El progreso a través de la revolución industrial

 

En la historia de la humanidad se presentan periodos de intensa transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas. Siendo uno de éstos, según Cazadero, [1] el que comienza a finales del siglo XVIII. La revolución industrial aportó una parte importante y fundamental para el desarrollo de la idea de progreso. Pero no es hasta ciento cincuenta años después que la estructura económica del mundo sufrió una transformación significativa, por la cual una sociedad rural y artesanal se convirtió en una sociedad urbana, industrial y diversificada.

 

Con la revolución industrial, en Occidente se inició una era de confianza en la capacidad creadora del hombre y a la vez, en el crecimiento o progreso sin límites. Lo que resultaba ideal en un mundo poco poblado y con grandes espacios vírgenes.

 

La esencia de la revolución industrial consistió en la división social del  trabajo, lo que supone también una progresiva sustitución del trabajo humano por el de las máquinas y la energía animal por la mecánica.

 

Y como era de esperarse, mediante ella se produjo una aceleración del crecimiento económico, acompañado de una profunda transformación en la organización de la producción y en la estructura de la sociedad. Este proceso no fue sencillo y se localizó inicialmente en Inglaterra y además estuvo lleno de conflictos sociales ya que “crecer era un imperativo de la sociedad moderna.” [2] Había que producir más mercancías en el menor tiempo posible; sin importar el esfuerzo humano invertido en ello.

           

Para Cazadero, una revolución industrial está constituida por un grupo de elementos vinculados entre sí que conforman una totalidad funcional donde es posible dividirla en tres grandes conjuntos: el primero está formado por un enjambre de inventos e innovaciones tecnológicas que constituyen una estructura; [3] el segundo lo forma un profundo conjunto de grandes transformaciones sociales que tienen un carácter estructural y se deben realizar antes y durante esta revolución en la sociedad que va a asimilar la nueva tecnología; y, el tercer conjunto está constituido por el cambio  en el  sistema económico  mundial.  

 

De esta forma, la revolución industrial es el motor de la fuerza transformadora, la capacidad productiva de una sociedad bajo los patrones del capitalismo, misma que poco a poco fueron imitando otras naciones.

           

Así, el siglo XIX fue una época de profundos cambios en la humanidad, tanto eco- nómicos, sociales y políticos como en los gustos y en las formas de vida.

 

Paralelamente a estos cambios, la ciencia ocupó progresivamente un espacio que antes tenía la religión, a la vez que la educación formal se convirtió en el instrumento esencial para la formación de ciudadanos y la difusión de innovaciones técnicas y de organización social. Según Octavio Paz, [4] “la ciencia comenzó a desplazar a Dios del universo…ahora coloca en su lugar al científico y al técnico, al fabricante de máquinas.”

 

            En este sentido, el principal aporte de la revolución industrial a la idea de progreso es que ésta se sigue aceptando como algo natural, previsible y característico de lo social y lo cultural. A la vez, es lento, gradual y continuo, tiende a un fin, entendido como perfec-cionamiento de la condición humana mediante el atesoramiento de más y mejores bienes.

 

            Se observa que detrás del desarrollo industrial estaba toda una filosofía de la vida: la de la civilización económica y racionalista occidental. Es decir, de mejoramiento infinito de la condición humana a través de la explotación de los recursos naturales superabundantes.

 

Cabe hacer mención, de acuerdo con Cazadero, [5] que no sólo ha habido una sola revolución industrial, sino que a finales de este siglo XX, la humanidad atraviesa la cuarta. Según este autor, hay cuatro elementos fundamentales impuestos por la segunda revolución industrial al mundo en los inicios del siglo XX y son: la concentración del capital, la internacionalización del capital, el cambio en el proceso del trabajo y la intervención masiva del Estado en casi todos los aspectos de la vida económica.

 

            Con el primero, las grandes empresas se constituyeron prácticamente en monopo-lios, ampliaron la red de infraestructura existente y unificaron grandes extensiones de tierra al modelo consumista que estaba naciendo. Tal es el caso de los ferrocarriles y el petróleo.

 

El segundo hace referencia a que ahora todos los países entran en el juego de la industrialización y el mercado mundial, aunque no tengan la infraestructura requerida para despegar su tecnología. Estos países entrarán como aportadores de las materias primas y principales consumidores de los productos manufacturados que hacen más cómoda la vida del hombre.

 

El tercer elemento es resultado de las mejoras administrativas y gerenciales que Taylor y Ford propusieron al proceso productivo. La producción en serie hace su apari-ción y con ella el trabajo dentro de una fábrica se hace más organizado, secuencial  y específico. La división del trabajo industrial era un hecho.

 

El último elemento se presenta durante la década de los treinta y nos presenta una empresa estatal con el capital suficiente para realizar inversiones muy considerables en beneficio de toda la sociedad. Se ampliaba la red de servicios públicos y se ofrecía trabajo a la gente.

 

La revolución industrial se convirtió, así, en el vehículo que transporta el desarro-llo capitalista; es decir, el progreso por todo el mundo, pues es la industria el sector más dinámico de la economía y ejerció un efecto de arrastre en los otros sectores económicos y en todos los países.

 

Estos elementos hacen referencia a la nueva visión del progreso acorde totalmente con los adelantos estructurales y de organización de los procesos económicos y sociales que venían desarrollándose desde hace alrededor de doscientos años, y que habían alcan-zado a la mayoría de los países en Europa y a Estados Unidos en el continente americano.

 

Por esta razón, la imagen de cientos de chimeneas arrojando humo representó por mucho tiempo el símbolo del progreso y la consolidación del poderío económico de unas cuantas empresas. Poco a poco el progreso se erigió sobre una base que consiste en la explotación más intensa de los recursos naturales para obtener volúmenes cada vez más altos de producción.

 

El mundo comenzó a globalizarse desde entonces, pero en el caso de América Latina, África y Asia, no hubo las condiciones implícitas requeridas para que la sociedad aceptara ese cambio y la incipiente industrialización los alcanzó tiempo después a partir de la década de los años 1940.

 

            A raíz de que se concentró el capital en pocas naciones y en pocas manos, y de que se internacionalizó, se inicia una guerra económica entre los países con mayor grado de industrialización, prestos a incrementar sus dominios y alterando enormemente los espacios naturales. La revolución industrial es el acelerante de esta guerra económica.

           

Aunque no puede negarse que la revolución industrial ha impulsado el desarrollo de la sociedad, logrando penetrar en todas las áreas de la ciencia y en todo ámbito de aplicación al incrementar la productividad y la eficiencia de las industrias o máquinas; de igual forma, desarrolla un crecimiento y dependencia de la sociedad a ésta, a tal grado que reduce la capacidad de producir empleos e incrementa las necesidades consumistas superfluas. A partir de los finales de la década de los sesenta se empezó a hacer conciencia de esto.

 

Sin embargo, el avance significativo de las innovaciones derivadas de la revolu-ción industrial no debe entenderse como un parámetro del progreso de la civilización; si-no más bien, como una necesidad intrínseca al desarrollo capitalista. Mandel opina que:

“…el impacto a corto y mediano plazo de la automatización y la robotización a gran escala sobre el empleo total ha sido prácticamente nulo hasta el comienzo  de los años 70... [Sin embargo,] el aumento de la mecanización tiene efectos contradictorios sobre el trabajo. Reduce la calificación, suprime empleos y presiona los salarios por el aumento del ejército de reserva.” [6]

 

Para Marx la misma sobrevivencia de la economía capitalista entraría en crisis, ya que la creación de la riqueza efectiva “depende del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología, o de la aplicación de esta ciencia a la producción.” [7] Al res-pecto de la introducción de mecanismos automatizados a gran escala en la economía capi-talista, son imposibles ya que “implicarían la desaparición de la economía de mercado del dinero, del capital y de las ganancias.” [8] Y termina diciendo que el capital es el que explota al trabajo y lo hace socialmente útil, pues

“…lo que llegue a ser el trabajo humano y la humanidad no está predeterminado mecánicamente por la tecnología y la ciencia, sus tendencias presentes y los peligros evidentes que comportan. Está determinado… [por] un desarrollo en el marco del capitalismo de la competencia, de la economía de mercado, de la sed insaciable de enriquecimiento privado...” [9]

 

Por último, Mandel agrega que junto al capitalismo,

 “la tecnología se desarrolla bajo  el látigo de  la competencia, en el marco de los costos y de las ganancias previstas para cada empresa tomada individualmente. Los costos sociales generales, los costos humanos, ecológicos no se toman en cuenta, no solo(sic) porque son exteriorizados,... sino también porque a menudo aparecen más tarde que las ganancias que las nuevas tecnologías permiten recoger a corto o a mediano plazo. El desarrollo tecnológico bajo el capitalismo… es… una tecnología específica introducida por razones específicas estrechamente ligadas a la naturaleza específica de la economía capitalista y de las sociedades burguesas.” [10]

 

La sociedad occidental de principios y mediados del siglo XX es una sociedad con alto grado de egoísmo y hedonismo, debido a su economía de mercado. Los líderes son vistos como contaminadores, corruptores y explotadores de los otros pueblos en el mundo. Además se presenta la desconfianza en sus instituciones, tanto en las sociales y políticas, como en las religiosas y culturales. Mendoza opina muy claramente a este respecto:

“Los países desarrollados y muy especialmente Estados Uni-dos de América no son modelos a seguir porque nunca los alcanza-ríamos y porque deben su poderío a la explotación colonial del mundo subdesarrollado. [Así mismo]… el propio modelo de la sociedad norteamericana que se  nos quiere imponer, muestra serios signos de decadencia. Sólo basta mirar su crecimiento dramático de la pobreza; la crisis de su sistema educativo; su déficit fiscal sin precedentes; el incremento de la violencia, de la drogadicción y otros problemas sociales en los que son líderes del mundo moderno.” [11]

 

            Por ello, a medida que avanzaba el siglo XX se acentuaba la rebeldía contra la ciencia y el racionalismo;  y se cultivaba  su antitesis,  al mismo tiempo  que se desarrollaba el subjetivismo, individualismo y egoísmo; la preocupación máxima de la gran mayoría de los individuos es su propio yo  y sus placeres.

 

Poco a poco, el progreso derivado de la revolución industrial se volcó en una actitud de desprecio e incomprensión o simplemente desinterés hacia el significado de las costumbres, los ritos y demás celebraciones sociales; es decir se llegó a un estado de ruptura con el pasado, probablemente debido a la velocidad en que se producían las fuertes transformaciones sociales.

 

Simultáneamente al gran avance científico y tecnológico de principios del siglo XX y con el fin de la Primera Guerra Mundial, el poder y el dominio occidental  empezó a declinar. A la civilización de occidente ya no se le toma como modelo a seguir, pues el grado de decadencia que manifiesta está quebrantando a su civilización.

 

Parece ser que la fe occidental en el progreso se va marchitando en todos los niveles y en todos los campos, pues ya no quedan espacios qué explorar ni  qué colonizar. Occidente entró a una fase de regresión cultural muy acelerada, debido a los efectos de la industrialización y la tecnología en la vida natural y social.

 

Ahora se cuestionan los efectos globales de las innovaciones tecnológicas con respecto a sus consecuencias en el ambiente, la sociedad, la moral, la demografía, la espiritualidad y demás elementos que conforman la vida del hombre en sociedad.

 

Cabe reflexionar acerca de la clase de progreso que se está experimentando desde mediados del siglo pasado a la fecha. Sobre todo en lo que se refiere a las bases intelectual y espiritual de esta idea.

 

Austin Freeman [12] cree que occidente entró a una fase muy acelerada de regresión debido principalmente a la industrialización y a la tecnología y a sus efectos nocivos en el aire, la tierra y el mar; y sobre todo, en la misma naturaleza del hombre.

 

Stanley Hoffman[13] también piensa que hoy en día se tiene una actitud de desprecio e incomprensión o desinterés hacia el pasado; que lo que importa es el presente para llenar la vida con todo tipo de placeres.

 

De esta forma, parece ser que existe un desencanto moral, a tal grado que proliferan  grupos  de personas  interesadas en  una pequeña  parte de  la vida.  Alexander Solzhenitsyn cree que “la decadencia occidental es consecuencia de la pérdida de la fe en sus propios valores y de la creciente actitud de rebeldía frente a la autoridad… de la cultura y la moral, de los valores sobre los cuales se construyó occidente.” [14]

 

A partir de la segunda mitad del siglo XX, se muestra cada vez más la actitud hostil hacia el crecimiento económico, ya que corre el rumor un tanto bien fundado por algunas investigaciones que tanto el hombre como el planeta entero están condenados al desastre por el crecimiento incontenible de la tecnología y sus diversas aplicaciones, tal como E. J. Mishan, pregona:

 “…el esfuerzo continuo por conseguir un crecimiento económico basado en las innovaciones tecnológicas tendrá probablemente unos efectos tan negativos en nuestro medio ambiente físico que la calidad de la vida tendrá por fuerza que reducirse.(…) Si se continúa la línea de expansión industrial de los dos últimos siglos, el resultado será una lenta pero inexorable desintegración del orden social y un colapso de las disciplinas y autoridades del sistema social cuya consecuencia será que los individuos se encontrarán sumidos en un vacío social y moral.” [15]

 

El progreso ha provocado, a partir de la Segunda Guerra Mundial sobre todo, consecuencias socioeconómicas y ambientales de gran impacto en todo el mundo, tales como: erosión de la tierra cultivable; calentamiento y contaminación de la atmósfera; agotamiento de recursos naturales; creciente desempleo; drogadicción; alteración del clima; modificación de los patrones de acumulación económica a nivel internacional; deterioro de las conquistas laborales y debilitamiento de sindicatos; crisis de la teoría social para explicar el mundo actual; mayor dependencia tecnológica, comercial y financiera de los países subdesarrollados y ampliación de la brecha entre los países industrializados y subdesarrollados.

 

En esta forma se puede decir que el modelo de desarrollo derivado de la revolución industrial ha escapado del control del hombre, que éste ha ido avanzando hacia una situación de catástrofe mundial por la exagerada contaminación y el abuso en la explotación de los recursos naturales.

 

Agregado a esto, desde los años 60 del siglo XX, se ha difundido la idea, cada vez más obsesiva de la escasez de los recursos naturales, dada la enorme destrucción y desperdicio de éstos. Tomado de la mano, viene el temor por el deterioro del ambiente tanto físico como social. Como Paz dijo: “Los males que aquejan a las sociedades moder-nas son políticos y económicos pero asimismo son morales y espirituales.” [16]

 

Es por ello que se intenta establecer desde esos años, una noción de desarrollo que va más allá de la noción de crecimiento. Se está cambiando de actitud con respecto a este último en todo el mundo, a partir de la crítica manifiesta a la ciencia y  a la tecnología por su  visión ilimitada para  resolver los desafíos presentes de exagerada explotación de recursos y de crecimiento poblacional.

 

Se trata de encontrar un nuevo estilo de desarrollo, acorde con las limitaciones de los recursos naturales y con la producción industrial en términos del proceso productivo, el cual Gildenberger define como:

  “…el modo en que dentro de un determinado sistema social se organizan y asignan los recursos humanos y materiales, con el objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quiénes  y cómo producir los bienes y servicios…Se define al desarrollo como un proceso de cambio humano y societal, peculiar a cada sociedad, racional, de carácter global, que lleva a la creación y ampliación de las condiciones que permiten al individuo y a la sociedad su continuo perfeccionamiento y autorrealización[sin exagerar el uso de estos recursos].” [17]

 

Con esto se presenta una opción que distingue entre crecimiento y desarrollo, la cual está dada en lograr un beneficio “mejor”, en lugar de uno “mayor”, con respecto al incremento de la población, la forma de utilizar los recursos naturales, las características de la producción y el consumo de bienes y servicios.

 

Aunque el crecimiento no significa automáticamente progreso, fue la base para promover un gran avance económico en Europa y Estados Unidos principalmente, lo que condujo a la mayoría de los problemas enunciados arriba. De aquí que se ha cuestionado el modo de producción capitalista, buscando un cambio cualitativo en el uso de los recursos.

 

Los actuales modelos mundiales plantean patrones alternativos de desarrollo. No como se había planteado hasta los años sesenta del siglo XX, de crecimiento ilimitado, sino que se empiezan a introducir otros elementos y otros conceptos que son ejes del desarrollo. Uno de los más importantes es el papel que toma la calidad de vida.

 

El mismo autor expresa acerca del crecimiento que no es sinónimo automático de progreso, sino que

“…se reconoce que la premisa del crecimiento ilimitado sirvió en el pasado para promover un gran progreso en algunas regiones, pero es también la que los lleva actualmente a la crisis. No se discute el crecimiento por sí mismo, sino su sentido, su tendencia, sus consecuencias. Se cuestionan ciertos modos de crecer a partir de un cambio cualitativo. Los patrones de crecimiento del pasado deben cambiar. ‘Los modelos mundiales’ plantean los patrones alternativos de desarrollo… El más importante de ellos, básicamente, es la calidad de la vida.” [18]

 

La civilización industrial ha desarrollado tecnologías que van en contra de  la eco-logía, dictadas por el deseo de generar mayor productividad y alzar mayor ganancia, esto agregado al explosivo crecimiento de la población, incrementa aún más el problema.

 

De tal manera que se puede decir que el desarrollo ha escapado del control del hombre, avanzado hacia una situación de catástrofe mundial por la exagerada contamina- ción y el abuso en la explotación de los recursos naturales. A lo que Gildenberger opina:

“No límites totales al crecimiento porque éste es necesario, sino límites a la expansión desenfrenada de la tecnología y el consumo... Evi-

tar la expansión desordenada. Diagnosticar el presente para imaginar el porvenir. Proponer un desarrollo futuro racional, en el cual el progreso económico se armonice con el progreso social.” [Y termina diciendo:] “La finalidad de ese crecimiento [sostenible] es dar a todos mayores oportunidades de una vida mejor y los objetivos más concretos relacionados con esa finalidad, (el crecimiento acelerado, los cambios estructurales, la distribución más equitativa del ingreso y de la riqueza, la ampliación de los servicios sociales y la protección del medio) forman parte del mismo proceso dinámico y son simultáneamente fines y medios.” [19]

 

De tal forma que el progreso económico y social, mejor conocido como desarrollo, ha desembocado en el mejoramiento del nivel de vida de los individuos a costa de los recursos naturales y de la calidad del ambiente en el mundo entero.

 

Organismos internacionales en pro del desarrollo sustentable toman muy en serio sus investigaciones y opinan que se debe “reinventar una civilización industrial y tecnoló-gica hallando nuevos caminos para equilibrar al individuo y a la comunidad...” [20]

 

Por ello, en el informe Brundtland, elaborado en 1987, se concibe la idea de desa-rrollo sustentable, definido en sentido amplio como el tipo de “desarrollo que satisface las necesidades básicas de la actual generación humana, sin poner en peligro las posibilida-des de  las futuras generaciones de poder satisfacer las suyas.” [21]

 

Posteriormente, se celebró la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, en 1992; dando mayor “impulso a la concepción del desarrollo sustentable como vía alterna para lograr el mejoramiento de la calidad de la vida del ser humano, sin menoscabar la posibi-lidad de la naturaleza para autorregenerarse,...” [22]

 

En los últimos años de la década de los noventa del siglo pasado se pusieron en práctica numerosas tecnologías derivadas del concepto de desarrollo sustentable. Algunas de éstas se presentarán en el siguiente capítulo, ya que entran en el esquema de la calidad de vida.


 

[1] CAZADERO, Manuel. “Las revoluciones industriales.” F.C.E. México 1997, p. 19.

[2] GILDENBERGER, Carlos A. y Luis Dallanegra Pedraza. “Desarrollo y Calidad de Vida” en mundolatino.org/i/política/descalvi.htm

[3] Según Cazadero el invento es una mercancía o servicio nuevo; y la innovación implica la difusión de un invento a una escala tan grande que altera su proceso de producción., op. cit, p. 10.

[4] PAZ, op. cit, p. 189.

[5] CAZADERO. op. cit, p. 57.

[6] MANDEL, Ernest. “Marx y el porvenir del trabajo humano.”  En Rev. “Horizonte Sindical.” Ed. IESA. s/l  Jul-dic. 1995, p. 38.

[7] MARX, Carlos. “Grundrisse.” Méx. Siglo XXI. Tomo II. P. 227. Citado por Mandel, op. cit, p. 40.

[8] MANDEL. Ibid, p. 41.

[9] Ibid, p. 45.

[10] Ibid, pp. 46-47.

[11] MENDOZA Sánchez, Juan Carlos. “La revolución científico-tecnológica, sus efectos socioeconómicos y su importancia en la estrategia del capital transnacional.” En revista “Relaciones Internacionales.” F.C.P. y S. UNAM. No. 53. ene-abr. 1992,  p. 27.

[12] NISBET, op. cit, p. 449.

[13] Ibid, p. 451.

[14] Ibid, p. 460.

[15] Citado por NISBET. op. cit, pp. 463-464.

[16] PAZ, op. cit, p. 202.

[17] GILDENBERGER. op. cit, p. 2.

[18] Ibid, p. 6.

[19] Ibid, pp. 7-9.

[20] The Earth Charter Campaing, International Secretariat. En Grupo Gama. “La Carta de la Tierra”  Boletín Ambiental Universitario. Año 1. No. 11-12 ene-feb 1999, p. 3.

[21] RUIZ Arellano, María Guadalupe. “Algunos antecedentes internacionales del análisis de los problemas ambientales.” En Ibid, p. 11.

[22] Ibid.