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LA ECONOMÍA MEDIEVAL Y LA EMERGENCIA DEL CAPITALISMO

Isaías Covarrubias Marquina




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2. Invenciones en la era de los descubrimientos

La etapa tardía de la Edad Media experimentará un importante cambio de percepción hacia la naturaleza, manifestado, en principio, en una nueva acuciosidad por explorarla. Los renacentistas, a diferencia de la mayor parte de los hombres medievales, no evitaban las montañas, las escalaban y extraían de ellas elementos dignos de ser estudiados y analizados. Leonardo Da Vinci descubrió fósiles de los que hizo interpretaciones geológicas; los herbarios y tratados de historia natural, surgidos a partir del siglo XV, representaban igualmente una nueva actitud tanto teórica como práctica ante el mundo natural. El redescubrimiento de la naturaleza en su conjunto y en sus posibilidades, acicateado por la dinámica que imprimieron las rutas comerciales expandidas desde las Cruzadas y los viajes de Marco Polo, establecieron un nuevo parámetro signado por la apreciación de que ésta existía para ser explorada, invadida, usufructuada y entendida.

Esta nueva visión sobre el orden de los fenómenos y las cosas, tendrá un gran impacto en el acopio de conocimientos y en las posibilidades de desarrollo de la tecnología. Si bien los siglos XV y XVI representan, en cuanto a ciencia y tecnología, el prolegómeno a las más sustanciales e importantes transformaciones que ocurrirán a partir del siglo XVII y particularmente durante el siglo XVIII, son, por derecho propio, una época de cambios relevantes. Basta indicar que desde las primeras décadas de 1400 en adelante y durante poco más de un siglo se inicia la era de las exploraciones y descubrimientos geográficos, culminando por abarcar toda la tierra, estrechando el mundo y convirtiéndolo en una unidad geográfica, antecediendo a la ampliación económica y política derivada de este hecho.

El Descubrimiento, al renovar las visión cosmológica, asestó un duro golpe al enfoque prevaleciente desde hacia siglos, asentado en los trabajos de Tolomeo. Esta renovación influyó grandemente en los conocimientos astronómicos y en la estimación del verdadero tamaño del planeta. El clérigo y astrónomo polaco Nicolás Copérnico, al escribir De revolutionibus orbium coelestium en 1543, y dar inicio a la nueva cosmografía, despojando a la tierra de su papel central en el universo, estuvo influenciado por los hallazgos geográficos que venían a confirmar indirectamente sus teorías. Igual sucedería con la biología; la inmensa variedad de especies florales, vegetales y animales encontradas en América por primera vez, cambió profundamente la perspectiva de los sabios respecto al orden natural, transformando no sólo el carácter de los estudios biológicos sino también, de forma más profunda y duradera, la farmacia, la medicina, la alimentación, la industria 5.

A lo largo de los siglos XV y XVI ocurre un proceso de mejoras técnicas significativas en la agricultura, la metalurgia, la tecnología naval, la guerra. Estos desarrollos tecnológicos estaban relacionados entre sí, y con el establecimiento de las rutas comerciales en el interior europeo, en el ámbito mediterráneo, con la apertura de las rutas transoceánicas entre Oriente y Occidente, y posteriormente con el Nuevo Mundo. Como ya se ha indicado, la transferencia a Europa de los conocimientos e inventos acumulados durante siglos por los sabios y tecnólogos chinos, árabes, persas e hindúes, sirvieron, hasta cierto punto, de base previa para el desarrollo endógeno de algunas de estas técnicas. Entre los conocimientos se cuentan el álgebra, de astronomía, medicina y química; entre los inventos el papel y la brújula magnética de China, diques y sistemas de irrigación del mundo islámico.

El desarrollo explosivo de las rutas de comercio sólo se produjo porque ya existían, particularmente en el campo de la navegación, avances tecnológicos que posibilitaron la circulación ultramarina. Una vez iniciado el proceso de descubrimiento y exploración de nuevas tierras y nuevos recursos, la agricultura, la tecnología naval, la minería y la tecnología bélica, continuaron mejorando, atendiendo a las necesidades y retos que planteaba la explotación a una mayor escala de estos recursos. Las mejoras en la agricultura posibilitaron la introducción y explotación efectiva de los nuevos cultivos americanos y asiáticos; los progresos en la navegación (barcos más sólidos, incorporación de la brújula, el astrolabio, el timón) acrecentaron la capacidad del transporte interoceánico; el avance técnico en metalurgia para la explotación de las minas europeas, revistió en la posibilidad de explotar posteriormente de manera eficiente los inmensos yacimientos encontrados en las tierras americanas. Así mismo, la incorporación de artillería de mayor poder de fuego en los conflictos terrestres y navales, le otorgó superioridad bélica a las naciones de Europa occidental frente a las demás civilizaciones, particularmente frente a la resistencia de los pueblos indígenas.

En paralelo a la evolución de estas técnicas, necesarias para la mejor dominación de tierras y recursos, se produce la importante innovación de la imprenta. La técnica de publicación de libros con tipos móviles de impresión, mediante el perfeccionamiento de la prensa de imprenta por Gutemberg y sus ayudantes en Manguncia hacia 1440, extrapoló las posibilidades de reproducir el acervo de conocimientos existentes hasta cotas impensables para una sociedad que ya había aumentado ampliamente su producción de material escrito y lo anhelaba vivamente. La imprenta provocó una difusión más expedita de las nuevas ideas y conocimientos resultantes de las exploraciones y descubrimientos. Además, como lo considera Mumford (1971), propició mejoras a partir de este logro mecánico, puesto que irradió hacia la producción de otras manufacturas, teniendo en cuenta que la imprenta fue una de las primeras máquinas estandarizadas, manufacturada en serie, y los mismos tipos móviles fueron el primer ejemplo de piezas del todo estandarizadas e intercambiables. Hacia finales del siglo XV habían más de mil imprentas públicas solamente en Alemania, y en Nuremberg existía un gran negocio de imprenta con 24 prensas y un centenar de empleados entre los que se encontraban cajistas, impresores, encuadernadores y correctores.

Los cambios en materia de técnicas agrícolas se introdujeron de forma irregular si se considera Europa en su totalidad, puesto que en muchas regiones dichos cambios no se hicieron efectivos sino posteriormente, como es el caso de Inglaterra. Las regiones más pobladas, como Italia y los Países Bajos, que contaban además con zonas muy fértiles, fueron las primeras en experimentar progresos en su agricultura. Estos se refieren al empleo de mejores molinos de agua para el avenamiento de tierras, la introducción de técnicas de desecado y el establecimiento de un mejor equilibrio entre el ganado y los cultivos, haciendo más eficiente el procedimiento de obtener algunos cultivos específicamente para alimentar al ganado, el cual a su vez proveía el abono para la tierra. En algunas zonas del sur de España se tenían, hacia el siglo XVI, algunos cultivos que dependían de la irrigación, por lo cual se construyeron y mejoraron los diques que permitían incorporar más tierras para esos rubros.

Otro aspecto importante de los cambios agrícolas del siglo XVI fue la introducción de nuevos cultivos originarios de América y de Asia. Particularmente adaptables a las tierras europeas de España e Italia resultaron los vegetales americanos como las papas, el tomate y el maíz. En 1573 el cultivo local de papa ya se encontraba en los mercados de Sevilla. Del Mediterráneo oriental llegaron, para ser cultivados en Italia, trigo de Turquía, los albaricoques y la alcachofa redonda. Estos progresos exigieron nuevos conocimientos de ingeniería, tanto para el drenaje de la tierra, así como para la construcción de granjas. Las venecianas destacan por su diseño y funcionalidad, convirtiéndose en modelo para la distribución útil de la tierra entre el espacio habitable, los cobertizos y los graneros. En el ámbito específico de la cría de ganado, particularmente del ovino, los progresos fueron notables. La producción de pieles, de leche, de quesos, y, especialmente, de lana, fue incentivada por la creciente demanda de estos rubros, debido fundamentalmente a la diversificación del régimen alimenticio y los requerimientos de las fábricas de paño flamenco y florentino. Hacia mediados del siglo XIV se habían logrado mejoras en las razas de pelo largo inglesas, con el objeto de adaptarlas a las exigencias de la industria textil flamenca y posteriormente la italiana.

Desde 1450, aproximadamente, los alemanes sentaron las bases para la explotación de la minería y el trabajo con metales, mediante nuevos métodos y técnicas,. Que haya sido en esta región donde se comenzaron a perfeccionar éstas no debe resultar extraño, puesto que en el este y sur de lo que hoy es Alemania se encontraban para la época algunas de las mayores minas ricas en metales. Dos de los centros más avanzados eran Augsburgo y Nuremberg, lugares donde floreció la imprenta (a partir del uso de letras de plomo y estaño fundidos), la relojería, la manufactura con estaño y la forja de armas de fuego, así como también las mas tradicionales manufacturas de tejidos. Augsburgo era una importante ruta comercial interior europea en el siglo XV y daba a los comerciantes del sur de Alemania un acceso fácil a Venecia. Allí aprendieron el sistema italiano de banca y de finanzas, y pronto pudieron establecer sus propias casas bancarias (Pacey, 1980). Durante la primera mitad del siglo XVI una incipiente transferencia de la tecnología de minas y de metalurgia se desarrollo en dos sentidos: en el continente americano, para la explotación de las minas de plata de México y del Potosí, y en el interior de Europa. Por ejemplo, algunos técnicos alemanes fueron enviados a minas de España por banqueros de Augsburgo, donde contribuyeron con en el desarrollo en la construcción de una máquina de bombeo de agua en Toledo. En Inglaterra, los mineros alemanes enseñaron las técnicas de construcción de rieles, usados principalmente en la superficie para llevar carbón desde las minas a los barcos en los ríos más cercanos, y de maquinaria de energía hidráulica para la trituración en las minas de estaño.

Había muchas otras técnicas metalúrgicas que se estaban mejorando durante ese período en toda Europa. Por ejemplo, estaban las artes de aquilatar y derretir metales, cuyo conocimiento contribuyó al temprano progreso de la química. El derretimiento aportó una experiencia empírica sobre las reacciones químicas, pero el hecho más resaltante es que el uso de esta técnica implicaba pesar pequeñas cantidades de metales con gran exactitud. La técnica de observar la evolución del metal desde un proceso a otro, pesando cuidadosamente en cada etapa, fue utilizada posteriormente en los inicios de la química moderna, puesto que la base de una buena experimentación química suponía calibrar el peso correcto de los elementos tanto metálicos como no metálicos.

Por supuesto, fue en el campo de la fabricación de armas donde las técnicas metalúrgicas evolucionaron más rápidamente, vista la enorme demanda de artillería que suponían los conflictos tanto al interior de Europa como fuera de ella. Las forjas a fuelle para producir el hierro fundido estaban funcionando desde 1460 aproximadamente, posibilitando la fundición de cañones de hierro, rivalizando en eficacia con los cañones de bronce. Una vez conseguidas las primeras mejoras técnicas respecto a la resistencia de los cañones, se prestó particular atención a las limitaciones de las gigantescas bombardas, por lo cual se evolucionó hacia la consecución de técnicas que permitieran la elaboración de cañones de menor calibre y de mayor movilización.

Mucho antes de los viajes de exploración marítima y de descubrimiento, los europeos habían desarrollado una alta inventiva y técnicas sofísticadas en la construcción de barcos. La evolución de la tecnología naval se convirtió en una necesidad, toda vez que resultaba indispensable para el desarrollo del comercio que desde el siglo XI irrumpió al interior de los centros urbanos y puertos a través de sus ríos navegables; en el Mar del Norte y el Báltico, así como el comercio entre los principales puertos mediterráneos, explotados y controlados desde el siglo XII por las ciudades italianas. La evolución de las galeras venecianas ilustra algunos de los cambios en la construcción de barcos marinos. Hasta el siglo XIII, los venecianos construyeron dos tipos de barcos que cumplían cada uno un diferente fin; el barco alargado equipado con remos (la galera) era utilizado como buque de guerra; el barco redondo, que utilizaba la vela, era usado como barco mercante. Posteriormente, lograron una innovación uniendo ambos barcos en uno solo llamado “gran galera”, cuyo perfil redondeado, dotado de dos o tres palos con grandes velas latinas, combinaba las ventajas de los buques de remo y los barcos mercantes. Durante el siglo XV se hicieron otras innovaciones para introducir barcos redondos provistos de cañones que servían para patrullar los mares infestados de piratas.

Paralelamente al desarrollo der las galeras venecianas y por los mismo motivos relacionados con el incipiente desarrollo del comercio, en Europa del Norte se realizan una serie de innovaciones en la operabilidad de los barcos, siendo la más significativa la invención del timón de codaste hacia finales del siglo XII. Este nuevo timón, al multiplicar la fuerza del timonero, facilitó sustancialmente la capacidad de maniobra, sobre todo en las zonas de fuertes corrientes. En torno a 1250 comienza a circular un nuevo barco en los mares septentrionales de Europa. Típico de la flota hanseática, el kogge, como se le denomina, presenta un casco con planchas superpuestas quilla y roda rectilíneas y equipado con timón de codaste. Este barco tiene la ventaja de unir su gran tamaño con su fácil manejo, su capacidad de flete excedía las 200 toneladas y equipado con una vela podía alcanzar las 10-15 millas por hora con viento a favor.

Pese a sus capacidades para operar eficientemente en el mar Mediterráneo, los barcos venecianos resultaron inadecuados para resisitir los remolinos y la fiereza de los vientos del atlántico. Se imponía, pues, nuevas mejoras en la construcción de barcos en función de los retos planteados en la cobertura de las rutas transoceánicas. Por ello, los viajes de exploración supusieron un cúmulo de conocimientos marítimos y de construcción naval que rebasaban, en principio, los proyectos a emprender. Contando con conocimientos geográficos, cartográficos, astronómicos parciales y técnicas no acabadas, las navegaciones ultramarinas fueron iniciadas por los portugueses con la toma de Ceuta en 1415, constituyéndose en el momento a partir del cual la necesidad de abrir nuevas rutas comerciales fue leitmotiv para encontrar mejoras en la construcción y operación de los barcos, permitiendo tanto el aumento de su velocidad, su calado y seguridad, así como la ampliación de su capacidad de tonelaje. La evolución de la tecnología naval puede ser brevemente analizada comenzando por observar la generación de conocimientos y técnicas cartográficas, siguiendo con los cambios determinantes introducidos en la construcción de barcos, y terminando con las nuevas técnicas de defensa y ataque. La importancia que se le otorgaba a estos aspectos queda corroborada con la existencia en Portugal de un centro de estudios para la navegación dirigido a profundizar en la ciencia y la técnica de timonear y navegar en alta mar.

Las cartas de navegación aparecieron en la primera mitad del siglo XIII, basadas en el uso de la brújula. Los navegantes y cartografos venecianos y genoveses fueron los primeros en desarrollarlas, dada la necesidad que tenían de fomentar las comunicaciones requeridas para la expansión de sus mercados. Un mapamundi cartográfico de mucha utilidad, el de Andrea Bianco en 1436, fue concebido sobre líneas racionales y representaba un progreso en cuanto a concepción, así como en precisión práctica. Al trazar las líneas invisibles de la latitud y longitud, los cartógrafos allanaron el camino de las exploraciones ulteriores. Tomando en un principio referencias de otros cartografos, pero finalmente asentando su propia visión de esta técnica, los portugueses lograron representar gráficamente con bastante precisión la costa occidental africana hasta Cabo Verde hacia 1459. Aunque la cartografía de la época era inexacta, llena de incognitas por resolver y se corregía conforme se daban nuevos descubrimientos o se hallaban mapas con información relevante, tenía la ventaja de dejar claro lo innecesario que el navegante siguiese obligatoriamente el litoral; podía arrojarse hacia lo desconocido, poner rumbo hacia un punto arbitrario y regresar aproximadamente al lugar de partida.

Este aspecto tiene especial importancia, si se toma en cuenta que unos cuarenta años antes de la llegada de los portugueses a la India se tenía conocimiento en Europa occidental, proveniente de informes árabes muy probablemente basados en mapas antiguos, noticias maritimas acerca de la costa oriental de Africa, India, y los mares de más allá, hasta las cercanías de Sumatra. De manera que, una vez consumado el descubrimiento de América, los cosmógrafos portugueses estaban bastante preparados para deducir que la posición de las nuevas tierras, lejos de hallarse en las cercanías de Cipango (Japón) y de la tierra firme asiática, estaban separadas de éstas por casi la mitad de la circunferencia del globo terráqueo. El primer ejemplar de cartas portuguesas del Nuevo Mundo se conoce como “Carta Cantino” y prácticamente predice la existencia del Océano Pacífico. La consideración económica de que las Molucas, principal centro de abastecimiento del comercio oriental de especias, estuvieran situadas cerca de la línea de demarcación hispano-portuguesa impulsó aun más las técnicas cartográficas. Cada una de las potencias ibéricas se esforzó en demostrar que las islas se hallaban de su lado, realizándose estudios detallados. Finalmente se determinó que las Molucas se hallaban dentro de la esfera de dominio portugués (Crone, 1998).

En cuanto a los cambios en la constrrucción de barcos, destacan las carabelas. De origen incierto, tal vez árabe, el timón se asienta sobre una popa plana, tienen una combinación de velas cuadradas y latinas en sus dos o tres mastiles, el cuerpo de la nave se alarga y se reduce su anchura; la estructura se ensambla mejor con la finalidad de soportar más carga, con una sola cubierta cóncava. Estas renovaciones, que constituían una amalgama entre técnicas nórdicas, mediterráneas y atlánticas, se produjeron desde el siglo XV y a lo largo del XVI, añadiéndose la confianza depositada en la cada vez más sofisticada artillería para el ataque y la defensa. A principios del siglo XVI se introduce la abertura de troneras en el casco de los buques, de forma que los cañones podían montarse no sólo en la cubierta superior, en el puente de batería o en los alcázares, sino también en la cubierta principal. Sin embargo, resultaba incómoda esta modificación en barcos grandes de lento movimiento y difíciles de gobernar, por lo que los constructores intentaron mejorar la capacidad de maniobra sin menoscabar su poder de fuego. Hacia 1550 los esfuerzos cristalizaron en la construcción de una nave que podía estar dotada de poderoso armamento y al mismo tiempo maniobrar de forma ligera y flexible; se trata del galeón español, luego adaptado, y mucho mejor aprovechado, por los ingleses y los holandeses.

La combinación de una mayor capacidad de artillería en los navíos, junto con una gran capacidad de maniobra, produjo un efecto indirecto en la estrategia de las batallas navales. Hasta la aparición de esta conjunción mortífera, la táctica fundamental de ataque la constituía el abordaje de la nave enemiga o las embestidas con el espolón; pero esta forma tradicional fue paulatinamente sustituida por el ataque denso con artillería, en la medida que el buque de guerra podía moverse en diferentes ángulos y tener así una mayor efectividad al impactar el buque contrario. De forma similar, en las batallas terrestres la ventaja en la contienda comenzó a no provenir exclusivamente de la utilización de una artillería más sofisticada, sino también, y quizás de forma más importante, de las mejoras introducidas en las técnicas de organización de los ejércitos. El accionar militar del Emperador Carlos V ejemplifica en cierto modo los cambios, pero también la resistencia al cambio, que al respecto se produjeron durante el siglo XVI. Carlos V hereda el nuevo concepto militar del tercio, combinación de infantería piquera y arcabucera, desarrollada al extremo por los ejércitos italianos, y puesta a punto gracias al desarrollo, ya definitivo, de las armas de fuego portátiles. Sin embargo, Carlos V fue un rey con mentalidad medieval en cuanto al aspecto militar, aún apegado al uso de armadura a caballo. Durante el siglo XVI las unidades flexibles de infantería arcabucera, combinadas con unidades artilladas (de campaña y de sitio) acabarán con toda la panoplia medieval, tanto ofensiva como defensiva. Este modo de batalla se mantendrá sustancialmente hasta el siglo XVIII e incluso en algunos casos hasta el XIX.


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