Antecedentes históricos (México 1940-1980)

 

            Dos modelos económicos opuestos han dado vida a la política económica de nuestro país a partir de la Segunda Guerra Mundial. El primero es el modelo keynesiano o economía de tipo proteccionista, donde el Estado intervenía directa y fuertemente en la vida económica de la nación.

 

            Este modelo permitió el crecimiento de la industria y la formación del capital básico para su expansión; pero al mismo tiempo propició una industria ineficiente en términos de calidad y costos, lo que la hace inoperante y poco competitiva a nivel internacional.

 

            El segundo modelo es el monetarista o neoliberal en el cual se busca una mayor competencia entre particulares y la eliminación paulatina del papel del Estado en el aspecto económico de la nación.

 

            De esta forma, la competitividad de los productos y de las industrias a nivel internacional estaba asegurada, hecho que propiciaría un nuevo despegue de la economía mexicana. Sin embargo, detrás de la máscara de la competitividad estaba la brutalidad del capitalismo salvaje explotando desmedidamente a la clase trabajadora con el afán de acumular ganancia.

 

La segunda conflagración mundial dio un gran estímulo al crecimiento de la economía mexicana. De 1940 a 1956 se da en México un período de crecimiento hacia afuera, basado en el dinamismo del sector primario. Esta política puede definirse como crecimiento sin desarrollo, ya que el número de industrias del país aumentó, pero sin la base sólida que es la libre competencia, que le permitiera desarrollarse económicamente.

 

De 1956 a 1970 gira ciento ochenta grados la economía mexicana creciendo hacia adentro, basada en el dinamismo del sector industrial, contrayendo la estabilidad de precios y ajustándose a los problemas productivos y financieros por los que pasó el país.

 

En el primer modelo, “la expansión [de la industria y] del capitalismo en México [fueron impulsados] por procesos… vinculados al desarrollo extensivo… [es decir] por un dinámico proceso de sustitución de importaciones, decididamente favorecido por la política de protección a la industria.” [1] Hubo un cambio en el tipo de producción, donde  lentamente la industria transformativa se separa de la extractiva al igual que la manufactura de la agricultura.

 

Poco a poco esta última se va convirtiendo en un elemento básico de aquella al pasar a ser materia prima que se transforma en mercancías. Este impulso también desarrolló la división social del trabajo.

 

            Así, creció rápidamente la producción mercantil a expensas de la agrícola ya que de 1940 a 1950 esta última, pasó de 46.9 % a  17.9 %. [2] Y por su parte, la proporción de la población urbana en relación con la rural, se incrementó de 35 % a 51.5 % de 1940 a 1960. [3] El siguiente cuadro muestra la predominancia que va adquiriendo la población urbana.

 

Advierte Lenin que “el desarrollo de la economía mercantil significa que la agricultura se va separando de una rama industrial tras otra.” [4] Mientras que la industria transformativa va creciendo y tomando importancia dentro de la vida económica de un país o simplemente dentro de una comunidad, “una parte cada vez mayor de la población se va separando de la agricultura, es decir, [crece] la población industrial a cuenta de la agrícola.” [5] Queda así enunciada una ley del desarrollo capitalista.

 

AÑO

URBANA

RURAL

1950

28.90

71.10

1951

29.94

70.06

1952

31.39

69.94

1953

32.02

67.98

1954

33.06

66.94

1955

34.10

65.90

1956

35.14

64.89

1957

36.18

63.82

1958

37.22

62.78

1959

38.26

61.74

1960

39.30

60.70

Cuadro 1.- “Evolución porcentual de la población urbana y rural.” Fuente: NAFINSA. “La economía mexicana en cifras.” México 1981.

 

Por otro lado, la necesidad de un mercado exterior para una nación capitalista, se determina, según Lenin,[6] por: la circulación de mercancías que rebasan los límites geográficos del estado, por la constante transformación de los modos de producción y el ilimitado crecimiento del volumen de la producción.

 

            Así como en la industria hubo crecimiento durante las dos décadas siguientes a 1940, también el agro mexicano creció a una tasa promedio de 6 % y con esto se abrió paso a la exportación, y a la formación de un mercado interior multiplicando los tipos de industria. [7]

 

Con el extraordinario volumen de las exportaciones de alimentos de esos años, se obtuvo un flujo considerable y continuo de divisas que más adelante, permitieron sostener la importación de maquinaria y equipo para la instalación y ampliación de la planta industrial. También se desarrolló el flujo de materias primas y alimentos, con estabilidad en los precios.

 

Al respecto, sentencia Lenin que “el mercado interior… se crea por el desarrollo de esta economía mercantil; y el grado de fraccionamiento en la división social del trabajo determina la altura de su  desarrollo… [dividiendo] a los productores directos en capita-listas y obreros.” [8] Así, se multiplicaron las diversas profesiones.

 

Sin embargo, en México, la industrialización de este periodo se caracterizó por:

-         Poca inversión en maquinaria y en espacios fabriles.

-         La abundante disponibilidad de fuerza de trabajo barata.

-         El predominio de tecnología industrial de tipo tradicional; es decir, no había grandes mejoras al proceso industrial que implicaran gran ahorro en tiempo y dinero.

-         El uso de insumos y materias primas de origen nacional, lo que fortalecía el mercado interno.

 

El Estado mexicano fue un promotor directo del desarrollo mediante la creación de infraestructura industrial y agrícola y su política de promoción proteccionista. De esta forma, la de sustitución de importaciones creaba una ganancia extraordinaria en beneficio del capitalista industrial.

 

            A partir de la segunda mitad de los 50 del siglo pasado, el proceso de industrialización tendió a desacelerarse por su proximidad a los límites del desarrollo extensivo del capitalismo; es decir, se acabó el mercado y la fuerza de trabajo se cansó por la explotación continua.

            Con la caída de los precios internacionales de los productos básicos se bloqueó el ciclo de reproducción del capital mexicano y vino una subsiguiente etapa de crisis y recesión económica hasta que se presentó una nueva alternativa para incrementar la acumulación del capital en los países más industrializados. Esta alternativa consistió, según Rivera, en que el flujo de divisas se “acrecentara en dirección a países en los que el desarrollo extensivo del capitalismo y el papel asumido por el Estado habían creado una infraestructura industrial suficiente que aseguraba la rentabilidad del capital externo.” [9] México tenía dicha infraestructura.

 

            Por consiguiente, el Estado mexicano instrumentó cambios en su política económica para ampliar la captación de capital externo. Con estas medidas y con las condiciones materiales existentes, México se convirtió en uno de los principales importa-dores de capital en el mundo entero.

 

De esta forma, el Estado mexicano se enfocó en la constitución o ampliación del sector público y semipúblico de empresas orientadas a la producción de bienes y servicios cuya venta a muy bajo precio, elevó la rentabilidad general del capital en la industria. Así, según Rivera, “las exportaciones industriales empezaron a crecer más rápidamente que las exportaciones totales” [10] con lo que se superó la deficiencia del comercio exterior.

 

            Sin embargo, la gran mayoría de los productores industriales nacionales mantuvo un papel pasivo en el ámbito tecnológico, cayendo en la dependencia de la asistencia técnica de los proveedores externos.

 

            Por tal razón, se buscó compensar la ausencia de actividad tecnológica a través de una política a favor del incremento del “valor agregado nacional.” Esta fórmula, derivada de la preocupación por el aumento de la cantidad sobre la calidad de la producción, pre-tendía justificar la reinserción internacional con escasa innovación, lo que forzosamente se traducía en desequilibrios permanentes en las cuentas externas, así como también en la pérdida de terreno ganado en el comercio mundial.

 

            Para Rivera, en la década de los 60 del siglo XX, hubo a grandes rasgos, “predominio de un modo de producción específicamente capitalista, [lo que implica] la supeditación del trabajo a la gran industria”, [11] gracias a la “ayuda para el desarrollo” que es manifestación del Plan Marshall mediante proyectos de relevancia. Lo que hace que se incremente el grado de complejidad de la sociedad, derivado por la división social del trabajo. El cuadro que sigue muestra en porcentaje la evolución de la población.

 

AÑO

URBANA

RURAL

1961

40.23

59.77

1962

41.16

58.84

1963

31.76

57.91

1964

43.02

56.98

1965

43.95

56.05

1966

44.88

54.18

1967

45.81

54.19

1968

46.74

53.26

1969

47.67

52.33

Cuadro 2.- “Evolución porcentual de la población urbana y rural.” Fuente: NAFINSA. “La economía mexicana en cifras.” México 1981.

 

            Durante la década de los 60 de la centuria pasada hubo un movimiento de poco más de 7 % con respecto a los tipos de población; y al finalizar ésta, casi se equilibran. Lo que quiere decir que México pretendió tomar la senda del progreso mediante la urbanización y la industrialización.

 

Los grupos que tomaron fuerza fueron la burguesía monopólica, representada por las grandes empresas transnacionales; y el bancario–financiero por el papel que desempe-ñaban en la vida económica y política del país, más consumista y más  dependiente de los servicios financieros.

 

            Además, durante estos años, se intentó cambiar la estrategia de sustitución de importaciones, y se presentó la segunda industrialización tardía. Este proceso combinó los siguientes elementos: el impulso de las exportaciones; la creación de enlaces posteriores y anteriores a fin de desarrollar la industria de bienes de capital;  la racionalización del  pro-

teccionismo y la redefinición del papel del Estado. Aspectos que si bien dieron libertad a la industria mexicana, ésta no se logró consolidar del todo, pues las presiones sociales al final de la década entran en juego para desestabilizar los incipientes logros de la econo-mía del país.

 

            De esta manera la expansión de la economía mexicana en este periodo se hizo  más dependiente de la economía mundial, lo que a su vez implicó:

 

1)      La transformación del sector exportador de simple a complejo, cada vez más diversificado en productos manufacturados y semi-manufacturados.

 

2)      La importación de maquinaria, equipo y herramientas, es decir tecnología, con lo que se desequilibra el capital importado.

 

            Desde mediados de esta década se observó más fuertemente el desarrollo desigual entre la agricultura y la industria, cuyo principal indicador era el monto de inversión registrado en cada uno de estos sectores. La economía tuvo a partir de 1968, una nueva tendencia hacia la baja acentuándose progresivamente.

 

 

Año

Total

% Total

sector 1

% sec. 1

sector 2

% sec. 2

sector 3

% sec. 3

1950

8,272

100

4,824

58.32

1,319

15.95

2,129

25.74

1951

8,532

100

4,940

57.90

1,386

16.24

2,206

25.86

1952

8,800

100

5,057

57.47

1,457

16.56

2,286

25.98

1953

9,077

100

5,178

57.05

1,530

16.86

2,368

26.09

1954

9,373

100

5,302

56.57

1,608

17.16

2,453

26.17

1955

9,657

100

5,427

56.20

1,688

17.48

2,542

26.32

1956

9,961

100

5,556

55.78

1,772

17.79

2,633

26.43

1957

10,274

100

5,687

55.35

1,859

18.09

2,728

26.55

1958

10,597

100

5,821

54.93

1,950

18.40

2,826

26.67

1959

10,930

100

5,957

54.50

2,045

18.71

2,928

26.79

1960

11,274

100

6,097

54.08

2,144

19.02

3,033

26.90

1961

11,466

100

6,011

52.42

2,228

19.43

3,127

27.27

1962

11,661

100

5,920

50.77

2,313

19.84

3,428

29.40

1963

11,859

100

5,824

49.11

2,401

20.25

3,634

30.64

1964

12,060

100

5,722

47.45

2,491

20.66

3,847

31.90

1965

12,265

100

5,616

45.79

2,584

21.07

4,065

33.14

1966

12,473

100

5,505

44.14

2,678

21.47

4,290

34.39

1967

12,685

100

5,388

42.48

2,776

21.88

4,521

35.64

1968

12,901

100

5,266

40.82

2,876

22.29

4,759

36.89

1969

13,120

100

5,138

39.16

2,978

22.70

5,004

38.14

Cuadro 3.- “Participación de la PEA ocupada y remunerada con respecto al total, por sector económico.” Fuente: NAFINSA. “La economía mexicana en cifras.” México. 1981, pp. 14, 15 y 33.

 

            Obsérvese en el cuadro No. 3 cómo la participación del sector 1 decrece con el paso del tiempo a razón de alrededor de medio punto porcentual hasta 1961; en adelante es mayor de un punto porcentual; mientras que los sectores 2 y 3 crecen muy lentamente los primeros 11 años y luego, este último, a grandes zancadas. 

 

De esta forma la supuesta rápida industrialización de las décadas anteriores no se consolidó en los hechos significativamente y por otra parte, las condiciones de vida de sus habitantes cada vez más se vinieron desmejorando.

            Para entender el periodo de la década de los 70 del siglo anterior, existen dos fases clave. La primera se extiende hasta 1976 y concluye con la crisis de ese año, debido a los problemas estructurales de la economía mexicana y la subsecuente recesión mundial. Se dio un rápido crecimiento entre 1972 y 1974 que coincidió con el boom de la economía mundial.

 

            La segunda fase, se encuentra a partir de 1977 y comprende la conclusión de la crisis en ese mismo año; y desde 1978 un nuevo auge basado en las exportaciones petro-leras, así como también una racionalización de la gestión económica del Estado.

 

            Al inicio de la década de los 70 la economía mexicana resentía el descenso de la rentabilidad del capital producto del aumento del capital fijo acumulado; es decir maqui- naria; durante los años anteriores, así como por el incremento de los precios agrícolas y el encarecimiento de la mano de obra.

 

            Para 1971 la economía mexicana vivía la caída de la demanda externa de sus productos industrializados y agrícolas, así como también un aumento de desempleo propi-ciado por la recesión de la economía norteamericana, ya que era dependiente de ésta.

 

Al no permitir migrantes, Estados Unidos aceleró la industrialización en la zona fronteriza del norte y al mismo tiempo las nuevas exportaciones industriales mexicanas habían penetrado hondamente en su mercado, dada la pérdida de competitividad de sus productos. En palabras de Rivera: “el estancamiento relativo [de su economía significó] una aceleración de la inversión norteamericana en México.” [12] De esta forma el sector agrícola creció al 0.5 %  anual,  mientras que el industrial lo hacía al 5.1 % entre los años 1970 y 1976. [13]

 

Sin embargo, el crecimiento desigual alcanzó finalmente las entrañas del sector industrial. Mientras que unos sectores se vieron beneficiados significativamente por las altas cantidades de inversión, otros no tuvieron más remedio que recortar sus esfuerzos.

 

            Como intento para salir de la crisis y de las dificultades estructurales, el régimen de Luis Echeverría Álvarez, aplicó en primer término una política restrictiva cuyo ele-mento básico consistía en un sustancial recorte del gasto público y así preparar el terreno para un despegue económico posterior y más perdurable.

 

Poco después el Estado instrumentó una política expansionista en la cual pretendía  mantener el ritmo de crecimiento de su economía, así como también “favorecer un des-arrollo más ‘armónico y justo’ del capitalismo, lo que... significaba el subsidio a los cam-pesinos, la redistribución del ingreso, el control de la inversión extranjera y de los mono-polios, la búsqueda de una mayor autonomía frente a Estados Unidos, etc.” [14]

 

            Con la aplicación del programa de inversión pública, en 1972, se logró recuperar la tasa de crecimiento del PIB y la mantuvo alta hasta 1974 con cerca del 7 % anual. Luego ésta comenzó a disminuir hasta llegar al 2 % en 1976. [15]

 

El fracaso se explica por el alargamiento del ciclo de rotación del capital, como e-fecto de los grandes proyectos de inversión desarrollados por el Estado en las áreas de si-derurgia y electrificación; además por las contradicciones generadas por el mismo pro-ceso de acumulación en el comercio exterior y en la orientación y destino del gasto público. [16]

 

Ejemplo de esto es el complejo siderúrgico “Lázaro Cárdenas-Las Truchas” que era la inversión más importante en la historia del país hasta entonces; sus frutos sólo se-rían concretados hasta después de 1976. En lo inmediato significó una fuerte erogación de capital de $ 1,000 millones de dólares. Concluye Rivera que

“…como resultado del rápido desarrollo industrial, de la abundancia de la fuerza de trabajo, de los ventajosos subsidios ofrecidos a los exportadores, de los precios y demandas mundiales hasta 1972, se registró un enorme avance de las exportaciones industriales, [cuya]... participación dentro del total exportado [pasó] de un 12 % en 1960 al 52 % en 1975... [Esto] implicó también una extraordinaria expansión de las importaciones de insumos, maquinaria y equipo, indis-pensables no sólo para mantener el crecimiento de la industria sino también paradójicamente, para sostener el crecimiento de las exportaciones industriales.” [17]

 

En el rubro de comercio exterior se dio un incremento de las importaciones de los medios de producción sobrepasando las exportaciones, generando un grave problema de pagos con el extranjero exacerbado por el crecimiento de la deuda exterior. Así, el Estado tuvo que hacer frente a compromisos cada vez mayores, ya que “el pago por intereses sobre la deuda pública externa pasó de 217 millones en 1970 a 1,070 en 1976.” [18]

 

            La recesión mundial de finales de 1973 fue el punto de partida que desequilibró las cuentas económicas con el extranjero. Para el régimen mexicano, todas las reformas e incrementos en tarifas de las empresas estatales, creadas para elevar los ingresos,  resulta-

ron insuficientes.  Con esto,  se observaba que en el año  de 1975 la  crisis económica  era inminente. En palabras del propio Rivera:

 

“El gasto público aumentó aproximadamente  a la  misma  tasa anual  que  los tres  años anteriores, [de 1973 a 1976] o sea, poco  más del 30 %... igualmente la desesperada búsqueda del Estado para dispo-ner de fondos de inversión y sostener la tasa de acumulación lo llevó a aceptar las disponibilidades de crédito interno; en 1975 el sector públi-co absorbió el 41 % del total del crédito otorgado por el Banco de México y por el sistema bancario privado... la escasez de crédito, las al-

tas tasas de interés bancario se sumaron a los problemas de rentabili-dad que pesaban sobre la inversión privada, de manera que su crecimiento fue casi nulo en 1975 y en 1976.” [19]

 

            De esta manera, el Estado mexicano tuvo que cancelar la política expansionista hundiendo así a la economía en una profunda crisis; se inició una política de austeridad supervisada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que produjo, en un principio, consecuencias peores: fuga de capitales, quiebra de diversas empresas, despidos, pobreza, la caída de los salarios reales y, posteriormente, el establecimiento de los topes salariales.

           

En todo el año de 1977, la economía mexicana experimentó los efectos de la recesión económica debido a la crisis del año anterior. El PIB creció sólo 2.8 % con  respecto al 2 % de 1976. Así mismo, el crecimiento de la producción industrial prosiguió lentamente pues se recuperó muy poco con respecto a la declinación del año anterior. [20]

 

Año

Total

% Total

sector 1

% sec. 1

sector 2

%    sec. 2

sector 3

% sec. 3

1970

13,343

100

5,004

37.50

3,083

23.11

5,256

39.39

1971

13,895

100

5,134

36.95

3,251

23.40

5,510

39.65

1972

14,470

100

5,267

36.40

3,428

23.69

5,775

39.91

1973

15,068

100

5,402

35.85

3,613

23.98

6,053

40.17

1974

15,689

100

5,538

35.30

3,807

24.27

6,344

40.44

1975

16,334

100

5,676

34.75

4,011

24.56

6,647

40.69

1976

17,003

100

5,815

34.20

4,224

24.84

6,964

40.96

1977

17,700

100

5,956

33.65

4,449

25.14

7,295

41.21

1978

18,422

100

6,098

33.10

4,683

25.42

7,641

41.48

1979

19,172

100

6,241

32.55

4,929

25.71

8,002

41.74

1980

20,282

100

5,670

27.96

4,662

22.99

9,949

49.05

Cuadro 4.- “Participación de la PEA ocupada y remunerada con respecto al total, por sector económico.” Fuente: NAFINSA. “La economía mexicana en cifras.” México. 1981, pp. 14, 15 y 33.

 

Afortunadamente, la economía mexicana se vio favorecida por una recuperación económica más fuerte y más rápida que la de Estados Unidos y la del resto de los países industrializados. Con esto, se reactivaron las exportaciones de capital y de turismo hacia nuestro país, lo que ayudó a restaurar la balanza de pagos y la economía nacional.

 

En el cuadro número 4 se observa cómo el sector económico 1 decrece casi 10 %, mismas que se incorporan al sector 3; mientras que la industria apenas si aumenta, pero tiene un declive de 2.72% en 1980, lo que hace igualar su participación de 11 años atrás.

 

El régimen de José López Portillo, intentó reactivar la economía mediante el uso adecuado y productivo del excedente petrolero, al mismo tiempo que le permitió manejar cómodamente el problema de la deuda externa. Para ello, según Rivera “se planteó el reordenamiento del gasto público y de la gestión económica del Estado,  anteponiendo los criterios de eficiencia y racionalidad capitalista a los de carácter redistributivo y populista.” [21]

 

            La política económica del régimen lopezportillista, al buscar orientar la economía mexicana  en su perspectiva de  recuperación  posterior,  generó diversas  contradicciones pues la recuperación consistente exigía poner en práctica determinadas medidas que repercutirían estimulando la inflación. Esto es, el gasto público de 1977, que aumentó un 42 % en relación al año anterior, fue orientado principalmente hacia la producción de petróleo y hacia el turismo concentrándolo en el terreno más productivo de la captación de divisas.

 

A partir de 1978, la política estatal se enfocó principalmente a apoyar a la inversión, gracias a la eficiencia productiva de algunas industrias y empresas de servicios. Este año se registra en la historia económica nacional, como el primer giro expansionista de la política económica. El camino hacia la recuperación lo consolidó la política subsi-diaria estatal, fundamentada en el excedente petrolero, a principios de 1979. [22]

 

De esta forma, el volumen de producción, al igual que los precios respectivos, se triplicaron en cinco años, significando así, una tasa de crecimiento de más del 26 % anual. Es de notarse que el ritmo de crecimiento, y más concretamente los ingresos, hayan crecido explosivamente en el último año y medio del decenio. Es la consecuencia de tres factores:

 

·        Un crecimiento más rápido de la producción a partir de 1978.

·        Un crecimiento espectacular de los precios a partir de 1979, muy superior al de los 3 años anteriores.

·        Un porcentaje más alto de exportaciones (en 1977-1978 se exportaba casi 30 % del total producido y en 1980, poco más del 50 %).

 

En el sector agrícola, la inversión pública se mantuvo baja y selectiva con miras a la exportación de productos con precio alto como el café.

 

Además, se tuvo una participación importante de la inversión extranjera en diver-

sas ramas de la industria pesada, conjuntamente con los grupos económicos nacionales más fuertes, tales como: la producción de papel y celulosa, de caucho y de maquinaria y equipo de transporte. Es por ello que “la recuperación de la producción industrial se basó en un incremento de la eficiencia productiva, que se difundió y consolidó en las empresas de mayor densidad de capital así como en el descenso apreciable del consumo de los trabajadores.” [23]

 

            En el año de 1979 la inversión privada creció 5 % más respecto del año anterior, creando un aumento en la capacidad productiva de algunas ramas industriales y de servi-cios como la automotriz, la petroquímica secundaria, la hotelera, etc. Este crecimiento se debió principalmente, al otorgamiento de generosos subsidios y exenciones tributarias, pues se intenta influir sobre la localización geográfica de la empresa, favoreciendo la efi-ciencia productiva mediante el descongestionamiento de las zonas de mayor densidad  y aprovechar la infraestructura portuaria para lograr mayores volúmenes de exportación a costos remotamente bajos y así competir con el mercado internacional.

 

            De esta forma se establecieron tres zonas geográfico-económicas en el territorio nacional, para que el desarrollo industrial se dé a lo largo y ancho del país, éstas son:

 

-         ZONA I-A.- Es la de mayor prioridad. Promueve la descentralización industrial y el aprovechamiento  del sistema portuario y  la infraestructura que la rodea. Se ubica en torno a los principales puertos industriales del país (Tampico, Coatzacoalcos, Salina Cruz y Lázaro Cárdenas).

-         ZONA II-B.- Se denomina de prioridad para el desarrollo urbano industrial. Abarca todas las ciudades medias del país.

-         ZONA III-C.- Se localiza en torno al área metropolitana de la ciudad de México y no concede subsidio o exención alguna, ya que se pretende descongestionar esta área.

 

Con esto, en palabras de Villarreal, se le daba “prioridad al desarrollo regional, a la preservación del medio ambiente y al aprovechamiento racional de los recursos natura-les… [cuyas] dos orientaciones básicas de ésta son: revertir la inercia concentradora de la ciudad de México e integrar a las regiones del norte, sureste y de la parte central de las costas al desarrollo nacional.” [24]

 

La descentralización industrial en México tiene como antecedente al Plan Nacional de Desarrollo Urbano, que data de mayo de 1978 y cuyo objetivo principal es “racionalizar la distribución  del territorio nacional,  de las actividades económicas y de la

población, localizándolas en las zonas de mayor potencial del país.” [25] Para ello, las ciudades de tamaño medio y semi-industrializadas es decir, de alrededor de 25,000 personas, son las que parecen ser las más adecuadas para revertir el fenómeno industrial de esta conglomerada zona urbana.

 

De acuerdo con Garza, existen tres patrones generales de localización para estimular industrialmente a algunas ciudades: “1).- de orientación según los recursos naturales y materias primas de la región. 2).- orientación al mercado y 3).- orientación a las economías externas y de urbanización.” [26] Con esto se pretendía agrandar a las ciudades medias con el fin de competir con la ciudad de México por el mercado de productos.

 

Por otra parte, para que ésta sea efectiva se tendrá que resolver el problema de transportación de mercancías mediante la infraestructura adecuada logrando un recorte en el costo de la producción y traslado. Otros de los factores que determinan el próximo establecimiento de la industria en las ciudades medias son: los servicios urbanos con que cuenta, la legislación, el transporte de pasajeros y de carga y la infraestructura general necesaria para el crecimiento de la mancha urbana.

 

Desde el segundo semestre de ese año, la economía mexicana regresa al pleno auge de abundancia y crecimiento con tasas superiores al 11 % anual real en la industria. Sin embargo, se tiende a consolidar la estructura monopólica de la producción industrial y de servicios entre el capital extranjero y los fuertes grupos económicos nacionales. Ade-más esto ha implicado un desarrollo desigual entre la agricultura y la industria y dentro de esta misma y el sector servicios.

 

AÑO

URBANA

RURAL

1970

48.60

51.40

1971

49.76

50.24

1972

50.92

49.08

1973

52.08

47.92

1974

53.24

46.76

1975

54.40

45.60

1976

55.56

44.44

1977

56.72

43.28

1978

57.88

42.12

1979

59.04

40.96

1980

60.20

39.80

Cuadro 5.- “Evolución porcentual de la población urbana y rural frente al total.” Fuente: NAFINSA. “La economía mexicana en cifras.” México. 1981.

 

En este cuadro se puede ver la evolución que tuvo la población en la década de los 70 del siglo pasado. Hay un movimiento de alrededor de 12 % en contra de la población rural. Si se comparan los cuadros 1, 2 y 5, se concluirá que el éxodo campesino ha sido más intenso en los últimos años en busca de mejores oportunidades de vida en la ciudad.

 

En el ámbito rural, por ejemplo, el Estado atacó la insuficiencia de la producción quitándole parcialmente el subsidio pues se apoyaba sólo a los sectores más rentables del campo, que son las agroindustrias y los cultivos típicos de exportación.

 

Y al ver que se generaron más problemas (intensificación de la migración hacia Estados Unidos, bajo nivel de las condiciones de vida de los campesinos, caída de la producción agrícola, etc.) el Estado cambia su orientación y nuevamente apoya la producción de los alimentos básicos para el consumo interno.

     

En la década de los 80, el desarrollo industrial de México se ha dado bajo un esquema de mayor competencia con el exterior. Las zonas costeras, las fronteras y en particular los llamados puertos industriales, adquieren relevancia particular como áreas de desarrollo tanto industrial como de servicios turísticos. También diversas ciudades medias y  algunos puntos geográficos estratégicos son influenciados por la inversión para el desarrollo industrial.

 

            A grandes rasgos, los ochenta fueron la época de los programas macroeconómicos de ajuste estructural, cuya iniciativa y ejecución corrieron por cuenta del BM y el FMI. Con esto se pretendía integrar a México en una economía globalizante donde intervienen todos los países.

 

Se justificó a partir de la noción de que no puede haber un desarrollo duradero sin moneda estable, por lo que se procuró la liberalización del comercio y finanzas públicas relativamente en auge, para mejorar las condiciones básicas del desarrollo autónomo. Ello fue hecho al principio sin tomar en cuenta debidamente las necesidades sociales y ecológicas que ya presentaban cierto nivel de agotamiento y contaminación.


 

[1] RIVERA Ríos, Miguel A. y Pedro Gómez Sánchez. “México: acumulación de capital y crisis en la década del 70.” En teoría y política. oct - dic 1980,  p. 75.

[2] Secretaría de Industria y Comercio. Censos agrícolas, ganaderos y ejidales 1940 y 1965. Citado por el autor. Ibid, p. 75.

[3] RIVERA, op. cit, p. 75. 

[4] LENIN, V.I. “El desarrollo del capitalismo en Rusia.” Ediciones de cultura popular. s/l. s/f.,  p. 18.

[5] Ibid.

[6] Ibid, pp. 43-44.

[7] RIVERA, op. cit, pp. 75-76.

[8] LENIN, op. cit, p. 47.

[9] RIVERA, op. cit, p. 79.

[10] Ibid, p. 81.

[11] Ibid.

[12] Ibid, p. 89.

[13] Ibid, p. 96.

[14] Ibid, p. 90.

[15] Ibid, p. 94.

[16] Ibid.

[17] Ibid.

[18] Ibid, p. 101.

[19] Ibid.

[20] Ibid. p. 103.

[21] Ibid, p. 104.

[22] Ibid, p. 109.

[23] Ibid, p. 112.

[24] VILLARREAL A., René. “Hacia el cambio estructural en la industria y el comercio exterior de México.” En MINAN, Isaac. (Coord.) “Industrias nuevas y Estrategias de desarrollo en América Latina.”, p. 247.

[25] GARZA, Gustavo. “Industrialización de las principales ciudades de México. Hacia una estrategia espacio-sectorial de la descentralización industrial.” Ed. El Colegio de México. México. 1980, p. 4. Además SAHOP. 1978. Vol. I, p. 30.

[26] Ibid, p. 17.