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Diferencias y similitudes en las teorías del crecimiento económico

CRECIMIENTO ECONÓMICO DESDE LA DINÁMICA DEL PROCESO INDUSTRIAL

 

La dinámica de la creación y apropiación de conocimiento puede percibirse, además, como parte de un proceso más amplio de cambio estructural. El crecimiento económico no es, en realidad, un proceso a través del cual los mismos agentes productivos generan, en escala ampliada, un conjunto determinado de bienes y servicios, sino en el cual crecen unos sectores y tienden a desaparecer otros, unas empresas surgen y otras se quedan rezagadas. Este proceso no es lineal. No todos los sectores tienen la misma capacidad para infundir dinamismo al conjunto, o para propagar el progreso técnico[1] (Cepal, 2000:207).

 

El ciclo de vida de las firmas productivas, como agentes dinamizadores del crecimiento económico, es relevante determinarlo, para establecer la dinámica con la que opera el funcionamiento del aparato productivo. El estudio del ciclo de vida industrial[2] representa la dinámica del surgimiento y desaparición de firmas en el tiempo. El proceso comprende una intensa entrada de nuevas empresas que buscan crearse un espacio en una industria, introduciendo innovaciones en productos y procesos que le permiten generar las barreras de entrada al sector. Con el tiempo, el surgimiento de empresas se desacelera mientras la desaparición aumenta para aquellas que no logran consolidarse en el mercado.

 

La búsqueda de explicaciones sobre la dinámica industrial, a través del ciclo de vida industrial, es una preocupación fundamental hoy por el proceso de crecimiento económico centrado en sectores industriales y de servicios. La innovación, la generación de empleo y las actividades de cooperación son elementos esenciales para su entendimiento.

 

De acuerdo con Reynolds et al (1998:93 – 94), existen cuatro razones principales en la formación de nuevas empresas con garantía de supervivencia para tener en cuenta: La primera, es que las nuevas empresas brindan nuevos puestos de trabajo[3]; la segunda razón, tiene es que las nuevas empresas están involucradas en un significativo porcentaje de innovaciones en la economía[4]; la tercera, se relaciona con la existencia de políticas e instituciones que garanticen la formación de nuevas empresas y potencialice el desarrollo regional y, finalmente, el ciclo de vida se relaciona con la existencia de diferencias interregionales en las tasas de formación de empresas.

 

Los procesos de “creación” y “destrucción” de empresas, actividades productivas y sectoriales, y las innovaciones y redes que las determinan, son categorías que permiten el diseño de políticas públicas en los países en desarrollo caracterizados por la heterogeneidad estructural. Al mismo tiempo, las instituciones sirven como depositarias de información tecnológica pertinente, contrarrestando las desventajas tecnológicas e innovativas de las empresas entrantes o con escasa experiencia en la actividad.

 

Otro conjunto de enfoques, en especial aquéllos que otorgan mayor peso a los aspectos estructurales e institucionales, rechazan la idea de que las dinámicas micro y mesoeconómicas sectoriales puedan sintetizarse en términos de “agentes representativos”. En esta perspectiva, por lo tanto, la heterogeneidad de los agentes y la forma en que se comportan e interrelacionan tienen un papel explicativo fundamental en la dinámica global, es decir, no son neutros en términos de los resultados totales (Cepal, 2000:207 – 208). De esta forma, el comportamiento agregado resulta de la interacción entre las dinámicas macro, meso y microeconómicas. En la visión de la Cepal, esta interacción es esencial para entender el proceso de crecimiento y orientar las políticas públicas en América Latina[5].

 

Los elementos que conforman la vida social no tienen significación, ni mayor importancia, ni se entienden por separado los unos de los otros. No es posible, por ejemplo, comprender la economía de una sociedad si se la investiga a ella sola; tampoco pueden entenderse los distintos elementos que la conforman: la producción, la distribución, el cambio y el consumo, en forma aislada. De igual modo, es imposible entender el modo de pensar de la gente, su vida política o el funcionamiento de sus formas de autoridad, sin referirlos a los otros aspectos de su vida social. Esta es la que algunos suelen llamar una visión holística de la sociedad.

 

Sin embargo, el estructuralismo se diferencia del funcionalismo y de otras corrientes holísticas en su consideración acerca de qué es lo que une, lo que enlaza entre sí los diferentes elementos de la vida social. Los funcionalistas piensan, por ejemplo, que el enlace está en las instituciones, que ellas constituyen lugar social en donde todos los elementos se relacionan entre sí para conformar un todo en equilibrio: la sociedad.

 

El estructuralismo, en cambio, afirma que ese lugar es la estructura. El lazo de unión entre todos los estructuralistas es la concepción de que los elementos que constituyen la sociedad, o cada uno de sus sectores, se relacionan entre sí en formas determinadas que conforman modelos. El análisis económico se maneja con especificaciones estructurales en los que se consideran las relaciones entre magnitudes como la riqueza, la renta y el stock de capital, y todo ellos teniendo como base el marco institucional de una sociedad.

 

Además, deben tenerse en cuenta los aspectos institucionales. Las ideas centrales del estructuralismo se ocupan de las instituciones, los hábitos, las reglas y su evolución. Sin embargo, los institucionalistas no intentan construir, con base en estas ideas, un modelo único y general. Sus ideas, según Hodgson (2002), dan en cambio un fuerte impulso a los enfoques específicos de análisis y situados en la historia.

 

La propuesta institucionalista transita de ideas generales respecto de la mediación humana, instituciones y la naturaleza evolutiva de los procesos económicos, a ideas y teorías específicas, relativas a instituciones económicas o tipos de economía. Por consiguiente, hay múltiples niveles y tipos de análisis. No obstante, los niveles deben vincularse entre sí. Un punto crucial es que los conceptos de hábito e institución ayudan a establecer el vínculo entre lo particular y lo general.

 

En contraste, la economía neoclásica transita de manera directa de un sistema teórico universal respecto de la elección racional y el comportamiento, a teorías de los precios, bienestar económico y así sucesivamente. Sin embargo, la economía institucional no supone que su misma concepción de la mediación humana, fundada en los hábitos, sea suficiente para transitar hacia la teoría operacional o el análisis. Se requieren elementos adicionales.

 

Un institucionalista subrayaría, según Hodgson (2004), en particular la necesidad de mostrar cómo grupos específicos de hábitos comunes están incrustados en instituciones sociales específicas y son reforzadas por ellas. De esta manera, el institucionalismo se mueve de lo abstracto a lo concreto. En lugar de modelos teóricos estándares de individuos racionales dados, el institucionalismo se basa en investigaciones psicológicas, antropológicas y sociológicas de cómo se comportan las personas. En efecto, si el institucionalismo tuviera una teoría general, ésta indicaría cómo efectuar análisis específicos y diversos de fenómenos concretos.

 

Las instituciones no sólo se limitan e influyen a los individuos. Con nuestro entorno natural y nuestra herencia biótica, como seres sociales, según Hodgson, estamos constituidos por instituciones. Éstas no son dadas por la historia y constituyen nuestra carne y sangre socioeconómica. Esta proposición debe cohabitar con la noción, en general aceptada y válida, de que los individuos, a sabiendas o inconscientemente, forman y transforman a las instituciones.

 

La acción económica es una forma de acción social, esta acción está históricamente determinada y las instituciones económicas son construcciones sociales que no se pueden explicar por simples  motivos individuales. La teoría económica y la sociología económica convierten la acción económica en el punto de partida de los análisis teóricos (Rodríguez, 2001:66).  Para la primera, esta acción es guiada por la racionalidad económica que conduce a los individuos a realizar la mejor elección en un contexto de escasez; para los segundos, no está aislada de la búsqueda de reconocimiento, sociabilidad y poder.

 

Las instituciones están circunscritas a un conjunto de redes sociales, no surgen automáticamente, se construyen socialmente y son modeladas por el régimen de acumulación. Las instituciones económicas se construyen gracias a la movilización de recursos por medio de redes sociales, a partir de limitaciones determinadas por el desarrollo histórico anterior de la sociedad, la política, el mercado y la tecnología (Swedberg y Granovetter, 1994:134). 

 

Es de esta forma como el fracaso del proyecto de los microfundamentos proporciona al institucionalismo una oportunidad significativa. Su punto central de atención en las instituciones como entidades duraderas y por lo habitual autorreforzantes proporciona un buen vínculo micro – macro.

 

A continuación, se realiza una relación teórica del crecimiento económico y el bienestar, entendiendo el desarrollo como los cambios de la vida económica que no han sido impuestos desde fuera sino que han surgido por su propia iniciativa, desde adentro, y son capaces de romper con la dinámica circular para poder generar convergencia hacia el crecimiento sostenido en el largo plazo y de esta forma obtener una senda de progreso y un incremento en la competitividad, productividad y en el ingreso per cápita de los habitantes de un país o de una región específica.

 



[1] Las complementariedades entre empresas y sectores productivos pueden inducir bruscos avances del proceso de crecimiento o bien bloquearlo.

[2] El ciclo de vida es calculado como la diferencia entre el surgimiento y la desaparición de las firmas en cada sector y en cada región.

[3] La evidencia empírica reciente de Suecia y Estados Unidos ha demostrado que la mitad de los nuevos puestos de trabajo para un período de seis años surgen de firmas autónomas, especialmente en la categoría de pequeñas y medianas empresas.

[4] Este proceso genera las dinámicas industriales en las cuales se inscriben los mecanismos que mueven a las firmas y motivan el surgimiento de otras, tanto en redes como en distritos industriales y clusters.

[5] El grado de madurez productiva e institucional alcanzado por los países antes de la fase de liberalización de las economías claramente difería en aspectos claves de aprendizaje tecnológico o de estructura de los mercados laborales, del sistema financiero o de la organización del sector público, y ello sin duda influyó en la capacidad demostrada por cada economía para adaptarse al nuevo régimen de incentivos e insertarse en escenarios más globalizados de producción.