La ética en el neoliberalismo

 

Ante un nuevo contexto internacional neoliberal, al menos para las economías alineadas a la ideología capitalista, los valores en la educación promueven la libertad como un criterio de abierto hedonismo individualista.

 

Se trata de formar en los jóvenes el sentimiento de la competencia. Sobresalir sobre los demás, ser un triunfador, ser el mejor (aunque en casos patológicos esta forma se transforma en procurar ser el único), aprender a sortear todo reto (problema), por difícil que sea. Pero al fin y al cabo lograr los objetivos propuestos.

 

El problema en ello consiste en que los objetivos que procurar los jóvenes adoctrinados por el “espíritu” del neoliberalismo es que el individualismo muchas veces degenera en un descarado y abierto egoísmo (en cualquiera de sus tantas manifestaciones). Se procuran anhelos de tipo meramente hedonista (enajenados por el mercado). Los valores se confunden desproveyéndolos de su contenido social, en aras de la realización personal, individual.

 

De este modo, la juventud procura logros que no involucran los intereses de la sociedad, y si así fuera, sería de manera puramente incidental.

 

Valores como el respeto a la edad, los sexos y la condición humana se pierden, lo importante es lograr de manera eficaz las metas perseguidas, el costo es la base del mérito, y no el sacrificio. Los medios no importan, sino los fines. Se pase sobre lo que sea, o quien sea.

 

Ya no se tiene conciencia de pertenencia y compromiso social. Se procura incentivar a la competencia individualizada y no a la cooperación entre las personas. La patria se vuelve un concepto fantástico, ajeno a la realidad. Y ante los problemas del desarrollo se toma una actitud que se resume en “que cada quien se rasque con sus propias uñas”. Se es ajeno de ex profeso, a los problemas sociales, el desinterés es abierto, y conceptos claves para el bienestar social tales como “justicia” mutan a “solidaridad”. El altruismo (limosna) para los mas necesitados, por “la buena voluntad de los indolentes y los soberbios”, quienes están de acuerdo en sacrificar las necesidades más urgentes de la sociedad por el simple goce de lo superfluo.

 

Es ingenuo entregarle el destino de la humanidad a la naturaleza humana, a sabiendas que la condición humana, esta en contradicción a  la “buena levadura” congénita de los Hombres. No es un problema genético, sino social. Finalmente el neoliberalismo, en su manifestación social, sigue de manera atávica y recurrente, entregándole el desarrollo socio-económico de las naciones a la inercia de las fuerzas del mercado.