La discusión histórica del concepto de Calidad de Vida

 

            Carlos A. Gildenberger [1] expone un amplio trabajo acerca de la calidad de vida. Éste nace de los conceptos de desarrollo y crecimiento económico creados a finales de la Segunda Guerra Mundial cuando, al pasar por una época de prosperidad de alrededor de 25 años, se creía volver a estar en una época de crecimiento ilimitado, como en los siglos XVIII y XIX.

 

Entonces, se plantea una nueva forma de usar ambos conceptos sin caer en exageraciones, pues surgen una serie de críticas a esta forma de desarrollo. En sus propias palabras: “La crisis poblacional, alimenticia, energética, ambiental, de materias primas, etc., expresan los problemas derivados de un crecimiento desequilibrado. El problema se centra [de esta manera] en el crecimiento mismo y no tanto…en las críticas parciales.” [2]

 

Y desde ese momento, aparece la distinción y la preocupación por  un crecimiento mejor antes que un crecimiento mayor, con respecto al uso de los recursos naturales, la producción industrial y su consumo, procurando mínimos efectos adversos; es decir, buscar un desarrollo sin destrucción.

 

Aunque ya hacia finales de los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, la conciencia ecológica  empezaba a manifestarse en los países industrializados, no es sino hasta los años 70 cuando los procesos de deterioro ambiental y depredación de la Tierra se hacen tan evidentes que sus costos empiezan a manifestarse en todos los renglones económicos. De esta manera, la humanidad tendió a reflexionar y a buscar, por un lado alternativas de crecimiento y desarrollo económico que eviten continuar con los procesos de deterioro ambiental; y por otro, mecanismos que ayuden a la recuperación y saneamiento del medio ambiente.

Así, a finales de la década de los 60 de la centuria pasada, se presenta una época de crisis global, pues surge una problemática común que encierra una variedad inusitada de complejos embrollos interrelacionados y sin solución individual.

 

Además, a partir de 1970, se presentaron serios cuestionamientos acerca del desarrollo económico, criticando principalmente que los costos ambientales empezaban a cobrar interés en el camino del progreso.

 

Según Godínez, principalmente se cuestionaban dos cosas:

“a).- Que a pesar de los procesos tecnificados de producción y de las profundas transformaciones de los sistemas económicos, los niveles de subdesarrollo y pobreza eran cada vez mayores, y las diferencias entre los países ricos [capitalistas] y países pobres [subdesarrollados], se agrandaba día con día.”

“b).- Que los costos ambientales de modelos de crecimiento económico… habían implicado un grave deterioro ambiental y desgaste ecológico; resultando imposible continuar con tales procesos de crecimiento, [y empezando] a cuestionar sobre la real abundancia del capital natural.” [3]

 

 

La culminación de estas críticas fue la primera tentativa de prever el efecto global y final de dichos fenómenos de crecimiento; además se inició el Inventario de La Tierra, cuyo resultado, a largo plazo, indicaba una catástrofe mundial si se continúa con la utilización irracional de los recursos naturales.

 

Inmediatamente surgieron planteamientos filosóficos como: quiénes somos, a dónde vamos y cuál es nuestra finalidad en este mundo. También algunos de corte sociológico, los cuales cuestionaban acerca de las necesidades básicas mínimas con relación a la subsistencia humana.

 

Todo este análisis, según el mismo autor “se basa en el estudio de las relaciones recíprocas entre la población, los recursos, la protección del ambiente y las tasas y dirección del crecimiento económico.” [4]

 

Posteriormente, aparecieron nuevas prioridades en el campo de la economía política: población, medio ambiente, distribución equitativa del ingreso, empleo pleno y justo, entre otros. Entonces se planteó la necesidad de encontrar un nuevo estilo de desarrollo, el cual desembocó en el concepto Calidad de Vida.

 

En vista de la preocupación mundial que imperaba, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) organizó en 1971 un encuentro que formó parte de la conferencia mundial de 1972, en donde se destacaron dos puntos:

1)      El bajo nivel de desarrollo de las naciones es un factor predominante para el deterioro ambiental del planeta.

2)      El problema ambiental debe ser incorporado en las políticas nacionales de desarrollo como algo trascendental  y de vital importancia para, de esta forma, ir tomando las precauciones y correcciones necesarias.

 

Casi simultáneo a este evento, se celebró otro similar en el viejo continente; en Founex, Suiza en junio de 1971: la reunión del Grupo de Expertos sobre el Desarrollo y el Medio, dando como resultado un documento sobre el estado del medio ambiente humano y natural del planeta, que sirvió de base para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano (CNUMH), celebrada en Estocolmo un año después, misma que dio lugar a la Declaración y al Plan de Acción para el Medio Humano con 109 recomendaciones concretas.

 

Después de 1972, se dio un auge al tema, las conferencias y postulados ambientalistas se multiplicaron en gran número. Es precisamente la Conferencia Mundial de este año lo más relevante que se realizó en materia ambiental en toda la década.

 

Posterior a estos años, el tema adquirió dimensiones impresionantes, lo que se evidencia por la cantidad de eventos y publicaciones acerca de él en todo el mundo. Pero no es sino hasta 1987 cuando nuevamente el asunto del medio ambiente vuelve a los primeros escenarios en forma trascendental. Para ese año, la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CMMAD), coordinada por la Primer Ministra de Noruega, la señora Gro Harlem Brudtland,  emitió el informe titulado: “Nuestro futuro común”,  también conocido como el “Informe Brudtland” que fue recibido con beneplácito por la Asamblea General de las Naciones Unidas, convirtiéndose en un punto básico de referencia para todos los debates y propuestas que fueron formulados hacia el final de la década de los 80. Sus planteamientos básicos son: [5]

 

a)    “Que la ecología dejó de ser una tarea nacional o regional, para convertirse en un problema global.”

b)   “Se plantea la necesidad de intercambiar opiniones entre países avanzados y menos avanzados para [enfrentar conjuntamente] los peligros ecológicos. [También hubo] necesidad de revisar a fondo la correlación ambiente-desarrollo.”

c)     “Las teorías del desarrollo… han entrado en crisis, y, se plantea la urgencia de [nuevas] formas de desarrollo sustentable [es decir, que vaya de acuerdo con la reproducción natural de la vida en el planeta].”

 

Otra expresión de la preocupación mundial sobre el medio ambiente fue plasmada en  dos programas de las Naciones Unidas: el Programa para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Programa para el Desarrollo (PNUD)

 

Ya entrada la década de los 90 del anterior siglo, se reafirma el interés y la preocupación por el deterioro ambiental, pues ha aumentado el número de foros, asambleas y actividades diversas para dar a conocer las acciones que se están tomando ante dicho desequilibrio.

 

Actualmente, se acepta como imperativa la necesidad de crear una ética del desarrollo sustentable en un mundo cada vez más consciente de los riesgos y costos del deterioro ecológico.

 

A groso modo, se mencionan algunas reuniones  de carácter mundial para el cuidado del planeta que se llevaron a cabo en la última década del siglo XX: Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992); Conferencia sobre Población (El Cairo, 1994); Conferencia sobre la Cuestión Social (Copenhague, 1995); Conferencia sobre la Mujer (Pekín, 1995) y Conferencia sobre la Alimentación (Roma, 1996).

 

            En el año de 1992, en “La Cumbre de la Tierra” se acordaron medidas que promovieran la protección ambiental. Los países participantes se reunieron para firmar el Tratado de Biodiversidad. Ello ha llevado a que la Universidad de las Naciones Unidas, con sede en Tokio, con el estímulo conceptual de Fritjof Capra y G. Pulli, promueva la adopción por las empresas de una “Gerencia de la Sustentabilidad”, que haga posible iniciativas como el programa Zero Emisions Research Initiative (ZERI), destinadas al desarrollo de la conciencia ecológica.

 

Recientemente a nivel mundial se han dado cambios importantes en el comportamiento social, económico y ecológico, para lograr un futuro sostenible, pues se observan por un lado, movimientos ecologistas organizados y con importantes grados de consolidación, que exponen y plantean en foros internacionales diversos temas y posibles soluciones a los graves fenómenos del deterioro que ha sufrido el planeta; y por otro, se puntualizan planteamientos que giran en torno a la compatibilidad entre el desarrollo económico y el medio ambiente, el cambio productivo con equidad y la reorientación de los modelos de crecimiento. La imperiosa necesidad de un continuo crecimiento y mayor desarrollo en el caso de algunos países, y la eliminación o por lo menos reducción de los niveles de pobreza en el caso de otros, han llevado a la búsqueda de estas nuevas formas y sistemas.

 

            Por otro lado, el Banco Mundial reconoció en su informe de 1990, que la pobreza se ha venido convirtiendo en el problema principal del mundo. En el centro de la explicación está la revolución tecnológica que se viene operando en los últimos años. [6]

 

            En el Informe Brudtland se propone elevar las tasas de crecimiento anual para el mundo industrializado de 4 a 5 %, con el fin de generar mayores niveles de demanda de los bienes que exportan los países del mundo periférico y así fomentar su desarrollo. Con respecto al caso de Latinoamérica y en especial de México, el desarrollo sustentable significa problema a resolver, ya que la industrialización tal y como se le conoce, como la solución a todos los problemas, quedaría detenida en una etapa inicial sin desarrollo potencial.

México

 29

Noruega

231

Estados Unidos

 55

Canadá

177

Cuadro 1.- “Número de especialistas en materia ecológica por cada 1000 habitantes en 1992 en algunos países.” Fuente: El Financiero, 19 de octubre de 1994.

 

            Son muchos los elementos que se tienen que tomar en cuenta para analizar, puntualizar y reflexionar en el caso de México, ya que los procesos de contaminación, devastación y depredación de la tierra son muy notorios y además se tiene regulaciones legislativas muy escasas, alrededor de 100, [7] así como de un puñado de especialistas en la materia, según el cuadro 1.

 

            El agente principal para el control y supervisión de procesos de deterioro ambiental, en nuestro país, es el propio gobierno federal, ya que es el único capaz de asumir esos costos, además de que está facultado para promulgar y hacer cumplir las normas, leyes y decretos ambientales.

 

            En 1992 se establecieron el Instituto Nacional de Ecología (INE) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. El primero se encarga de formular y actualizar la normatividad ecológica, así como la gestión ambiental, [8] mientras que la segunda vigila su aplicación correspondiente.

 

            La gestión ambiental, es decir, las acciones del Estado a nivel nacional e internacional, en la preservación y protección del ambiente y los recursos naturales, se efectúa bajo los siguientes lineamientos: combinar la protección del ambiente y los recursos naturales con un aprovechamiento sustentable de los mismos, promover el uso de los recursos que favorezcan la equidad social, realizar acciones de carácter preventivo e introducir cambios en sistemas productivos y patrones de consumo, fomentar la corresponsabilidad y la participación social en el diseño de estrategias y políticas, informar a la sociedad de manera constante y veraz, y articular una participación activa en foros y acuerdos internacionales mediante el diseño de políticas y la definición de prioridades internas.

            En ese mismo año entró en vigor la primera etapa del Programa General de Ordenamiento Ecológico del Territorio Nacional, que consistió en ofrecer el diagnóstico ambiental y el establecimiento y definición de políticas regionales y criterios normativos para las actividades productivas.

 

Cabe mencionar que según el PND 1995-2000, se buscó un equilibrio global y regional entre los objetivos económicos, sociales y ambientales, de tal forma que se logren contener los procesos de deterioro ambiental, a la vez que aprovechar de manera plena y sustentable los recursos naturales.

 

Personalmente se entiende el concepto de calidad de vida como la capacidad y facilidad de realización de cada persona, según sus propios intereses y necesidades en cada uno de los aspectos que conforman la vida: la salud física y la mental; el cultivo intelectual, tanto formal como informal; las relaciones familiares y sociales; la situación  económica y las potencialidades de haber y tener; y por último, la interpretación espiritual moral o ética, misma que se refleja en las relaciones sociales.

 

No solamente puede medirse la calidad de vida en términos pecuniarios, aunque ésta es realista y objetiva, pues existen otras áreas de la vida en la que nada o casi nada tiene que ver el valor económico para señalar el grado de calidad de vida que vive una persona o un grupo determinado. Todo mundo conoce ejemplos vivos de personas con un enorme éxito económico, a los que les faltaba “algo” para ser felices o estar realizados. George Eastman se suicidó después de haber creado su imperio económico en base a la fotografía.


 

[1] Ibid, pp. 1-4.

[2] Ibid, pp. 1-2.

[3] GODINEZ, Enciso, Juan Andrés. “Desarrollo económico y deterioro ambiental: una visión de conjunto y aproximaciones al caso mexicano.” En www.azc.uam.mx/gestion/num7/art6.htm

[4] Ibid.

[5] GODINEZ Enciso, Juan Andrés. op. cit, p.  4.

[6] Ibid, p. 6.

[7] Ver la lista de legislación ambiental en el anexo. Fuente: “Análisis jurídico de la gestión ambiental en las áreas naturales protegidas.” En www.ine.gob.mx/ucanp/index4.html

[8] Según la Unidad Coordinadora de Áreas Naturales Protegidas del INE, “…la gestión ambiental… se configura entendiéndola como el conjunto de actividades humanas que tienen por objeto el ordenamiento del ambiente, cuyos componentes principales son la política, el derecho y la administración ambientales,… no es una función exclusivamente pública, sino por el contrario, entre sus objetivos está su transformación en una función de compartidad entre el Estado y la sociedad civil.” Tomado de: “Análisis jurídico de la gestión ambiental en las áreas naturales protegidas.” En www.ine.gob.mx/ucanp/index4.html