Deriva masculina

 

Consolidada la deriva femenina, los miembros del grupo 4 (el de mujeres de bajos niveles de ingresos) siguieron sin redimir y continuaron siendo la clase social más desfavorecida y humillada, dedicados exclusivamente a la crianza y a actividades productivas no remuneradas en el seno del hogar. Después de la segunda década del siglo XX se sucede una serie de acontecimientos y de circunstancias (sociales, tecnológicas y políticas  Entre ellas se suelen citar como más importantes: la ocupación por mujeres de numerosos puestos de trabajo hasta entonces exclusivamente desempeñados por hombres con motivo de la primera guerra mundial, la disolución legal del matrimonio, la administración de la píldora anovulatoria y la posibilidad legal de interrupción voluntaria del embarazo. Son cuatro factores que materializaron la deriva masculina y que dieron a la mujer la posibilidad de equipararse con el hombre a efectos laborales y sexuales. Si añadimos la interpretación en clave de igualdad entre los géneros de numerosos preceptos constitucionales tendremos el marco legal y social básico en el que se sustenta la nueva estructura social en materia de reparto de actividades de ocio y de negocio entre hombres y mujeres) que alumbran el movimiento feminista, cuyo antecedente más inmediato lo constituye el sufragismo o lucha por el derecho al voto de las mujeres a fines del siglo XIX. Para no alargarnos demasiado diremos que el modelo a imitar para las mujeres pasó a ser el que ofrecieron los hombres previamente feminizados del grupo de los nuevos señores (de niveles altos y medios de ingresos) y del grupo 3 (de niveles de ingresos bajos).

Junto a la lucha feminista, centrada en las esferas legales y en la arena política, se asiste de un modo espontáneo a un proceso social que por analogía podemos llamar deriva masculina Distingo entre movimiento feminista y deriva masculina porque el primero es consecuencia de una organización mientras que la segunda no lo es, aunque los fines puedan coincidir. La deriva masculina se caracteriza por la tendencia a la emulación generalizada del modelo masculino imperante por parte de numerosas mujeres La empresaria bilbaína María José Alvarez, vicepresidenta del Grupo Eulen, fue elegida recientemente empresaria del año 1999 por la federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias. La señora Alvarez, entrevistada por la revista vasca nosOtras (nº 7, mayo 2000), es consciente de la fuerza desplegada por la deriva masculina y por ello cree conveniente recomendar a las mujeres que trabajen por ellas mismas y sus ilusiones y que jamás se propongan el reto exclusivo de superar a ningún hombre. La recomendación puede que no sea seguida al pie de la letra. Hoy el modelo de productor, empresario o asalariado, es todavía predominantemente masculino.

Tanto el movimiento feminista como la deriva masculina están consiguiendo acabar con los últimos bastiones de la primera división del trabajo, la que se hizo por géneros en atención a las necesidades de la supervivencia de la especie. Los aspectos más visibles de la deriva masculina son la tendencia a salir del hogar del colectivo femenino del grupo 4 con el fin de realizar tareas productivas en los mismos ámbitos laborales que el hombre y la aspiración a llevar una vida de relaciones sexuales imitada de la del hombre, desligada tanto como es posible de la procreación  Kingsley Browne se refiere en la obra ya citada a la inversión parental (encaminada a aumentar las  posibilidades de supervivencia del descendiente) baja en el hombre y alta en la mujer. Tanto el feminismo como la deriva masculina convergen en el objetivo de lograr una progresiva equidad en este esfuerzo inversor aumentando el del hombre y disminuyendo el de la mujer. Los límites los establece hoy la biología, pero no es descartable que en el futuro sean rebasados con ayuda de la  ciencia biológica.

Se profundiza así, una vez más, en el proceso que puso en marcha la deriva económica hace quince o veinte mil años y que fue reforzado posteriormente por la deriva femenina. Las dos últimas derivas aportaron, cada una a su modo, los nuevos valores de eficiencia que minaron los valores anacrónicos del honor. La deriva femenina, que tiene ya dos siglos de antigüedad, está conduciendo a modelos de sociedad caracterizados por una estructura social más flexible en el reparto de actividades y también más equitativa.

La deriva masculina no ha hecho más que empezar. E. Gil Calvo ha resumido magistralmente este proceso en su obra reciente Medias miradas. Un análisis cultural de la imagen femenina. Anagrama. Barcelona, 2000, con estas palabras: culto europeo al celibato, reglas cortesanas de etiqueta, ascetismo protestante, invención del amor romántico, ciclo de la moda, trabajo femenino extra doméstico, competencia igualitaria entre hombres y mujeres, higienismo medicalizado, práctica de deportes y culto a la juventud. No se puede expresar mejor con menos palabras.

A ella se debe la abundancia de literatura de género que se advierte actualmente en el mercado editorial. Las mujeres están hoy conquistando la equiparación laboral, política, cultural, deportiva y sexual con los hombres perdida al servicio de la supervivencia de la especie. En numerosos países, las mujeres pueden pertenecer a los ejércitos, desde los cuerpos más convencionales a los más elitistas. Han inundado los centros de enseñanza, desde los niveles más elementales a los más avanzados. Pueden realizar cualquier actividad productiva y, en consecuencia, disfrutar del tiempo libre que el trabajo remunerado conlleva. Permítasenos decir algo que por obvio se olvida: el proceso que empezó con la deriva económica está llegando a su culminación. Era inevitable. Los innegables y merecidos éxitos del feminismo  y de la deriva masculina han sido posibles, entre otras cosas, porque navega con el viento de la eficiencia económica a favor de sus velas.

Las aportaciones de la deriva femenina, del movimiento feminista y de la deriva masculina se están comportando como eficaces aceleradores del proceso. Menos optimistas podemos mostrarnos con la superación y completa erradicación del modelo de división del trabajo productivo y del ocio creativo por clases sociales. Hasta hoy tan solo se ha conseguido repartir, todavía desigualmente, el trabajo remunerado y el llamado tiempo libre que lleva anexo. Siendo mucho más reciente que la división por géneros, la conquista de la igualdad social exige fórmulas extremadamente imaginativas y meditadas que se demorarán en el tiempo. Esta fue la meta del pensamiento y de la lucha socialista que se desarrolló durante el siglo XIX y de la frustrada pero fértil en varios aspectos revolución soviética del siglo XX.

Hemos visto la evolución seguida por el reparto de las actividades de ocio y de negocio, las sucesivas encarnaciones de las clases ociosa y negociosa a través del tiempo y la desaparición progresiva de la primera clase por su plena incorporación a la segunda. Las sociedades modernas son sociedades de productores, empresarios o asalariados. El principio de eficiencia económica ha triunfado plenamente y vive encarnado en la institución del mercado.

Seguimos manteniendo la pregunta ya realizada: ¿Existe hoy algún grupo social heredero del ocio primigenio? Y de existir, ¿qué grupo lo ha heredado? Antes de responder nos vamos a referir al tiempo libre y a la función productiva que cumple en las sociedades avanzadas.