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Diferencias y similitudes en las teorías del crecimiento económico

INTRODUCCIÓN

 

El análisis del crecimiento económico, entendido como resultado de la dinámica donde se entrecruzan producción de formas de conocimiento, relaciones de poder e instituciones del desarrollo, han sido una preocupación de la ciencia económica, desde los diferentes enfoques y teorías. Además, el crecimiento económico, es el resultado de la unión de dos aspectos: a) La necesidad de razonar sobre las relaciones sociales y las formas productivas; y b) La reflexión sobre el hecho del interaccionar en un ambiente económico complejo que se expresa en resultados de variables agregadas.

 

Lo anterior, lleva a reflexionar sobre el fin de la economía como expresión de la acción del hombre; transformando sus búsquedas que estaban sometidas al "principio de necesidad" aristotélica, por el "principio de maximización" que fundamentan la economía neoclásica, lo cual conduce a una tecnificación de la economía, que la desnaturaliza.

 

Así, el desarrollo expresado en procesos que generan acumulación y crecimiento, contiene también, la relación conocimiento – poder. La emergencia del crecimiento económico como categoría, ha estado enmarcada, en las interpretaciones desde las diferentes escuelas, que de alguna manera han sido consideradas producto directo de una época, de una necesidad imperante, que subyace de las oscilaciones cíclicas y de una generación intelectual.

 

Los últimos años han mostrado una evolución del concepto de desarrollo, alejándose cada vez más de su sinonimia con el concepto de crecimiento. Ahora es frecuente interpretar el desarrollo que lo colocan en un contexto mucho más amplio que la economía, acercándolo mucho a una suerte de constructivismo en el que prima lo subjetivo, lo intangible, lo humanístico, lo sistémico, la complejidad, para citar sólo algunas de las características que se atribuyen ahora a la idea de un desarrollo societal.

 

La riqueza, resultado de la búsqueda de los deseos de vida, las metas hacia la consecución de los sueños, la perseverancia en los proyectos y el apasionamiento constante por encontrar la felicidad, es la constante del ser humano. Según González (2004), el ideal ético propuesto por el utilitarismo clásico, según Bentham es la máxima felicidad para el mayor número de personas durante el mayor tiempo posible, esta es la medida de lo correcto. 

 

Además, el mismo Adam Smith estudia la economía como una parte de la política. Debemos avanzar unos años, tal vez hasta John Stuart Mill, para comprobar la emancipa­ción neta de la economía respecto a la política y la moral en el ámbito del saber económico. Dichos aspectos son abandonados en los postulados de los neoclásicos cuando definen el crecimiento económico.

 

La economía ha recibido, hasta cierto punto, el reconocimiento por la formalización que ha logrado a través de la formulación matemática y las consideraciones metodológicas que ha efectuado en el contexto del crecimiento y el desarrollo económico. A pesar de este hecho, muchos economistas han expresado su desilusión y descontento en relación al progreso y el estado actual de la sociedad. La economía se describe como una ciencia social encargada de estudiar un aspecto importante de la sociedad y, por lo tanto, es de suponer que ésta es capaz de aportar al entendimiento de la sociedad y de sus problemáticas complejas. La complementariedad esencial entre los factores de producción y entre distintos sectores es la base para fundamentar una teoría del crecimiento.

 

En este documento de trabajo, hacemos una revisión de las teorías que parten del análisis del crecimiento para construir teoría económica, concatenando partes y asociando postulados desde el enfoque clásico y keynesiano y asumiendo autores, que se consideró, aportan nuevas explicaciones desde otras escuelas. Nuestro problema no es la utilización plena de todo el conocimiento, sino más bien el mejor uso que podamos lograr frente a la categoría “crecimiento económico”.

 

Con el fin de mostrar las principales teorías sobre crecimiento económico hemos organizado el siguiente esquema. Se desarrolla el tema del crecimiento económico, partiendo de la teoría moderna (postkeynesiana) y realizando un estudio detallado del modelo de Harrod – Domar, del modelo de Solow – Swam ampliado, la teoría del crecimiento endógeno, el conocimiento spillovers, las leyes de crecimiento de Kaldor, la Edad de Oro de Robinson, y el orden espontáneo del mercado de Hayek y la Escuela Austríaca. Por último, se presentan los postulados sobre el impacto del capital humano, la dinámica del proceso industrial, la concepción del territorio en el crecimiento, el aporte de las unidades productivas y las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyME) en el crecimiento industrial, y la relación entre el “desarrollo” y el crecimiento económico.

 

La preocupaciones alrededor del crecimiento económico son muchas y encierra cuestionamientos que van desde la definición de las variables con formalización teórica y matemática hasta planteamientos ideológicos que lo explican desde las lógicas de poder inmersas en la dinámica económica y en su concepción filosófica.

 

Según el profesor Hayek, la economía se está recuperando de un largo período de decadencia que fue causado por la transición que intentó hacer de la microeconomía a la macroeconomía, “la microeconomía puede explicarnos algo a pesar de que, por la naturaleza de la economía, tiene límites en su poder explicativo. Precisamente por estas limitaciones en su poder interpretativo, los economistas decidieron construir un nuevo sistema que pensaron que era más científico: la macroeconomía. Sin embargo, resultó que este esfuerzo está basado en hipótesis erróneas, y ha sido un fracaso total[1]”.

 

La limitación principal de la economía es explicar cómo es posible adaptarse a lo desconocido. Por que no hay duda que los cambios constantes de la actividad económica son causados por gran número de eventos que nadie conoce como un todo. De tal manera que estamos actuando constantemente para adaptarnos a eventos que no conocemos, y utilizamos para este propósito condiciones sobre las cuales no tenemos información directa.

 

Los economistas debemos aceptar que ignoramos muchos datos que sería normal que un físico conociera. Esta situación se debe al hecho de que tenemos que trabajar con estructuras complejas y con un número de variables en interacción que resulta ser mucho mayor del que tienen que manejar los físicos. La realidad social es mucho más compleja que la realidad del mundo físico. Según Hayek, no sólo porque uno tiene que trabajar con un mayor número de variables sino también porque se presenta un mayor grado de inestabilidad en las relaciones funcionales, las variables son más heterogéneas y, además, resulta a veces muy difícil aislar una variable de las demás.

 

El desarrollo de refinados modelos econométricos y de inferencia estadística no puede cumplir la función de suministrar un marco conceptual realista de cómo opera un sistema económico. La aplicabilidad de los distintos modelos teóricos de crecimiento económico a la realidad de los países es compleja, ya que cada estructura productiva responde a diferentes factores del mercado y de la misma construcción social de cada comunidad. Además, los territorios y las ventajas que de este surgen son radicalmente distintas en cada país. Los axiomas, por lo tanto, serán diferentes, sin embargo, son supuestos necesarios para la elaboración de un modelo de crecimiento industrial.

 

Una de las dificultades para entender el concepto del crecimiento económico, surge en las propias raíces históricas, y en la realidad que enfrenta la modernidad, amenazada por el deterioro en la capas sociales y de su medio ambiente. Estas raíces y las realidades han inmerso a la teoría económica en un prolongado e interminable cuestionamiento que se centra en intensos debates y diversas complicaciones de método y de ideología.

 

Las primeras preocupaciones de los economistas se dirigieron hacia el problema del crecimiento económico. Según Landreth y Colander (1994), al tener una orientación macroeconómica, los economistas clásicos estaban preocupados no sólo por las fuerzas económicas que determinaron el crecimiento, sino también por los factores culturales, políticos, sociológicos e históricos. Su preocupación por el crecimiento los condujo al estudio de los mercados y al sistema de precios como un asignatario de recursos.

Con la Revolución Industrial se generalizó la idea de crecimiento económico constante, entendido como progreso ilimitado, tendente al perfeccionamiento y a la evolución. Hasta finales del siglo XIX el proceso de industrialización europea, y modestamente el despegue de la agricultura en los países industriales, coincidieron con un período de extraordinaria expansión del comercio internacional bajo la premisa del liberalismo. Según Galindo y Malgesini (1994), a pesar de que el liberalismo no contemplaba el tema del crecimiento, la práctica de la libertad de mercados fundamentada en la iniciativa privada y en la libre competencia originaron el despegue económico del capitalismo en sus primeras fases.

 

La categoría crecimiento económico, en la teoría económica formal, es un fenómeno relativamente reciente. Durante el siglo diecinueve la preocupación de los economistas clásicos estuvo centrada en el desarrollo económico; a principios del siglo veinte el interés se centraba en el análisis de problemas de carácter esencialmente estático, y a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, los macroeconomistas prestaron más atención a las fluctuaciones económicas en el corto plazo. Sólo a partir de finales de la década de los cincuenta, el crecimiento económico se ubicó en el centro de los intereses de los economistas y de los objetivos de política, trascendiendo el interés por los problemas del desarrollo y las desigualdades estructurales y sociales.

 

El crecimiento económico se hace compatible con la ley de los rendimientos decrecientes y los hechos observados en la realidad. Según Schumpeter (1963), las oleadas de descubrimientos e inventos que se producen periódicamente provocan repentinos aumentos en la tasa de beneficios del capital y en la inversión; conforme se extienden los nuevos conocimientos y se imitan las nuevas tecnologías, los beneficios empiezan a disminuir y con ellos la tasa de inversión hasta que una nueva oleada de descubrimientos impulse a una nueva fase expansiva.

 

La teoría del crecimiento ha incorporado otros elementos dentro de su análisis. Schumpeter, proponía que el sistema financiero es importante para la promoción de la innovación tecnológica y el crecimiento económico en el largo plazo (Carvajal y Zuleta, 1997). En el plano empírico las primeras evaluaciones de esta hipótesis se llevaron a cabo en la década de 1970 (Goldsmith, 1969; Mckinnon, 1973 y Shaw, 1973), para muestras muy pequeñas de países, con resultados que apoyaban la idea que la mejor estructuración financiera de una economía acelera el crecimiento. Por supuesto, las simples relaciones empíricas resultaban cuestionables en tanto carecían de fundamentación teórica[2].

 

La época de la primera posguerra comenzó con una preocupación más generalizada sobre la dinámica económica. Se presentó un período de relativa expansión en la década de 1920, pero ésta finalizó con la depresión de 1929. A partir de este momento, el pensamiento keynesiano sobre la intervención del Estado surgió como la solución fundamental para suavizar la depresión que vivía el mundo capitalista, y para hacer posible el crecimiento mediante políticas anticíclicas, centradas en la determinación de niveles satisfactorios de demanda agregada, en forma esencial, a través del gasto público.

 

Keynes afirmaba que “los postulados de la teoría clásica sólo son aplicables a un caso especial y no al caso general. Más aún: las características del caso especial supuesto por la teoría clásica no son de la sociedad económica en la que vivimos, de donde resulta que sus enseñanzas engañan y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos de la experiencia”[3].

 

El crecimiento de la economía, tal como se refleja en el crecimiento de la población y de la riqueza, no se debe entender como desarrollo. Este fenómeno no representa características cualitativas. El desarrollo, en nuestro sentido, es un fenómeno ajeno a lo que puede observarse en la corriente circular o en la tendencia hacia el equilibrio. Es un cambio espontáneo y discontinuo en los canales de la corriente, es una perturbación del equilibrio que altera y desplaza en forma definitiva el estado de equilibrio que antes existía.

 

Es este marco el que ha consagrado el discurso del desarrollo económico, en donde las premisas sobre el bienestar general, la acumulación de riqueza, la plena concepción del ser humano y el desarrollo sostenible han sido la base del debate para la definición del concepto. Las condiciones para el desarrollo no sólo se definen por la acumulación de conocimiento y capital físico en un territorio; este va más allá de eso, se trata de crear los instrumentos para gestionar los procesos de ordenamiento social, y las instituciones y el marco regulatorio que permitan potencializar las diferentes expresiones del capital en las regiones.

 

El proceso de acumulación y la dotación de recursos que posee una región determinan las ventajas competitivas y comparativas, las cuales posibilitan la creación de firmas y el crecimiento económico de un territorio. La forma en que se utilicen dichos recursos y potencialidades puede disminuir o agravar las desigualdades regionales, industriales o sociales dentro del espacio. El proceso de reestructuración de las firmas y las estrategias empresariales son producto de la lógica territorial diferencial, en su afán por conseguir mejores niveles de competitividad a través de un sistema flexible.

 

El crecimiento, como se ha visto, es una preocupación central de la economía, que se refleja en los paradigmas teóricos de la historia económica. El propósito de este trabajo es presentar un análisis del pensamiento de los principales autores y corrientes que han reflexionado sobre este aspecto después de la segunda posguerra; además, la relación del bienestar con el crecimiento económico, el aporte de las unidades productivas al crecimiento y el concepto del territorio en el crecimiento.



[1] En: “Algunos creadores del pensamiento económico contemporáneo: Un diálogo con el profesor Hayek”. Fondo de Cultura Económica, México. 1977.

[2] Desarrollos recientes han presentado modelos de crecimiento en los que la intermediación financiera afecta la tasa de crecimiento (endógeno) del PIB per cápita en el largo plazo, y de ellos se extrae la lección de que las políticas de represión al sistema financiero, o la excesiva intermediación en sus funciones tienen efectos nocivos en el crecimiento de largo plazo.

[3] KEYNES J.M. (1986). “La Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero”. Fondo de Cultura Económica. Pág. 3.