La renta y la demanda turística
 



a) Para viajar hace falta dinero. La ausencia transitoria del domicilio con fines turísticos provoca un gasto que, en general, rebasa la consumición regular en la localidad de residencia y el tren de vida normal. De una parte, es un hecho que los gastos aumentan en vacaciones tanto en valor absoluto como relativo. La experiencia demuestra que en vacaciones se gasta más porque continuamente surgen nuevas necesidades. Por otra, no es posible suprimir completamente los gastos relacionados con la residencia permanente. Existen gastos fijos (alquileres, seguros, mantenimiento) que no desaparecen durante la ausencia y que se suman a los gastos de viaje y de estancia. El turismo ocasiona, en consecuencia, un crecimiento de los gastos con relación a la media habitual.

Esto es lo que explica también por qué es difícil cubrir las necesidades turísticas, es decir, financiar los gastos de viajes y vacaciones, en base sólo a la remuneración corriente, el salario. Estos ingresos no son suficientes, en la mayor parte de los casos, para asegurar a la vez los gastos inherentes al domicilio permanente y los que se producen con el traslado temporal de la familia a una localidad turística. Por ello hay que acumular medios financieros durante un periodo de tiempo relativamente largo y economizar durante meses, una anualidad, es decir, prepararse para cuando llegue el momento de la evasión proyectada o para, si se trata de un viaje a crédito, afrontar la devolución (del préstamo) llegado el momento. El turismo presupone pues, una utilización reflexiva y planificada de la renta, es decir, la existencia de un presupuesto familiar. El turismo es pues incompatible con una vida vivida al día.

La libertad de disposición es mayor entre los que tienen rentas altas o muy altas procedentes del trabajo o del capital mueble e inmueble. De aquí deriva la facultad, para las clases acomodadas, de disponer en todo momento de medios financieros para sus gastos de viaje y de estancia sin que quede afectado, por tanto, su tren de vida habitual (75). Son los titulares de altas rentas quienes han contribuido de manera decisiva al nacimiento del turismo y de sus instituciones y quienes han dado a éstas hasta el siglo XX un cierto carácter aristocrático y feudal. El elevado coste de los desplazamientos en la época de las diligencias y la ascensión del Rigi, con guías y a lomos de mulas, desanimaba a las masas, por lo que se trataba de un lujo reservado a la elite social, es decir, a la elite financiera, la que se encontraba en la cima de la pirámide de rentas. A pesar de la ampliación de la base de la pirámide y del aumento del número de personas que tienen acceso al turismo, éste se financia hoy todavía en gran parte con el patrimonio y con recursos que no tienen su origen en el trabajo. Aunque es verdad que hoy la clase de los rentistas, víctima de la inflación y del aumento de las cargas fiscales, ha sido, en parte, eliminada del ciclo turístico, el turismo continúa, sin embargo, dependiendo muy particularmente de la coyuntura del mercado de capitales y es sensible a las crisis bursátiles, a las devaluaciones de la moneda, et.

Por consiguiente, la existencia de ciertas fracciones de renta añadidas a los recursos destinados a gastos corrientes constituyen la condición material previa, es decir, el sustrato del turismo. El nivel de renta y el patrimonio de la población juega un papel primordial porque condiciona la posibilidad de tomar parte en el movimiento turístico y la importancia de esa participación. Cuanto más rico es un pueblo más importantes son los medios que puede dedicar a fines turísticos. La posibilidad de satisfacer necesidades de orden turístico además de necesidades vitales decrece conforme aumenta el grado de pobreza de un pueblo. Hay que tener en cuenta no tanto el valor absoluto de la renta o riqueza nacional como su distribución. El interés del turismo no reside, pues, tanto en una teórica igualdad de rentas, en una renta media capaz de satisfacer tan solo las necesidades de estancias y viajes; por el contrario, el turismo se beneficia de la existencia de capas sociales privilegiadas, tan numerosas como sea posible, y cuya prosperidad garantice la (prosperidad) de la industria de bienes y servicios turísticos de alta calidad. Así, pues, el ideal de justicia social en el sentido de una descremación de las rentas superiores, por ejemplo, por la fijación autoritaria de dividendos máximos, no armoniza en absoluto con los intereses turísticos. Por el contrario, cualquier esfuerzo para elevar el conjunto de las rentas y de aumentar la productividad de la economía nacional será bienvenido porque establece la condición previa para un aumento de la consumición y, por consiguiente, para el desarrollo del turismo.

La distinción entre turistas de países ricos y turistas de países menos ricos ilustra bastante bien las relaciones entre la prosperidad de una nación y la intensidad del turismo. Es ciertamente bastante rudimentaria y arbitraria, pero, a falta de otros datos, se aplica al cálculo de los gastos medios de los visitantes extranjeros en relación sobre todo con la balanza de pagos. Los visitantes que proceden de países ricos se consideran capaces de gastar diariamente más que los que vienen de países menos afortunados. Alemania, por ejemplo, utilizó este método para estimar los gastos de los turistas extranjeros en 1927 (76); figuraban entre los países especialmente prósperos USA, Gran Bretaña, Holanda, Suiza y los Países Escandinavos.

Sin embargo, esta clasificación presenta un carácter hipotético, en el sentido en que la prosperidad de un país no se traduce automáticamente en una intensificación del turismo sino que sólo crea las condiciones previas. La vocación turística potencial no coincide obligatoriamente con los gastos turísticos reales; los gastos reales pueden ser frenados por otros modos de utilización de la renta o por un sentido del ahorro especialmente pronunciado. También es notorio que los naturales de un país relativamente rico, como Francia antes de 1914, no se caracterizaran por su gran entusiasmo por los viajes al extranjero. Fue la llegada del automóvil lo que hizo que el francés medio perdiera su carácter sedentario teñido a veces de xenofobia. El uso efectivo de fracciones de renta disponible para viajes, en detrimento de la constitución de fondos (de inversión) y la disminución de la mentalidad de rentista son aspectos relativamente recientes en Francia.

La estructuración de la consumición turística no es, pues, una simple ficción o un efecto mecánico de la importancia del cambio de las prestaciones en materia de turismo. Son necesarios otros impulsos, otros elementos reguladores para que una fracción de renta disponible llegue a formar parte del ciclo de consumición turística. ¿Cuáles son, sin embargo, las motivaciones concretas?

b) Según la teoría actual el precio de mercado determina la naturaleza y la importancia del cambio de prestaciones en materia de turismo. La fracción de renta disponible configura la demanda que se enfrenta a la oferta de prestaciones de transporte, de alojamiento hotelero, etc... Cada vez que el juego de la oferta y la demanda fija el precio, cierta cantidad de bienes económicos es cambiada por productos y servicios turísticos, determinando a su vez la magnitud de la oferta y la demanda. Para ver la realización del cambio desde el lado de la demanda es necesario que las ventajas del demandante, es decir, lo que el candidato - turista espera del turismo, rebase en importancia a las ventajas que él obtendría de la satisfacción de otras necesidades con la misma asignación de fondos. Dicho de otra forma, es preciso que el valor subjetivo atribuido por el demandante a su viaje y a su alojamiento sea superior al que atribuye al precio, es decir, al dinero gastado.

En virtud de este principio se obtienen ciertas conclusiones relativas a la naturaleza de la demanda turística. Habida cuenta de que la satisfacción del gusto por los viajes y de la necesidad de estancias no contribuye, en general, como la satisfacción de la necesidad de alimentos, vestimenta y vivienda, a la conservación de la vida física, sino que se considera lujo y es necesidades culturales, la demanda turística está sometida a fuertes fluctuaciones y es muy elástica. Gölden (77) piensa que la elasticidad afecta sobre todo a la demanda de alojamiento, pero que la necesidad de viajar es más acuciante y más rígida. De esta disparidad deduce que “en el pasado, los gastos en desplazamientos han aumentado probablemente en una proporción muy notable con respecto a la renta global y que las empresas de transporte se han beneficiado más de ello que las empresas de alojamiento de la industria hotelera (78).

c) Parece, en todo caso, que esta forma de presentar las cosas no pone aún suficientemente al día las verdaderas causas de una evolución que por lo demás está correctamente descrita. Dicho de otro modo, la estructura efectiva de la consumición turística queda insuficientemente explicada por medio de una encuesta sobre la demanda y su comportamiento en el mercado, debido a que la demanda, como concepto económico, no es más que la disposición a adquirir cantidades determinadas de bienes determinados a precios igualmente determinados. La elección de bienes se considerada, en principio, como un hecho complejo; sólo queda por determinar la calidad, que depende del precio al que es ofrecida o demandada.

Como ya se ha dicho en la primera parte de este estudio, la demanda refleja solo muy esquemáticamente la situación del mercado en un momento dado porque no es más que una abstracción. Podríamos también concebirla como el resultado de una cristalización en la que las fuerzas reales que condicionan la consumición quedan fijadas. Ya hemos intentado establecer un puente sobre el hiato que existe entre la demanda y la consumición. La demanda, presentada como partenaire de la oferta, ha sido integrada a la fuerza en el esquema racional de la curva del precio. Pero al mismo tiempo se fuerzan un poco las rendijas para dejar entrar en ella factores irracionales, en referencia a ciertos casos de comportamiento no económico, la moda, por ejemplo. Se ha creído aproximarla así a la realidad.

¿No es tentador, entonces, renunciar a semejantes paliativos y partir de nuevo en busca del denominador común de los diversos comportamientos del consumidor y, sobre todo, del turista? Este método nos llevará a estudiar realidades ocultas anteriores a (la demanda) y permitirá dar un sentido concreto a términos tan equívocos como convencionales, tales como la necesidad del viajero, el valor subjetivo de los desplazamientos y las estancias, y a explicarlos teniendo en cuenta sus orígenes y las relaciones que existen entre ello.