Atractivos de la nueva metodología en la economía política moderna
 






aa/ La teoría de los ciclos económicos

Fue precisamente una ley psicológica concerniente al comportamiento del consumidor la que dio un nuevo impulso a la economía política convirtiéndola en el polo de atracción de las discusiones modernas sobre la dinámica de la economía y sobre la evolución de la coyuntura. Nos referimos a la tesis fundamental según la cual los hombres están dispuestos, en general, a aumentar la consumición a medida que aumenta la renta aunque en menor proporción que el crecimiento de ésta (40).

En otros términos, esto significa que al crecer la renta tiene lugar un aumento más que proporcional del ahorro. “También el ahorro lleva en sí mismo el germen de una contracción cuya evolución es igualmente acumulativa” (41).

Esquemáticamente, he aquí como ocurren las cosas: un ahorro creciente tiene como consecuencia un descenso de la demanda de bienes de consumición. El descenso de la consumición tendrá efectos negativos sobre el nivel de empleo en las industrias de bienes de consumición, que manifestará síntomas de crisis, la cual se transmitirá a la producción de bienes de equipo, puesto que la venta de estos últimos depende del nivel de ventas de la industria de bienes de consumición. El potencial de producción rebasa las posibilidades de absorción del mercado , las ventas se retraen, los stoks aumentan y aparece el desastroso paro masivo.

Es evidente que la menor propensión a consumir que acompaña al aumento de los ingresos no basta para explicar el origen de la crisis. Esta explicación hace abstracción, sobre todo, de amplios sectores de población cuyas limitadas rentas nunca lo permiten aumentar la consumición incluso aunque quisieran gastar más (43).

Pero lo que es esencial para nuestro propósito es la atención creciente que se concede al comportamiento del consumidor en la teoría de los ciclos económicos (44) y la importancia decisiva atribuida a los gastos de consumición en la terapéutica de la crisis. La teoría del poder de compra que hemos examinado tan solo se ocupa de superar la fase de depresión económica aumentando la consumición, incitando a la gente a comprar más, y no con medidas de reanimación de las inversiones…; la lucha contra la crisis, es decir, la política que tiende a asegurar el pleno empleo, se limita a aumentar la venta de bienes de consumición (45)”. Así pues, la consumición ocupa, al menos en el plano cuantitativo, el centro de la atención en la teoría de los ciclos económicos y de la política anticíclica.

bb/ Estudio del circuito económico

Por razones didácticas, con el fin de delimitar mejor la realidad y para comprenderla mejor en la práctica, la economía política recurre cada vez más a la idea de circuito económico para explicar el proceso económico. Jöhr (46), por ejemplo, basa sus investigaciones sobre la inflación de postguerra no en la teoría cuantitativa sino en la teoría del circuito. Sustituye “los conceptos cuantitativos abstractos, como masa monetaria y volumen de negocios, así como los instrumentos ficticios, como velocidad de circulación de la moneda y nivel de precios, por magnitudes menos abstractas que permiten hacerse una mejor idea de la estructura de la economía nacional y de la evolución del proceso económico”. Este método facilita un mejor conocimiento y a menudo incluso permite tomar conciencia del papel del consumidor, cuyos gastos están en el origen y constituyen la pieza maestra del circuito de la renta. Sin embargo , la teoría del circuito no es más que una simple consideración del consumidor, puesto que se limita a considerar el factor moneda y el factor mercancía y calcula el nivel de precios según la relación existente entre ambos factores.

A pesar de los avances de la economía política moderna, cuyos estudios gravitan alrededor del consumidor, a pesar del reconocimiento formal de la consumición como el alfa y la omega (47) de la economía, de ello no podía resultar una explicación satisfactoria del proceso de consumición como tal. La teoría del cambio, en el centro de la cual se encuentra el mecanismo de formación del precio, no reserva lugar a una teoría autónoma de la consumición. Bajo la influencia de la cataláctica, que se identifica en gran medida con la teoría económica moderna, la economía política es deudora del impulso decisivo para tener (debidamente) en cuenta la consumición.

cc/ La política económica

La frenética aceleración del crecimiento económico que ha tenido lugar durante las últimas décadas y, sobre todo, durante los últimos años, nos ha permitido seguir, con una extraordinaria nitidez, las diversas formas de actividad que ha revestido, lo que ha revelado el interés de la economía política por el estudio de los problemas del sistema económico y la ha llevado a replantearse “la cuestión del orden económico” (Eucken)

Si bien después de la crisis económica mundial de los años 30 se tendió claramente hacia una restricción del libre juego de las fuerzas del mercado y de la competencia a través de medidas de intervención ajustadas o no, hoy asistimos en el mundo occidental a un sintomático renacimiento del pensamiento liberal. La escuela neo-liberal es su abanderada y pone deliberadamente en primer plano la libertad de consumición, que ella considera como un elemento constitutivo de la economía libre de intercambio y como la antítesis de las economías planificadas o centralizadas. Es esta corriente ideológica la que “ha salvado el honor de la consumición” (47a) y la que ha promovido a su representante, es decir, al consumidor, al rango de agente central del crecimiento económico. Después de haber pasado por (ser) un simple objeto de cálculo para la política económica, el “condenado de la tierra” según una sorprendente expresión, este personaje está llamado actualmente a hacer valer sus derechos soberanos.

Si no queremos que lo que acabamos de decir se quede en pura retórica hay que garantizar al consumidor ciertos derechos, de forma que quede asegurada su posición-clave en el desarrollo económico, así como el correcto funcionamiento del “mercado de compradores” (buyer´s market). No se trata sólo de proteger al consumidor contra los monopolios y los acuerdos que afectan al precio. Es preciso mejorar también su conocimiento del mercado y permitirle comparar precios y calidades, lo que a su vez exige una tarea educativa. “En una sociedad como la nuestra, la educación del consumidor requiere una legislación justa y protectora” (48), lo que exige, en consecuencia, medidas que protejan al consumidor por medio del mantenimiento en la competencia (49); pero esto se escapa del marco de nuestros propósitos.

La última corriente de ideas, que trata de asistir al consumidor en el mercado y a compensar su debilidad con respecto al productor y al vendedor, está estrechamente ligada a la teoría de la consumición. Hay que conocer las condiciones y las reglas que presiden la consumición para poder intervenir en favor del consumidor. Cuando la política económica defiende al consumidor se diferencia de la política tradicional (50); en efecto, ella no se inspira en consideraciones sociales y cuantitativas, es decir, no aspira a aumentar el aprovisionamiento de bienes; al contrario, considera que el ordenamiento del desarrollo económico a partir del consumidor final es el objetivo que hay que perseguir. Para que la tarea que se ocupa de orientar al consumidor en el marco de la economía liberal sea efectiva y no una mera metáfora, hay que reforzar de un modo más sistemático y más global que antes la posición del consumidor en el mercado. Es evidente que, visto desde este ángulo, la teoría de la consumición reviste el carácter de una gran actualidad.