¿Blindaje financiero o blindaje político?

 

A últimas fechas se ha anunciado que la presente administración ha adquirido nuevos préstamos del extranjero por un valor superior a los 24 mil millones de dólares (adicionales a los casi 160 que ya debemos). En reservas internacionales existen alrededor de 30 mil millones de dólares.

 

La situación aquí se presenta caprichosa. Significa la admisión velada del actual régimen que implica que la economía mexicana en los 6 años de la administración del Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León no pudo adquirir suficiente estabilidad económica y financiera como para garantizar una transición de una administración federal a otra sin que exista un alto riesgo de contraer los mercados financieros, e inclusive colapsarlos, con su inminente devaluación.

 

Igual que con el Presidente Carlos Salinas de Gortari la sucesión presidencial se debe sostener con base ala liquidez internacional del peso. No olvidemos que en 1994 los “errores de diciembre” beneficiaron especialmente a los partidos de oposición con el llamado “voto de castigo”. Una crisis económico-financiera previa al proceso electoral no es deseable si se desea que el próximo milenio sea inaugurado por el partido tricolor a la cabeza del ejecutivo nacional.

 

Desde luego esto solo posterga la crisis a tiempos post-electorales. Después todos debemos pagar los compromisos adquiridos para establecer la plataforma “electorera” del PRI.

 

Lo importante del hecho radica en admitir que el Plan Nacional de Desarrollo (1995 - 2000), al menos en la propuesta prometida de estabilidad de la economía mexicana fracasó puesto que se admite la vulnerabilidad de nuestra economía ante la proximidad del proceso electoral. La aparente estabilidad del peso se soporta bajo una intervención moderada del Banco de México en el mercado de divisas a costa de una tendencial caída de las reservas internacionales, y evidente sobrevaluación del peso.

 

La pobreza, y en especial la extrema, ganó terreno, la deuda externa se incrementó significativamente, el peso continuó su deslizamiento, no se ha podido restaurar un estado de derecho donde la impunidad no exista. La violencia se generaliza y agudiza, las cárceles se llenan hasta el tope, el país se sigue vendiendo al extranjero ahora hasta los sectores más estratégicos como el de la energía electrica (la privatización de la CFE se hace especialmente por la emisión de acciones de la empresa en los mercados bursátiles internacionales)... y por cierto, de todas las ventas de paraestatales, bancos, y consecionamientos, a dónde se ha ido lo obtenido si nuestros compromisos financieros con el exterior no han experimentado ni la más mínima disminución? En el anterior sexenio los fondos que sostuvieron los programas de la SEDESOL, Procampo, Solidaridad entre otros se basaron en tales o ingresos previo proceso electoral.

 

Somos una nación que internacionalmente se nos reconoce como de reciente industrialización, no obstante nadie, ni dentro ni fuera del país, se creyó nuestra inscripción a la OCDE, que lo único que nos dejó fue la pérdida de todos los sistemas de preferencias generalizadas (SGP’s) que nos otorgaban naciones industrializadas –como Estados Unidos e Inglaterra-, en la comercialización de varios productos al considerársenos una nación en vías de desarrollo.

 

El primer paso dado en la apertura comercial de nuestra nación fue sujetar las transacciones comerciales a los estatutos del Acuerdo Generalizado sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (el extinto GATT, hoy garantizados por la OMC). Hoy el marco de apertura es bastante amplio y ve hacia todo el orbe. La apuesta esta en captar divisas que complementen la insuficiencia del ahorro nacional, permitan pagar la deuda externa y le den liquidez al peso ante las divisas de nuestros principales socios comerciales.

 

No obstante los esfuerzos de desregulación económica y promoción de las exportaciones no petroleras, los beneficios del llamado neoliberalismo aún son espurios y se puede afirmar que en lo sustantivo el sistema no obtiene un respiro. La crisis sigue su espiral inflacionaria y cada día son mayores los problemas de la nación no sólo en lo económico, sino en lo social y en lo político.

 

La moda ahora es sostener una enclenque estabilidad económica con dólares suficientes para que la demanda de los especuladores no cauce una drástica devaluación del pesos y con ello posponer la crisis a momentos post-electorales.