CONCLUSIONES

 

El territorio guanajuatense conoce al hombre desde tiempos precolombinos, dar una fecha precisa es muy incierto, el hombre asiático -quien al parecer es el primero en pisar tierra americana-, lleva en el continente no más de unos veinte mil años. Según hallazgos distintos, en Guanajuato los rasgos más antiguos de presencia humana en la región no superan los 6 mil años. Aún así, el hombre hace presencia en el territorio de forma trashumante. Con residencias temporales y andanzas cíclicas en el territorio, lentamente de norte a sur. Las oleadas de grupos humanos son distintas y en distintos momentos pero al parecer quienes se sedentarizan en le territorio son grupos provenientes del sur (¿migración regresiva en algún momento?). Grupos con un mayor grado de cultura que los provenientes del norte, conocedores del fuego, la herramienta, la costura, la cesta, el barro y la cerámica, y sobre todo la agricultura. Nahuas y Tarascos, especialmente estos últimos, quienes lingüísticamente mantienen parentesco con grupos sudamericanos tales como los cultos asentamientos andinos. Existen otros grupos menos cultos, prácticamente salvajes a los que los pobladores de la mesa central del país llaman Chichimecos, integrados por distintas naciones lingüísticamente asociados a pames y otomis.

El territorio de la entidad de estudio se divide para el periodo pre colonial en la fracción norte del río lerma que los conquistadores dieron por nombre “el gran huizachal” hasta casi el actual territorio de San Luis Potosí, donde inicia “el gran tunal”. Territorio de frontera entre la árido América del altiplano mexicano y la meso América de la mesa central. Al sur del río lerma están los grupos tarascos y similares tales como fue la cultura de fuerte influencia tarasca conocida como Cultura Chupícuaro. Algunos investigadores la consideran como antecedente de la Tarasca, por lo que la influencia puede ir de Chupícuaro a Michoacán y no en sentido contrario, dado que los asentamientos de esta cultura al parecer son de mayor antigüedad a la de los tarascos de la meseta tarasca (Zin Zun Zan propiamente).

Todas estas versiones aún son hipótesis arqueológicas e históricas pues el territorio guanajuatense es virgen en materia de investigación arqueológica, no obstante ya existen algunos estudios serios relativos a los asentamientos del estado aún carecen de profundidad y plenitud de conocimiento. De hecho se puede afirmar que estos estudios apenas incursionan en el enorme potencial que la entidad presenta en riqueza precolombina.

Yuririapúndaro y Acámbaro quizá sean las áreas de mayor interés en el estudio de los asentamientos humanos precortesianos de la entidad, y grupos cultos, sin subestimar algunos fuertes y otros asentamientos ante las posibles fronteras existentes en algún momento de la historia entre los asentamientos civilizados y las incursiones de nómades (caso Tula en Hidalgo o la Cañada de la Virgen en el municipio de Allende, Gto.).

Es importante señalar que el territorio fue paulatinamente incursionado por grupos trashumantes (no nómades) quienes se asentaron en el territorio temporalmente regresando a él según sus calendarios de caza-recolección. Los circuitos de sedentarización trashumante fueron incluyendo territorios más al sur según los grupos humanos aumentaban en número. La explotación del territorio por grupos trashumantes pequeños no trajo ningún problema en la ley de población, esta continúa su crecimiento de forma sostenida aunque modesta, es así como de tiempo en tiempo la presencia de grupos humanos cada vez es más frecuente en el territorio. Al sur la expansión del esquema agrícola de la mesa central y del la región tarasca concebirá parte del territorio del actual estado de Guanajuato, así la región en tiempos precortesianos es de antemano frontera entre las naciones bárbaras del norte y lo cultos del sur.

Se articulan en el norte el esquema de producción basado en la caza, la recolección y la rapiña. Guerras continuas entre las distintas naciones mantiene la ley de población con un crecimiento modesto y estable, aunque con todo creciente. El comercio es espurio, realmente propio los grupos cultos del sur donde se articula un esquema de producción agrícola artesanal donde la cerámica, las prendas derivadas del telar de cintura, la cestería y la ornamentación y otras manufacturas se conjugan con la producción agrícola y forman una importante miscelánea de producción muy diversificada y especializada, aunque no de carácter excedentario y fundamentado en un comercio de trueque local. El indómito e incivil chichimeca se presenta ante los pueblos del sur como una continua calamidad y terrible riesgo a su forma de vida. Así es que en este territorio son comunes los fuertes de asentamientos militares en distintos momentos de la historia. Fortificaciones que sirven para repeler a los grupos chichimecas en sus continuas incursiones dentro de los territorios de los pueblos civilizados.

La colonia inicia en 1521 con la caída del imperio Azteca. El siglo XVI es un siglo altamente violento, lleno de cambio y crisis demográficas. Se especifican dos periodos: el primero que caracteriza la destrucción de la formación social indígena e impostación del esquema europeo. Va de 1521 a 1550. En este periodo se tienen dos grandes crisis demográficas, la de 1520 causada por la pandemia de la viruela, y la de 1545-46 de tifo. El rompimiento del esquema productivo indígena trae la precarización de los naturales. Se forma la república de los españoles y la república de los indígenas. Aparece la explotación de la tierra yuxtapuesta entre la producción simple de las sementeras indígenas y la producción ampliada de las mercedes reales concedidas por la Corona española a los primeros peninsulares llegados al nuevo continente.

El dominio de los blancos que son una gran minoría sobre la población natural es patente desde los inicios del periodo colonial. Los mestizos y las castas aún no figuran.

El segundo periodo es de expansión de la formación social colonial de la mesa central hacia norte y sur del país y la primacía adquirida recientemente el esquema primario extractivo exportador, este periodo va de 1550 a 1630. Durante este periodo comienzan a aparecer los mestizos y castas como componentes de la población de relativa importancia. Así, aparecen las primeras leyes para identificarles y controlarles.

La división y especialización del trabajo obedece desde inicios del periodo colonial a la discriminación racial. Primero entre los blancos peninsulares e indígenas, luego entre blancos peninsulares, blancos criollos, mestizos y castas, indígenas y negros. Son ya muy conocidos los etiquetados con que se bautiza a la población en esta parte del Continente: no te entiendo, salta pa’tras, chino, mulato, cambujo, mestizo, indio, criollo, por citar algunos. Y con la etiqueta vienen normas de vocación laboral. Propietario sólo blanco o indio, las castas y los mestizos, mayordomos y oficios. No obstante esta norma sólo persistirá parte del siglo XVI y XVII, sobre todo por que el ascenso del sector minero y la creciente población residente en los minerales exige mayor flexibilidad en la explotación de la fuerza de trabajo, así como la yuxtaposición de distintas formaciones sociales dentro de un mismo esquema económico colonial. En este segundo periodo en 1576 se da una tercera crisis demográfica explicada sobre todo por su carácter agrícola y las terribles hambrunas que se dieron ante los continuos avatares que han de enfrentarse ante la implementación del esquema agrícola bajo las mercedes reales y el rompimiento del esquema indígena.

Existe ya a fines de esta centuria una siniestra guerra de castas. Durante el siglo XVI se crearon dos tipos de propiedad, la merced real y la sementera indígena. El ascenso continuo de la forma de vida de los blancos encuentra tempranamente un límite a su expansión: la propiedad comunal de los indígenas. Se inicia el exterminio de las comunidades indígenas (de forma completa: ancianos, mujeres, niños, hombres) para que la agricultura y las ganaderías de las haciendas de los criollos y blancos pueda seguir su ascenso de forma sostenida. Irónicamente, la propiedad que concede a los naturales la Corona para protegerles del hambre y esclavitud resulta como una condena de muerte, pues los blancos en continuo ascenso en número de pobladores y extensión de propiedad sobre la tierra les aniquilan para hacerse de sus tierras. Este es el autentico genocidio indígena, no por efecto de la guerra de conquista, sino posterior, durante los siglos XVI y XVII. Con la expansión de la agricultura y las ganaderías de los españoles.

A la par viene la Iglesia Católica heredando la propiedad de las manos muertas y controlando el excedente tanto de blancos como de indígenas a través del diezmo. Aparte del repartimiento y la encomienda, los hospitales eclesiásticos también concentran y controlan a la población local (los parroquianos).

En Guanajuato, la presencia ibérica es manifiesta hasta los años 30 por incursiones que capitanea Don Nuño de Guzmán. La creación del Virreinato de la Nueva Galicia en el occidente del país, y la “reconquista” del territorio emprendida por este conquistador son el primer antecedente relevante para que se sume el territorio del actual estado de Guanajuato a los dominios de la Corona española. La fundación de Yuririapúndaro y Acámbaro como parte del Obispado de Michoacán y la llegada de grupos humanos traídos por los conquistadores a fundar haciendas y otras explotaciones explican la presencia de grupos de la mesa central del país tales como nahuas, mazahuas, otomis y tarascos. Los negros llegan hasta después de 1540 aproximadamente con la fundación del Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato y otros minerales en el norte del territorio de la entidad geográfica de estudio.

El siglo XVII es relevante en materia de conformación social y económica. Se dan las primeras haciendas agrícolas y ganaderas con desarrollos en infraestructura de interés. La sociedad novo hispana colonial queda definida y el ascenso de la minería como principal motor económico de la dinámica de acumulación colonial. Inicia el desarrollo demográfico del Bajío desde los estados de Querétaro e Hidalgo, y al sur de la entidad desde Michoacán. Aunque son obras del siglo XVI son importantes las labores que desarrollan algunos misioneros como Fray Diego de Chávez en Yuriria y en todo el sur de Fray Juan de San Miguel y Vasco de Quiroga, pues con base a la inspiración renacentista de Tomas Moro en su Utopía, las ciudades del Bajío -bajo la óptica de estos misioneros-, adquiere su traza cuadriculada y su ordenamiento territorial de tipo urbano.

Las comunidades indígenas se especializan en labores agrícolas y las ganaderías quedan en manos de españoles. El mercado regional se funda en una especialización del trabajo local en manufacturas que hacen interdependientes a las comunidades de un área geográfica. Así, las plazas comerciales se nutren de las comunidades aledañas y el comercio local toma relevancia como patente del surgimiento del sector terciario urbano colonial. Pequeños capitales comerciales en manos de arrieros comienzan a acumularse, importantes como avío del desarrollo local y el ascenso urbano.

Las haciendas son elementos motores y promotores del desarrollo agropecuario rural. En las ciudades el comercio prospera. Los mestizos van adquiriendo presencia en la vida social novo hispana y proliferan los léperos y ladinos como parte del aumento del mestizaje. Los minerales son centros gravitacionales del desarrollo y crecen con mayor dinamismo que el resto de la colonia. El sector primario extractivo exportador es el elemento vital que da energía y sostén al esquema colonial y se vuelve la principal directriz.

La colonización y poblamiento del norte del país sigue las pautas que marcan los descubrimientos y beneficios de los minerales encontrados en territorios que son parte de árido América. Las incursiones llegan hasta territorios de alta California y Texas. Se establece el camino de la plata y en sus márgenes se dan las principales poblaciones. El Bajío es el nexo entre el norte y el centro del país. Aparecen nuevas fundaciones y la ley de población se restablece. Se da una relativa paz social y relativo progreso del esquema impuesto para los blancos, quienes vienen en aumento, contrario al grupo indígena que no para su caída. Solo hasta finales del siglo XVII la hecatombe indígena llega a su sima y se mantiene de forma constante. Pero el éxito en este periodo es de los mestizos cuyo acelerado crecimiento no es igualado ni por lo blancos.

La fuerza de trabajo mestiza es un contingente importante urbano que nutre de fuerza de trabajo a los talleres y oficios, lo que permite comience a crecer el sector secundario industrial del país, en un sinnúmero de pequeños talleres (changarros) de tipo manufacturero y normalmente con carácter familiar. El ser una mano de obra sin propiedad hace de los mestizos un contingente demográfico de alta movilidad. No están cautivos de la propiedad de la comunidad indígena que exige la residencia en la tierra de los propietarios para poder explotar en usufructo o de la merced real que también implica el encasillamiento no solo de los peones sino del propio Hacendado. Los mestizos son propiamente el ejército industrial de reserva que requiere el capitalismo industrial para surgir de forma sostenida. En Guanajuato se articulan los tres sectores económicos dentro de un esquema primario-extractivo, donde el comercio es una actividad que con el tiempo suple los capitales peninsulares como principal inversión en la minería y se vuelve el principal avío para la explotación de los minerales. Esto es importante pues gracias a la dotación financiera de capitales locales, las ganancias obtenidas de la actividad minera se quedan en gran parte en manos de quienes contribuyen en tal explotación. Normalmente comerciantes y arrieros de El Bajío.

Guanajuato es un crisol de razas y a su vez es una región de alta articulación entre la agricultura y la ganadería, el comercio y la minería. Existe un desarrollo industrial relevante más allá del propio del beneficio minero. Existe un alto contenido de población blanca y mestiza, especialmente en los minerales. La población indígena tiende a desaparecer al fusionarse con otros grupos, y aparecen los negros traídos desde 1548 para suplir a los indígenas en las explotaciones mineras y agrícolas al darse la Ley de Abolición de la Esclavitud en dicha fecha, que es refrendo de la de Carlos I de 1526. El elemento negro es importante en toda la región, más también se fusiona y mestiza con otros grupos, de tal manera que a la fecha en la región existen fuertes rasgos que revelan la importante presencia de este tipo de población en la historia de la entidad. Los minerales son un emporio de desarrollo. La forma de explotación antes usada garantiza que el plus producto obtenido beneficio a mucha de la población local. No existe en salario como cuota fija sino en pago a destajo, así que la población minera no es propiamente una población de humildes. A la par de la minería, en estos lugares prolifera el comercio y otras industrias.

EL siglo XVIII es relevante desde el momento de implementarse las reformas borbónicas, las que implican un cambio en el régimen de regulación-acumulación en el Virreinato de la Nueva España. Se trata de incrementar la expoliación económica de esta parte del continente. La razón es que la administración de los Habsburgo han dado demasiadas concesiones y canonjías a sus colonias, aparte de que la corrupción esta muy generalizada en la administración virreinal.

Norte América promueve su influencia en Latinoamérica a través de promover la formulación de la logia masónica de corte liberal (York), así como también aparecen la logia europea (escocesa). Esto es importante puesto que el liberalismo en las colonias americanas, en mucho penetra las ideologías por influencia de la masonería. Es obvio que el liberalismo que proviene de la pastoral cristiana luterana y calvinismo encuentra como principal rival a vencer a la Iglesia Católica, lo que explica la lucha constante que los liberales sostuvieron durante la siguiente centuria con la Iglesia romana. La razón es que Norte América vía masones influye las clases políticas latinoamericanas inspirando los movimientos independentistas tanto de España como de Portugal, así como de Roma.

El siglo XVIII en su última mitad de siglo gesta un cambio de regulación en la forma de compulsión económica. El éxito del esquema colonial que logra paz social y ascenso económico, así también representa el incremento sostenido de la población y un muy aceptable nivel de bienestar. Este cambio de regulación exacerba el resentimiento criollo contra los peninsulares. Lo interesante es que la inconformidad que crean las reformas borbónicas divide a los blancos de la sociedad novo hispana. El grupo indígena esta marginado del esquema de desarrollo capitalista de la época y se recluye a sus tierras comunales y mantiene su estilo de vida no excedentario. Son los mestizos quienes ya son una aplastante mayoría y cuya situación como desposeídos de propiedad terrena, así como la contradicción que estos viven ante componentes culturales contrapuestos entre sentimientos incluyentes y excluyentes a la sociedad novo hispana, les hacen afectos a contravenir el orden colonial y su actitud desde su primer presencia en la historia es beligerante y rebelde.

Los miserables del esquema colonial no son los grupos indígenas, quienes poseen tierras comunales desde el principio de la colonia, menos aún los bancos que son propietarios supremos y administradores del régimen económico colonial, sino los mestizos quienes se dedican al comercio y a los obrajes y son sujetos a trato discriminado en la sociedad novo hispana, carentes de oportunidad económica y sin apego al terruño, su movilidad obedece a la carencia de propiedad. Obviamente, la sociedad más mestiza en ese momento es la de la Intendencia de Guanajuato, esto explica por qué surge de esta región el principal movimiento insurgente a inicios del siglo XIX. No se olvide que por otra parte, en el siglo XVII después del Valle de México la región más densamente poblada es el Bajío, donde el componente blanco y mestizo es tan representativo que prácticamente no existen indígenas en la región.

El siglo XIX es de guerras: de independencia, de reforma, intervenciones extranjeras entre otras contiendas históricas. Los reacomodos políticos y el ambiente permanente de hostilidad interna como extranjera no son propicios para sostener el clima que requiere el desarrollo económico. Las relaciones de México con el exterior se rompen de forma abrupta. El esquema colonial extrovertido y metalizado no es propicio para la nación independiente. Debe buscarse uno nuevo. Es vital la reforma agraria pero ninguna de las revueltas la procura, la Reforma hace mención de dicha necesidad más sólo queda como una simple enunciación, sin subestimar la enajenación que hace el estado juarista de los bienes de la iglesia católica. Una población mestiza prominente, tierras altamente monopolizadas de forma eclesiástica o propiedad de Haciendas, tierras indígenas comunales en abierta marginación, pobreza muy generalizada y extrema, conflictos políticos entre la naciente fracciones que procuran unas preservar el orden colonial, otras importar una economía similar a la norteamericana, otros tantos con intereses de inclusión o y otros con anhelos de exclusión, son aspectos sociales y económicos que caracterizan la vida de la nación independiente.

La paz porfiriana de fin de siglo es relativa y los problemas se enconan en dimensiones más críticas. La presión estadounidense es fuerte y los compromisos financieros de la nación con el exterior también ejercen adicionalmente otra presión sobre las urgencias nacionales. El problema radica en el reparto económico: el reparto agrario.

El siglo decimonónico es una centuria de redefinición, revolución y búsqueda de una nueva identidad como nación independiente. El primer censo con rigor científico y de carácter general se da en 1895. La evolución demográfica ante las continuas guerras que abarcan un periodo de 1810 a 1930 causa una mortalidad significativa, así como la propia pobreza en que se sume la nación. Los reacomodos son muy diversos y la descomposición-composición económica engendra conflictos diversos de distinta índole social.

El rompimiento con Europa da relevancia a los Estados Unidos de Norte América y es cuando el norte del país va adquiriendo importancia, tanto económica, política como demográfica. Inicia la migración hacia las ciudades que son frontera o mantiene fuertes vínculos con el mercado norteamericano. Incluso puertos como Acapulco y Tampico son beneficiarios de esta nueva relación. El desarrollo demográfico del norte se explica especialmente por la migración del centro del país así como de extranjeros norteamericanos que llegan a estos territorios buscando la oportunidad económica. El Bajío nutre especialmente esta migración y es cuando la participación relativa de población guanajuatense respecto a la nación comienza a ser paulatinamente menor.

Muchas ciudades crecen como efecto de las guerras continuas y el clima hostil. La población campesina busca el abrigo de las ciudades ante la anarquía imperante en el campo y la pobreza que se vive en el medio rural. Es hasta los años 30 del siglo XX que la paz social se logra bajo el fundamento de un solo proyecto de desarrollo nacional que Plutarco Elías Calles logra establecer dando fin al caudillismo que caracteriza al país.

El proyecto post revolucionario incluye a la nación en la modernidad capitalista contemporánea.

En el ámbito demográfico se da la primera ley de población (1936) de carácter pronatalista. El periodo de entre guerras y la proximidad de la segunda contienda mundial es muy favorable para las exportaciones mexicanas, lo que es causa de que la expansión de circulante se mantenga de forma sostenida y financie junto al ahorro interno el crecimiento del país. El ascenso económico, la paz social, el mejoramiento de antibióticos y asepsia medicinal, nuevas vacunas y el ambiente institucional favorable son causa de la transición demográfica y ulterior explosión demográfica. El periodo de post guerra para el país es de continuo crecimiento tanto en el nivel de ingreso per cápita como del número de habitantes. Cambia el espectro de morbilidad y la influencia del keynesianismo es base para que la prestación social se traduzca en un seguro médico de tipo social (IMSS). El ascenso del estado benefactor post revolucionario con base a la prestación social y el llamado salario indirecto vía sindicatos incorporados al partido revolucionario institucional (corporativismo) son elementos que explican en gran forma el porqué del crecimiento acelerado de la población.

Un régimen administrativo institucional altamente centralizado, el esquema proteccionista y la distribución espacial de la población heredado desde la colonia causan que los patrones migratorios sigan la concentración de la población en 4 grandes ciudades: México, Guadalajara, Puebla y Monterrey. Que establece el sistema de ciudades propio de un esquema de desarrollo centralizador. La metropolización de la ciudad de México y de Guadalajara establecen los criterios de primacía urbana de esta zona de desarrollo.

El crecimiento de las ciudades-mercado es una característica del periodo de post guerra hasta la década de los 70. El nivel de bienestar es próspero y la economía mexicana por fin logra consolidar su desarrollo capitalista industrial bajo el esquema de sustitución de importaciones.

Mucho de este auge se explica por una coyuntura de post guerra favorable y al sostenido crecimiento del capitalismo durante su fase fordista. El tipo de relaciones industriales y el corporativismo son el marco que define la lógica del esquema de regulación económica materializado en un estado social benefactor. La niponización y el agotamiento del fordismo durante los 70 causa una profunda crisis juglar en toda la estructura económica internacional (postfordismo). La crisis del patrón dólar-oro en 1971 y de los energéticos en 1973 son aspectos nodales que marcan el inicio de la crisis. En México los años de prosperidad han acumulado suficientes reservas internacionales como para sostener un déficit perentorio sin afectar el tipo de cambio de 1971 a 1976. En este último año entre las iniciativas que atienden la situación esta la segunda ley de población ahora de carácter neo malthusiano.

La alta elasticidad del mercado laboral combinado con la inelasticidad de la oferta agregada por el alto grado de monopolización del mercado interno es causa del depauperio paulatino del salario real. También es relevante que en 1965 se gesta el programa de la industria maquiladora de exportación que procura frenar la creciente migración al país vecino del norte e industrializar la fracción fronteriza de México con dicho país. Donde institucionalmente se admite el práctico congelamiento del salario real nacional.

En los 80 el término de la guerra fría da pie a la globalización bajo la bandera del neoliberalismo anglosajón. La incrustación de la economía mexicana en este nuevo orden económico internacional implica la apertura comercial y financiera, así como la des reglamentación en materia de competencia económica. En este esquema con apertura, cambian los patrones migratorios y la distribución espacial de la población. Las ciudades del centro disminuyen su crecimiento, el dinamismo demográfico ahora se manifiesta en las ciudades puerto y frontera del país que guardan fuerte vínculo con los mercados internacionales. Así también el cambio de régimen en materia de tenencia, propiedad, uso y ordenamiento del suelo causan la migración de las localidades de 99 o menos habitantes a las llamadas ciudades medias, así como de la terciarización de la economía.

Guanajuato es una entidad donde es manifiesta una fuerte migración tanto interestatal como internacional. Sui géneris de la nación es el suceso demográfico local, el cual se explica siempre desde la óptica sistema y más global. Los sucesos se siguen dando en la esfera social y económica y ahora vive la entidad un periodo de transición demográfica pero no de carácter natural (vegetativo) sino social (migración). La década de los 90 es un periodo que trasciende ante la impronta del cambio observado en los patrones demográficos, tanto vitales como sociales que tienen su explicación tanto en el cambio del esquema económico de sustitución de exportaciones como a otros de carácter institucional donde destaca la des reglamentación en el orden de competencia económica y régimen de regulación.

Queda en mucho seguir explorando otros tantos temas de interés en materia de la observancia de los patrones de conducta demográfica tanto en su antecedente histórico (como razón de la lógica inherente del proceso que le mueve), la situación presente (que contrasta la realidad con la elucubración teórica) y la perspectiva futura que permite la visualización de la expectativa demográfica y la prospectiva de la planeación social. Sin embargo, el esfuerzo realizado, ante la enorme y compleja red de conexiones que deben considerarse para un estudio de mayor profundidad y envergadura, siempre queda en el ámbito de lo modesto. Dejo al lector la evaluación consiguiente que el presente estudio da a la razón histórica de la demografía del estado de Guanajuato, como un esfuerzo elucubrativo (a manera de modelo hipotético deductivo) del suceso observado en la vida social de la población guanajuatense, el que se soporta bajo varias hipótesis planteadas y sustentadas en la contrastación que permite el dato historiográfico.

Se es pionero en este quehacer de la investigación histórico-demográfica y vienen otros esfuerzos de investigadores a quienes, bajo nuevos y mejores planteamientos se siga la incursión dentro de la demografía histórica guanajuatense; trabajos de especial interés donde se espera que este esfuerzo sirva de antecedente importante y de marco referencial en la comprensión del suceso demográfico.