Antecedentes históricos (México 1940-1980)

 

            Dos modelos económicos opuestos han dado vida a la política económica de nuestro país a partir de la Segunda Guerra Mundial. El primero es el modelo keynesiano o economía de tipo proteccionista, donde el Estado intervenía directa y fuertemente en la vida económica de la nación.

 

            Este modelo permitió el crecimiento de la industria y la formación del capital básico para su expansión; pero al mismo tiempo propició una industria ineficiente en términos de calidad y costos, lo que la hace inoperante y poco competitiva a nivel internacional.

 

            El segundo modelo es el monetarista o neoliberal en el cual se busca una mayor competencia entre particulares y la eliminación paulatina del papel del Estado en el aspecto económico de la nación.

 

            De esta forma, la competitividad de los productos y de las industrias a nivel internacional estaba asegurada, hecho que propiciaría un nuevo despegue de la economía mexicana. Sin embargo, detrás de la máscara de la competitividad estaba la brutalidad del capitalismo salvaje explotando desmedidamente a la clase trabajadora con el afán de acumular ganancia.

 

La segunda conflagración mundial dio un gran estímulo al crecimiento de la economía mexicana. De 1940 a 1956 se da en México un período de crecimiento hacia afuera, basado en el dinamismo del sector primario. Esta política puede definirse como crecimiento sin desarrollo, ya que el número de industrias del país aumentó, pero sin la base sólida que es la libre competencia, que le permitiera desarrollarse económicamente.

 

De 1956 a 1970 gira ciento ochenta grados la economía mexicana creciendo hacia adentro, basada en el dinamismo del sector industrial, contrayendo la estabilidad de precios y ajustándose a los problemas productivos y financieros por los que pasó el país.

 

En el primer modelo, “la expansión [de la industria y] del capitalismo en México [fueron impulsados] por procesos… vinculados al desarrollo extensivo… [es decir] por un dinámico proceso de sustitución de importaciones, decididamente favorecido por la política de protección a la industria.” [1] Hubo un cambio en el tipo de producción, donde  lentamente la industria transformativa se separa de la extractiva al igual que la manufactura de la agricultura.

 

Poco a poco esta última se va convirtiendo en un elemento básico de aquella al pasar a ser materia prima que se transforma en mercancías. Este impulso también desarrolló la división social del trabajo.

 

            Así, creció rápidamente la producción mercantil a expensas de la agrícola ya que de 1940 a 1950 esta última, pasó de 46.9 % a  17.9 %. [2] Y por su parte, la proporción de la población urbana en relación con la rural, se incrementó de 35 % a 51.5 % de 1940 a 1960. [3] El siguiente cuadro muestra la predominancia que va adquiriendo la población urbana.

 

Advierte Lenin que “el desarrollo de la economía mercantil significa que la agricultura se va separando de una rama industrial tras otra.” [4] Mientras que la industria transformativa va creciendo y tomando importancia dentro de la vida económica de un país o simplemente dentro de una comunidad, “una parte cada vez mayor de la población se va separando de la agricultura, es decir, [crece] la población industrial a cuenta de la agrícola.” [5] Queda así enunciada una ley del desarrollo capitalista.

 

AÑO

URBANA

RURAL

1950

28.90

71.10

1951

29.94

70.06

1952

31.39

69.94

1953

32.02

67.98

1954

33.06

66.94

1955

34.10

65.90

1956

35.14

64.89

1957

36.18

63.82

1958

37.22

62.78

1959

38.26

61.74

1960

39.30

60.70

Cuadro 1.- “Evolución porcentual de la población urbana y rural.” Fuente: NAFINSA. “La economía mexicana en cifras.” México 1981.

 

Por otro lado, la necesidad de un mercado exterior para una nación capitalista, se determina, según Lenin,[6] por: la circulación de mercancías que rebasan los límites geográficos del estado, por la constante transformación de los modos de producción y el ilimitado crecimiento del volumen de la producción.

 

            Así como en la industria hubo crecimiento durante las dos décadas siguientes a 1940, también el agro mexicano creció a una tasa promedio de 6 % y con esto se abrió paso a la exportación, y a la formación de un mercado interior multiplicando los tipos de industria. [7]

 

Con el extraordinario volumen de las exportaciones de alimentos de esos años, se obtuvo un flujo considerable y continuo de divisas que más adelante, permitieron sostener la importación de maquinaria y equipo para la instalación y ampliación de la planta industrial. También se desarrolló el flujo de materias primas y alimentos, con estabilidad en los precios.

 

Al respecto, sentencia Lenin que “el mercado interior… se crea por el desarrollo de esta economía mercantil; y el grado de fraccionamiento en la división social del trabajo determina la altura de su  desarrollo… [dividiendo] a los productores directos en capita-listas y obreros.” [8] Así, se multiplicaron las diversas profesiones.

 

Sin embargo, en México, la industrialización de este periodo se caracterizó por:

-         Poca inversión en maquinaria y en espacios fabriles.

-         La abundante disponibilidad de fuerza de trabajo barata.

-         El predominio de tecnología industrial de tipo tradicional; es decir, no había grandes mejoras al proceso industrial que implicaran gran ahorro en tiempo y dinero.

-         El uso de insumos y materias primas de origen nacional, lo que fortalecía el mercado interno.

 

El Estado mexicano fue un promotor directo del desarrollo mediante la creación de infraestructura industrial y agrícola y su política de promoción proteccionista. De esta forma, la de sustitución de importaciones creaba una ganancia extraordinaria en beneficio del capitalista industrial.

 

            A partir de la segunda mitad de los 50 del siglo pasado, el proceso de industrialización tendió a desacelerarse por su proximidad a los límites del desarrollo extensivo del capitalismo; es decir, se acabó el mercado y la fuerza de trabajo se cansó por la explotación continua.

            Con la caída de los precios internacionales de los productos básicos se bloqueó el ciclo de reproducción del capital mexicano y vino una subsiguiente etapa de crisis y recesión económica hasta que se presentó una nueva alternativa para incrementar la acumulación del capital en los países más industrializados. Esta alternativa consistió, según Rivera, en que el flujo de divisas se “acrecentara en dirección a países en los que el desarrollo extensivo del capitalismo y el papel asumido por el Estado habían creado una infraestructura industrial suficiente que aseguraba la rentabilidad del capital externo.” [9] México tenía dicha infraestructura.

 

            Por consiguiente, el Estado mexicano instrumentó cambios en su política económica para ampliar la captación de capital externo. Con estas medidas y con las condiciones materiales existentes, México se convirtió en uno de los principales importa-dores de capital en el mundo entero.

 

De esta forma, el Estado mexicano se enfocó en la constitución o ampliación del sector público y semipúblico de empresas orientadas a la producción de bienes y servicios cuya venta a muy bajo precio, elevó la rentabilidad general del capital en la industria. Así, según Rivera, “las exportaciones industriales empezaron a crecer más rápidamente que las exportaciones totales” [10] con lo que se superó la deficiencia del comercio exterior.

 

            Sin embargo, la gran mayoría de los productores industriales nacionales mantuvo un papel pasivo en el ámbito tecnológico, cayendo en la dependencia de la asistencia técnica de los proveedores externos.

 

            Por tal razón, se buscó compensar la ausencia de actividad tecnológica a través de una política a favor del incremento del “valor agregado nacional.” Esta fórmula, derivada de la preocupación por el aumento de la cantidad sobre la calidad de la producción, pre-tendía justificar la reinserción internacional con escasa innovación, lo que forzosamente se traducía en desequilibrios permanentes en las cuentas externas, así como también en la pérdida de terreno ganado en el comercio mundial.

 

            Para Rivera, en la década de los 60 del siglo XX, hubo a grandes rasgos, “predominio de un modo de producción específicamente capitalista, [lo que implica] la supeditación del trabajo a la gran industria”, [11] gracias a la “ayuda para el desarrollo” que es manifestación del Plan Marshall mediante proyectos de relevancia. Lo que hace que se incremente el grado de complejidad de la sociedad, derivado por la división social del trabajo. El cuadro que sigue muestra en porcentaje la evolución de la población.

 

AÑO

URBANA

RURAL

1961

40.23

59.77

1962

41.16

58.84

1963

31.76

57.91

1964

43.02

56.98

1965

43.95

56.05

1966

44.88

54.18

1967

45.81

54.19

1968

46.74

53.26

1969

47.67

52.33

Cuadro 2.- “Evolución porcentual de la población urbana y rural.” Fuente: NAFINSA. “La economía mexicana en cifras.” México 1981.

 

            Durante la década de los 60 de la centuria pasada hubo un movimiento de poco más de 7 % con respecto a los tipos de población; y al finalizar ésta, casi se equilibran. Lo que quiere decir que México pretendió tomar la senda del progreso mediante la urbanización y la industrialización.

 

Los grupos que tomaron fuerza fueron la burguesía monopólica, representada por las grandes empresas transnacionales; y el bancario–financiero por el papel que desempe-ñaban en la vida económica y política del país, más consumista y más  dependiente de los servicios financieros.

 

            Además, durante estos años, se intentó cambiar la estrategia de sustitución de importaciones, y se presentó la segunda industrialización tardía. Este proceso combinó los siguientes elementos: el impulso de las exportaciones; la creación de enlaces posteriores y anteriores a fin de desarrollar la industria de bienes de capital;  la racionalización del  pro-

teccionismo y la redefinición del papel del Estado. Aspectos que si bien dieron libertad a la industria mexicana, ésta no se logró consolidar del todo, pues las presiones sociales al final de la década entran en juego para desestabilizar los incipientes logros de la econo-mía del país.

 

            De esta manera la expansión de la economía mexicana en este periodo se hizo  más dependiente de la economía mundial, lo que a su vez implicó:

 

1)      La transformación del sector exportador de simple a complejo, cada vez más diversificado en productos manufacturados y semi-manufacturados.

 

2)      La importación de maquinaria, equipo y herramientas, es decir tecnología, con lo que se desequilibra el capital importado.

 

            Desde mediados de esta década se observó más fuertemente el desarrollo desigual entre la agricultura y la industria, cuyo principal indicador era el monto de inversión registrado en cada uno de estos sectores. La economía tuvo a partir de 1968, una nueva tendencia hacia la baja acentuándose progresivamente.

 

 

Año

Total

% Total

sector 1

% sec. 1

sector 2

% sec. 2

sector 3

% sec. 3

1950

8,272

100

4,824

58.32

1,319

15.95

2,129

25.74

1951

8,532

100

4,940

57.90

1,386

16.24

2,206

25.86

1952

8,800

100

5,057

57.47

1,457

16.56

2,286

25.98

1953

9,077

100

5,178

57.05

1,530

16.86

2,368

26.09

1954

9,373

100

5,302

56.57

1,608

17.16

2,453

26.17

1955

9,657

100

5,427

56.20

1,688

17.48

2,542

26.32

1956

9,961

100

5,556

55.78

1,772

17.79

2,633

26.43

1957

10,274

100

5,687

55.35

1,859

18.09

2,728

26.55

1958

10,597

100

5,821

54.93

1,950

18.40

2,826

26.67

1959

10,930

100

5,957

54.50

2,045

18.71

2,928

26.79

1960

11,274

100

6,097

54.08

2,144

19.02

3,033

26.90

1961

11,466

100

6,011

52.42

2,228

19.43

3,127

27.27

1962

11,661

100

5,920

50.77

2,313

19.84

3,428

29.40

1963

11,859

100

5,824

49.11

2,401

20.25

3,634

30.64

1964

12,060

100

5,722

47.45

2,491

20.66

3,847

31.90

1965

12,265

100

5,616