Un ejemplo



Teniendo el carácter cambiante de la evolución económica de los últimos años se deberían descartar las hipótesis anteriores por poco verosímiles. Y, sin embargo, podemos probar por medio de un ejemplo concreto que la consumición turística es susceptible de aumentar durante un largo periodo y que ésta es precisamente su “tendencia”.

Nuestro ejemplo se basa en el presupuesto familiar de un profesor que más tarde llegó a ser funcionario; el presupuesto familiar se refiere a 40 años, de 1903 a 1943 (148).


La curva de la consumición turística asciende en forma de flecha. Partiendo por así decirlo de cero aumenta hasta el punto de convertirse en el elemento dominante en los gastos dedicados a la cultura y absorbe una parte importante de la renta. El aumento espectacular y desbocado de los gastos turísticos después de la Primera Guerra Mundial no parece, en principio, afectado por la depreciación de la moneda; incluso aunque el franco suizo de 1903 tenía doble poder adquisitivo del de 1943, esto no ha impedido que los gastos de vacaciones se hayan multiplicado por un coeficiente aun mayor. El extraordinario crecimiento de la consumición turística va naturalmente en paralelo con el aumento de la renta, pero hay que evitar la generalizar este caso positivo de rápido aumento que presenta la prosperidad de nuestro contable; al contrario, no constituye más que un caso excepcional. Un análisis más profundo de sus ingresos y gastos confirmaría nuestra constatación, según la cual la tasa de consumición turística crece proporcionalmente más deprisa que la renta.

En este orden de cosas, lo que importa es el grado de saturación de diferentes grupos de consumición para una renta dada. Nos limitaremos, pues, a la comparación de los gastos turísticos con las demás partidas de necesidades culturales.

En el segundo periodo, la consumición turística se pone en cabeza y se convierte en la partida más alta dentro del grupo de gastos en tiempo libre. Por el contrario, los gastos en teatro, conciertos, etc, como los de recepciones, aumentan en proporciones más modestas porque se trata justamente de necesidades que llegan pronto al nivel de saturación. Mientras que los gastos para ambas partidas se doblaron entre 1903/07 y 1939/43, los dedicados a vacaciones, excursiones y coche se multiplicaron por 25. La consumición turística alcanzó su punto culminante en 1935/39 con un 110 por mil de los gastos familiares rebasando la partida de vestuario (64 por mil).

Pero la primacía de los gastos turísticos no aparece sólo en la partida de tiempo libre; también tiene lugar con relación al total de los gastos culturales y rebasó de modo significativo los gastos en transporte (ferrocarril, tranvía, bicicleta, gastos postales y teléfono). He aquí las cifras:

Las parte más importante del capítulo de cuidados médicos, a saber, los gastos en servicios médicos, dentista y farmacia, ocuparon una posición un tanto particular en la medida en que no dependen de una elección libremente consentida por el perceptor de la renta sino del estado de salud de los miembros de la familia. Dicho de otro modo, la condición física de nuestro contable y de su familia era satisfactoria.

En cuanto a los gastos culturales, parecen más bajos de lo normal ya que nuestro contable, en calidad de antiguo profesor, procede de una clase profesional en la que se presumen ciertas necesidades intelectuales. Además hay que añadir que su mujer pertenece a una familia de músicos y que sigue trabajando como profesora de música después de su matrimonio.

A pesar de ello, la consumición turística desborda bastante frecuentemente los gastos culturales, que engloban libros, periódicos, instrucción, papel, música, etc.

El porcentaje relativamente modesto de gastos de transporte, en el que la partida de correo y teléfono es creciente, conduce a la conclusión de que se trata de una familia sedentaria, excepción hecha de los desplazamientos durante las vacaciones.

La fuerte capacidad de crecimiento de la consumición turística que pone de manifiesto este ejemplo casi ideal permite presentir la existencia de reservas de poder de compra susceptibles de ser dedicadas en el futuro al turismo por capas de población que ya participan en él y que, en consecuencia, se sitúan más allá del nivel mínimo a partir del cual el turismo es posible. Pero la condición necesaria para este proceso de expansión reside, repitámoslo, en una mejora general de la prosperidad, la cual no se consolidará verdaderamente más que a largo plazo.