La democracia como un criterio del desarrollo y el bienestar

 

Con base al Fondo de Población de las Naciones Unidas, en su publicación anual intitulada “Estado de la Población Mundial, 1995”, así como del “Conteo de Población y Vivienda, 1995” realizado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Información (INEGI), la población en México era para 1995 de 91 millones 158 mil 290 personas, que representaba para dicho año el 1.64% de la población mundial. Con una tasa media de crecimiento demográfico de 1.8% anual, superior a la mundial de 1.5%, y a la correspondiente a América del Norte de 0.9% (Estados Unidos de Norteamérica con 0.9% y Canadá con 1.0%). Lo que identifica a nuestra nación con una caracterización propia de los países en vías de desarrollo, y con fuertes presiones de crecimiento demográfico ante un crecimiento prácticamente nulo o mínimo -en términos reales- del Producto Interno Bruto (PIB); el que presenta un comportamiento bastante oscilatorio, inestable y constantemente regresivo. Su crecimiento observa para el periodo de 1995 -2000 -visto desde un escenario optimista- una tasa promedio anual de apenas 1.5%, inferior al crecimiento demográfico estimado para el mismo periodo de 1.7%.

 

Al 75% de la población en México se le considera urbana, y se puede afirmar que el 25%  restante no sólo tiene características rurales, sino de abierta marginación. Más finalmente superior a la media mundial de 45%, e inferior a le media de América del Norte de 76%; esta última, aunque similar a la mexicana, muy distante en términos de calidad de vida.

 

La tasa de crecimiento urbano es de 2.4%, lo que representa que existe un abierto proceso de concentración de la población en las llamadas ciudades medias y en unos cuantos núcleos urbanos, principalmente la ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla. La respectiva tasa mundial es de 2.5%, un poco superior a la nuestra, y la de América del Norte es de 1.2. La diferencia estriba en que naciones como Estados Unidos y Canadá han logrado con éxito un desarrollo rural con calidad de vida, lo que permite a sus moradores permanecer con expectativas alentadoras en sus poblaciones de origen. En caso contrario, países como el nuestro, con graves carencias de salud, educación, asistencia social y seguridad en el ámbito rural, insuficiente infraestructura en comunicaciones y con un alto grado de marginación, sus pobladores se ven forzados a emigrar de sus localidades de origen en busca de nuevos horizontes en materia de mejoría en su calidad de vida.

 

La ascensión de la población urbana en continentes tales como Africa, y Oceanía es un hecho inminente.  La participación relativa de la población urbana de estos dos será relativamente mayor para el año 2025, según lo declara el Fondo de Población de las Naciones Unidas en su publicación “El Estado de la Población Mundial 1996”; donde queda velado que dicha ascensión corresponde más a un proceso de concentración de población, que -propiamente- de mejoramiento en la calidad de vida en los medios urbanos.

 

El propio “desarrollo del subdesarrollo”, frase que se ha vuelto célebre  dentro de bagaje de los economistas, genera el éxodo del campo a las ciudades en las naciones en vías de desarrollo, por lo que la ascensión antes mencionada con respecto a la población urbana en dichos continentes, viene acompañada de un proceso de desintegración de modos productivos agrícolas tradicionales, y un desarticulado programa de desarrollo industrial concentrado en los principales centros urbanos, por lo que, es de esperar que en lo futuro las ciudades concentrarán un mayor número de moradores y las presiones demográficas serán mucho mayores en materia de problemas de marginalidad y suburbanización.

 

En contraste, en América del Norte, Europa Occidental y Oceanía, la participación relativa respecto al nivel mundial viene en descenso, precisamente porque estas naciones han podido frenar la atracción de población a los medios urbanos, gracias a programas de desarrollo rural -muy vinculados con el desarrollo agropecuario de sus economías-, así también su propio crecimiento demográfico esta entrando en los parámetros deseados en correspondencia a su desarrollo nacional. Es de esperar que lo anterior refleje una ascensión en el nivel de vida de los moradores urbanos de estos últimos continentes aquí mencionados. Para el caso de América Latina, Africa y Asia, el primer cuarto de siglo se impone como un reto de industrialización incipiente vs. Desarrollo social. (Con excepción de los países de reciente industrialización como son Taiwan, Corea del Norte, Singapur y Japón).

 

Viendo otro tipo de indicadores, la relación de población por hectárea de tierra arable en nuestro país es de 26 personas, la norteamericana es de 1. Lo que se traduce para México en inflación de los precios relativos a los bienes básicos comestibles de la canasta básica, por insuficiencia o subcobertura de la oferta. Así también, la tasa de fecundidad total es de 3, algo inferior a la mundial de 3.04 y muy superior a la de América del Norte de 2.06. Esta última ya propiamente vela el equilibrio demográfico que tanto los Estados Unidos como Canadá han logrado, mientras que la nuestra presenta un estigma propio de naciones subdesarrolladas y con incipientes economías de carácter principalmente agrícola.

 

En 1992, el PIB per cápita anual en México era de $3,872 dólares (U.S.A.). En igual  unidad monetaria para el mismo año, en Estados Unidos de Norteamérica este rubro era de $23,179, y el respectivo a Canadá era de $20,541. En promedio, los salarios en América del Norte son 8 veces superiores a los de México, y en términos de calidad de vida, en especial si se considera la polución y la inflación que viven las tres naciones, se tiene que nuestro país es abiertamente una nación subdesarrollada.

 

Ya para 1993, el PIB per cápita anual en México ascendió a $4,064 dólares (U.S.A.); es decir, experimentó un aumento nominal de 4.9%. En idéntica unidad monetaria para el mismo año, en Estados Unidos de Norteamérica este rubro  aumentó a $24,279 ; que significó un incremento de un año a otro de 4.7%. El respectivo a Canadá disminuyó a $18,982, experimentando una caída de 7.6%. De 1992 a 1993 -en términos nominales-, pareciera que México es quien más ha crecido en materia de ingreso per cápita, pero si consideramos la inflación de los tres países en cuestión, la deflactación (o sea descontando la inflación de las cuentas nacionales) de incrementos de pesos corrientes a pesos constantes, revelaría que en términos reales, en materia de poder adquisitivo, nuestra nación ha sido la más rezagada, Estados Unidos estaría a la cabeza y en medio Canadá.

 

Todos los anteriores indicadores aquí presentados de la situación nacional confrontada a la que vive el resto del mundo -e inclusive-, la relativa a América del Norte, muestran evidentemente que en términos demográficos, la nación mexicana debe enfrentar grandes retos de desarrollo, todos ellos con un enorme sacrificio social y económico. La diversidad del problema es vasta, y su tratamiento requiere el acercamiento al orbe regional, debido a que el país, como un mosaico de diversas problemáticas, presenta distintas tipificaciones zona a zona, por lo que, entender la problemática que vive nuestro estado merece desde luego se desarrollen los respectivos indicadores del cambio demográfico, por materia de interés. Por otra parte, no dejemos escapar el hecho de no contar con indicadores que nos hablen de la merma ecológica que conlleva el desarrollo capitalista, debido a que las cuentas nacionales no consideran la existencia de los potenciales naturales, su explotación y con ello, el costo ecológico del crecimiento, para poder complementar nuestro estudio con criterios de desarrollo sustentable.