Elección del momento de las vacaciones



El ritmo estacional es muy perjudicial para esta elección. El deseo de pasar las vacaciones en lugares que gozan de condiciones meteorológicas favorables, en nuestras latitudes, hace que el verano, con su agradable temperatura y su máxima insolación, se erija en la “estación”, es decir, en la principal época de viajes (de vacaciones).

El mes de julio pero sobre todo el de agosto corresponden en Europa y en América del Norte a los periodos punta del movimiento turístico. Basta con haber visto, aunque sea una sola vez, un “15 de agosto” en los ferrocarriles franceses, con sus masas humanas en torbellino, ávidas y ansiosas de vacaciones, para hacerse una idea bastante completa o quedarse con un recuerdo penoso. Encontramos el mismo fenómeno en el Ferragosto italiano que Borelli (151) describe de esta expresiva forma; “lo que cuenta para el turista de agosto es que el portero, los vecinos y los conocidos no piensen que es tan pobre que se ve obligado a quedarse en su casa. Esta es la razón por la que sube a un tren hasta los topes, llega sin aliento y en lamentable estado a una playa que es un verdadero montón de cadáveres o a una pradera en la que hasta un metro de sombra es objeto de disputa; duerme mal, come mal, sueña con su casa, llega incluso a soñar con su oficina o su tienda. Poco importa: su vanidad y su sentido del ridículo son más fuertes. Incluso si no pueda ausentarse de su domicilio, se encierra en él y evita hacer ruido y después de agosto aparece de nuevo y cuenta que estuvo en el Lido de Venecia, o en Cortina y que “il s’est amusé à la folie”) (en francés en el original alemán) (se ha divertido de locura)

Pero junto al verano, la primavera y el otoño, sobre todo en las regiones meridionales, son igualmente consideradas como propicias para las vacaciones y las excursiones. Pongamos un ejemplo ilustrativo: de los tres viajes que Goethe hizo a Suiza, dos tuvieron lugar a finales del otoño (1779 y1797) y el primero muy a comienzos de verano (1775). A pesar de que Goethe fue el pionero espiritual del turismo en Suiza (sus lugares preferidos eran Marienbad y Karlsbad), nunca visitó nuestro país en pleno verano. En este sentido escribía entre otras cosas el 9 de noviembre de 1779 en Lenkerbad: “El tiempo es tan hermoso que nos hemos llegado a olvidar completamente de que estamos en noviembre; es verdad, como nos dijeron en Berna, el otoño es muy agradable aquí. Pero las nubes que presagian la niebla y la noche que cae con rapidez nos recuerdan cuan avanzada está ya la estación” (152).

Otros visitantes ilustres (153) recorrieron también Suiza con placer en periodos que se considerarían hoy como parte de la pretemporada o de la postemporada, incluso invierno. El flujo de viajeros continuaba hasta cerca del invierno y cuando éste llegaba se desvanecía el bullicio. La estación fría, en la que se busca abrigo en casa, al calor del hogar familiar, era para todos un periodo hostil a los desplazamientos.

Lo dicho permite percatarse del fuerte cambio en las costumbres que se consolidó lentamente a fines del siglo XIX, consistente en incorporar también el invierno a la estación de viajes e incluso a preferir eventualmente esta estación poco acogedora para las vacaciones. Nos parece importante constatar este profundo cambio en las normas de consumición turística y el nacimiento de un nuevo tipo de turismo, el de invierno, con ayuda de un ejemplo particularmente instructivo relativo a Suiza (154).

Hacer una cura de invierno en la montaña puede parecer un pensamiento absolutamente inconcebible. Se considera una empresa semejante, por emplear la expresión utilizada por W.C. Locket en su biografía “Robert Louis Stevenson en Davos” como “Grossly absurd if not viciously wicked” (“un deseo verdaderamente absurdo si no un vicio”). A pesar de ello, los primeros clientes invernales se presentaron en Davos en febrero de 1865. ¡Eran dos!. Diez años más tarde, Davos albergaba ya más visitantes en invierno que clientes en verano. Si en agosto pernoctaron 260 personas, las llegadas alcanzaron 350 en invierno.

Fue así como la cura en alta montaña durante la estación fría abrió sin saberlo la vía a la práctica del deporte de invierno. Al principio no era raro ver a los enfermos sustituir su paseo o incluso su cura de reposo por una excursión en trineo o por juegos sobre patines. Es el caso del escritor inglés Stevenson, ya citado, cuya llegada a Davos durante el invierno de 1880 coincidió con la inauguración de la nueva pista, el “new rink”. Davos se convirtió rápidamente en el centro de la vida mundana y deportiva. Una orquesta tocaba al atardecer y los clientes bailaban a los aires de la música. Stevenson se mostraba muy entusiasmado por los paseos en trineo a pesar de que todavía no existían pistas especiales. Su viaje de Wolgang a Klosters con regreso en diligencia le resultó muy satisfactorio. Podía presumir, literalmente, del título de “Winter Sportman “ sin haberse puesto nunca unos skis. Los primeros intentos para introducir la práctica del ski en Davos datan del invierno de 1883/84. Pero todavía tenía que pasar algún tiempo antes de que este deporte se generalizara y de que Suiza llegara a ser el país del ski como Max Senger cuenta en su encantador libro “Die Schweiz wurde zum Skiland”.

El trineo y el patinaje fueron las primeras bazas. Pronto los deportes de invierno hicieron su aparición en otras estaciones. St. Moritz compartió con Davos la gloria de ser la cuna del turismo de invierno en los Grisones. La primera pista especial para trineo se construyó en 1884 y alcanzó celebridad mundial bajo el nombre de “Cresta Run”. La pista contribuyó a la construcción del trineo davonés SKELETON, un trineo monoplaza, y del BOBSLEIGH, un trineo multiplaza, denominaciones extranjeras que son significativas de la participación mayoritaria de los anglosajones en la práctica de este deporte que, al contrario que el ski, nunca fue popular en Suiza.

Un tercer centro de deporte de invierno se abrió en Grindelwald, al que según los periódicos llegaron los primeros ingleses, un grupo compuesto por 20 personas, en 1889 “para practicar los llamados “deportes de invierno”. Constata también que a partir de 1880, “los clientes hacen ahora mucho uso de los trineos pequeños. Boss Aetti ha echado agua delante del palacio de invierno y, sobre el hielo que se formó, los clientes juegan con trozos de piedra y patinan” Para la práctica de los deportes de invierno sin cortapisas es preciso, como es natural, que haya alojamientos adecuados para las largas noches invernales. En St. Moritz, el “Engadinier Kulm” sirvió principalmente como residencia a los huéspedes invernales, para los cuales Johan Badrutt previó y creó instalaciones de alojamiento y refección y para su entretenimiento; en Grindelwald fue el “Grand Hotel Bär el que cumplió este papel.

Pero las ideas preconcebidas no desaparecen fácilmente y fue precisamente en Suiza donde el miedo a las vacaciones de invierno quedó profundamente enraizado. Pero aquí, como en el alpinismo, fueron los ingleses los que vinieron en nuestro auxilio. Los deportistas de invierno en Suiza encontraron como pioneros a los Lunn, padre e hijo, quienes comenzaron a organizar a partir de 1890 viajes colectivos a Suiza en invierno. El nuevo estilo social inaugurado por estos “parties” (grupos), lo que hoy llamamos viajes organizados para grupo, los ha descrito Senn (La Suisse et le tourisme, 1913) no sin cierta admiración: “La vida se regula de un modo automático. Esta tarde, carnaval sobre hielo. Mañana, excursión a los alrededores. Pasado mañana, patinaje, concursos de vals, juegos para niños, orquesta “à 4 heures”; por la tarde, baile como de costumbre. Así durante trece días; cada momento se dedica a alguna ocupación programada...” (en francés en el original: “La vie est reglée automatiquement. Ce soir, carnaval sur la glace. Demain, excursions aux environs, le lunch será emporté avec soi, divertissements et jeux socétés. Aprés demain, patinage, concurs de vals, jeux por enfants, orchestre à 4 heures ; soir, bal costumé. C’est ainsi pendant treize jours, chaque moment est rempli par quelque occupation officielle... »)

El invierno comenzó poco a poco a poner gente en movimiento. Después de la creación de Grindelwald como estación de deportes de invierno, hubo que esperar diez años, es decir, casi hasta el comienzo del nuevo siglo, para ver como Adelboden y Kandersteg siguieron su ejemplo. A continuación, la mayor parte de nuestras estaciones siguieron rápidamente la moda y se adhirieron a los deportes de invierno. Su éxito y su gloria lo deben sobre todo al turismo de invierno. Fue el caso de Gstaad, que tenía 5 camas en 1900 y ya en 1914 contaba con 1.145. Hacia esta época se sitúa el comienzo de la verdadera estación de invierno, que no sólo ha aportado un magnífico suplemento de ingresos a la hotelería y a las empresas de transporte sino que también le ha dado en general a Suiza u mayor atractivo turístico.

La distribución de las vacaciones a lo largo del año ha dado recientemente lugar a encuestas sobre las costumbres de la consumición turística efectuadas sobre muestras representativas (155).