Devaluación y pobreza



La incrustación de México en la estructura económica internacional, como una nación de reciente industrialización, se tipifica por la constante lucha de los nacionales por ganarse un lugar en el contexto internacional.

El neoliberalismo para una nación en vías de desarrollo impone fuertes cargas económicas a las sociedades de este tipo de países. Las naciones ricas con suficiencia de ahorro interno sufren presiones para descargar su exceso de liquidez fuera de sus propias economías, para con ello evitar crisis inflacionarias; mientras que las naciones pobres con insuficiencia de ahorro interno se ven en la continua necesidad de contraer deuda externa, y hacer frente a las crisis inflacionarias por insolvencia financiera.

Nuestra nación actualmente debe al menos unos 150 mil millones de dólares al exterior, entre deuda pública y privada. Esta fuerte carga financiera aunada a nuestros recurrentes “déficites” de cuenta corriente, implican que México ha tenido que recurrir a promover las exportaciones para captar divisas que coadyuven a obtener un balance superavitario de Balanza de Pagos, así como generar divisas que permitan hacer frente a nuestros compromisos con el exterior ante la enorme deuda que se tiene. Con ello, las reservas petroleras, y de otros recursos potenciales, están comprometidas de aquí a al menos 20 años.

La promoción de las exportaciones tanto primarias como de manufacturas, que son el componente principal de nuestra canasta de exportación, dado el bajo nivel tecnológico de operacionalidad empresarial de nuestro país ante los estándares internacionales, no cumple con un nivel de calidad que le otorgue oportunidades comerciales, por lo que nuestra nación ha recurrido a la constante devaluación del peso ante las divisas de sus principales socios comerciales. Especialmente con respecto al dólar estadounidense.

Esta estrategia tiene un efecto de “dumping” indirecto generalizado, donde el subsidio va por vía del salario, mas que por algún tipo de subvención directa a los costos de un producto de exportación. Con ello, la baratura lograda de las exportaciones permite competir con cantidad, ante el bajo nivel de calidad de nuestros productos. Pero el costo social es alto. Una devaluación implica depauperio directo del trabajo puesto que al devaluar, lo que se deprecia no es el valor de nuestra divisa (peso) ante otras internacionales, sino el valor de nuestro trabajo ante el trabajo internacional, lo que nominalmente se refleja en la pérdida de poder adquisitivo de nuestro salario ante la inflación que deviene de la devaluación.

No obstante, el efecto de una devaluación resulta temporal y transitorio, puesto que la aparente ventaja que puede brindar una subvaluación, en corto tiempo se pierde debido a que la inflación que genera la devaluación tiende por sí misma a volver al sobrevaluar el peso, al ser ésta mayor a la inflación que sufren nuestros socios comerciales.

Para que la devaluación no pierda su efecto, o al menos tenga una mayor temporalidad, se requiere un rígido control de precios, lo que es práticamente imposible si se entiende por qué suben los precios ante una devaluación.

En términos de la propia composición del valor, los precios tienden a subir cuando se devalúa el peso ante el dólar porque la devaluación abarata las exportaciones por un lado, pero colateralmente encarece las importaciones de bienes de capital, que son los insumos tecnológicos con los que se realizan los productos nacionales. Financieramente, la inflación se da porque al devaluar -para evitar la fuga de capitales-, el interés bancario pasivo tiende a subir para no perder su margen real de beneficio comparativamente ante otras tasas de interés real internacional. Se genera también inflación por causas sociales, puesto que la clase trabajadora tratará de compensar su pérdida de poder adquisitivo procurando incrementos al salario mínimo, lo que sube los costos empresariales, y con ello los precios de los productos que realizan las empresas. En fin, el problema inflacionario es complejo y es parte inherente al propio esquema de desarrollo capitalista.

Procurar atender los problemas de insuficiencia de ahorro nacional promocionando las exportaciones vía subvaluación del peso ante las divisas de nuestros socios comerciales, resulta no una solución real, sino un paliativo. No se debe procurar competir con cantidad, puesto que esto sólo posterga nuestros problemas, los cuales más adelante vuelven a aparecer de forma más compleja y agigantada. Las soluciones deben procurarse no por medio de medias funcionales de la economías, sino estructurales; pero aún dentro de las funcionales, se debe procurar mejorar la calidad de nuestros productos para que nuestra oferta de exportación tenga ventajas comerciales, no por su baratura, sino por la oportunidad que brinda la calidad. Pero para ello, no se debe sólo procurar mejoras en materia de la tecnología empleada, sino de la técnica, y en esto se entra en materia de la organización interna de las empresas, de la actitud en el trabajo de nuestros trabajadores, y de la aptitud empresarial ante el entorno de competencia internacional; finalmente, en nuestra mentalidad.