INTRODUCCIÓN A LA REALIDAD SOCIAL, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE MÉXICO
 

Ante la reciente presentación del VI Informe del Gobierno del Sr. Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, y los eventos ocurridos en la Cámara de Diputados, es imperativo cuestionarse sobre la bondad de los resultados presentados confrontados ante la realidad nacional.

 Aquí cabe destacar que los resultados vistos de la presente administración no son cuestión en sí del Poder Ejecutivo, sino son resultados de 15 años de implementación del llamado neoliberalismo en México y su inoperancia ante las crecientes y cada día más críticas necesidades de la población mexicana.

Es relevante considerar que la presente administración federal perdió las “riendas” de la economía nacional ante la contratación de deuda en 1995 para solventar los llamados “errores de diciembre de 1994”. Nuestra política económica ha sido delineada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las autoridades monetarias de nuestro vecino del norte. Su ejecución es responsabilidad del Sr. Presidente.

 

Lo cuestionable es, ha 15 años de patentar tesis del siglo XVIII en México para resolver sus problemas económicos, sociales y políticos (tocando el liberalismo económico, el liberalismo social y el liberalismo político, tesis centrales de la administración pública actual), es menester reconsiderar que las políticas que las naciones ricas, y en especial de los Estados Unidos de Norte América recomendadas para el Tercer Mundo no han dado los resultados esperados para las naciones que se integran a las llamadas economías en desarrollo, pero –curiosamente- sí han sido beneficiosas para las economías que las sugirieron pues a la par de que el 70% de la población mundial se sume en la probreza y la miseria, las poblaciones de los países industrializados mantienen un confort hedonista y basado en la consunción compulsiva.

 

Las necesidades del hombre actual (desarrollo sostenido) no se pueden fundamentar en la sobre explotación de los recursos naturales al grado de su extinción, y sin considerar las urgencias del hombre venidero (desarrollo sustentable).  Es por ello que el presente trabajo procura aportar a los lectores, la mayoría de ellos estudiantes y profesores universitarios, elementos crítico-analíticos para la debida evaluación objetiva de nuestra situación económica actual.

 

Se puede afirmar que un distintivo del sistema capitalista es la racionalidad individualista que le caracteriza. El fundamento de esta actitud es la libre empresa y el entorno competitivo, el cual, entre más concurrido se vuelva más sano es. Existen dos postulaciones que sustentan la postura del individualismo típico de las economías de mercado la de Wilfredo Pareto y la de Leon Walras, que cito a continuación:

 

Wilfredo Pareto (1848 – 1923), francés, naturalizado italiano, teórico de la teoría neoclásica estableció (como un principio) que el hombre, por naturaleza siempre procurará obtener el máximo beneficio con un mínimo de sacrificio; es por ello que ante tal planteamiento, las personas en su actividad diaria siempre procurarán verse beneficiadas en lo posible  a cambio de un mínimo esfuerzo.

 

Leon Walras (1837 – 1910), teórico de la utilidad marginal, neoclásico, consideró que los individuos, al procurar su beneficio personal, a su vez y de manera inconsciente, pugnan por el beneficio de todos, por ello el sistema capitalista, al impulsar de manera individualista la procuración del beneficio personal, colateralmente establece que éste fuera el motor que garantizará el bienestar de la comunidad.

 

Bajo estas dos ópticas conjuntas se tiene en entonces el sustento teórico que legitima al sistema capitalista bajo un orden natural lógico –parafraseando el positivismo. De acuerdo a los apologetas del capitalismo.

 

El capitalismo como tal funciona y es legítimo en su contexto histórico, si se le comprende como parte de la maduración de las fuerzas productivas de la sociedad. Como un paso transitorio en la ascensión socio-económica de las naciones. Sin embargo, como modo de producción dominante en una formación social moderna, el capitalismo tiene tres condicionantes funcionales como requisitos para que este funcione bien en términos de desarrollo social y crecimiento económico:

 

1.      Debe tener disponibilidad de recursos aprovechables a los que se pueda canalizar toda inversión, que permita en todas sus posibles formas la reproducción ampliada del capital. Una nación como la nuestra con alta disponibilidad de fuerza de trabajo y recursos naturales aprovechables, dado un nivel tecnológico, cumple cabalmente con este requisito. Naciones de alto nivel de industrialización, como el Japón, han agotado al máximo sus recursos naturales, y el propio desarrollo tecnológico que les mueve. Es precisamente la necesidad de crear nuevas tecnologías la que factibiliza la explotación de recursos más allá de lo posible: minas de mayor profundidad, nuevos recursos sustitutos de insumos industriales actuales como son el uso de resinas vegetales para sustituir a los polímeros, nuevas fuentes energéticas, entre otros ejemplos a citar. Cuando una nación se encuentra en pleno empleo, sólo un cambio en la tecnología puede incrementar la eficiencia marginal del capital, de otro modo, todo recurso líquido que se suministre a la economía será estéril y sólo engendrará inflación por exceso de liquidez.

 

2.      Debe tener un entorno altamente competitivo, esto es muy concurrido. Durante el periodo de post-guerra, y hasta 1984, nuestra nación tuvo una actitud proteccionista ante la competencia internacional. Nuestras empresas, por su bajo nivel de eficiencia operacional, no podían competir contra grandes consorcios y empresas del extranjero, con alta capitalización y abierta ventaja competitiva. Esta actitud partía de la propuesta de Jhon Stuart Mill (1808 – 1873), teórico inglés de la economía política clásica quien afirmaba que una economía no industrializada –en un principio-, debía “cerrarse” a la competencia internacional, y con un mercado cautivo, fomentar la gestación de monopolios que, con base a sus altos márgenes de ganancia, financiaran la capitalización de sus industrias al grado que compitieran con los estándares internacionales, y una vez logrado esto, -en un segundo momento- se abrieran al comercio internacional, con ya un nivel admisible de capacidad competitiva (en términos de la calidad de sus productos, no tanto de la cantidad), y que garantizara términos de intercambio justos para dicha nación. El resultado es que en nuestro país sí se gestaron grandes monopolios, mas la falta de un entorno competitivo y una visión de mercadeo (dicen muchos “marketing”) más allá de las fronteras no dieron consigo la adopción de nuevas tecnologías más competitivas, sino que inclusive, al tener un mercado cautivo, el motor del desarrollo tecnológico se apagó quedando un gran rezago tecnológico ante las tecnologías en boga en el extranjero. Así, quedó históricamente experimentada y abortada la propuesta del Sr. J.S. Mill. Con base a esta experiencia, nuestra nación se ha abierto al comercio internacional (y con ello no me declaro neoliberal), para procurar en el mercado el entorno competitivo que sea el motor del desarrollo de nuestras empresas (si no es que las aniquila previamente), y que garantice un sistema de precios justo (hablando de justeza y no de justicia) en términos de mercado y no de monopolio (sin tocar la razón social de justicia en el sistema de precios, que eso es tema de otro debate). México entonces, con base a su experiencia histórica, y bajo una no muy buena directriz neoliberal, reorienta sus pasos en busca de cumplir con la  condición de concurrencia para que el sistema capitalista mexicano funcione “bien” (en términos de efectividad y no de bondad).

 

3.      La última condición es relativa al aspecto de la certidumbre. Los tecnócratas (econometristas de mal agüero) conciben a la economía de una manera mecanicista. Sus “recetas” consisten en afirmaciones tales como: “... si le apretamos aquí entonces tendremos más acá ... y si   ... entonces bueno”. Pero la economía no funciona así. Decía Joan Robinson (1904 – 1983) (economista inglesa de nuestro tiempo y pensadora heterodoxa, quien estudió concienzudamente la teoría neoclásica y marxista haciendo interesantes aportaciones a la teoría económica moderna), que la inversión y el crecimiento económico de una nación dependían de los empresarios, y propiamente de su “animalidad” (refiriéndose desde luego a su estado de ánimo, no hay que confundir). Y es que no basta -como lo sostienen los monetaristas Chicago Boy’s- con inyectar dinero a una economía, especialmente subdesarrollada con grandes disponibilidades de recursos naturales y humanos, para incentivar su crecimiento. La verdad es que por más dinero que se le suministre a este tipo de economías, mientras el sistema socio-político de las mismas no dé certidumbre, los inversionistas se mostrarán “rejegos” a invertir en una nación que no dé garantías a corto y mediano plazo, e inclusive, a inmediato plazo, dado el alto riesgo que la inversión involucra, por grande que pueda ser el lucro obtenible. En nuestro país, con graves problemas sociales traducidos en fuertes contiendas políticas, con la vulnerabilidad de los mercados nacionales y las finanzas públicas ante los embates del comercio internacional, los precios del petróleo, problemas internos como la actual situación en Chiapas, muertes, asesinatos, problemas de comicios, entre otros más, no se puede garantizar expectativas racionales –como decimos los economistas- que den sustento a los planes de inversión empresarial.

 

Es por ello que, el sistema económico mexicano se ha vista esterilizado en mucho por la crisis social y política que vive hoy nuestra nación. Mientras no haya certidumbre política en nuestro país, es de esperar que nuestra economía resienta en mucho los “devenires” adversos del sistema político mexicano, en suma a nuestra vulnerabilidad al entorno internacional.