Democracia y economía

 

La más simple observación de la temporalidad de las crisis económicas en México dejan de manifiesto su carácter recurrente. Existe una periodización sexenal y cíclica. Sólo que cada vez que se suceden lo hacen con mayor rigor. Así, se tiene que 1970, 1976, 1982, 1988 y 1994 han sido años críticos para la economía nacional. Sin embargo, al ser el capital comercial e industrial cada día más dependiente del financiero, la incertidumbre manifiesta en la especulación hace las veces de un catalizador y multiplicador de su efecto devastador. A esto hay que agregar que la recurrencia de las crisis está en íntima relación con los cambios de la administración pública federal.

 

¿Qué se tiene que decir al respecto? Pues que el enorme grado de influencia de lo político en lo económico observado en el país se explica por el fenómeno del presidencialismo.

 

México emprendió el primer paso de la representación partidista y democrática a partir del gobierno de Lázaro Cárdenas (1934 - 1940). El partido que se gestó fue el que para entonces obtuvo toda la legitimidad del momento, el PRI. Este tomó las riendas del destino económico, social y político de la nación hasta nuestros días. Así, la dictadura de partido que esto significó se expresó en una mayoritaria representación de este partido dentro de las Cámaras de Diputados y Senadores, lo que le otorgó una enorme capacidad de decisión al Poder Ejecutivo. El presidencialismo fue tan manifiesto como característico de las administraciones federales priístas y tuvo su culminación en el periodo del entonces presidente de la República Carlos Salinas de Gortari, en cuyo periodo se desbancaron 16 gobernadores de las 32 entidades federativas. Tan sólo en el estado de San Luis Potosí hubo 5 gobernadores en un periodo de 6 años.

 

Aparte de la pérdida de autonomía que implicó para las entidades federativas el fenómeno del presidencialismo priísta, también estableció que la política económica de una administración federal a otra pudiera cambiar con gran versatilidad. Esto ocasionó las crudas crisis financieras y económicas vividas durante los periodos de cambio administrativo.

 

El no existir entonces un Poder Legislativo con suficiente peso político como para garantizar que los cambios en la política económica de la Nación pasaran por un tamiz de discusión y concertación dentro de las propias Cámaras antes de ser aplicadas, gestó que el temor de los capitalistas ante la incertidumbre de la toma de decisiones que implicaba un cambio de un presidente a  otro se materializara en una devaluación y enorme fuga de capital, hasta el tiempo en que el presidente entrante "diera color" a su política económica.

 

Así, la falta de una representatividad más democrática en la composición partidista dentro del Poder Legislativo, hizo bastante vulnerable la economía mexicana de la adversidad de la decisión política, demasiado centrada en un solo poder.

 

La cada día mayor representatividad de partidos de oposición en las Cámaras de Diputados y Senadores obviamente tiene un efecto benéfico: que las decisiones tomadas por el Poder Ejecutivo siempre estarán en consideración del Poder Legislativo, que norma y vela por los intereses de la Nación, lo que aporta certidumbre a la toma de decisiones empresariales ante posibles cambios de política económica.

 

Es por ello que la democracia no sólo tiene una importante implicancia política y social en México -en cuanto legitima el "Estado de Derecho" prevaleciente-, sino que otorga a la economía mayor invulnerabilidad ante las decisiones políticas. Es de esperar que ante los próximos comicios del año 2000, la participación política sea más democrática, otorgándole a la Nación un garante ante al posible crisis recurrente que traen consigo los cambios sexenales en la administración pública federal ... al menos es de esperarse.