Importancia creciente de la noción de consumición
 



a) Si hacemos un balance provisional de nuestro estudio, constatamos que el turismo no debe ser considerado exclusivamente desde el punto de vista de la producción y del mercado. El estudio del turismo no puede ser llevado a cabo más que si no se pierde de vista la consumición y los factores que la explican. Sin el conocimiento de las condiciones subjetivas y del lugar que ocupa el turismo en la escala de necesidades del individuo y de su clase social, es decir, en el conjunto de la colectividad, cualquier teoría sobre esta materia es forzosamente fragmentaria. Es cierto que la orientación a la consumición no es exclusiva del turismo; en todo proceso económico, en toda operación comercial efectuada en el mercado, se advierten razones que influyen en la elección del consumidor que se sitúan más allá de las estrictas leyes económicas y de la ficción del homo economicus. Lo dicho no constituye una diferencia de principio sino del grado en el que se manifiesta la actitud del consumidor de acuerdo con la urgencia de la necesidad sentida.

La consumición de bienes y servicios de primera necesidad, el caso del pan por ejemplo (62), se caracteriza por su continuidad y su constancia dentro de cada nivel de renta (de ello resulta una visión de conjunto relativamente simple o incluso la transparencia del mercado).

Por el contrario, cuando el consumidor desea satisfacer sus necesidades secundarias o de lujo, son sus hábitos, tanto cuantitativos como cualitativos, los que influyen. En otros términos, la influencia del nivel de vida es muy fuerte y manifiesta que la demanda es más elástica.

Así entendido, el turismo es un ejemplo típico de la satisfacción de necesidades que corresponde a la idea que se tiene del modo de vida apropiado a su nivel. El turismo no se explica, por tanto, solo en base a consideraciones de utilidad sino que además contiene una gran parte de elementos extraeconómicos, queremos decir irracionales. Para tenerlo en cuenta hay que hacer una investigación del turismo al margen de los datos objetivos y de las instituciones y considerar los sentimientos del individuo y el modo de vida elegido, lo cual lleva, en resumidas cuentas, a concebir al turista, ante todo, como un consumidor de bienes y servicios.

Es, pues, en la orientación de la economía turística hacia el consumidor y su comportamiento condicionado por las tradiciones y el medio social donde residen los progresos de la teoría en estos momentos. Los resultados anteriores no han sido rebasados ni, por tanto, desvalorizados; al contrario, han sido enriquecidos y orientados desde el punto de partida y el punto de llegada del turismo, e integrados orgánicamente en un cuadro sinóptico de la actividad turística. Cerny ha dado un primer paso hacia una síntesis de los factores de producción y de consumición en el turismo; este autor, sin embargo, coloca aún en primer plano las relaciones cuantitativas (63).

b) Tal concepción no pretende tener una originalidad particular. Al poner el acento en la consumición resalta un hecho esencial ya reconocido; en efecto, muchos observadores del turismo han advertido que un número importante y siempre creciente de viajes no son realizados por razones de orden profesional o lucrativo sino más simplemente por el placer de viajar, razón por la cual adquieren un carácter autónomo. Vemos personas que van a lugares próximos o lejanos para adquirir formación intelectual, por esparcimiento físico, o, simplemente, porque están hastiados de su entorno habitual, “rerum novarum cupidi”, decían los antiguos romanos para referirse a la necesidad humana de descubrir sin cesar cosas nuevas: estos viajeros llevan en sí mismos la razón de su viaje. Quieren distinguirse de algún modo de su vecinos, para quienes el abandono de su lugar de residencia está relacionado con su actividad profesional o comercial; en sus desplazamientos, los hombres de negocio buscan objetivos que nada tienen que ver con su bienestar físico o psíquico; su desplazamiento tiene, por tanto, carácter heterónomo. Se trata de las diferencias entre peregrino y mercader. Puede ser que ellos vayan por los mismos caminos y que descansen en los mismos lugares, pero se diferencian fundamentalmente por su mentalidad y su comportamiento.

Económicamente hablando, esta diferencia radica en el hecho de que el peregrino es, solo y exclusivamente, un consumidor de bienes y servicios. Podemos considerarlo como el representante de la categoría de los turistas, de los “forasteros”, de los que gastan dinero en el país, de los que no se dedican a ninguna actividad productiva. La característica primordial de los turistas reside en su papel de consumidor y en la ausencia de espíritu de lucro. Stradner (64) da de ellos la definición siguiente, en el estilo barroco de Austria en los tiempos de la doble monarquía: “En este caso, la necesidad de los foráneos entra en relación con nuestros medios para satisfacerla, sin que esto lleve a que, por nuestra parte, tengamos necesidad, a su vez, de buscar medios foráneos para satisfacerla”.

No acontece lo mismo en el caso del mercader que realiza viajes con fines profesionales o lucrativos. A él lo que le interesa es crear “la necesidad de buscar medios foráneos para satisfacerla”; dicho de otro modo, trata de vender lucrativamente mercancías en el extranjero. Según Stradner, “los gastos personales derivados del viaje y la estancia no son más que un elemento accesorio a sumar o restar del balance” (65) que refleja el resultado del desplazamiento. Contrariamente al turista, el hombre de negocios que viaja no responde a las características del consumidor puro, porque aporta
y toma a la vez a/de la producción y la actividad económica del lugar o el país que visita.

c) La diferencia de naturaleza (entre ellos) está en la base de la mayor parte de las definiciones del turismo, las cuales resaltan, en la circulación de personas, la parte concerniente exclusivamente a la consumición. Según Morgenroth (66), los turistas “se alejan de su domicilio habitual para estanciar en otros lugares exclusivamente como consumidores de mercancías y otros bienes económicos”. Otras definiciones expresan la misma idea, acorde con la constatación negativa de que el turismo en los lugares de estancia “no está relacionado con ninguna actividad lucrativa principal, bien sea permanente o transitoria (67). Autores anglosajones, como Norval (68), se refieren secillamente al turista como aquel individuo que gasta momentáneamente en el lugar de estancia (pasajera) un dinero que ganó fuera de él: “We define the tourist as one ... who spends in the country of temporary sojourn money which has been earned elsewhere” (“definimos al turista como la persona que gasta en el país donde se encuentra transitoriamente un dinero que ha ganado en otro lugar”) (el subrayado es del traductor francés).

La mayoría de los autores está, por tanto, de acuerdo en el carácter de consumición pura que tiene el gasto turístico, lo que ha llevado a decir a Günther que la teoría del turismo se puede incluir perfectamente en un tratado sobre la consumición (69). Pero como es difícil fijar estadísticamente la frontera entre el turismo y los viajes de negocios, las diferencias entre ellos suelen ser difíciles de precisar. Koller (70), por ejemplo, incluye igualmente en el turismo suizo a las personas que abandonan transitoriamente su domicilio habitual por razones de orden profesional (especialmente cuando hacen viajes de negocios). Con esta concepción amplia (del turismo) se incluyen en las estadísticas hoteleras todos los clientes que han elegido esta modalidad de alojamiento por la imposibilidad de que las encuestas individuales sobre la finalidad del desplazamiento permitan establecer con claridad las diferencias (existentes) entre viajeros de negocio y turistas. En otros términos: en las estadísticas turísticas figuran clientes que no son turistas, aquellos visitantes extranjeros en el sentido en el que precisamente entendemos a los hombres de negocios eliminado de nuestra definición. A pesar de la incompatibilidad entre la definición (de turista) y su consideración estadística (71) hay que mantener el principio según el cual gastos turísticos son únicamente los que se dedican a consumición; el turista es (solo y exclusivamente) un consumidor. Esta es la característica fundamental del turismo y su verdadero credo.

En efecto, es sólo sobre esta base sobre la que se pueden comprender las tres particularidades del turismo, a saber:

aa) Modo de financiación del viaje

Mientras que los gastos que se dedican a los viajes profesionales o de negocio son soportados por la empresa y quedan incorporados a los costes de producción bajo el concepto de gastos diversos, los viajes no comerciales, es decir, el turismo según nuestra definición, son financiados con ingresos personales.

Los viajes profesionales y los viajes de negocio son fenómenos concomitantes con el tráfico de mercancías y forman por ello parte del sector de la producción; por el contrario, el turismo tiene que ver con la utilización de renta puesto que determina y orienta sus modalidades (de utilización). Debe, por consiguiente, ser incluido en el sector de la consumición. Esta concepción es la única que permite elegir entre diferentes maneras de consumir y poner al turismo en competencia con las demás necesidades en el marco del nivel de vida. En ella se basan todos nuestros trabajos.

bb) Efectos sobre la economía de la localidad turística

En tanto que consumidores, los turistas aumentan la circulación monetaria del lugar turístico, elevan el poder de compra de la población autóctona y aumentan la cifra de negocios del comercio y de las industrias locales así como el valor de la tierra (renta funciaria).

El resultado económico generado por el turismo juega un papel más importante que el generado por los desplazamientos profesionales porque los gastos de los turistas son, en general, más elevados y más diferenciados que los de los hombres de negocios y porque los de éstos no dan lugar, como ya se ha dicho, a contraprestaciones por parte del comercio local. El vacacionista no es más que un utilizador, no es un proveedor. No trabaja para compensar gastos; no lleva a cabo - ya lo hemos dicho - ninguna actividad productiva. Sus efectos sobre la economía local son acumulativos y se traducen en concentración de empresas comerciales y en prestaciones de servicios. En resumen, la estructura económica de una localidad turística está más diferenciada que la de una localidad industrial, por ejemplo (72).

cc) Gastos en materia de transporte

En el proceso económico, los servicios de transporte representan un medio de producción sujeto a leyes económicas. En el turismo, por el contrario, (estos servicios) revisten las características propias de un bien de consumición cuya adquisición es cuantitativa y cualitativamente ilimitada. Esta distinción es importante en materia de transporte, tanto en el plano teórico como en la práctica. En efecto, en el primer caso, es importante satisfacer las necesidades de transporte utilizando tan racionalmente como es posible el equipamiento existente puesto que cualquier utilización excesiva conduce necesariamente a un aumento de gastos perjudicial para la empresa y para la economía nacional. Por el contrario, en el segundo caso, y siempre que a largo plazo la libertad de consumición continúe siendo parte integrante de nuestro orden económico, no importa el gasto que se haga en transporte. El propietario de una fábrica que aumente con dos nuevas unidades un parque de vehículos ya poco utilizado hace un mal negocio en el plano profesional y una inversión inútil en el plano económico nacional. Pero si un individuo adquiere para su uso personal dos coches de lujo no da pie a ninguna crítica desde el punto de vista de la economía nacional porque se trata de la utilización de su propia renta personal. Sólo la pertenencia del turismo a la esfera de la consumición justifica su especial posición con respecto a la industria del transporte en general (73).

d) Gracias a los argumentos expuestos más arriba, y gracias sobre todo a la constatación de que las relaciones entre turismo y localidad visitada “están exentas de cualquier intención de lucro y se limitan a la consumición de bienes” (74) pensamos haber puesto suficientemente de relieve la relación turismo - consumición y se nos dispense tener que aportar nuevos argumentos. Todo lo que se ha dicho sobre este asunto no se refiere más que al método, al desarrollo concreto (del concepto) del turismo y no a su origen.

La identidad:

turista = consumidor

traduce esta fase externa y aparencial.

Queda por examinar en qué condiciones se realiza (el turismo) en el marco del espíritu del consumidor, bajo qué forma de toma de decisiones individuales concernientes a la elección del consumidor tiene lugar. Es decir, nos queda aún por estudiar la consumición en el plano genético. Esto es lo que nos lleva a la segunda parte de nuestro estudio.