La idea de progreso

 

La noción de progreso es probablemente la idea-fuerza más potente de la sociedad contemporánea. Y sin embargo, la inviabilidad a mediano y largo plazos del modelo de civilización industrialista y depredador derivado de esta noción, se hace cada vez más evidente.

 

Al amplio y complejo conjunto de ideas sobre el cambio social y cultural se le denomina “idea de progreso”. Durante más de 25 siglos, los filósofos, historiadores, científicos, teólogos y literatos han estudiado ampliamente esta idea, donde la tendencia dominante es su fe; es decir, la humanidad ha estado avanzando desde el pasado remoto, a partir de una situación inicial de primitivismo y barbarie seguirá avanzando con el paso del tiempo y quizás algún día llegue a su término.

 

A primera vista parece ser una expresión de fe en un futuro mejor para la sociedad, pero más de cerca es un entramado de ideas que arman la ciencia y la filosofía social, sobre todo, en diversas escuelas de la Sociología. Su consecuencia lógica es la creencia en que la naturaleza y el hombre pasan por una serie de fases de desarrollo a través del tiempo, donde las últimas son mejores que las primeras. Sin embargo, sus estudiosos no han podido concordar en qué es el progreso, dónde y cómo hubo éste; ni cuáles son los criterios para discernirlo. Pero dentro de esta diversidad, existen elementos básicos a los que se puede llamar progreso.

 

Para la mayoría de los hombres a través del tiempo, esta idea es un juicio de valor acerca de la historia. Esta puede ofrecer una idea de decadencia y regresión de la humanidad, o de sucesión de períodos cíclicos, así como también tener presente la inclinación secular o de la Providencia. Como quiera que sea, el optimismo o pesimismo de lo que se vive en el mundo occidental, marca la pauta de los juicios de valor de las personas.

Según Nisbet, la idea de progreso tiene 5 premisas básicas:

“1.- La fe en el valor del pasado.

“2.- La convicción de que la civilización occidental  es noble y superior a las otras.

“3.- La aceptación del valor del crecimiento económico y los adelantos tecnológicos.

“4.- La fe en la razón y en el conocimiento científico.

“5.- La fe en la importancia intrínseca, en el valor inefable de la vida en el universo.” [1]

 

Sin embargo, por los resultados de la ciencia y la tecnología, cada una de esas premisas ha sido erosionada por las dudas y la desilusión de la gente, a partir de la segunda mitad del siglo XX. De esta forma se puede decir que “el hombre [es]... el resultado de una larga marcha del progreso, quien durante miles de años confeccionó un mundo  nuevo y más  organizado, más  y más complejo, para  desembocar en el triunfo de su conciencia y de su inteligencia.” [2] Octavio Paz, opina que “los hombres están movidos por sus deseos, ambiciones y proyectos pero limitados por el poder real de su inteligencia y de los medios de que disponen.” [3] Sin importar cuál sea su motivación, el hombre ha progresado a través del tiempo y del espacio. El propio Nisbet comenta que la idea de progreso “ha contribuido... tanto a fomentar la creatividad en los más diversos campos como alimentar la esperanza y la confianza de la humanidad y de los individuos en la posibilidad de cambiar y mejorar el mundo.” [4]



Por su parte, Kenneth Bock asegura que la idea de progreso

“…contiene una imagen detallada y comprensiva del cambio. Incluye orientaciones específicas respecto de la Historia... promueve una definida y singular interpretación de las diferencias en la construcción de teorías del cambio social y cultural. Postula un orden natural de las cosas, afirma un universalismo y crea un sistema de correspondencias que nos presenta un rico y detallado cuadro sobre el decurso de los asuntos humanos. Identifica... una categoría de lo accidental, de lo fortuito, lo anormal o antinatural. Proporciona un... método para hipostasiar o reificar entidades cuyo derrotero temporal se puede rastrear.” [5]

 

Así, a grandes rasgos el progreso es, por un lado, el lento y gradual perfecciona-miento del saber en general; esto incluye los conocimientos técnicos, artísticos y científi-cos.  Por el otro,  se centra en la  situación moral o  espiritual del hombre  en la Tierra,  es decir,  su felicidad, su  tranquilidad y su libertad. El perfeccionamiento cada vez mayor de la naturaleza humana. La idea de progreso, jugó el papel de incentivo para que el hombre occidental realizara grandes hazañas y proezas a través del tiempo.

 

Kenneth Bock hace una reseña histórica de la idea de progreso. [6] Dice que en las civilizaciones antiguas de Grecia y Roma, se pensaba que la humanidad había avanzado lenta y gradualmente desde sus orígenes llenos de incultura e ignorancia, a niveles de civilización cada vez más altos. De esta forma, el avance en las artes y las ciencias era percibido por estos pueblos como resultado de su gran amor nacionalista y de la convicción de que su cultura era la mejor y más avanzada del mundo. Además, creían en una idea de progreso que se manifestaba en ciclos; es decir, la historia era una sucesión continua de fases ascendentes y descendentes, como el ir y venir de las olas del mar. Los griegos identificaron muy bien este proceso en la naturaleza y más concretamente, en los seres vivos, mediante el proceso de la vida: nacimiento, crecimiento, madurez, decadencia y muerte.

 

Para Aristóteles, gran observador de la naturaleza, continúa Bock, [7] el cambio sobreviene de manera ordenada con vistas a un fin específico, pero éste es producto del mismo objeto o fenómeno en cuestión. Para él, el cambio estaba dentro de  los objetos na- turales, dentro de la vida misma. Con su estudio sobre la  naturaleza de las cosas  (Física), Aristóteles “ofrece una solución  al problema del ser y del devenir, de la permanencia y el cambio, o, si se prefiere, del orden y el progreso.” [8] Propugnaba una doctrina del progreso como perfeccionamiento de la misma naturaleza y de la vida humana.

 

Algunos siglos después, agrega Bock, la idea de progreso se relacionó con la religión cristiana, y cambió la teoría de los ciclos por un principio y un final definidos en la historia terrenal humana, cuyo objetivo es lograr la salvación eterna generando “la visión del avance necesario de toda la humanidad en un proceso gradual, [desde]... un pasado primitivo... hacia un lejano y glorioso futuro, de acuerdo con el plan inicial traza-do por la Providencia.” [9] Así mismo, había un gran respeto por la razón, el conocimiento y la ciencia; de tal forma que la idea de progreso se convirtió en el progreso humano que conlleva estos valores originados en la época medieval.

 

            En esta época medieval, añade Bock, San Agustín se apoyó en las ideas griegas acerca del progreso construyendo una filosofía de la historia que posteriormente serviría de modelo a los teóricos del siglo XVIII. Confrontó la teoría de los ciclos y logró sustituirla por “un proceso de cambio que manifestaba la voluntad de un Dios ordenado, en la realización de un fin.” [10] El final consistía en la realización del bien según la porción escogida de la humanidad, en la realización de la “Ciudad de Dios.”  San Agustín veía el cambio como la elevación gradual de lo material a lo espiritual.

 

Empero, aunque destruyó la teoría de los ciclos, conservó la realidad aristotélica: estudiar era un cambio ordenado en dirección a un fin específico aunque desconocido.

           

Los últimos cinco siglos de historia nos presentan el momento en que Occidente toma conciencia de sí mismo y esto lo vincula con el progreso de toda la humanidad, a través de los viajes de Colón al nuevo mundo y de Vasco de Gama a la India. Nótese que aún después de sus promulgaciones de independencia, los países, tanto americanos, como africanos y asiáticos, adoptaron en cierto grado los valores y la forma de vida de la civilización occidental. Gran parte del mérito lo tiene la difusión del cristianismo, los valores políticos derivados de la Ilustración y de la Revolución francesa, la Revolución Industrial, así como otros elementos de la cultura y la conciencia occidentales o quizá la imposición que hicieron las naciones más poderosas.

 

La idea del progreso, continúa expresando Bock, [11] cobra vida nuevamente en los tiempos modernos con la “Querella entre los antiguos y los modernos” durante la segunda mitad del siglo XVII. Esta obra es un debate literario entre lo antiguo y lo nuevo con respecto a las obras artísticas, filosóficas y científicas, en la que se trata de mostrar que lo segundo es superior a lo primero, tal y como lo supusieron los griegos y romanos.

 

El proceso de averiguar cuál de las dos situaciones del saber, si la de Grecia y Roma antiguas o la de Europa del siglo XVII, era superior de la otra, equivalió a estudiar el desarrollo de la segunda y sus diferencias con la primera buscando garantizar la supe-rioridad moderna; es decir, comprobar la hipótesis de que las cosas sí mejoran con el tiempo. Sin embargo, los estudios derivados de la analogía realizada no explicaron la diferencia en el grado de desarrollo, ni a éste mismo; por lo que se tomó entonces como elemento a estudiar al desarrollo del espíritu humano, ya que el meollo de la discusión era precisamente el saber y algunas veces el referente era el hombre.

 

Así, según Bock,

“…el ‘espíritu humano’ es presentado por los modernos,... como algo que ha cambiado en el tiempo; y el cambio se entendía como un crecimiento: [éste] era algo lento y gradual, marcado por etapas o fases más que por sucesos. Los sucesos no son sino manifestaciones del proceso de crecimiento. El cambio se concibe como un desarrollo en el preciso sentido de desenvolverse o llegar a ser lo que está en potencia en la cosa que cambia. El cambio es inmanente ... El cambio es considerado también como ‘natural’ en el sentido de que es previ-sible, es normal, es característico de las cosas; es,[en una palabra] ... necesario.” [12]

 

De esta manera, Descartes, según Bock, declaró que las leyes de Dios eran constantes en el tiempo y uniformes en el espacio. Así, hombres de igual capacidad existieron en todas las edades y por lo tanto, por simple acumulación, forzosamente tuvo que producirse un avance o progreso en el saber. [13]

 

Bock menciona que Fontenelle, en su trabajo “Sobre los antiguos y los modernos”, de 1688, resumió su posición de la siguiente manera: “Un espíritu bien cultivado contiene... todos los espíritus de los siglos precedentes: es uno solo y el (sic) mismo el espíritu que se ha desarrollado y perfeccionado todo ese tiempo.” [14] Así, desde el comienzo del mundo, hasta el presente el hombre tuvo su infancia, pasó por su juventud y ahora está en la madurez. Para ellos dos, los hechos y el azar contribuyen enormemente a la sucesión ordenada de los cambios en la historia humana; es decir, en el progreso.

 

A los modernos les preocupaba dar explicación por el estancamiento o regresión respecto del crecimiento humano. Según esto, Fontenelle, citado por Bock, [15] argumentó que es el tiempo quien genera las diferencias en las experiencias humanas. Otros autores mencionan, como causas posibles: la diferencia de los climas, los tipos de gobierno, en especial los tiránicos y opresivos, los sucesos políticos como las guerras, y/o los sucesos económicos como la apertura de nuevos mercados.

 

Por ello, continúa Bock, los modernos crearon una del teoría del progreso humano a través del desarrollo del espíritu, la cual

“…afirmaba que para cualquier relación temporal entre dos ramas de la raza humana, la posterior en el tiempo ‘forzosamente’ había avan-zado en su desarrollo espiritual  más  que  la anterior... si  ese avance  no se había producido o  era  menor, o había existido una real retro-gradación, ello se debía al imperio de circunstancias especiales, que obstaculizaron o impidieron el proceso.” [16]

 

            De esta forma, la idea de progreso se presentó, a través de la Querella, como la manera en que había crecido el conocimiento más que el avance de la sociedad; pero posteriormente el elemento crucial de esta idea de progreso fue el desarrollo del espíritu humano dentro de la vida social y cultural.

 

            Otro pensador que cita Bock [17] en su planteamiento histórico de la idea de progreso es el abate de Saint Pierre, que a comienzos del siglo XVIII avistaba un comple-to mejoramiento en la vida humana, pues, para él, la humanidad es una entidad que avan-za hacia la perfección, como cualquier organismo, que habiendo pasado por las Edades de Hierro y Bronce, llega por fin a una Edad de Plata.

 

            De manera similar, Turgot, expuso en sus ensayos de 1750 y 1751, la noción de que existe una historia universal de la humanidad, utilizando la idea de progreso como punto central. Según Bock, este estudiante de la Soborna planteaba que “la humanidad en su conjunto avanzaba, de manera lenta, pero continua, hacia una mayor perfección,” [18] cuya causa básica del movimiento está en las pasiones; donde el pasado fue necesario para el actual estado de progreso; es decir, cada condición de la humanidad  representa un estadio del desarrollo universal. Tomó las instituciones sociales como elemento de com-paración entre varias épocas y culturas del mundo conocido y los cambios institucionales son los que separan, según él, los estadios de avance.

 

            Condorcet, contrario a la tesis de Turgot, se ocupa del cambio social y cultural más que de la vida humana. Especificó el contenido del progreso de la siguiente manera:

“La razón dominaría a las pasiones, la sociedad se reorganiza-ría entonces sobre bases racionales para un crecimiento constante y el resultado sería la igualdad –igualdad de realizaciones entre las na-ciones; igualdad de riqueza, educación y posición social entre todos los hombres- y, como consecuencia de esta (sic), la libertad.” [19]

 

            Por otra parte, agrega Bock, [20] en Alemania se interesaban sobre todo, en el perfeccionamiento moral. Para Herder, su máximo representante, la entidad que se desarrolla en el tiempo es la humanidad; con la cual, se habrá de lograr un mayor refinamiento en las artes, y en las ciencias; además habrá mayor felicidad y un mejor orden moral.

 

Kant argumentaba que las leyes naturales universales operaban en la historia hu-mana; por ello, el cambio es inmanente, lo que implica para el hombre que su género avanza continuamente “hacia el pleno despliegue de sus potencialidades originales implantadas por Dios.”[21]

 

            Mientras que en Escocia, se postula una antítesis de la idea de progreso. David Hume niega que el cambio social o cultural fuese de orden natural; en su lugar menciona “una inercia o estabilidad general como característica de la condición humana, y sostuvo que ésta sufría modificaciones más bien graduales e infrecuentes, luego de quebranta-mientos o interrupciones en el orden establecido”, [22] por lo que el progreso no era la regla. Hume creía que el salvaje era superior y el moderno, decadente.

 

            Por otro lado, Adam Ferguson, que  fue tomado como modelo por los teóricos del siglo XIX por estudiar diversas sociedades no occidentales, establecía que “el avance social era producto de la naturaleza humana en su automanifestación bajo circunstancias favorables.” [23] Es decir, que el cambio era producto del esfuerzo humano, ya que los inventos y descubrimientos favorecían el avance de la sociedad total.

 

De esta forma, y debido a que no había quién rebatiera la “Querella a favor de los antiguos”, afirma Bock, “la fe en el progreso de la humanidad y la supremacía occidental acabaron siendo una sola cosa [y finalmente,]... Occidente había logrado dominar el mundo gracias a las leyes del progreso.” [24]

 

Más adelante, en el siglo XIX, continúa narrando Bock, Auguste Comte prestó atención a la historia intelectual de los pueblos para determinar en qué medida ésta había sido la fuente y el medio para gobernar al progreso de la humanidad. [25]

 

            Contrario a las opiniones de Ferguson, para Comte, “todos los pueblos [del mun-do] tuvieron idéntica historia y recorrieron los mismos estadios de progreso.” [26] De esta forma, el progreso está determinado por las variaciones; y éstas se explican por causas accidentales o pasajeras, que sólo afectaban la velocidad de la evolución. En concreto:

 

“El cambio social es un producto de fuerzas interiores a la sociedad y derivadas de la naturaleza humana; que es... continuo, normal y uniforme en el tiempo y el espacio; y que las diferencias entre el grado de desarrollo, consecuencia de una intervención acci-dental [hacen posible]... proponer  un ‘método comparativo’ para or-denar conceptualmente una haz de diferencias culturales dentro de una serie única que describiría el avance, progreso desarrollo o evo-lución de la civilización.” [27]

 

 

            La aportación de Comte consiste en los criterios para usar el método comparativo y así tener una idea de progreso más objetiva. Su método fue aceptado e imitado durante todo el siglo XIX por los teóricos sociales que pretendían estudiar la génesis de diversas manifestaciones de la cultura como por ejemplo: la familia, la religión, la propiedad privada, la educación y otras instituciones sociales.

 

            En Spencer, otro pensador citado por Bock, la idea de progreso seguía haciendo referencia a avances en el conocimiento y con respecto al beneficio social en lugar del egoísmo puro. Para él, el progreso “era el desarrollo de lo heterogéneo, desde lo homogé-neo [es decir,] un proceso de diferenciación [de las civilizaciones.]” [28]

 

Por su parte, Durkheim, estudia el progreso como la división del trabajo cada vez más intensa; al hacerse más complejas las sociedades y requerir cada vez de mayor cantidad de trabajos especializados en las diversas artes de la industria y de los servicios.

 

Todos los pensadores mencionados varían en los elementos de la inevitabilidad del progreso y la necesidad o conveniencia que los hombres interfirieran en él por diversas razones, ya sean intrínsecas o extrínsecas a ellos. Sin embargo, una idea básica permanece latente:

 “…se acepta el cambio como algo natural, previsible, [es] una característica de lo social o cultural como tal. Se lo concibe lento, gradual y continuo... se insiste en que el proceso se asemeja a un crecimiento [es decir, la esencia del cambio está en el tiempo]. Su tempo (sic) puede variar, pero la sucesión es fija... [Siempre] tiende hacia un fin... Hay cosas como la sociedad, la cultura... a las que se atribuye una historia que debe comprenderse en función de este proceso de desarrollo... [y finalmente] se declara que el progreso, desarrollo o evolución... lleva consigo un perfeccionamiento de la condición humana.”[29]

 

            Por su parte, Carlos Marx tenía tanto interés como esperanza en un probable mejoramiento de la situación humana. Él creía en el progreso como perfección. Dos aspectos legitiman su participación en estas cuestiones:

1.      La descripción de las etapas históricas de la humanidad a partir de las formas de propiedad: tribal, antigua, feudal y capitalista; así como de los modos de producción: asiático, antiguo, feudal y moderno. Ambas las consideraba como categorías universales, con una historia involucrando diversas épocas y lugares en las cuales la humanidad había progresado.

 

2.      Ocasionalmente Marx utilizó el lenguaje tradicional de los progresistas para describir procesos históricos, por ejemplo: “La historia de todas las sociedades hasta ahora existen-tes es la historia de la lucha de clases.” [30] Creía que estudiando al país más desarrollado descubriría las tendencias de los países menos desarrollados.

 

Gracias a Darwin, se acuñó el término evolucionismo social, el cual indicaba que la idea de progreso que prevaleció durante el siglo XIX tuvo una perspectiva dominante en la sociología y la ciencia social en general.

 

            Arrastrando toda una serie de dificultades para la década de 1890 y 40 años más tarde, ya entrado en el siglo XX, según Bock el evolucionismo social estaba condenado a desaparecer y en su lugar se estableció la teoría del funcionalismo de Talcott Parsons, la cual exponía que el origen del cambio social era producto de las mismas fuerzas internas de la sociedad; es decir, de su función o de su funcionalidad.

 

            En ésta se afirma que el desarrollo es un proceso uniforme y que las sociedades cuya experiencia ha sido diferente a la de Occidente, son subdesarrolladas, o lo que es lo mismo, que no han tenido el mismo progreso o avance de su cultura.

 

            A grandes rasgos, la característica principal del progreso en el sentido iluminista  europeo de los siglos XVIII y XIX es entendida como un desarrollo ilimitado en su proceso; es decir, de una manera todopoderosa, eterna e infinitamente creciente.

           

A la vez, queda muy claro que los europeos de aquellos tiempos niegan o no en-tienden las diferencias básicas entre las diversas culturas del mundo y la occidental, y lo que es peor, las interpretan como si fueran etapas inferiores del desarrollo de la sociedad o de la cultura occidentales. En una palabra, entienden al progreso como un fenómeno lineal y en constante avance.


 

[1] NISBET, Robert. “Historia de la idea de progreso.” Gedisa Editorial. Barcelona 1991, p. 438.

[2] GOULD, Jay.  “La evolución no es una marcha hacia el progreso. Entrevista de Dominique Simonnet”,  Tr. G. Sánchez. México 1992; Instituto de Investigaciones Antropológicas. UNAM, Nueva época, No. 160.

[3] PAZ, Octavio. “La llama doble. Amor y erotismo.” Seix Barral. México 1993, p. 187.

[4] NISBET, Robert. Ibid, pp. 24-25.

[5] BOCK, Kenneth. “Teorías del progreso, el desarrollo y la evolución.” En Bottomore, Tom y Robert Nisbet (compiladores). Historia del análisis sociológico (tr. Wolfson, Espinosa y Bignami). Ed. Amorrortu. B. A. 1978, p. 61.

[6] Ibid.

[7] Ibid, p. 63.

[8] Ibid, p. 64.

[9] NISBET, op. cit, p. 487.

[10] BOCK, op. cit, pp. 66-67.

[11] Ibid, pp. 67-71.

[12] Ibid, p. 70.

[13] Ibid, p. 71.

[14] Ibid, p. 67.

[15] Ibid, p. 69.

[16] Ibid, p. 71.

[17] Ibid, pp. 71-72.

[18] Ibid, pp. 73-74.

[19] Ibid, p. 73.

[20] Ibid, p. 76.

[21] Ibid, p. 77.

[22] Ibid, p. 74.

[23] Ibid, p 81.

[24] NISBET, op. cit, p. 456.

[25] BOCK, op. cit, pp. 82-85.

[26] Ibid, p. 83.

[27] Ibid, p. 84.

[28] Ibid, p. 85.

[29] Ibid, p. 89.

[30] MARX, Carlos y Federico Engels. “Manifiesto del Partido Comunista.” Citado por Bock. Ibid, p. 92.