El salario y la apertura comercial

 

Una de las tesis de las que partió la justificación socioeconómica en la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLC), fue el fundamento neoclásico de la teoría económica burguesa que sostiene que la retribución al salario esta en relación directa a su productividad, y que conforme esta última se incrementa, por ende, el salario se aumenta en razón directa en términos reales.

 

Con base al anterior fundamento se parte de la idea que conforme se capitalice una empresa, esta incrementará su nivel de productividad y las remuneraciones de sus trabajadores. Lo que puede suceder a nivel individual, pero la capitalización también conlleva al despido de trabajadores al incrementar la eficiencia del trabajo gracias al empleo de mejores y nuevas tecnologías, que es en lo que se traduce la capitalización y que implica el ahorro de fuerza de trabajo empleada.

 

Por otra parte, se dice que la apertura comercial garantiza que exista concurrencia en los mercados tanto de productos finales como de factores productivos, disminuyendo el grado de monopolización que muchas empresas detentan en nuestra economía, por lo que los precios se establecen con base a las normas del propio mercado. En especial, el precio de la fuerza de trabajo (el salario).

 

En nuestro país es patente el hecho de que la apertura comercial a reorientado en mucho el mercadeo de los productos nacionales hacia el extranjero, lo que implica un mejoramiento del balance comercial de la balanza de pagos, y un aminoramiento del déficit perentorio de la cuenta corriente. Por otra parte, también es cierto que con la competencia internacional, y el incremento de la inversión extranjera en nuestro país, se ha observado un aumento de la productividad en la mayoría de las empresas grandes y medianas, más contradiciendo el fundamento de la teoría económica antes señalado, los aumentos de la productividad en las empresas no han sido acompañados, en la misma proporción, por los incrementos reales -traducidos en mayor poder adquisitivo- de las remuneraciones de los trabajadores.

 

La apertura comercial, ha favorecido algunos aspectos de la política económica del país, pero no se ha traducido en un mejoramiento real del nivel de vida de la clase trabajadora. Finalmente, el llamado TLC sólo a sutilizado la explotación de los trabajadores quienes han mejorado (gracias a la capitalización) su eficiencia en el trabajo -traducido en mejor calidad de los productos de su esfuerzo-, pero no han visto reflejado en su salario una mejoría real, gracias al tope que impone la política que la administración pública federal sigue con respecto al salario mínimo. Desde luego, el fruto del aumento de la productividad, ante el congelamiento real del salario, se queda en manos de la clase capitalista, quienes es de esperar lo reinviertan en la expansión de su empresa o industria, y no lo dilapiden imitando hábitos de consumo y confort propios de países desarrollados.