Elasticidad negativa y positiva



En general, la elasticidad de la demanda turística es una materia más de preocupaciones que de alegrías. Las empresas turísticas son extremadamente sensibles a las fluctuaciones de la coyuntura; la curva de frecuentación muestra una caída vertical en caso de conmociones económicas o políticas, sin hablar de la guerra. Todos estos movimientos comportan un pesimismo más o menos justificado. Pero el gato escaldado del agua fría huye y ésta es la razón de que tan deplorables experiencias hayan tenido también un efecto saludable. La elasticidad de la consumición tiene también un aspecto positivo: una facultad de expansión casi ilimitada.

En efecto, mientras que la mayor parte de las necesidades humanas alcanza rápidamente el nivel de saturación, bien por la limitación física, como ocurre en el caso de los alimentos y de las bebidas, bien por la posesión del objeto anhelado, un vestido o un traje, por ejemplo, estas limitaciones no existen cuando se trata de aquellas aspiraciones y deseos humanos que se satisfacen por medio del turismo. Como sabemos, hay necesidades culturales que son susceptibles de expansión, pero nadie va todos los días una o varias veces al teatro, a un concierto o al cine; en cuanto al espacio reservado a los libros, o a los objetos de arte, no es ampliable hasta el infinito. Sin embargo, es posible concebir una expansión ilimitada de la consumición turística, algo que ocurre a quienes pasan toda su vida en un hotel y no cambian de residencia más que en función de la estación.

La capacidad de crecimiento de la consumición turística deriva esencialmente de tres posibilidades:

aa/ Los turistas tienden hacia prestaciones cada vez de más calidad. Pasan de la simple pensión al hotel confortable al hotel de lujo, de lo que se desprende un crecimiento de los gastos.

bb/ Los turistas pueden ir a lugares cada vez más lejanos. La región turística más cercana deja de ser adecuada a sus exigencias. Buscan otras regiones, primero en la periferia, después en el extranjero y más tarde aspiran a alcanzar horizontes cada vez más lejanos, Egipto, América, etc.

cc/ Los turistas pueden prolongar sus estancias. Las vacaciones son susceptibles de prolongarse y de multiplicarse: en lugar de una semana se ausentarán durante dos o más. Comenzarán a hacerlo en verano, luego en invierno y entre ambas estaciones pueden encontrar alguna oportunidad para viajar en Pascua o durante un fin de semana en otoño.

Cada una de estas posibilidades, y con mayor razón su combinación, no pueden hacerse realidad más que a través del correspondiente aumento de la consumición turística. Evidentemente, un programa semejante de desarrollo de las necesidades turísticas individuales no es concebible más que como consecuencia de un constante progreso económico y de una situación política estable, es decir, con productividad creciente de la actividad nacional y economía refractaria a la crisis.