ANTECEDENTES PRECORTESIANOS

Siguiendo y coincidente con la tradición trazada por el Ales Hrdlicka, el periodo precortesiano abarca entre veinte y quince mil años a. C. –que es lo que diversos estudios admiten como el término de la última glaciación la que hizo factible el paso del hombre asiático (por el estrecho de Bering) al continente Americano2. Así también, estudios genéticos y etnográficos de los indígenas norteamericanos del lado este de los Apalaches y Canadá suponen un migración procedente de Europa pero de menor dimensión. De ese tiempo a 1492, con el descubrimiento del continente por el genovés Cristóbal Colón.

El Hombre americano es básicamente un inmigrante asiático3, aunque existen grupos con similitudes nórdicas en América del norte, como en América del sur hay algunos grupos que guardan ciertas características étnicas y culturales que suponen la posibilidad de que existan influencias de otros continentes, propiamente de Oceanía de polinesios y melanesios (Von Wuthenau; 1991). Algunos otros autores angloamericanos hablan de presencia persa, griega, vikinga, negra, china, entre otros más, pero dichas aseveraciones no son fundadas con seriedad por tener bases sustentadas en meras elucubraciones e incluso de carácter subrepticio4 como son algunas similitudes y coincidencias culturales entre estos pueblos. Inclusive existen quienes afirman que quienes aportan estas afirmaciones tienen un sesgo científico pues procuran descalificar el descubrimiento colombino y el mérito español en el descubrimiento del nuevo continente, a favor de otorgar dicho mérito a otras naciones europeas.

Por otra parte, existen vestigios culturales que seducen a los historiadores, etno lingüistas y arqueólogos a considerar la presencia africana precolombina en el oriente de México, como lo sugieren ciertas esculturas olmecas tales como las monolíticas cabezas que hay en La Venta (Tabasco), las cuales presentan aparentes rasgos negroides, y que al parecer de quien esto escribe, son efecto de la estilización y abstracción del arte precortesiano, que más bien semejan los rasgos atigrados (jaguar) o de otros tótem es, o bien, pudo tratarse de rostros de hombres obesos.

Sobre la presencia de cierta diversidad existente entre los indígenas es evidente en muchos relatos de cronistas y estudios arqueológico, por citar alguno esta la crónica de Bernal Díaz del Castillo “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España” donde se relata el asombro de Hernán Cortés ante la presencia de personas de piel oscura entre los sirvientes del emperador Moctezuma5 (más oscura de la vista en la generalidad de los indígenas conocidos).

Existen algunas mutaciones genéticas propias del aislamiento geográfico y a la práctica de la endogamia entre muchos grupos indígenas de Centroamérica, la que causa mutaciones y acentúa los rasgos de un grupo o bien causan su diferenciación, que se vuelven endémicas dentro de los grupos de una región, como son los rasgos propios de los indígenas mayas donde destaca un perfil escindido o los rasgos achatados de los zapotecas, o bien ciertos grupos con “rarezas” muy prominentes como es el caso de los albinos entre indígenas de Panamá o de un fenómeno de transexualidad6 entre algunos otros grupos de las islas del Caribe. Los albinos de Panamá hicieron pensar a exploradores del siglo XVI que se trata de europeos que moraban en tales tierras.

Otros elementos sobre la presencia de grupos de origen ultramarino en la América precolombina son algunos indicios aislados extraños como es la existencia de una pequeña pieza de piedra en forma de cabeza7 encontrada en el centro de México, cuyo tallado es un hombre barbado de rasgos europeos y que según los arqueólogos es de origen romano. De la autenticidad de la pieza no hay duda, pero esta pudo ser introducida a la región durante la Colonia, por lo que no es válido sostener que es un indicio de presencia romana en el centro de México, por otra parte hay en la región otras piezas del mismo tipo, entre otros vestigios más. Al retomar los estudios con rigor científico, se puede afirmar hoy día que el poblamiento del continente americano se remonta –como ya se dijo líneas anteriores-, aproximadamente veinte o quince mil años antes de la era cristiana. De los cuales diez o cinco mil son de prehistoria y diez mil de civilización con el inicio del periodo pre agrícola en meso América.

La tesis del origen autóctono del hombre americano esta desechada por no existir en el Continente vestigios de homínidos anteriores al homo sapiens, como sucede en los continentes africano y euroasiático.

De todo lo anterior se tiene por la evidencia empírica que las principales migraciones a América deben tener una procedencia dominantemente asiática. La ascendencia asiática proviene de los primeros migrantes que atraviesan el estrecho de Bering durante la última glaciación. Van lentamente adentrándose en el continente de manera trashumante, en la búsqueda de nuevos territorios de caza y recolección de frutos y otros vegetales. Por lo que la sedentarización de América es muy lenta pues la expansión de los asentamientos humanos dependen del crecimiento vegetativo de la población y de la trashumancia cíclica territorial de los cotos de caza. Con la invención de la agricultura el ser humano abandona su nomadismo y trashumancia y se vuelve sedentario. El comercio es esporádico y pobre (basado en el trueque) y más bien hay guerras entre los grupos o naciones por el dominio del territorio. Sin pretender aplicar el principio de población de Robert Thomas Malthus, la posesión y control del territorio ocasiona un crecimiento natural modesto de las naciones indígenas. Cuando una logra un mayor monto de población que las otras tienden a dominarlas y a expulsarlas a otros territorios despoblados y más distantes. Al parecer este es el sentido que toma la sedentarización en el continente y es de norte a sur, la que dura varios miles de años hasta poblar parte del cono sur.

Por aquellos tiempos la movilidad de población habla de una trashumancia cíclica de los lugareños, vienen y van de un lugar a otro según temporada, coto de caza y recolección. Sin embargo, no se puede hablar de nomadismo, puesto que los residentes siempre concurren a los mismos lugares, de generación a generación, sin salir de cierta área geográfica.

De los aproximadamente 20 mil años (de la actualidad al inicio del desarrollo demográfico del Continente), sólo son de interés los últimos doce, que es el tiempo en que el hombre americano manifiesta rasgos culturales diversos y rompe con su condicionamiento natural.

En la historia del poblamiento americano se pueden considerar dos periodos: el precolombino y el post colombino, y para el caso de México, el precortesiano, y el post cortesiano.

El primer periodo precortesiano -el cual considera para el caso de meso América cinco horizontes de ascenso cultural-, tiene como primer estadio el pre agrícola, que abarca aproximadamente desde 20 a 15 mil años a.C., al 5 mil de la misma era. Durante este estadio el Hombre americano es un trashumante. Su avance de norte a sur (para el caso de la mayoría de los indígenas que pueblan meso América), se da lentamente, con movilizaciones que tienden a explorar territorios nuevos de caza y recolección, una vez se agotan los territorios ocupados, o bien son expulsados por la presión guerrera de otros grupos humanos. También se cuenta con una corriente proveniente de América del sur, la cual es relevante en parte para el territorio de Guanajuato. Se trata de los ueranis8, purépechas9, o como les dan a llamar los españoles: tarascos10. Según la etnolingüística, su lengua tiene fuertes conexiones con el quechua andino, y con otras lenguas de América del sur como el Haymara.

Los tarascos –a la llegada de los españoles- ocupan territorios de la actual geografía estatal por debajo de la actual rivera marcada por el río Lerma11. Más se sabe, por vestigios arqueológicos de zonas más al norte, que existen asentamientos de estos propiamente hasta la actual frontera del estado de Guanajuato con la de San Luis Potosí. El avance continuo de naciones nómadas del norte, el aguerrido y cruel Chichimeca12, les repliega a las riberas del Lerma. En el actual territorio del estado de Guanajuato de tarascos hay asentamientos importantes en Yuriria13, Acámbaro14, Pénjamo, y sureste, tales como Jerécuaro y Coroneo, entre otros lugares, aunque este tema no es propiamente del periodo pre agrícola, sino del consiguiente proto agrícola, que más adelante es mencionado de manera detallada.

Las naciones chichimecas presentan un condicionamiento económico pre agrícola, basado en la caza y la recolección, como en guerras de saqueo. Los grupos indígenas del sur donde dominan los tarascos viven en un abierto proto agrícola. Entre otros grupos de origen yuto - azteca, otomis y naciones trashumantes nombrados por los nahuas como chichimecas, habitan y transitan la región. Existen vestigios arqueológicos en toda la entidad que revelan la posibilidad de diversos asentamientos de estos, aunque deben ser esporádicos y temporales, debido a las incursiones de los pueblos bárbaros del norte (los chichimecas), quienes asolan la región hasta el estado de Hidalgo. De hecho se les culpa de la destrucción de Tula, y con ello el crepúsculo de la civilización Tolteca15. El segundo periodo precortesiano se nombra proto agrícola. Comprende aproximadamente del año 5 mil a.C. al año mil de la misma era. Con el descubrimiento de la agricultura –se dice es un legado de la mujer16- se dan los primeros asentamientos en la región.

Los vestigios arqueológicos demuestran que, con excepción de los nahuas, el sistema de cultivo de roza17 era una práctica también muy comúnmente utilizada en América, la que consiste en la alternancia de cultivos –maíz, frijol y chile, principalmente- como de terrenos de cultivo, que deja descansar la tierra por cierto tiempo, una vez que se agotan sus nutrientes. Es muy posible que tal forma de trabajar la tierra se cultiva por grupos sedentarios de la región, especialmente los tarascos, al menos así lo hacen suponer ciertos vestigios arqueológicos, y crónicas de españoles en tiempos de la Conquista.

Se sabe de la localización de los asentamientos de estas naciones indígenas porque existe gran número de vestigios arqueológicos que sobresalen del resto de la entidad, inclusive concernientes a una importante cultura a la que se nombra “cultura chupícuaro”, identificada principalmente en el área de Acámbaro (algunos investigadores consideran que es el antecedente más directo de los purépechas). La mencionada cultura chupícuaro en su cerámica manifiesta fuerte influencia del estilo teotihuacano.

El horizonte clásico contempla aproximadamente mil años de la era cristiana. Le sucede el post clásico del año 1000 d. C. a la llegada de Hernán Cortés en 1519. Estos dos horizontes escapan del interés del presente estudio pues se puede afirmar que para el caso de las comunidades indígenas que residen o transitan el actual territorio de Guanajuato estos estadios culturales no se dieron, son propios de las naciones que habitan la mesa central del país. Contemporáneamente conviven dos horizontes de ascenso cultural; el pre agrícola (los chichimecas) en la parte norte de la entidad, como el proto agrícola (tarascos) en la parte sur. - No se olvide que tales horizontes no son etapas cronológicas sino demarcaciones por el grado de desarrollo cultural.

Al norte del estado se encuentra el aguerrido chichimeca, indígena enjuto y ñengo18, de baja estatura, similar o quizá un poco más bajo al tarasco de aproximadamente 1.60 metros (Cook; op. cit., 137), que se moviliza en pequeños grupos o bandos unidos por lazos de consanguinidad (hordas).

El chichimeca no es una sola nación sino un conjunto de naciones distintas. No existe una jerarquía u organización política entre ellos, como es el caso de los grupos mesoamericanos. Más bien se identifica con este nombre un nivel de desarrollo cultural muy bajo, casi troglodita (Rionda; 1998).

Estas naciones nómadas o trashumantes transitan territorios que van desde los actuales territorios estatales de Zacatecas19 y San Luis Potosí, a estados como Jalisco, Guanajuato, Querétaro e Hidalgo. Guerrean entre ellos, y contra quienes se cruzan en su camino. Distinto a los pueblos del Valle de México y del México central, no pudieron ser sometidos por los españoles por dos razones importantes: son un conjunto de grupos étnicos distintos, no una única nación, y por otra, no existe una jerarquía bien delimitada y común de todas las naciones, sino un conjunto de caciques o señores por horda, lo que significa que la caída de unos no significa la perdición de los otros. Entre los mexicas, en el momento que Cortés toma prisionero a Moctezuma, desde ese momento comienza la conquista. Al derrotar a los monarcas nahuas el pueblo mexica sucumbe al no contar con el liderazgo que lo organiza. Los Chichimecas, como bárbaros, no tienen tal organización jerarquizada. Por su continua movilización, no es posible dar un acercamiento del número de pobladores que comprenden estos. Bien se puede hablar de 10 mil y en cuestión de meses de unos cuantos cientos, y posteriormente verse incrementada sustantivamente su presencia. Su variabilidad es adversa e inestimable; sin embargo, por lo visto durante el proceso de colonización en la región la zona que ocupan es prominentemente la parte noreste de la entidad, especialmente San Luis de la Paz.

Entre las principales naciones que les componen están los guamares, guachichiles, guanabales, guajabanas, zanzas y copuces, por citar los principales (Rionda, 1997; 9-40).

Los Chichimecas, ante la llegada de los ibéricos se repliegan al norte del país, conforme los segundos avanzan e incursionan sus territorios.

En la parte sur de la entidad -que es sin duda en aquel entonces la más poblada de la entidad-, se ubican Tarascos, y en el suroeste algunas poblaciones yutoaztecas emparentados con los grupos del occidente michoacano y Jalisco. En especial en terrenos que hoy conforman el municipio de Pénjamo. Al menos así lo muestran las anécdotas de las incursiones que Nuño de Guzmán (1529 – 1530) hace a los territorios aledaños a las riveras del río Lerma, sur del lago de Chapala y río Santiago.

Los asentamientos que encuentran los españoles en su arribo a la región básicamente son las poblaciones de Yuriria y Acámbaro, donde ya existe una población bastante representativa. Otros lugares contienen núcleos de población muy reducidos y aislados. Algunos son residencias temporales y otras de carácter definitivo.

Después de las incursiones de Nuño de Guzmán en dichos territorios se puede considerar que la región abajeña, y propiamente lo que hoy integra el actual territorio del estado de Guanajuato, inicia su colonización en 1530 y las dos primeras fundaciones (propiamente refundaciones) son Yuriria (1540) con aproximadamente 6 mil almas (Guzmán; 1985) y Acámbaro (1526) (Rionda; op. cit., 43).


NOTAS

2 Esta es la hipótesis actualmente más aceptada, y se funda en las similitudes existentes entre los genotipos orientales con los americanos tales como tipo sanguíneo, rasgos faciales, morfología, como la llamada mancha (o lunar) mongoloide, entre otros criterios más como similitudes lingüísticas de distintos grupos americanos con lenguas asiáticas tal es el caso del monosilabismo de la lengua maya con el Chino, por citar alguno.

3 De acuerdo a los trabajos desarrollados por Ales Hrdlicka. Véase a Comas (1980); Rivet (1979) y a Martínez (1987).

4 Haciendo referencia al afán anglosajón de desvirtuar y descreditar el mérito de España en el descubrimiento de América, desde luego con fuerte sesgo político.

5 Diaz del Castillo, Bernal (en diversas publicaciones). Ver a Roldán (1980).

6 Se refiere al fenómeno de cambio físico de sexo durante la adolescencia donde algunas aparentes niñas al desarrollar sus caracteres sexuales secundarios se convierten en varones.

7 Revista National Geographic (versión en español) del mes de octubre de 1998 y del mes de diciembre de 2000. México.

8 Como se les nombraba a sus reyes, similar a los quechuas que se les llamó Incas, que era la denotación del monarca. Véase a López (1981); 18 – 19.

9 Uerani se le llamaba al rey y purépecha era como se nombraba al hombre del pueblo, los mexicanos les llamaban michoacas que significa en nahuatl “pueblo de pescadores” o simplemente “pescadores”.

10 Tarasco en purépecha significa yerno, que era como el indígena llamaba al español, que “desposada” a su hija. Este tipo de casamientos se dan mucho entre los capitanes españoles con las hijas de los caciques indígenas, que es una forma relativamente común durante la conquista del entonces territorio purépecha el cual abarca desde la parte occidental del actual estado de México, hasta el sur del estado de Guanajuato, comprendiendo en su cabalidad el territorio de Michoacán. Este tipo de matrimonio sirve como una estrategia militar de apaciguamiento de los indígenas, y como táctica de colonización.

11 A este río se le llama Lerma en memoria de aquel soldado español que acompañó a Cortés en las guerras de Conquista, y que una vez decepcionado de la empresa española, se pierde entre los indígenas para no más volverse a saber de él. Véase a Moreno (op. cit.) p. 323.

12 Chichimeca era el nombre que los mexicanos le dan a las naciones que habitaban parte de El Altiplano mexicano y deriva de dos vocablos nahuas: chichimetl (persona de bajo linaje), y el locativo “co” que denota lugar o procedencia. Chichimeco, lugar donde habitan personas de bajo linaje. Véase a López (op. cit.). p. 26.

13 Yuriria proviene de los vocablos purépechas Iuriria Púndaro, que significan “Lugar del lago de sangre”, al ubicarse originalmente asentamiento Tarasco a orillas de la boca de un volcán al que actualmente se le nombra “La Joya”, y que tenía la cualidad de tomar una tonalidad rojiza, como la sangre ante ciertos ante ciertos eventos meteorológicos.

14 Acámbaro significa en purépecha “lugar de Acames”. El acame al parecer se refiere al maguey.

15 Tolteca en nahuatl equivale a algo así como perito, diestro o maestro, que es como los mexicanos -quienes no son contemporáneos de los toltecas sino posteriores-, les nombran ante su admiración por la grandeza arquitectónica y cerámica encontrados de sus vestigios en ciudades como Teotihuacán y Tula.

16 En la mitología nahuatl, se dice que es Quetzalcoatl (literalmente “serpiente emplumada" pero metafóricamente “nuestro hermano hermoso” o “nuestro hermano gemelo”), el Dios barbado llegado de oriente, quien enseña a los hombres sobre el cultivo del maíz.

17 El cultivo de roza consiste en desmontar un terreno para cultivarlo perentoriamente hasta que sus nutrientes se agotan y empobrecen, por lo que se desmonta otro nuevo terreno y el original se deja descansar. Tiempo después que también se agota este segundo terreno, se abre un tercer nuevo terreno o bien se regresa al original, y así alternadamente se cultiva en dos o más terrenos, según la capacidad de regeneración en cultivos de los terrenos como de la propia rotación de los cultivos. El sistema de roza es muy genérico en la historia del Hombre pues se han encontrado vestigios de tal uso de la tierra tanto en Africa, Asia como en Europa. Véase a Barnes (1987).

18 Ñengo es un vocablo náhuatl que significa flaco o débil.

19 Zacatecas es una palabra derivada del nahuatl que proviene de dos vocablos “zacatlán” o “zacate” que significa hierva, y el locativo “co”. Por lo que significa “lugar de zacate” (Leander, 1980; 263).