Las etapas del conocimiento del turismo
 


Por turismo se entienden dos cosas:

1º Una actividad humana que externamente se refleja en una ausencia pasajera del domicilio por móviles psico-físicos.

2º El quipamiento técnico-económico previsto para facilitar dicha actividad.

Esta concepción engloba, pues, simultáneamente, un elemento subjetivo y el sustrato material que le sirve de base. La palabra turismo evoca tanto la imagen de una muchedumbre abigarrada de turistas como el equipamiento que se orienta al servicio de ellos: ferrocarriles, hoteles, centros climáticos, manifestaciones de cualquier tipo, etc… El elemento desplazamiento limitado en el tiempo nos hace pensar en viajes, en medios de transportes y en estancias en la localidad turística elegida; el turismo está compuesto, pues, por una primera etapa móvil y dinámica y por otra etapa, posterior, inmóvil y estática. En la terminología francesa, la primera fase, la relativa al transporte, se denomina “tourisme actif”, mientras que la segunda, la relacionada con la estancia y con su desarrollo, se define con el término “tourisme réceptif” (51). El turismo presenta, en tanto que objeto de reflexión y de investigación sistemática y científica, una serie de particularidades (52).

a) De entrada, la indiferencia total y el mutismo más absoluto de la ciencia hasta hace muy poco. Mientras que el tráfico de mercancías, los intercambios de bienes de un país a otro o en el interior de las fronteras nacionales suscitan siempre el más vivo interés de los economistas, una materia que llegó en la época de mercantilismo a ocupar el centro de la doctrina, el turismo, es decir, la circulación de personas, venía pasando inadvertido. El extranjero ha llamado la atención y a veces incluso ha suscitado desconfianza como negociante o transportista de mercancías. Las leyes medievales de la hospitalidad, con sus reglamentos relativos a visitantes extranjeros, sobre todo mercaderes, y la forma de tratarlos, fueron instrumentos específicos de la política de abastecimiento. El fin de la política consistía en concentrar el comercio en ciertas ciudades y reservarlo para sus ciudadanos. Testimonios sobre flujo de extranjeros en esta época, que revestía la forma de peregrinación, viajes educativos y curas termales, no se encuentran, salvo raras excepciones, (53) en las obras de economía sino en las de literatura.

Sería excesivo responsabilizar de ello a la miopía de los economistas de antaño. La razón no es otra que el escaso número de viajes de carácter pacífico que había en el pasado. (Hacer) desplazamientos solo era, en principio, posible para una capa minoritaria de la población, numéricamente pequeña, sobre todo la nobleza, los clérigos, los comerciantes relacionados con el extranjero y sus asociaciones: las hanseáticas (54).

La atracción del extranjero la sentían también los profesionales y los estudiantes que atravesaban los países a caballo. Pero la masa de la población campesina y obrera continuaba (siendo) sedentaria en el sentido estricto del término, preocupada ante todo de asegurarse una alimentación conforme a su nivel de vida, lo que excluía cualquier posibilidad de utilizar sus ingresos para conseguir fines turísticos. Carecemos, pues, de observaciones precisas basadas en estadísticas globales. Los movimientos esporádicos de viajeros por rutas por las que pasaban caravanas de comerciantes, sin duda importantes para la economía y la prosperidad de los individuos en el pasado, ocupaban numéricamente un segundo plano. Las “delicias materiales” (“Güterseligkeit”, v. Gottl) no solo arrojaron sus sombras sobre la idea que se hacían de la consumición sino que también les impidieron discernir las primicias del turismo moderno. El destino común permite darse cuenta del estrecho parentesco que existe entre la consumición y el turismo.

b) Ante el formidable crecimiento de los viajes que siguió al desarrollo industrial y a la revolución en las técnicas de los transportes en el siglo XIX, la economía política se vio obligada a no seguir ignorando el turismo. Con muchas dudas, es cierto, hacia finales del XIX comenzó - al principio muy fragmentariamente - a interesarse científicamente por las migraciones temporales de los hombres y por su concentración pasajera en ciertas regiones privilegiadas por la naturaleza. Una vez más, no fue por azar que la parte objetiva del turismo, esto es, la cifra de negocios y el capital invertido, recibiera atención por parte de los gobernantes. Esto es lo que significa el término erróneo pero muy adecuado de “industria del turismo”. Resalta el prodigioso desarrollo- a un ritmo a veces casi americano- de la hotelería y de su clientela, de las estaciones climáticas transformadas en nuevos centros comerciales y de la construcción de ferrocarriles y carreteras de montaña. Todo esto le dio el carácter de nueva rama de la economía y las investigaciones del turismo se orientaron hacia los aspectos cuantitativos e institucionales.

Fue así como acabó por reconocerse en la misma época la beneficiosa influencia del turismo en los movimientos internacionales de capitales y en la balanza de pagos (rentas turísticas). Las entradas de divisas que generan los gastos de los turistas se convirtieron rápidamente en un importante factor de desarrollo económico y de rentabilidad del turismo. Numerosos estudios se dedicaron a este tema (55). En la época de liberalización de las relaciones económicas mundiales, sobre todo las relativas a la libre circulación de viajeros de un país a otro, las corrientes turísticas se dirigían hacia aquellas regiones y localidades tradicionales que se destacaban por sus condiciones naturales. (El Rin entre Mainz y Colonia, los Alpes suizos y austríacos, la costa mediterránea francesa e italiana, las playas del mar del Norte, las ciudades de aguas termales famosas del triángulo de Bohemia: Karlsbad, Marienbad, Franzensbad, etc...).

Estas regiones recibieron sin especial esfuerzo un maná financiero que aumentaba al mismo ritmo que aumentaba el movimiento turístico. La abolición de la liberalización de los viajes internacionales durante la primera guerra mundial, las restricciones progresivas que siguieron a la crisis económica mundial de comienzos de los años 30 y la adopción por importantes países de un control de cambios (monetarios), perturbaron el mecanismo autónomo del turismo internacional y las dos guerras mundiales tuvieron como efecto su más completo enrarecimiento. Cada vez más, los viajes al extranjero se situaron bajo un régimen de compensación económica recíproca. La vieja comunidad turística mundial se descompuso en sectores aislados que obedecían a corrientes autónomas. Los flujos de extranjeros hacia países clásicos, como Suiza, chocaron con barreras y medidas que los constriñeron o los desviaron. El Estado intentó intervenir para conservar, en periodo de crisis de la balanza de pagos, la partida del activo “turismo” que había llegado a ser doblemente valiosa. No se trataba solamente de salvaguardar los intereses turísticos en las relaciones económicas con el extranjero, al mismo tiempo había que paliar la situación crítica de la industria del turismo en el país debido al descenso parcial de visitantes extranjeros. El Estado se dedicó entonces a promover activamente una política turística; nos movemos solo a pequeños pasos como consecuencia del dirigismo.

c) Situada de esta forma en el primer plano de las preocupaciones de la política económica y expuesta bajo los proyectores de la publicidad, la industria turística encontró cada vez más aceptación por parte de la opinión pública. El mérito de esta evolución recae no solamente en las organizaciones profesionales encargadas de la defensa de sus intereses sino también en una literatura científica cada vez más abundante. En lo que concierne a Suiza, mencionaremos, además de los autores ya citados, a Gölden (56), Gurtner(57), Koller (58), etc.... sin olvidar las excelentes y abundantes reseñas facilitadas desde fines de 1933 por las estadísticas federales de turismo. La escuela alemana anterior a la etapa nacional-socialista está representada por Glücksmann, Bormann, etc... Angelo y Giovanni Marotti, en Italia, Peyromaure-Debord, en Francia, Norval y Ogilvie, en los países de lengua inglesa, figuran entre los autores más importantes. Mencionemos igualmente la contribución de países de la Europa Oriental al desarrollo de la doctrina turística, gracias sobre todo a Markos, en Hungría y Cerny y Charvat, en Checoslovaquia. No obstante, Austria, país donde, antes de la primera guerra mundial, Stradner y Schullern zu Schrattenhofen pusieron las bases de una teoría económica científica del turismo, tiene derecho a considerarse como pionero en esta materia.

Fue así como el velo que ocultaba numerosos aspectos del turismo fue finalmente levantado. Los muy rudimentarios conocimientos con los que las ciencias económicas se habían conformado hasta ahora, que no rebasaban el problema de la balanza de pagos, se ampliaron hasta ofrecer una visión de conjunto del turismo. No es disminuir el mérito de los trabajos citados constatar que estaban todavía basados en consideraciones puramente materiales y ligadas a los mercados ya que sus autores estaban preocupados ante todo por estudiar el equipamiento turístico, su ordenación, sus dimensiones económicas, su rentabilidad. Las motivaciones humanas que condicionan y determinan estos aspectos y que se inscriben en el marco de las condiciones sociales y son función de la renta les interesaban menos. Dicho de otro modo, el turismo ponía de relieve los problemas de la producción, no los de la consumición. Dos ejemplos tomados de obras recientes lo atestigua.

aa/ La aportación de Troisi (59). Basándose en los estudios de Marshall y en su teoría de la renta, Troisi limita los aspectos económicos del turismo al beneficio particular, plusvalía o “soprappiù”, obtenido por el empresario turístico, es decir, precisamente, a la renta turística. En el pensamiento de Troisi, la renta turística se basa en la existencia de bienes libres (clima, vistas, manantiales de aguas medicinales) ventajosamente situados, así como en el patrimonio artístico y cultural o en otros focos de atracción (por ejemplo, la gastronomía) de una localidad o de una comarca determinada. El beneficio que el empresario obtiene de su situación privilegiada, de su monopolio o cuasi-monopolio, es un ingreso suplementario o adicional, es decir, es la renta turística. La renta turística tiene otros elementos que pueden ser de naturaleza psicológica, como por ejemplo, la propensión a gastar más dinero en una estación climática que en otra. Troisi no sólo agrega las diversas rentas turísticas en un todo: el beneficio neto del productor (60), sino que sencillamente identifica el total con la renta turística, lo que constituye a fin de cuentas una tautología.

bb/ Partiendo de un principio dogmático análogo, se trata de explicar las particularidades económicas del turismo por la duración del proceso de producción. Refiriéndose a la clasificación de los economistas anglosajones modernos, Röpke (61) adopta la división de la producción en tres sectores “Primary production” (agricultura y otras actividades básicas), “secunday production” (industria) y “tertiary production” (productos de calidad, bienes culturales) o “beni d´ozio” según Einaudi. Los viajes de placer, en una palabra, el turismo, constituyen para Röpke los productos típicos de la “tertiary production”, lo que presupone contar con un mínimo de producción en los dos primeros sectores. (La presencia) de estos dos sectores refleja una cierta prosperidad. Ellos se desarrollan (al unísono) con la mejora de las condiciones de vida y de bienestar material. Pero, al afirmar que los bienes del tercer sector no pueden ser obtenidos más que después de haberse satisfecho previamente las necesidades de bienes de los dos primeros sectores se toma, sin saberlo, como criterio, la estructura de la consumición. En efecto, no es posible cubrir las necesidades culturales o de lujo más que después de haber satisfecho antes las necesidades psicológicas necesarias (sic) para la vida.

Es, pues, basándose en la consumición, es decir, en el nivel de vida, como se clasifica la producción. Desde un punto de vista puramente técnico, la mayor parte de las actividades turísticas, la distribución de los alimentos o la provisión de medios de alojamiento por parte de la hotelería, que responden a la satisfacción de las necesidades de alimentación y de alojamiento, deben incluirse en la “primary” y en la “secundary production”. Sin embargo, desde el punto de vista de la empresa, no hay ninguna diferencia entre ellos porque tanto el campesino como el industrial, lo mismo que el empresario turístico, por ejemplo, el propietario de una tienda de tornaviajes localizada en un balneario termal, todos buscan todos del mismo modo la explotación exitosa del capital invertido.