Globalización y pobreza



En México anualmente se suman a la oferta de fuerza de trabajo alrededor de un millón de personas, por lo que existe una grave presión para crear el mismo número de empleos.

Una nación pobre como la mexicana no cuenta con suficientes recursos financieros propios (ahorro interno) para crear tal magnitud de nuevos trabajos, por lo mismo, una salida es invitar a los extranjeros a invertir en el país, para con ello se contribuya en la generación de nuevos empleos.

Tristemente, tres cuartas partes de la población mundial viven en países en vías de desarrollo, con el mismo apremio de crear empleos ante una demografía creciente. Son naciones de América Latina, Africa, Asia y Europa del Este.

Todas ellas compiten por captar inversión de las naciones industrializadas, por lo que ofrecen los salarios más bajos posibles, pocos o propiamente nulos derechos laborales que les son atractivos a la inversión extranjera, así como laxas normas en materia de regulación ecológica empresarial.

México ha modificado en lo sustantivo su legislación en materia laboral, no solo homologándola a la estadounidense sino ofreciendo una oferta de trabajo con prácticamente pocos derechos laborales. Con esto la legislación se vuelve bastante atractiva para la inversión extranjera directa. De ahí derivó la figura de contrato de prestación de servicios por honorarios, figura que cada día es más recurrida como forma contractual pues implica para el empresario no pagar prestaciones tales como primas de antigüedad, aguinaldos, compensaciones, vacaciones, jubilaciones, entre otras, así como le otorga un fuerte poder coercitivo para versatilizar la expoliación de trabajadores.

Otro aspecto es que no obstante existe una legislación ecológica, en la práctica es bastante laxa debido a que es poca la fiscalización que se hace de su cumplimiento, como caso especial están las maquiladoras ubicadas al norte del país.

La globalización no solo ha ido en detrimento de la remuneración de la fuerza de trabajo de los países en desarrollo, sino de aquella de las naciones industrializadas en vista que los capitales industriales de estas buscan reubicarse en otros territorios donde adquieran ventaja competitiva con base a al oferta normativa que las naciones pobres presentan. Así, el salario paupérrimo de las naciones de reciente industrialización presionan en términos reales los salarios de las países industrializados, por lo que la globalización se traduce en un abierto respiro a la capitalización de las burguesías centrales como periféricas, incentivando el crecimiento económico global a costa de generar serias contradicciones como lo es la extrema pobreza en ambos tipos de nación.