insumos nacionales e importados unido a un costo más elevado, además de la utilización insuficiente de la capacidad de producción[3].

 

El impacto del ciclo económico según el tamaño de las firmas es diferente. Así, el patrón de las micro, pequeñas y medianas empresas es mayor en las contracciones y menor en las expansiones. Esto se relacionaría con las reestructuraciones que efectúan las grandes firmas en busca de lograr eficiencias durante las contracciones. Estas reestructuraciones tienen como resultado la reducción en personal. En consecuencia, se alentaría el autoempleo y el abastecimiento de pequeños negocios por parte de empleados despedidos que fomentarían el desarrollo de pequeños emprendimientos de naturaleza defensiva.

 

De acuerdo con Burachik (2000), pueden reconocerse dos tipos de abordajes teóricos sobre las discrepancias sectoriales de dinámica  industrial, uno  basado  en  el  estudio  de  ciertos  rasgos  de  la  estructura  de mercado; el otro, se apoya en diferencias originadas en  las distintas formas de generación de conocimiento tecnológico. De este planteamiento han surgido las siguientes hipótesis: La primera, sostiene que la actividad innovadora es promovida por las grandes empresas e inhibida por las pequeñas. La segunda asume que una estructura de mercado caracterizada por la competencia imperfecta es más propicia para el cambio tecnológico que un mercado más cercano al modelo de competencia perfecta.

 

Así la doctrina económica clásica y neoclásica sostienen que las empresas relativamente pequeñas, impulsadas por la motivación competitiva, son más propicias para el progreso tecnológico; por otro lado, la postura Schumpeteriana afirma que las grandes empresas son las mejores dotadas para explotar las oportunidades de innovación (Acs y Audretsch,1994:126). La flexibilización estructural de las MiPyME podría generar una mayor competencia laboral y acelerar el proceso de acumulación de capital de trabajo lo que establecería un ciclo de vida mayor en este tipo de firmas, caracterizadas por su corta duración en los mercados.

 

A lo largo del siglo pasado, en forma especial, durante las décadas de 1950 y 1960, es posible verificar una fuerte tendencia a la concentración industrial, fenómeno asociado a las características de la división del trabajo y a las formas de organización económica y social fordistas, típicas de esa etapa de la evolución de la economía capitalista. El logro de economías de escala pasó a ocupar un papel central en la determinación del nivel competitivo de las empresas. Pero para alcanzar dichas economías se requería la utilización de equipamientos muy especializados que sólo eran rentables si eran aplicados a la producción estandarizada de productos de consumo masivo. Bajo estas condiciones, las grandes empresas aparecían como las únicas capaces de lograr altos niveles de eficiencia en la producción y la comercialización (Motta, 1998:47).

 

Las economías de escala en las actividades de investigación, desarrollo e introducción de innovaciones fueron factores de gran importancia en la explicación de la supremacía de la gran empresa. En otras palabras, según Motta, hasta finales de la década de 1960, el ‘modelo’ de empresa eficiente fue el de la gran empresa, capaz de beneficiarse de las economías de escala características de la producción en masa de productos estandarizados para un consumo masivo. En contrapartida la pérdida de importancia gradual de las MiPyME parecía inevitable.

 

Pero el lazo entre tamaño y menos costo por unidad producida no es automático ni aparece de forma espontánea. Surge tan sólo cuando el capitalista cuenta con un volumen de capital suficiente para ampliar su industria o fundar una de tamaño superior a la media. Las economías de escala surgen con un capital mayor al común y eso implica reconocer una diferencia en el poder económico de los capitalistas.

 

El tamaño de una empresa, entonces, tiene incidencias no sólo sobre el costo del producto; también, supone una estructura de mercado distinta a la de la competencia perfecta pues, si así lo quieren, las grandes industrias pueden utilizar sus ventajas para desplazar a las que se encuentran en una situación difícil. De esta manera se explica la tendencia del capitalismo a la concentración y centralización del capital[4] (Zerda y Rincón, 1996:14).

 

Pero, este modelo de la gran empresa, a partir de 1960 y comienzo de la década de 1970, empieza a entrar en crisis. Motta (1998) cita tres aspectos relevantes: 1) Se desacelera el crecimiento de la productividad y las economías de los países industrializados entran en una etapa de lento crecimiento; 2) Se generan una serie de cambios que afectan el funcionamiento de la economía. Dichas modificaciones se refieren a la introducción de nuevas formas de organización de la producción, a la creciente globalización de la economía y a los cambios de la demanda, cada vez más direccionada a la satisfacción de necesidades con un mayor grado de especificidad.

 

Marcada por la crisis de rentabilidad, la crisis del fordismo, se expresó en la crisis de la gran empresa. Según Zerda y Rincón (1996:18), “El sistema socioeconómico vigente desde la segunda posguerra encuentra un virus que le carcome. El símbolo de la Gran Industria puede ser derribado y, momentáneamente, las pequeñas y medianas industrias pierden su funcionalidad: el desempleo creciente y el asomo de nuevas tecnologías se encargarán de crearle un nuevo papel”.

 

La producción estandarizada y a gran escala propia del fordismo[5], fue dando paso a una producción más diversificada, más variada y con menor tamaño de escala. Con ello, el tamaño de la empresa tendió a perder importancia como fuente de ventajas competitivas y fue cuestionada la idea de la existencia de una relación directa entre tamaño de la empresa y eficiencia productiva. De esta forma, las MiPyME, respondieron a los requisitos productivos y organizacionales que exigía el nuevo orden económico mundial.

 



[1] Se estima que el 67.8% de las empresas en Colombia son de carácter familiar, este tipo de compañías se caracterizan por su ciclo de vida corto, fenómeno asociado a la inexistencia de planes estratégicos, la informalidad en los procesos administrativos y el desconocimiento generalizado del protocolo como instrumento de buen gobierno de la empresa familiar.

[2] En este aspecto nos centraremos en el siguiente capítulo, en donde se detallará el aporte de las MiPyME en el crecimiento económico.

[3] Otro problema que generalmente sufren es el escaso poder de negociación, el cual es uno de los obstáculos más importantes en el proceso de internacionalización.

[4] Sin embargo, se requieren ciertas condiciones para que haya producción a gran escala sin una crisis de acumulación. Fueron precisamente esas condiciones las que abarcaron toda la etapa de posguerra conocida como período fordista.

[5] El fordismo es la combinación de los principios administrativos de tiempos y movimientos de Taylor, aplicados sobre un sistema automático de producción con la implementación de un aumento gradual del consumo que impide las crisis de sobreproducción. Bajo el fordismo, toda industria de tamaño reducido, sólo puede ‘sobrevivir’ si lo aumenta gradualmente.