Educación uniforme vs. Realidad nacional

 

La inclusión del trabajo nacional dentro del engrane del aparato económico mundial (dada la especialización internacional del trabajo y la estructura económica internacional), supone necesariamente la estandarización de la fuerza de trabajo.  Por lo mismo, el Sistema Educativo Mexicano funda como su principal objetivo el aspecto concerniente a la homogeneización en la instrucción de la población. Homogeneización que supone tanto la uniformidad, la alineación, la alienación y por qué no decirlo así, la enajenación del trabajo al capital. Dicha homogeneización  parte a su vez del supuesto -muy poco realista- de que todos lo mexicanos nos encontramos en las mismas circunstancias sociales, culturales, biológicas, psicológicas, etc. (Resulta ocioso tratar de darle fundamento al enunciado anterior dada la obviedad de su invalidez).

 

Es evidente que la búsqueda de una educación uniforme para todos los mexicanos se encuentra con bastantes restricciones en su aplicabilidad. Todos los aspectos se contraponen a dicho objetivo. Se admite que los mexicanos compartimos elementos culturales que nos identifican tales como una misma historia, una misma lengua, una misma religión (en su mayoría), tradiciones similares y muchos otros rasgos que nos resultan afines. Sin  embargo, esto no es elemento suficiente como para poder afirmar que todos los mexicanos debemos recibir, por ende, la misma instrucción puesto que, entre los nacionales existen diferencias en cuanto estratificación social -tanto en el sentido vertical del término (clases sociales distintas) como en horizontal (los mexicanos considerados urbanos y aquellos de las zonas marginales suburbanas y rurales).

 

Existen diferencias biológicas (sexo, salud y edad), como ideológicas y culturales (religión y etnia). como un ejemplo esta el caso de los indígenas entre los cuales existen grupos con diferentes lenguas (alrededor de 140 en el país), e inclusive algunos que hablan alguna misma lengua indígena pero que por su aislamiento geográfico la han variado significativamente (dialecto). Así, no se puede considerar que todo individuo de habla nahuatl necesariamente se entiende con otros grupos nahuas, dado que  dentro de este mismo grupo lingüístico existen diferentes dialectos como es el caso de los llamados nahuas serranos de puebla y guerrero, y los del Valle de México, quienes hablan un nahuatl tan diferente  uno de otro que no podrían entenderse entre sí. Otro caso son los mixtecos del istmo de Tehuantepec, los que no pueden entenderse con  los mixtecos de la región serrana de Oaxaca.

 

Salta a la vista desde luego que el diseño de una instrucción de carácter homogeneizante no persigue otra cosa que la calificación y estandarización de la fuerza de trabajo para la “eficientazación” -¡y válgame el terminajo!-, de la mano de obra. Asimismo, el Sistema Educativo Mexicano resulta –por lo anterior-, un proceso discriminacional  en cuanto selectivo-calificativo dada la instrucción especializada (el llamado credencialismo), y enajenante en cuanto la absorción  de toda conciencia a la racionalidad  del propio capital (no forma sino deforma las mentalidades ad hoc  a la ideología capitalista).

 

En base a lo anterior, podemos afirmar que no se parte del hecho de que la sociedad mexicana sea homogénea, sino que más bien se tiende a procurar homogeneizarla como parte imprescindible del proceso industrializador de una economía lucrativa. La que pretende la estandarización de la fuerza de trabajo para su promediación productiva a nivel de eficiencia y eficacia en el trabajo, y se procura que si, acaso llegase a existir cierta heterogeneidad, ésta sea en razón a la propia especialización y calificación de la fuerza de trabajo bajo los parámetros de valoración del propio proceso productivo capitalista.