Componentes y nivel de la tasa de consumición turística
 



Después de exponer esquemáticamente la génesis de la consumición turística, nos proponemos ahora aislarla del proceso general y analizarla desde el punto de vista cuantitativo. La parte de renta dedicada a prestaciones turísticas o tasa de consumición turística, es un conjunto complejo, un “mixtum compositum”; como ya hemos indicado, son muchos los motivos que la determinan. El nivel de la tasa de consumición turística determina el movimiento turístico y, por consiguiente, el nivel de actividades de las empresas que se dedican al turismo: al abordar la financiación de la consumición accedemos al corazón del problema turístico. Su solución no ha de ser buscada en un razonamiento monista como el que explica la situación del mercado turístico en función de un único principio causal, por ejemplo, el problema del precio con respecto a la estructura de los gastos fijos de los hoteles; por el contrario, la solución debe basarse en el análisis de los diversos factores que determinan la tasa de consumición turística. A saber:

a) El efecto renta
La renta es la base material, el sustrato de cualquier acto de consumición e, igualmente, de la participación en el movimiento turístico. El nivel de la tasa de consumición turística depende por consiguiente tanto de la renta agregada, es decir, del producto nacional (nacional) neto (a) como de la parte que corresponde a los particulares, es decir, de la renta individual.

aa/ En el primer caso, esto significa que cualquier aumento real o nominal de la renta nacional, independientemente de su distribución entre los individuos, tiende a elevar la tasa de consumición turística. Naturalmente, el proceso puede ser el contrario: una disminución de la renta nacional se traduce en una reducción de la tasa disponible para la consumición turística. Empíricamente, se puede demostrar esta relación de causa efecto al constatar que el movimiento turístico es función de la coyuntura económica general: los periodos de expansión económica coinciden regularmente con los de una mejora de las cifras de negocio de la industria turística, en tanto que, en periodo de depresión, presenta síntomas de crisis. Estas consideraciones son generalmente admitidas por todo el mundo y no nos detendremos más en ellas.

Por el contrario, la evolución de la renta nacional a largo plazo, sus modificaciones, su tendencia y sus efectos sobre la tasa de consumición turística no han sido objeto de estudio hasta el presente (116). Conviene precisar a este respecto que la aparición del turismo y la creación de la industria turística en el siglo pasado son la consecuencia del crecimiento del bienestar y del enriquecimiento que ha tenido lugar durante el gran esplendor de la época del capitalismo.

La producción de oro facilita otro índice:

Para el periodo de 1850 a 1910, las reservas de oro han pasado de 10 a 52 miles de millones de R. M. a un nivel de precios relativamente estable.

La plusvalía resultante de la producción capitalista está en el origen de la financiación de la consumición turística, puesto que facilita los medios financieros que permiten a capas sociales cada vez más numerosas hacer viajes en su propio país y en el extranjero. Los fuertes aumentos de la renta nacional en Gran Bretaña y en Alemania permiten comprender por qué primero los ingleses y después los alemanes han podido “descubrir” Suiza haciendo de ella un país de vacaciones.

Suiza, desde hace poco, constituye un ejemplo más de dependencia del turismo con respecto a la renta nacional. El éxito espectacular del turismo interior durante los años anteriores a la guerra es probablemente el resultado, al menos en una gran medida, del crecimiento de la renta nacional debido al pleno empleo en la industria suiza. La comparación entre la renta nacional y la frecuentación turística expresada en pernoctaciones (117a) permite formular esta tendencia:

El paralelismo entre el aumento de la renta nacional y el crecimiento del turismo interior hasta 1946 es evidente. Sólo se interrumpió durante un tiempo breve después del shok sufrido por el turismo durante el verano de 1939 cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.

Nuestra tesis no se contradice por la divergente evolución de la renta nacional y del turismo de interior a partir de 1947. El descenso de las pernoctaciones de ciudadanos suizos en los años siguientes no se tradujo en un descenso paralelo de la tasa de consumición turística sino que se desvió, como muestra la tabla anterior, hacia los viajes al extranjero a un ritmo muy alto. No es posible sumar simplemente las pernoctaciones de los suizos en su país y en el extranjero porque las estadísticas extranjeras son incompletas. Pero se puede deducir de la evolución comparada de ambas series que el descenso del turismo interior fue más que compensado por el aumento del turismo en el extranjero y que la consumición turística sigue siendo creciente.

Naturalmente, son numerosos los factores que contribuyen a desarrollar el gusto por los viajes entre los suizos, pero es evidente que el crecimiento de la renta nacional es la base material de la intensificación del movimiento turístico porque aumenta el poder de compra de los turistas. Que se aplique totalmente en el país, como ocurrió durante la guerra, o que también se aplique en el extranjero, como antes y después de la guerra, no constituye nada fundamental.

Es verdad que no todas las clases de renta tienen la misma importancia para el turismo. Hemos mencionado ya que los desplazamientos turísticos de la “era feudal”, es decir, en el siglo XIX, fueron financiados en gran parte por las ganancias empresariales, es decir, los beneficios, incluso también por la renta de la tierra. Todavía hoy continúan alimentándose en una gran medida por la renta del capital. Pero, como muestra la tabla que figura a continuación, las rentas de asalariados y de trabajadores autónomos suizos, han aumentado en los últimos años más rápidamente que la renta del capital.

Una evolución análoga se observa en el extranjero. El Libro Blanco anual sobre la Renta Británica (118) muestra las relaciones existentes entre renta y consumición turística.

Se observa igualmente en el R. Unido, para el periodo 1938/1950, un aumento importante de las rentas del trabajo mayor en el caso de los obreros (salarios) que en el de los funcionarios. Mientras, la renta de la tierra solo aumentó ligeramente y el producto de las inversiones en el extranjero incluso disminuyó, y los beneficios comerciales de las sociedades y, sobre todo, de las empresas públicas experimentaron un fuerte aumento relativo. Lo mismo ocurre con las rentas agrícolas, pero la experiencia muestra que no se dedican de modo significativo a gastos turísticos.

La tabla anterior muestra la evolución nominal de la renta nacional británica. Entre 1938 y 1950 aumentó en un 144.2%, pero, como durante el mismo lapso de tiempo los precios no aumentaron más que en un 90%, se deduce de ello que hubo un aumento de la renta real.

En consecuencia, se constata que también en el R. Unido ha habido un aumento de la consumición privada. Abstracción hecha de la devaluación de la moneda, ha pasado de 4.3 miles de millones de libras en 1938 a 8.9 en 1950. Es decir, que se ha más que doblado. La parte correspondiente a la consumición turística en esta evolución, que presentamos bajo diferentes rúbricas, fue la siguiente:

Los gastos en viajes, en sentido estricto, se dividen en gastos en ferrocarril y otros gastos. Ambas partidas se han más que duplicado entre 1938 y 1948. Pero mientras que la parte del ferrocarril baja los demás gastos de viaje aumentan.

En un sentido más amplio, también los gastos de transporte en coche privado forman parte de la consumición turística. Con relación al periodo de antes de la guerra y como consecuencia del racionamiento de los carburantes y de las dificultades existentes para comprar un coche nuevo, estos gastos solo han acusado un ligero aumento. Fue a partir de 1950 cuando comenzó a aumentar el tráfico en coche particular. Es de suponer que los gastos en viajes y en estancias en el extranjero son imputables en su mayor parte al turismo. Ambas partidas reflejan la fiebre de hacer viajes que se apoderó de nuevo de los británicos en 1946, después de la atenuación de este movimiento como consecuencia de la reducción de la disponibilidad de divisas.

La evolución es aún más notable si nos referimos no a los gastos nominales sino a los gastos reales, es decir, si tenemos en cuenta la depreciación de la moneda. A continuación figura una tabla comparativa para los años 1938-1948.

Teniendo en cuenta los precios de posguerra, el aumento de la actividad turística de los ingleses en 1948 parece más modesta. Esto es particularmente cierto para los viajes al extranjero, para los que el aumento de precios fue particularmente fuerte; la renta real dedicada a este capítulo no es más que un 9% mayor que la de 1938. El tráfico en coche particular estaba aún gravemente obstaculizado en 1948, en tanto que el turismo interior se traducía ya en un aumento del 58% de los gastos de consumición. Es un resultado que no se explica más que por el racionamiento prolongado y severo de otros bienes importantes, en particular de los bienes de equipamiento familiar. Profundizaremos en esta cuestión cuando nos ocupemos del problema de la sustitución.

Resumiendo: el turismo se nutre cada vez más de trabajadores asalariados y es también cada vez más financiado por rentas del trabajo. La mejora de la condición social del obrero y del empleado, de una parte, y la presión fiscal creciente sobre las rentas del capital, por otro, actúan en el sentido de una igualación. La tendencia se manifiesta desde la Primera Guerra Mundial y marca el paso de la “era feudal” a la “era burguesa” del turismo. Ya no es con los beneficios como se cubren los gastos de consumición turística sino, sobretodo, desde un punto de vista general, con los salarios del empresario o del trabajador independiente o no. Cada vez más nos encontramos en el primer plano del turismo a las capas de población que llamamos clases medias (119); de ellas es de donde procede el poder de compra adicional que ha permitido la aparición del turismo de masas (o turismo popular). La estructura del turismo se ha transformado como consecuencia de los modestos recursos puestos a disposición del asalariado medio comparados con los del capitalista. El fenómeno más evidente en este sentido es la disminución de la duración de la estancia en centros turísticos, aunque es verdad que se viaja más, también lo es que se gasta menos (120). En otros términos, el aumento de la consumición turística tiene lugar al mismo tiempo que disminuye el volumen de transacciones por cada acto concreto de consumición (121).

Por consiguiente, una gran parte de los asalariados se encuentra todavía excluida del beneficio integral del turismo tradicional como consecuencia de la pirámide actual de las rentas. Como veremos más adelante con ayuda de ejemplos concretos de cuentas individuales de gastos, su consumición turística se mantiene dentro de límites estrechos. Es todavía prematura hablar de la “era” del turismo social. A pesar de todos los progresos que han tenido lugar, este tipo de turismo todavía tiene hoy un carácter incipiente y no representa más que una pequeña parte del producto global de la industria turística. No es, pues, por casualidad, que, en las cifras de negocio de la Schweizer Reiseckasse (Caja Suiza de Viajes) cuyos estatutos establecen que fomentará y facilitará los viajes y las vacaciones de los suizos, sobre todo, de las clases de población con recursos limitados, las empresas de transporte absorban el 80%, mientras que la parte de hostelería y refección no es más que el 13%. La explicación radica en que para la gran mayoría de los interesados la estancia en un hotel es todavía algo inalcanzable, incluso en nuestros días.

La noción de turismo de masas (o turismo popular) que hemos utilizado para caracterizar el turismo moderno debe ser, por tanto, entendida, en sentido cuantitativo y psicológico. No se refiere a la categoría social del proletariado, la clase obrera.

bb/ La tasa de consumición turística no adquiere significación solo como agregado económico sino también porque depende de la renta individual por ser un elemento de la consumición del sujeto económico. El lugar ocupado por la tasa de consumición turística en la consumición global adquiere sentido cuando se distingue la renta nominal y la renta real, es decir, entre el poder de compra expresado en unidades monetarias y en bienes y servicios. El aumento de la renta nominal no favorece el aumento de la tasa de consumición turística más que si el aumento no es contrarrestado por la elevación de los precios, es decir, por un encarecimiento de la consumición obligada.

Se pueden encontrar datos sobre la relación entre la renta individual y la tasa de consumición turística en las cuentas familiares (122). Para ilustrar este fenómeno, pondremos algunos ejemplos tomados de las estadísticas más recientes.

Encontramos los siguientes gastos bajo la rúbrica “vacaciones y ocio” en las cuentas de las familias trabajadoras asalariadas elaboradas por la Bundesamt für Industrie, Gewerbe und Arbeit en colaboración con las Oficinas cantonales y comunales de estadística (123). Estos gastos cubren lo que llamamos tasa de consumición turística.


Mientras que los gastos de las familias de obreros y empleados han aumentado un 119% entre 1936/37 y 1951, el índice del coste de la vida (base 1939=100) ha aumentado durante el mismo periodo en un 61%. De ello se deduce que la tasa de consumición turística en Suiza ha aumentado fuertemente y no sólo desde el punto de vista nominal sino también real. El poder de compra liberado durante la guerra al finalizar el racionamiento y la escasez de mercancías ha contribuido en gran medida a ello gracias a que hubo la posibilidad de encontrar un aliviadero en las instalaciones de turismo que estaban disponibles sin restricciones notables.

El nivel de la tasa de consumición turística de cada familia depende esencialmente de los gastos efectivos en consumición obligada. Es cierto que la consumición obligada no tiene un orden de magnitud absolutamente rígido (124), pero absorbe por sí misma y de forma prioritaria, una fracción relativamente constante de la renta. Cuanto menor es esta fracción, es decir, cuanto mayor es la renta libremente disponible, de más medios se dispondrá para atender a las necesidades de vacaciones y ocio. A medida que la renta aumenta, la parte necesaria para satisfacer necesidades vitales disminuye progresivamente porque, a nivel alimentario, la cantidad de calorías necesarias se mantiene dentro de límites muy estrechos. Los ricos no pueden comer más cuando alcanzan la saciedad, pero es evidente que aplican las reglas de la gastronomía, es decir, que dedican mayores cantidades a alimentación acudiendo con más frecuencia a negocios de refección; su forma de alimentarse cae también en el campo del lujo y de lo superfluo y beneficiando así al turismo. La tasa de consumición turística no crece, pues, proporcionalmente al aumento de la renta, sino con mayor rapidez que ésta. Su elasticidad es superior a la unidad (125).

Esta tabla muestra el aumento progresivo de la tasa de consumición turística cuando aumenta la renta. Al pasar de un nivel de renta al siguiente se libera un volumen creciente de medios financieros que, al no estar condicionados por las exigencias de las necesidades vitales mínimas, quedan libremente disponibles, siendo posible usarlos para cubrir gastos de viaje y ocio. En consecuencia, cuanto más aumentan las rentas más importante es la tasa de consumición turística.

Las cuentas familiares también facilitan información sobre esta materia. Es verdad que incluyen los gastos culturales junto con los gastos en viajes y ocio, lo que no es deseable.

En realidad no se puede concebir un turismo digno de este nombre si no aumenta continuamente la tasa de consumición turística al aumentar la renta. En efecto, salta a la vista que con una renta inferior a los 7.000 F.S. el montante disponible para fines turísticos (189 F. S. en 1951) puede en realidad bastar para un fin de semana o para una marcha a pie durante las vacaciones, pero no permite una estancia prolongada en un hotel ni utilizar los demás equipamientos ofrecidos en las estaciones climáticas o termales. Es cierto que la situación sería más favorable si uno de los esposos, pongamos el marido, fuera tan egoísta que utilizara en su exclusivo beneficio la renta disponible para turismo financiando una estancia en un hotel o un viaje al extranjero. Esto quiere decir que el turismo se apoya ante todo en las rentas medias y altas, es decir, en un sector en el que precisamente la ley del crecimiento progresivo de la tasa de consumición turística alcanza su máximo nivel.