BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

LA ECONOMÍA MEDIEVAL Y LA EMERGENCIA DEL CAPITALISMO

Isaías Covarrubias Marquina




Esta página muestra parte del texto pero sin formato.

Puede bajarse el libro completo en PDF comprimido ZIP (191 páginas, 668 kb) pulsando aquí

 

 

2. El crecimiento de la población y del producto

El incremento sostenido de la población fue un elemento dinámico determinante en el crecimiento y desarrollo de Europa durante el período que abarca del año 1000 hasta el año 1500, es decir, el período que va desde el inicio de la expansión comercial hasta el comienzo de la colonización transoceánica. Alrededor del crecimiento demográfico ocurrieron los cambios reflejados en la expansión de las fronteras de producción, mediante el incremento del uso de la tierra; los cambios relativos a la utilización de la mano de obra; las transformaciones de los centros urbanos y la emergencia de redes articuladas de comercio basadas en la especialización. Si bien se tiene más o menos claro el impacto general que provocó la expansión de la población durante el período 1000-1500, resulta más difícil discernir los factores causantes de este crecimiento poblacional. Las cifras de población que se presentan tienen el consenso de la mayoría de los especialistas. Se tomaron para el análisis las aportadas por Maddison (2001) y el trabajo de la Universidad de la Laguna (2002).

Conviene observar el comportamiento demográfico europeo dividiéndolo en dos grandes períodos: 1000-1300 y 1300-1500. Según las estimaciones presentadas, la tasa de crecimiento promedio interanual de la población europea durante el período 1000-1300 fue de 0,2%. Si se toma sólo a la población de Europa occidental, la tasa de crecimiento es muy similar. Este lento crecimiento, además, se distribuyó desigualmente entre diferentes regiones. Sin embargo, estamos en presencia de un crecimiento sostenido, por débil que sea su tasa. La indagación de las causas de este crecimiento sostenido, señalan Contamine et. al. (2000), están sujetas a controversia. En general, se destacan como variables fundamentales las relacionadas con una reducción de la tasa de mortalidad debido a: la ausencia de epidemias generalizadas tras las últimas manifestaciones recurrentes de la peste en el siglo VII; la instauración de una mayor estabilidad política que evitó gran número de guerras; y las mejoras en la alimentación producto de la incorporación del octavo aminoácido, gracias al consumo de la lenteja. No se descarta el efecto de un incremento de la tasa de natalidad, actuando en conjunto con la caída de la mortalidad, pero, no se ha podido demostrar de forma contundente la incidencia de esta variable.

Una característica intrínseca que acompañó al crecimiento demográfico, impactando sobre el crecimiento económico, lo constituyó el fuerte movimiento migratorio observado durante estos siglos. Aunque no se pueda hacer una evaluación cuantitativa de estos movimientos, por la carencia de fuentes documentales, lo cierto es que la corriente migratoria sigue dos direcciones claras. Una primera orientación es el movimiento migratorio que realizan los francos hacia España. En las ciudades y comarcas donde estos emigrantes, sobre todo artesanos y comerciantes, se asentaron, por ejemplo en Burgos y Zaragoza, se agruparon en barrios específicos que recibían el nombre de vicu francorum o rua de Francos. Con su presencia contribuyeron a dinamizar la emergente economía urbana y a poner en relación los espacios hispánicos con el conjunto europeo. El otro movimiento migratorio se produjo en la dirección de llevar a parte de la población flamenca, holandesa y alemana, a colonizar el este europeo. Esta corriente migratoria, fundamentada en los dezplazamientos de los campesinos, es una consecuencia de la diferente presión demográfica existente entre los países germanos y eslavos. La expatriación estaba vinculada frecuentemente a políticas de colonización de tierras, que se decía eran de muy buena calidad, destinadas a estos pioneros, a menudo acompañados por especialistas en trabajos de drenaje y construcción. A pesar de la presión demográfica existente, en realidad el flujo migratorio apenas representó un 5% de la población de las regiones de origen, por lo que es dudoso que haya podido contrarestar el relativo superpoblamiento del noroeste europeo (Contamine et. al., 2000).

Desde la perspectiva de análisis con la que North y Thomas (1976) abordan los efectos de la presión demográfica del siglo XIII, el mayor impacto se hizo sentir sobre la tierra, puesto que provocó un cambio importante en las tradicionales formas contractuales de trabajo propias de la época medieval. Dado que la expansión demográfica impulsó a cultivar la tierra de forma más intensiva, y a ocupar las de menor calidad, la productividad del trabajador agrícola decayó. Esto llevó a un aumento de los precios de los productos agrícolas con relación a los precios de los bienes manufacturados producidos en las ciudades, lo cual se tradujo en un descenso del nivel de vida del trabajador al reducirse los salarios reales. De manera que la expansión demográfica y el desarrollo de la economía monetaria provocaron, en cierta medida, los cambios en los usos de la tierra como propiedad comunal y en los contratos característicos. Debido a los rendimientos decrecientes del trabajo en la agricultura, a lo largo de este siglo el crecimiento de la población siguió desbordando al de la producción. La primera consecuencia evidente de este hecho fue el hambre generalizada de 1315-1317.

No obstante lo anterior, hay que advertir que evaluar el incremento de la producción y valorar el impacto de la lenta mejora tecnológica sobre los rendimientos de los principales rubros cultivados en las principales regiones europeas hasta el siglo XIII, se ha convertido en uno de los temas más delicados de la historia de la Edad Media. Las diferentes bases documentales que existen son irregulares y están dispersas, por lo que cualquier juicio tiene la impronta de la posibilidad de error. Si se evalúan algunas regiones, particularmente de Francia, en cuanto a la producción cerealista, resulta difícil no concluir que se produjo un aumento de los rendimientos medios entre los siglos X y XIII, especialmente en las explotaciones campesinas donde la extensión de la superficie cultivada no había sido capaz de absorber el crecimiento demográfico. Por otra parte, se ha argumentado que, junto al crecimiento de la población, Europa experimentó desde el siglo VII, acelerándose en el siglo X y prolongándose hasta el siglo XIII, un crecimiento biológico, producto de la evolución climática. Este factor exógeno generó unas condiciones favorables para el incremento de la productividad de la tierra, lográndose cosechas algo más ricas que redundaron en aumentos de la producción.

Aun aceptando la hipótesis de una influencia favorable de un mejor clima en la productividad, es preciso acotar que el progreso técnico y la organización institucional de la producción agrícola, evolucionando lentamente a lo largo de la Edad Media, siguen siendo los factores determinantes del lento crecimiento de la productividad. El mayor crecimiento relativo de la población respecto al producto, en un contexto social con una frontera tecnológica limitada, donde la fuente energética básica seguía siendo el trabajo del hombre, provocó la aparición de rendimientos decrecientes en la agricultura, mermando la productividad y, por consiguiente, el crecimiento del producto per cápita. La adopción del sistema de rotación de cultivo trienal, el uso de las tierras de frontera y el mejor aprovechamiento de suelos de baja calidad, compensó un poco la baja productividad, pero no pudo evitar que, aunque en términos globales el producto creciera, el resultado neto fuese desfavorable.

Además de las limitaciones en la utilización de energía, se han sugerido otras explicaciones para la baja tasa de productividad agrícola. El argumento de North y Thomas (1976), se relaciona con la falta de incentivos y derechos de propiedad. Dado que la agricultura dependía fundamentalmente de acuerdos institucionales heredados del feudalismo, ningún señor podía apropiarse de ni siquiera una parte del producto social resultante de la introducción de mejoras técnicas y organizativas. Al no existir este incentivo, lo cual alejaba la tasa social de beneficio de la respectiva tasa privada, los cambios tecnológicos introducidos en la agricultura medieval fueron mínimos. En el mismo sentido, se ha argumentado que tampoco el campesino sujeto a la obligación señorial tenía el más mínimo incentivo para tener un grado de laboriosidad y diligencia mayor que el promedio. Se tratara de la limpieza de la tierra, la extirpación de las malezas, o la eliminación de los insectos dañinos, no tenía sentido alguno que un campesino trabajara con más ahínco en la resolución de estos problemas relacionados con la productividad, si en las tierras colindantes no se hacía otro tanto (Bühler, 1977).

El siguiente período en la tendencia poblacional europea va a estar marcado por los efectos de la peste negra de 1340. Las consecuencias económicas de la peste fueron amplias, desorganizando los circuitos comerciales y afectando las actividades productivas de toda naturaleza, pero la mayor consecuencia fue el importante descenso de la población. Como se observa en los cuadros 1 y 2, tanto si se toma la región de Europa occidental o se analiza Europa en su conjunto, el retroceso demográfico experimentado representó un verdadero colapso, al disminuir la población en una tercera parte aproximadamente. Una proyección de la población europea en 1500, de no haberse visto mermada por la epidemia y manteniéndose la tasa interanual de crecimiento de 0.1% arroja la cifra de 87 millones de habitantes. La población real finalizando el siglo XV, representaba la misma cantidad que se tenía dos siglos atrás, reflejando la ralentización del crecimiento.

En la búsqueda de ser consistentes con su análisis, North y Thomas (1976) observan en el decrecimiento de la población hacia mediados del siglo XIV, para luego recuperarse muy lentamente, el cambio de signo en el comportamiento de los factores, en la producción, en los rendimientos y en los acuerdos institucionales que definen los derechos de propiedad. Una vez más la tierra volvió a ser relativamente abundante y el trabajo más escaso y más valioso. En consecuencia, volvieron a disminuir los precios de los productos agrícolas y se incrementaron los salarios reales. El descenso de las rentas de los señores feudales, aunado a la competencia por la contratación de la relativamente escasa mano de obra, generó los incentivos necesarios para el comienzo de la disolución del sistema de propiedad comunal de la tierra, dando paso al establecimiento de derechos de propiedad, reflejados, por ejemplo, en el inicio del proceso, en el siglo XIII, del cercamiento de tierras.

La situación fue diferente en el caso de Europa oriental, en la medida que los señores colaboraron entre sí para mantener el status y la condición económica de sus antiguos vasallos. A pesar del incipiente proceso de cercamientos y de otorgamiento de derechos de propiedad, Dobb (1979) arguye que los sistemas compulsivos, obligantes del trabajador con su señor, en realidad se exacerbaron en la Inglaterra de los siglos XIII y XIV. Se produjo un incremento del trabajo forzoso en los señoríos más extensos y en las tierras monásticas, así como una mayor presión por parte del señor sobre el producto excedente, en forma de mayores exacciones e impuestos.

La disminución de la población afectó negativamente a la industria y el comercio. La contracción de lo mercados fue el desencadenante de las actitudes defensivas que se observarían en los acuerdos contractuales del comercio internacional y local. Se trataba sobre todo de mantener los mercados existentes, monopolizar el comercio e impedir la entrada y la competencia de mercancías extranjeras; el desarrollo de los gremios artesanos en las ciudades fue otra respuesta local de este tipo. Cuando en la segunda mitad del siglo XV la población comenzó de nuevo a crecer, existía un panorama muy diferente al prevaleciente en 1350. El aumento demográfico volvió a ser causa del alza de los precios de los rubros agrícolas y la consecuente disminución del salario real del trabajador, pero este nuevo cambio se realizaría dentro del contexto de la expansión comercial generada por los viajes de exploración y descubrimiento, así como dentro de una estructura diferente de los derechos de propiedad, sobre todo en Holanda y en Inglaterra, los cuales supusieron nuevos acuerdos institucionales para la producción y el trabajo.

Si se hace un balance en conjunto respecto al impacto relativo de la dinámica demográfica sobre el comportamiento de los precios de los cereales, particularmente sobre los del trigo, se reflejarán precisamente las dos etapas diferenciadas analizadas. El constante ascenso de los precios del trigo desde 1170-1320, observados en el gráfico 1, se corresponde con la etapa de aumento de la población europea. La disminución de los precios del trigo desde la segunda década del siglo XIV, con un breve repunte hacia 1360, para luego seguir disminuyendo por lo menos hasta el último tercio del siglo XV, se corresponde con la crisis demográfica sufrida por Europa a partir de la insurgencia de la peste negra. La tasa de incremento de los precios del trigo en el período comprendido entre 1170 y comienzos del siglo XIV es muy superior a la tasa de decrecimiento que experimentan los precios del cereal cuando comienzan a disminuir. Durante el período 1170-1320 los precios del trigo se triplicaron, pero la caída posterior no va a reflejar una tasa similar [4].

Desde una perspectiva de conjunto similar se puede visualizar el comportamiento de la productividad agrícola. Hacia finales del siglo XV el producto por hombre en la actividad agropecuaria allí donde se aplicaba la tecnología de frontera, probablemente no excedía en más de un 50% al de un productor rural a comienzos de la era cristiana. Pos su parte, la generación de energía hidráulica y eólica, importantes en el desarrollo de la industria de los alimentos, de las armas y la textil, no excedieron un crecimiento interanual entre 0.1 y 0.2%. La baja productividad y la presión consiguiente por la apropiación del producto excedente, parece ser un elemento plausible, junto con otros factores, para explicar el lento, pero inexorable, proceso de desintegración de la economía feudal. El leve incremento de los rendimientos de los cereales, observados en las cifras del gráfico 2, ilustra esta conclusión.

Las relaciones intrínsecas entre tierra, trabajo y productividad, condicionadas por la dinámica demográfica, al impactar fundamentalmente sobre el medio rural, van a tener un efecto colateral sobre los entornos urbanos. En este contexto, la distribución regional de la población europea se corresponde con la evolución más o menos dinámica de los patrones de especialización y diversificación de la producción en torno a las redes articuladas de comercio. Por esta razón, como se desprende del cuadro 3, las regiones más dinámicas en su capacidad de producción e intercambio, aunque creciendo a tasas promedios similares a las de Europa cuando se analiza globalmente, de aproximadamente 0.2-0.5% a lo largo de los cinco siglos, concentraban hacia 1500 un mayor porcentaje de la población. Italia, Alemania y Francia, los países con las regiones donde se asentaban las redes de comercio y la industria más desarrollada, representaban las dos terceras partes de la población de Europa occidental finalizando el siglo XV.

Debido a la expansión demográfica y económica, el nivel de vida de la población europea a lo largo del período 1000-1500 experimentó un leve aumento. Más allá de las dificultades que confrontan las cifras disponibles, el registro de un leve crecimiento económico en Europa durante la época medieval, por débil que haya sido, amerita una breve lectura. Para la interpretación de los datos disponibles es importante referir que la situación del producto por habitante europeo en el año 1000, no se diferenciaba en lo absoluto a los niveles de vida que prevalecían a principios de la era cristiana. Por ejemplo, la expectativa de vida de un inglés de comienzos del siglo XIV (24 años) era similar a la de un romano del segundo siglo. La situación en el resto del mundo era semejante, y el producto por habitante de europeos, asiáticos, africanos era prácticamente indiferenciado a comienzos de la era cristiana, sin modificarse sustancialmente durante el primer milenio en ninguna parte del mundo. Con la información aportada por Maddison (2001), se puede establecer una comparativa, aunque limitada, en cuanto al crecimiento económico, tomando en cuenta las más importantes regiones del mundo.

El primer hecho a destacar se refiere a que hacia 1500, a pesar del dinamismo de su comercio, el producto europeo apenas representa una cuarta parte del total mundial, un porcentaje similar a la proporción del producto chino. Por su parte, cuando se toma Asia en su conjunto, el producto de esta región se corresponde con las dos terceras partes del total mundial. Indudablemente que la enorme diferencia demográfica entre ambas regiones, en ausencia de una marcada diferencia de desarrollo tecnológico, es una explicación plausible de la diferencia en los productos; además, de una oferta más diversificada de productos provenientes de Asia. En 1500, China y la India tenían poblaciones de un poco más de 100 millones de habitantes, y Asia en conjunto, cerca de 270 millones. En realidad, no será hasta algún momento de la media centuria que va de 1820 a 1870 que el producto de Europa occidental superará a su equivalente chino.

No obstante, cuando se analizan los respectivos productos por habitante, la situación cambia un poco. Como se deduce de los datos del cuadro 5; si bien ambas regiones parten con productos per cápita muy similares en el año 1000, y dichos productos crecen a una tasa interanual muy baja, casi nula, hacia 1500 el producto por habitante de Europa occidental es mayor que el de China, y, de hecho, es el mayor del mundo, aunque la diferencia con el resto de regiones no es todavía significativa. En realidad, es probable que hacia 1350 el ingreso de un europeo occidental haya convergido con el de un chino, momento a partir del cual, se ensanchará continuamente en los siglos siguientes (Maddison, 2001). El fenómeno es más o menos similar cuando se comparan las dos regiones europeas. La pequeña brecha que se abre entre la economía europea occidental y el resto del mundo también se va a reflejar en el propio continente. Se han sugerido diversas explicaciones para esta incipiente divergencia económica regional. Aunque no se pueden emitir juicios concluyentes, es probable que el menor crecimiento de la población europea oriental haya tenido como consecuencia una menor expansión del comercio, aunado a una menos privilegiada posición geográfica del Este respecto al Occidente europeo. Es probable también que la larga permanencia en Europa oriental, en algunos casos hasta el siglo XIX, de relaciones contractuales típicamente feudales, signadas por el sostenimiento de la servidumbre, la propiedad comunal de la tierra y el pago de servicios en especie, se convirtiera en factor obstaculizador de su potencial de desarrollo existente para la época.

A pesar de las diferencias en el tamaño de la economía europea respecto a la asiática, una visión de conjunto de la estructura del comercio internacional hacia 1500, sugiere que dicho comercio probablemente se distribuía en partes iguales entre Asia y Europa. Como se observa en el cuadro 6, extraído de Ferrer (1996), el comercio europeo representaba alrededor de 45% del total mundial, mientras que el de Asia aproximadamente un 50% y el remanente de 5% correspondería al comercio del continente africano. Resulta muy significativo que las regiones europeas comerciaban entre sí un 30% del total de comercio mundial aportado por Europa, lo cual demuestra el grado de desarrollo que habían alcanzado para la época las redes comerciales basadas en la especialización de factores. Aunque no es posible cuantificarlo con exactitud, los bienes manufacturados europeos comenzaron a tener paulatinamente el mayor peso relativo en su componente de comercio internacional, sugiriendo la formación incipiente de la división del trabajo entre productores de bienes primarios y manufacturados; proceso que se asentará definitivamente cuando se incorporen a la red de comercio, expandida por las potencias atlánticas, las colonias ultramarinas de Africa, Asia y América [5].


Grupo EUMEDNET de la Universidad de Málaga Mensajes cristianos

Venta, Reparación y Liberación de Teléfonos Móviles
Enciclopedia Virtual
Biblioteca Virtual
Servicios
 
Todo en eumed.net:

Congresos Internacionales


¿Qué son?
 ¿Cómo funcionan?

 

17 al 28 de
noviembre
II Congreso EUMEDNET sobre
El Derecho Civil en Latinoamérica y Filipinas: Concordancias y Peculiaridades




Aún está a tiempo de inscribirse en el congreso como participante-espectador.


Próximos congresos

 

24 de noviembre al 12 de
diciembre
II Congreso EUMEDNET sobre
Transformación e innovación en las organizaciones

3 al 20 de
diciembre
XI Congreso EUMEDNET sobre
Desarrollo Local en un Mundo Global

9 al 26 de
enero
X Congreso EUMEDNET sobre
Las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas del S. XXI

5 al 20 de
febrero
XI Congreso EUMEDNET sobre
Educación, Cultura y Desarrollo

 

 

 

 

Encuentros de economia internacionales a traves de internet


Este sitio web está mantenido por el grupo de investigación eumednet con el apoyo de Servicios Académicos Internacionales S.C.

Volver a la página principal de eumednet