Migración e identidad nacional

 

La globalización imprime cambios en la movilidad de la población en todos los orbes. Nuestra nación no escapa de la integración económica que supone la apertura comercial que desde inicios de los años 90 ha sido inminente como parte del desarrollo del país. Así, el nuevo esquema económico supone un cambio en la movilidad y residencia de la población. La gestación de nuevos polos de desarrollo en puertos y ciudades fronteras, así como el crecimiento de las ciudades medias ante la inclusión de la inversión extranjera directa en los sectores económicos de la economía mexicana, son causal directo de un reordenamiento en la distribución espacial de la población.

 

La migración de los habitantes no solo incluye el territorio nacional sino que se manifiesta ultrafronteras. En el caso de México, el mercado del norte del continente supone oportunidades laborales que representan abiertas ventajas y retos al trabajador mexicano. Nuestra ya arraigada tradición de migrantes “braceros” a la nación vecina de Estados Unidos de Norte América, y las ventajas remunerativas que representa el mercado laboral estadounidense alientan a muchos a emprender su colocación en trabajos e el extranjeros. Las oportunidades y ventajas de dicha nación, aunado a la insuficiencia local de absorber la fuerza de trabajo, el desarrollo industrial incipiente y desarticulado, el depauperio del salario real por causa de la inflación, y la evidente pobreza, motivan que muchos paisanos emprendan la búsqueda de un mejor nivel de vida.

 

El Gobierno de Guanajuato, consciente del problema que lo anterior implica, suma su esfuerzo en procurar retener a al población residente en la entidad procurando la creación de nuevos empleos, coadyuvando en el desarrollo de nuevas industrias, especialmente maquiladoras, así como procura orientar a quienes deciden trabajar en el mercado estadounidense para que se organicen y como grupo unido participen en la actividades creativas que dicha nación les otorga.

 

Para lo anterior, es importante que los trabajadores mexicanos, y en especial guanajuatenses, conozcan de sus derechos, se les oriente en las oportunidades que se les presentan en Norte América, así como se les asesore para su normalización en cuanto su tipo de residencia en dicha nación. Otro aspecto de interés es su conocimiento de los derechos humanos y de las autoridades mexicanas a las que pueden acudir en auxilio y apoyo en las avenencias legales que su residencia y actividad económica les implica.

 

Desarrollo humano y liderazgo ¿para qué?

 

Se calcula que en América del Norte residen al menos 10 millones de mexicanos. Personas emprendedoras y trabajadoras, con un enorme potencial de desarrollo y talento a desarrollar. Su inclusión en las actividades económicas de los Estados Unidos les brinda la oportunidad de desarrollarse. No obstante, su situación minoritaria y en muchos casos irregular (por su tipo de residencia indocumentada) les limita en la realización de sus anhelos. Se trata de trabajadores mexicanos alentados por contribuir con la nación en el desarrollo de sus locales, allá en el “terruño”.

 

Las remesas familiares (que son la tercer fuente generadora de divisas del país) suman montos equiparables a las partidas que deja el turismo, o el petróleo, con la diferencia de que estas tienen una mayor derrama en las clases humildes, y sus montos contribuyen vía bancaria al financiamiento del desarrollo de su localidades, especialmente en el caso de las ciudades medias. Por ello, es importante adquieran una cultura que les concientice de su situación y les brinde elementos para que de manera legal se integren a las actividades creadoras de la nación del norte, y que con tiempo puedan albergar un el anhelo de reintegrarse a sus comunidades de origen, pero ahora como emprendedores, empresarios que puedan dar cabida a proyectos de desarrollo empresarial de tipo micro y pequeño, así como de organizaciones que se materialicen en la gestación de empresas medias en el país. Así que los trabajadores mexicanos se organicen tiene diversas bondades, entre las que destaca la lucha por hacer valer sus derechos, su integración a las labores creativas de la nación receptora, su organización e identidad cultural y comunitaria, y la gestación de iniciativas en su nación de origen en la creación de empresas que se sumen al desarrollo de sus comunidades de origen.