El criterio de libertad en la educación como instrumento de compulsión económica



¿Qué se entiende por libertad? Bajo una contextualización capitalista, es la facultad que tienen (como un derecho) los individuos de actuar ante la sociedad en beneficio propio, siempre y cuando ello no venga en perjuicio de los demás.

Dentro del nexo capitalista, la libertad es un concepto que se mueve a nivel de lo individual y emerge ante lo social como un estado de derecho de garantías individuales.

Dicha concepción se inspira en mucho en el liberalismo inglés del siglo XVIII. En especial en los principios postulados de John Locke (1631 – 1704), quien defiende el derecho individual del hombre como algo inalienable. Postula el derecho natural de los individuos de conservar su propia vida, así como el derecho a la libertad.

Ante el individualismo lockeano se perfilan tres aspectos de teoría política. Primero, el poder político reside en el pueblo, y puede ser reasumido por los individuos, por que los derechos humanos son inalienables; segundo, el estado no tiene otra misión que servir a los individuos y velar por su bienestar común, particularmente su propiedad; y tercero, el poder político debe dividirse en poder legislativo y ejecutivo, y ambas equilibrarse y frenarse mutuamente.

Estos aspectos serán criterios que inspirarán a la formulación del Estado democrático burgués surgido de las sociedades “modernas” capitalistas.

En el feudalismo la libertad sólo podía alcanzarse después de la muerte y se realizaba a través de lo divino. Era un concepto post-mortum. Nunca en la vida se podía ser libre pues el nombre estaba bajo el sojuzgamiento de Dios, por lo que en la vida terrenal se debían hacer méritos mediante el sacrificio para ganarse el ultratumba la libertad y la felicidad que esta proporciona a quien la ostenta.

Federico Nietzsche (1844-1990) –aún que es un autor más contemporáneo-, criticó gravemente esta postura en su libre titulado “El Ante Cristo”. En el que afirma la libertad encuentra su máxima expresión en la fe católica (ideología reminiciente del feudalismo), puesto que esta afirmaba el derecho divino de los reyes y de las clases aristotélicas, que es el elemento de sometimiento que sumerge al hombre a la sumisión y a la condición del minusválido.

La ilustración inglesa imprime su sello característico en el pensamiento de teóricos tales como el inglés Adam Smith (1694-1774). El primero creía que los factores económicos se eficientaban -perdón por el “terminajo”-, si éstos gozaban de un libre tránsito entre unos y otros, por lo que la ingerencia de cualquier organismo que tratara de alguna manera de influir en la economía, entorpecía el buen funcionamiento del sistema. Este último se regulaba así mismo, por lo que había una especie de “mano invisible” que mantenía la economía en un estado sano. Por lo mismo, no existía la necesidad de ningún tipo de organismo regulador. Lo que significa que el Estado debía abstenerse de intervenir en forma directa en la economía, quedando relegado su papel al de mero legitimador del sistema (tesis que les acomoda muy bien a las actuales administraciones neoliberales del país). El segundo, F. Quesnay, fundador de la fisiocrática como en los teóricos de la ilustración francesa, sosteniendo que la libertad de hacer y de tránsito era condición sine cua non para el buen funcionamiento de todo sistema económico.

Adam Smith dijo de la “libertad” que esta significaba para la naciente clase capitalista de la época clásica, recursos disponibles para la explotación dentro del ámbito de la producción. En la circulación, garantizaba el libre flujo de mercancías necesarias para la conversión del capital mercantil en capital dinerario (Ciclo del capital), y con ello la realización del trabajo no pagado a la clase obrera (plusvalía).

El cambio histórico del feudalismo al capitalismo significó el desplazamiento de la antigua clase hegemónica feudal (Aristocracia) por una nueva (Burguesía) y de la impostación -dentro de la formación social mercantil- del modo de producción capitalista como instancia determinante del resto de modos de producción vigentes en dicha época. Suprime al servilismo feudal y funda el asalariamiento capitalista.

Políticamente, la ideología clásica de libertad sirvió de justificación y legitimidad histórica a la penetración colonial de los países capitalistas en territorios que tenían formaciones sociales distintas. “Dejar hacer. Dejar pasar”; dicha formula, se aplicó unilateralmente penetrando en las naciones subdesarrolladas e invadiendo sus mercados.

Existiendo ventajas comparativas en la producción de las exportaciones, la intervención extranjera capitalista significó el frustramiento de las incipientes burguesías periféricas y, consecuentemente, su rezago económico y dependencia.

Para la clase trabajadora feudal (siervo), la libertad “clásica” les brinda la oportunidad de liberarse del encasillamiento y explotación de la que eran objeto de los señores feudales, y les dio la libertad de vender su fuerza de trabajo a quienes ellos desearan. La explotación proletarizada del capitalismo resultaba más sutil que la feudal, más al fin de cuentas la explotación era inminente.

Así en la actualidad el criterio de libertad individualizada del capitalismo neoliberal inspira al Hombre a actuar en beneficio personal. Justificando tal egoísmo en el Principio de León Walras que manifiesta que, al buscar cada individuo el mejoramiento de su nivel de vida –lo cual es un derecho inspirado en dicho criterio de libertad -, contribuye con ello al mejoramiento del bienestar de la comunidad. Con ello se da la formula (¡panesea universal!), que garantiza el mejoramiento permanente del bienestar social. Por lo que no sólo es un derecho sino una obligación de todos los hombres el buscar su superación personal. Individualismo inminente.

En las sociedades “modernas”, la legitimidad de un sistema fundado en relaciones sociales de explotación del Hombre por el Hombre, el principio walrasiano les queda “como anillo al dedo”. Ahora bien, complementado por los “slogans” de los economistas liberales del Siglo XVIII (encabezados por Adam Smith), quienes divulgaban “a grito en cuello” su principio evangelizador “Dejar hacer. Dejar Pasar”; y con esto se le da un eco muy especial a la concepción liberal de libertad. Enfatizando las ‘alucinaciones verdes’ de los capitalistas que se inspiran en reproducir un sistema que en verdad sólo les beneficia a ellos y viene en depauperio de las mayorías asalariadas.

El principio paretiano ha sido contradicho por la realidad de toda sociedad “moderna” capitalista. El beneficio de unos se funda en el perjuicio de otros. Esto en términos absolutos y/o relativos. Ante una formación social basada en la explotación, el ascenso de una clase se logra a costa de un depauperio de otra. Los recursos que se transfieren de una clase a otra a través de los mecanismos en que se funda un modo de producción emergido de la propiedad privada, empobrecen a los asalariados y enriquecen a los propietarios de los medios de producción. El salario real de los proletariados se contrae ante el ascenso capitalista que busca mantener un margen de ganancia alto, mismo que la propia dinámica del capital tiende a estrechar.

Por otro lado, para que tal principio walrasiano se dé, por un lado, es necesario no exista la apropiación privada de los medios de producción. En sí, no exista la propiedad privada. Y por otro, los recursos no sean escasos, se viva en la abundancia. (Otro cuento de Adas, muy característico de la literatura burguesa). ¡Lo que pretendió ser la panasea universal resultó toda la anatema!

Así mismo, la libertad indiscriminada que tanto promulgan los neoliberales supone no sólo el libre tránsito de los recursos económicos, sino también, una explotación racional de los mismos (racional en términos que busque el beneficio social, no individual).

Tales sociedades “modernas” explotan indiscriminadamente todos los recursos económicos que tienen a su alcance, sin importar que ello venga en perjuicio de la sociedad. Por lo mismo, la propia dinámica de desarrollo capitalista engendra contradicciones sustantivas que generan la necesidad de un organismo regulador de las relaciones sociales de producción, y “Rector” de los antagonismos sociales. Así surge el Estado Burgués, que según los propios ideólogos burgueses, es a donde concurren todos los intereses de las distintas clases sociales con intereses antagónicos y donde encuentran su resolución. Organismo conciliador de las analogías sociales.

El Estado burgués no concilia ni resuelve las contradicciones sociales. En realidad funciona como órgano represor de una clase sobre otra (las cárceles de nuestro país están llenas de humildes que se roban una gallina para saciar su hambre, y a ricos ladrones como “Lanquenau” y otros banqueros, para ellos sólo existe el arresto domiciliario y un trato muy considerado). Esta es su auténtica finalidad: legitimar el tipo de relaciones sociales de explotación, otorgándole aparentemente “justificación histórica”; así como ser el garante de la perturbación de tal formación social capitalista. Administrativamente, regula las relaciones sociales en beneficio de garantizar a los empresarios un margen de ganancia suficientemente amplio como para que se pueda alentar el ciclo reproductivo del capital.

El proceso legitimador que el Estado Burgués emprende toca a lo educativo, alineando el perfil curricular de los estudiantes en respuesta directa de las necesidades reproductivas del capital. Así, quedan enajenados todos los principios formativos del educado en beneficio de la clase hegemónica. Principios que comprenden los criterios de valor que fundan la razón crítica los cuales son deformados por los intereses de los capitalistas. (Mistificación de las relaciones sociales).

En lo educativo, en México, el Sistema Educativo Nacional (SEN) funciona como principal mecanismo por el cual se da tal mistificación de las relaciones sociales. Fetichizando la realidad con falsos valores que enmascaran la explotación y persuaden a los individuos a seguir la dinámica desarrollista del capitalismo. El SEN deforma las ideologías en beneficio de la reproducción del capital.

La libertad en la jerga educativa también aparece como un concepto mítico. Individualismo y carente de contenido social más aún, de compromiso social.

En la Educación, el criterio de libertad capitalista supone arrebatar la educación monástica al clero e implantar una nueva de carácter más universitario (según criterio de la ilustración anglogala). La burguesía, celosa de su hegemonía, no podía dejar en manos de la Iglesia la “concientización” e “instrucción” de los individuos puesto que esta propugnaba por las reminicentes ideologías feudales, como a su vez, mantenía sus propios intereses antagónicos al capitalismo. Así como que la instrucción que esta daba no respondía a las necesidades del capital.

El antecedente histórico más relevante en la normatividad mexicana sobre el criterio de libertad data del año de 1821 (29 de junio); año en que aparece en el Reglamento General de Instrucción Pública para la Metrópoli y sus dominios dicho concepto en forma muy amplia: “. . . los maestros particulares no estaban sujetos a ningún examen, no se requería permiso alguno para abrir una escuela, ni habría reglamentación de estudios, textos o asignaturas. . .”.

En el México independiente, la Constitución de 1814 no tocó en mucho a la Educación, sujetándose a sólo incidir en las garantías individuales que entorno a la instrucción todos los individuos tienen como un derecho, siendo responsabilidad eclesiástica que se llevara a cabo.

Dentro de la Legislación Mexicana, en la constitución de 1857 –en el Estatuto en el artículo 38º-, se declararon prohibidos todos los monopolios relativos a la enseñanza y ejercicio de las profesiones . . .”. Lo cual tocaba en lo hondo a los intereses del Clero, que era parte de la desamortización de los bienes eclesiásticos realizados por la reforma juarista.

De la Constitución, los artículos 3º., 5º., 13º., 27º., y 123º. Trataban sobre la enseñanza libre, supresión de lo votos monásticos, la libertad de imprenta, la supresión del fuero eclesiástico, la desamortización de los bienes del clero, la privación del voto para este y el evidente divorcio de la Iglesia y el Estado.

La constitución de 1857 declara libre la enseñanza pública. La ley promulgada el 15 de abril de 1861 explayo más este punto declarándola además gratuita. Asimismo, la Ley de Martínez de Castro (Diciembre 2 de 1867), le agregó el carácter de obligatoria. Más adelante se enfatizó esto último (el 15 de mayo de 1869) y en su reglamento del 9 de noviembre de 1869, en los artículos 5º., incisos 1º., 2º. Y 3º. y artículos 6º. Y 7º.

Curiosamente, el criterio de libertad concebido en el actual artículo tercero constitucional se contrapone a las características de la educación de laicismo y obligatoriedad. Si la educación es libre puede ser religiosa o laica, y no solamente laica. (Restricción a la libertad). Si la educación es libre entonces no debe ser obligatoria. (Otra restricción más a la libertad). Dado lo anterior, ¿En qué sentido se entiende a la libertad? En realidad, si la educación a la que aspiramos los mexicanos es libre, están de sobra la laicidad y la obligatoriedad; y si estas dos últimas conforman dichas aspiraciones, la educación a la que aspiramos no es libre.

Matizando las anteriores contradicciones de la normatividad educativa se dice que la Educación en México es libre en sentido del libre pensar; que toda corriente ideológica puede ser impartida sin discriminación alguna. Libertad de imprenta, libertad de expresión, libertad de pensar. ¿Y la educación monástica? ¿Y la religión? ¿Dónde quedan? Si se cambia el criterio de educación libre a educación democrática, los antagonismos quedan resueltos.

Son antagónismos elementales que revelan la incoherencia existente en la normatividad educativa del país. Mismas que tendrán que ser superadas, si es que se pretende tener una legislación específica y coherente con lo que se postula.

El actual artículo tercero constitucional entrevera las dos posturas antagónicas que desde los primeros momentos de independencia se han ido formulando. La ideología pequeño liberal (una forma alotrópica de a pequeño burguesía), y sus actuales homologas: la ideología pequeño burguesa periféricas y la ideología de la burguesía monopolística central. Las contradicciones existentes entre las antiguas burguesías agrarias y las metropolitanas. Hoy los intereses rurales contrapuestos a los urbanos. Antes, las analogías surgida del rompimiento del modelo primario-exportador de un capitalismo periférico e incipiente instaurado durante la colonia, con el emprendido desde la Independencia Nacional que pretendía imitar los modelos económicos europeo y norteamericano - esquema secundario exportador- de un capitalismo mercantil desarrollado y hegemónico. Ahora, los antagonismos nacidos de las burguesías nacionales (pequeña burguesía), contra aquellas trasnacionalizadas por la expansión del capital financiero.